[R-P] Una "joya" de Caponnetto.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Jun 5 20:29:50 MDT 2009
["Porque debe decirse, en primer lugar, que la fatídica yunta carece
completamente de toda autoridad para juzgar las falencias conceptuales
o morales del periodismo. Hueros de toda educación genuina, huérfanos
de sabiduría, ajenos a las raíces culturales clásicas, distantes de
los hábitos de la reflexión y del estudio disciplinado, negados al
ocio contemplativo y a grandes lecturas, no son sino la expresión
abaratada de una clase política intelectualmente abyecta, tan indocta
cuanto afrentosa. Si el Néstor no oculta su guaranguerismo, haciendo
de su condición de zote una herramienta populachera y electoralista,
la Cristina —que eligió al jumento para compartir tálamo y praxeología
política— no sólo lo emparda sino que lo aventaja, precisamente porque
procura disimular su iletrada existencia con eventuales citas de
Chomsky o de Freud, al estilo de aquellos borregos sesentistas que
fatigaban solapas por las librerías de la calle Corrientes. "
"La realidad es la inseguridad, el homicidio, el caos diario, la
prostitución en las calles, la juventud envilecida, la educación
arruinada, la Universidad arrasada, la policía sobrepasada por los
facinerosos, las Fuerzas Armadas humilladas, la usura en los bolsillos
cotidianos, la blasfemia a la orden del día, el asesinato de ancianos,
la violación de mujeres, el atropello a los hombres decentes, el
vilipendio a la fe y a las costumbres cristianas, la promoción del
delito, del piqueterismo y de la infamia. El “país en serio” de los
afiches, suscita una mueca descompuesta al país real que padece y se
quiebra."]
martes 2 de junio de 2009
Editoriales
OPONERSE ES UN DEBER
No deja de haber una cierta justicia inmanente en las airadas
protestas del matrimonio gobernante contra la prensa y sus
pendolistas. Descubridores de la pólvora recién cuando les estalla en
las manos, los Kirchner acaban de conocer aquella verdad antigua que
sintetizara el viejo La Fontaine: “todo periodista es tributario del
maligno”. Pero aquí acaban las pingües o pingüinas razones que
pudiéramos reconocerles a la colérica dupla, para tomar rápida
ubicación en las antípodas del enojo oficial.
Porque debe decirse, en primer lugar, que la fatídica yunta carece
completamente de toda autoridad para juzgar las falencias conceptuales
o morales del periodismo. Hueros de toda educación genuina, huérfanos
de sabiduría, ajenos a las raíces culturales clásicas, distantes de
los hábitos de la reflexión y del estudio disciplinado, negados al
ocio contemplativo y a grandes lecturas, no son sino la expresión
abaratada de una clase política intelectualmente abyecta, tan indocta
cuanto afrentosa. Si el Néstor no oculta su guaranguerismo, haciendo
de su condición de zote una herramienta populachera y electoralista,
la Cristina —que eligió al jumento para compartir tálamo y praxeología
política— no sólo lo emparda sino que lo aventaja, precisamente porque
procura disimular su iletrada existencia con eventuales citas de
Chomsky o de Freud, al estilo de aquellos borregos sesentistas que
fatigaban solapas por las librerías de la calle Corrientes. Cuando se
aleja del solapeo puede confundir al Gral. Paz con José C. Paz y a
Yrigoyen con Alvear. O salir del Museo del Prado, pero quedar
extasiada con Picasso.
Dígase en segundo lugar que la llamada oposición de los medios
—supuestamente grave por no haber sido votada, como si la veracidad de
una impugnación dependiera del sufragio universal— no es oposición
sustantiva y esencial. No sólo porque convalida al Régimen, sin
cuestionar jamás su intrínseca ilegitimidad y pravedad interna, sino
porque lo secunda y acompaña en su programa destructivo de la
naturaleza y la cultura. Es trágica paradoja que el periódico más
reiteradamente señalado hoy como enemigo del gobierno, resulta el
mismo que publicita, promueve y alberga a los hechos y a los
protagonistas más torvos del salvajismo espiritual dominante. Sin
contar que desde sus páginas, hace ya tiempo, en plena portada y con
carácter de nota rectora, Félix Luna escribía una repugnante
justificación y alabanza de la guerrilla marxista instalada en la Casa
Rosada, amonestando “a los asustadizos” que no saben respetar “la
utopía” de aquella “generación diezmada”.
Sumemos una tercera objeción a la campaña antiperiodística del
prepotente dúo. Y es que ella silencia la cantidad de alcahuetes con
que cuenta el oficialismo, desparramados en un sinfín de expresiones
multimediáticas que le son vergonzosamente afines y sumisas.
Preséntanse los Kirchner como victimarios de una enemistad del cuarto
poder, cuando la verdad es su contraria, no existiendo otra víctima
más que la sociedad argentina, a manos de unos medios masivos
abigarrados de proxenetas malignos y ordinarios. Medios masivos que,
más allá de tal o cual disonancia en cuestiones subalternas, leguleyas
o procedimentales, conforman el más uniformado montaje al servicio de
la tiranía. Pero como lo propio del tirano es no soportar ni la
presencia del prójimo, ni la del bien que pueda reclamar en justicia,
agitándose rencoroso y sin sosiego contra cualquier atisbo de
contrariedad que lo señale culpable, aquí y allá se moviliza el dedo
acusador de los Kirchner.
En rigor, lo que no pueden soportar es que la realidad le pegue tan
duro al ideologismo que los anima y los ciega. Y que el espejo no les
devuelva las figuras que pactan en los quirófanos, sino los rostros
desencajados e insultantes propios de las almas rastreras.
“Lo tenéis todo”, les dijo Franco a los rojos, cuando se alzó
dispuesto a reconquistar a España, hace algo más de siete décadas.
“Todo menos la razón”. Por eso, porque no tienen razón, es un deber
oponerse; y oponerse es impugnar de raíz al sistema y a sus
inescrupulosos aprovechadores. Es desenmascarar a estas malas lenguas
que, como la de los orcos, sólo saben insultar y maldecir, sin
veracidad ni gracia ni belleza alguna en los labios. Tarde o temprano,
y suceda lo que sucediese después —que únicamente Dios lo sabe—
veremos rodar a estos enajenados del puesto que ahora ocupan. Y la
Historia Verdadera no recogerá su paso por esta tierra que les es
espiritualmente ajena, más que para asociarlos a una pesadilla
ramplona y obscena.
Quede para ellos aquella pesadilla. Para nosotros los sueños y la
vigilia combativa. Porque como enseñaba el maestro Tomás Casares,
nunca es mayor la obligación de testimoniar la verdad, que cuando se
tiene la certeza de que la verdad está siendo apedreada.
Antonio Caponnetto
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