[R-P] [Sr. Tomasito] Los desclasados del justicialismo.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Lun Jun 8 21:38:29 MDT 2009
["Estar fuera del aparato peronista tiene un alto precio en la
Argentina. Para quien tiene ambiciones de poder en nuestro país,
anotarse en una unidad básica es imprescindible. Para un justicialista
no hay problemas de derechas e izquierdas, de lealtades y traiciones,
de entreguismo y nacionalismo: mientras se es peronista los
trescientos sesenta grados del abanico político están a su
disposición."
El asesor de Hermes Binner...]
PERFIL.
SOLÁ – bullrich
Los desclasados del justicialismo
Pienso en dos políticos que desde mi punto de vista tienen mucho que
aportar al bien común pero que no logran superar dificultades debidas
a errores propios y a circunstancias extrañas. Sus trayectorias
políticas tienden a confluir a pesar de la distancia que los separa.
Provienen de un mismo origen. Ninguno lidera la agrupación en la que
milita y deben conformarse con un segundo puesto.
Por Tomas Abraham |
Pienso en dos políticos que desde mi punto de vista tienen mucho que
aportar al bien común pero que no logran superar dificultades debidas
a errores propios y a circunstancias extrañas. Sus trayectorias
políticas tienden a confluir a pesar de la distancia que los separa.
Provienen de un mismo origen. Ninguno lidera la agrupación en la que
milita y deben conformarse con un segundo puesto.
Patricia Bullrich y Felipe Solá se inician en la política con el
peronismo. En una charla que tuve con la primera le hice una pregunta
que tuvo una respuesta sobre la que vale la pena reflexionar porque
nos ofrece un síntoma de lo que sucede en el campo político argentino.
Señalé que su figura despierta antipatía en mucha gente por haber
estado con Dios y María Santísima –sin agregar al diablo, que también
cuenta– entre los que protagonizaron la escena política nacional.
Su militancia revolucionaria, montonera o no, jotapé en todo caso, es
lo que menos se le objeta. Entre los setentistas aquello es una
medalla dorada, aunque en su caso no es pertinente, ya que ha sido
degradada y expulsada del club de la juventud maravillosa.
Lo que no se le perdona es haber sido parte de la lista de Erman
González, de aliarse con Gustavo Beliz, y de haber ejercido funciones
en el gobierno de De la Rúa. En mi intervención le agregué al listado,
una participación durante la gestión de Duhalde en la provincia de
Buenos Aires.
Esta trayectoria significa la excomulgación de la buena conciencia
nacional, popular y progresista y su nombre forma parte del index de
los vicarios de la revolución. Su actual papel dirigencial en la
Coalición Cívica no hace más que sumarle denuestos a los ya
depositados hasta la fecha.
Me dijo que debía comprender lo que significa iniciarse en la
militancia peronista en la adolescencia. Después de años de lucha por
lo que consideraba una gesta por la justicia social, debe abandonar el
país. Al volver luego de años de exilio, es parte de la línea que
sigue a Antonio Cafiero. Al asumir Menem, critica a la administración
Grosso acusándola de corrupción. Se presenta para diputada en la lista
encabezada por Erman González. Después de un tiempo deja el peronismo.
Le pregunté por qué no lo dejó antes. Me dijo que eran diecisiete los
diputados críticos del modo en que se conducía al justicialismo. Lo
pensó mucho antes de irse, finalmente lo hizo sola, los otros
dieciséis se quedaron.
Una vez afuera se dio cuenta de que no tenía a nadie, ni nadie la
esperaba. Mujer política, su vida está dedicada a la militancia. Quiso
que comprendiera lo que significa irse del peronismo. Una vida, lo que
significa amigos, compañeros muertos, novios y ex novios, lazos de
solidaridad y una sociabilidad integradora, le dan un sentido al
despertar de todos los días. No hay otra cosa. Lo mismo debían sentir
los militantes comunistas expulsados o quienes rompían con el partido.
