[R-P] Payasesco editorial de "La Nación".
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Sab Jun 6 11:27:41 MDT 2009
[La excusa es hablar sobre el sinvergüenza italiano.Pero el fondo es
pegarle a los Kirchner, Chávez,etc,etc. Insuperables reaccionarios...]
Editorial
Lo privado cobró estado público y, entonces, aquello que desencadenó
las iras de una mujer despechada contra un marido excéntrico derrapó
en un escándalo. Peor aún: en un escándalo político. En el primer año
de su tercer período, Silvio Berlusconi y Veronica Lario, su esposa
hasta que el divorcio los separe, han montado un reality show que
cautiva y a la vez horroriza a multitudes. En el medio están una
azafata televisiva de 18 años a cuyo último cumpleaños asistió el
primer ministro, de 72; un ex novio de ella que asegura que Noemi
Letizia veía a Berlusconi en presencia de sus padres, y la posterior
difusión de fotos de fiestas organizadas por él en su mansión en la
isla de Cerdeña que revelan su escasa discreción.
Detrás de ese espectáculo bochornoso, sazonado con mucho morbo y poca
dignidad, afloran asuntos que exceden la mera parodia y que, en cierto
modo, equiparan la política italiana con prácticas detestables que se
aplican en países tan distantes como la Argentina: se trata de la
utilización de bienes públicos en beneficio propio. Dos preguntas
debería responder el primer ministro italiano en el parlamento: si
utiliza los aviones oficiales para llevar a Cerdeña a las artistas,
las bailarinas y a las amigas que participan de las fiestas y, en ese
caso, si usa en forma impropia esos bienes y los fondos que demandan.
Tan simple como eso: mal no estaría que los Kirchner, muchos de sus
colaboradores y varios gobernadores e intendentes argentinos
respondieran idénticas preguntas adaptadas a las circunstancias: el
uso de bienes y fondos públicos en campañas electorales, por ejemplo.
En Italia, más allá del impacto mediático en vísperas del plebiscito
que significan las elecciones europeas, el fiscal de Roma, Giovanni
Ferrara, ordenó una investigación para aclarar si Berlusconi ha
incurrido en "comportamientos penales" por medio del uso de "vuelos
del Estado y de la aeronáutica militar".
Las evidencias han sido aportadas por el fotógrafo Antonello Zappadu:
desde 2007 captó desde una colina cercana a la mansión de Cerdeña no
menos de 250 imágenes de aviones con el sello Repubblica Italiana ;
chicas en biquini y topless y, según admitió el mismo Berlusconi,
hasta una del ex primer ministro checo Mirek Topolanek como vino al
mundo. Noemi Letizia, al parecer, habría sido fotografiada en alguna
de esas veladas antes de cumplir la mayoría de edad. Esa presunta
relación y otras con menores de edad llevaron a Lario a denunciar a su
marido por alentar la concepción de "un país en el que las madres
ofrecen a sus hijas menores de edad a cambio de una notoriedad
ilusoria".
En un vano intento de censura, el primer ministro pidió al defensor de
la privacidad que bloqueara la publicación de las fotos de sus
fiestas. No pudo. Entonces, su abogado denunció a Zappadu por intento
de estafa y, a su vez, la fiscalía romana se incautó del material.
Del embrollo están pendientes Italia y Europa en coincidencia con la
propagación del miedo entre los inmigrantes por la movilización del
ejército y con una sentencia en contra de Berlusconi, en el sonado
caso Mills, por la cual, si bien se comprobó que cometió actos de
corrupción, acusó a la justicia penal de ser "una patología del
sistema" y quedó al amparo de una impunidad hecha a su medida.
Es decadente y chabacana la imagen que, cual espejo de un país,
transmite Berlusconi, próximo anfitrión de la cumbre del G-8. Lo más
grave, al margen de la imagen positiva que conserva, de sus
recurrentes actuaciones y de sus gaffes inolvidables, es la burla y el
desprecio a la moral. Con sus actitudes destempladas y declaraciones
hostiles contra "la prensa de izquierda", al igual que los Kirchner y
otros presidentes latinoamericanos contra "los medios" en general,
poco ha conseguido para salvaguardar, al menos, una cuota de cordura y
decoro.
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