Conocemos esas vidas quebradas por la melancolía.
El movimiento es madre y padre. Recuerdo la película de Favio Soñar
soñar, cuando Carlos Monzón, en su papel de cadete municipal, no
quiere ir a Buenos Aires y dejar su puesto en la intendencia porque el
municipio era su mamá.
Hay militantes que son como internos de una institución total. Desde
la adolescencia hasta la tercera edad su referencia es el partido o el
movimiento. Patricia Bullrich me decía que su deseo de seguir haciendo
política y luchar por sus ideales no tenía lugar. Es muy difícil
hacérselo sin historia, aparato, jefes, protectores, circuitos de
influencia, y dinero. Más aún cuando se viene de un movimiento de
masas que le deja a uno una identidad que abre todas las puertas. “Soy
peronista” es la contraseña patriótica que nos une a la gesta nacional
y popular.
Me aclaró su intervención en la gobernación Duhalde ya que estuvo
limitada a organizar un sistema de seguridad comunal con los vecinos
de Hurlingham.
Dijo además que consideraba injusto que se la trate de veleta porque
es una descalificación que siempre se usa con los protagonistas
secundarios de la política. No se la usa con los líderes, con los
Kirchner que estuvieron como reyes en el lugar que ahora repudian, con
todo el aparato del PJ que se bambolea de un lado para otro sin pudor
ninguno, con los radicales que pasan del yrigoyenismo al Consenso de
Washington, con los ideólogos de la UCD y afines que aprenden la
marchita de apuro.
Por otra parte, Felipe Solá paga el costo de su enfrentamiento al
aparato, pero también de sus errores políticos. El entramado soñado
por Duhalde de confeccionar un peronismo alternativo con líderes de la
libre empresa que no tienen otra idea que la del éxito personal,
mezclados con justicialistas desplazados, ofendidos y lastimados por
el kirchnerismo, anda a los tumbos. La retórica de buenas costumbres
con que el macrismo habla de la gente y de los vecinos, queda corta en
la Provincia. No alcanza. Es difícil hacer peronismo con las mismas
consignas que usaba Blumberg por un lado, y agregarle ingredientes
populistas por el otro. No se entiende lo que estos señores quieren y
parece que tampoco lo tienen claro ellos mismos.
Solá, que fue una alternativa positiva al siniestro Ruckauf, también
se quedó sin justicialismo. La crisis del campo le fue saludable por
un lado, porque dejó ese lugar algo apagado que tenía aún en la
gobernación de la Provincia, pero lo cegó de ambiciones. En seguida se
vio presidenciable, se dejó encantar por Duhalde y su afán de
revancha, se unió a Macri, con el que hasta ese momento nada lo unía;
en fin, el protagonismo le jugó una mala pasada. De todos modos, hasta
el 28 de junio nada está jugado, puede ser que el peronismo disidente
saque muchos votos, pero pensando en el día después, esa nueva
agrupación de ucedeístas y peronistas no da la sensación de esa
plebiscitada armonía que supo darle Menem y que ahora muchos olvidan
pero añoran.
Estar fuera del aparato peronista tiene un alto precio en la
Argentina. Para quien tiene ambiciones de poder en nuestro país,
anotarse en una unidad básica es imprescindible. Para un justicialista
no hay problemas de derechas e izquierdas, de lealtades y traiciones,
de entreguismo y nacionalismo: mientras se es peronista los
trescientos sesenta grados del abanico político están a su
disposición.
Ahora sí, para los de afuera, la máquina de detecciones ideológicas
siempre funciona. No faltan empleados en las cabinas de peaje
doctrinario. Ni qué decir del conocido gorila que abraza a cualquiera
que no se someta al Jefe. A aquellos peronistas que han dejado el
movimiento nacional justicialista y lo critican desde afuera, además,
se los condena por traidores.
Aunque parezca lo contrario, es muy difícil ser peronista en la Argentina.
*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).
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