[R-P] [Enrique Szewach] Argentina no es Venezuela.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Jue Jun 4 15:22:13 MDT 2009


[Este no sólo tiene la cara de sinvergüenza...Lo es sin tapujos.]

Panorama // argentina no es venezuela
Profundizar el modelo agravará los problemas
En la campaña presidencial de 2003, entrevisté al candidato Kirchner.
“¿Por qué tiene la plata de Santa Cruz fuera del país?”, le pregunté
con tono de periodista incisivo y molesto. “¿Y qué quiere, que la
traiga con este gobierno de Duhalde?” Fue la respuesta sincera, una
pregunta retórica. Cuando escuchaba a mi querida Presidenta
reprocharle al grupo Techint haber depositado fuera del país los
fondos cobrados por la expropiación del hermano bolivariano, recordé
aquel diálogo con su marido.

Por Enrique Szewach | 30.05.2009 |
Diario Perfil.

En la campaña presidencial de 2003, entrevisté al candidato Kirchner.
“¿Por qué tiene la plata de Santa Cruz fuera del país?”, le pregunté
con tono de periodista incisivo y molesto. “¿Y qué quiere, que la
traiga con este gobierno de Duhalde?” Fue la respuesta sincera, una
pregunta retórica. Cuando escuchaba a mi querida Presidenta
reprocharle al grupo Techint haber depositado fuera del país los
fondos cobrados por la expropiación del hermano bolivariano, recordé
aquel diálogo con su marido.


Gracias a muchas cosas, entre ellas la tendencia de nuestros gobiernos
a solucionar los problemas del populismo fiscal atacando directa o
indirectamente los derechos de propiedad, la economía argentina es
bimonetaria. El peso se usa para las transacciones y el ahorro de muy
corto plazo y el dólar para el ahorro de largo plazo.
Como, además, la experiencia con dólares depositados en el sistema
financiero no ha sido muy afortunada, los dólares del ahorro se
depositan lo más lejos posible de las estafas sistemáticas: el
colchón, el sistema bancario internacional, o algún otro escondite que
cada uno inventa.


Como el ahorro voluntario de largo plazo se hace en dólares fuera de
los bancos argentinos y el ahorro de largo plazo obligatorio en pesos
fue confiscado a fines de 2008 (el fin de las AFJP), la Argentina
carece de ahorro local de largo plazo. Además, siendo una economía
inflacionaria, con la indexación prohibida y los índices oficiales de
precios manipulados, tampoco tenemos la posibilidad de tener crédito
de largo plazo en pesos, porque no se puede establecer una tasa de
interés o una compensación razonable. En síntesis, la Argentina vive
sin ahorro ni crédito de largo plazo.
Este panorama limita el crecimiento y conspira contra la posibilidad
de una fuerte e influyente “burguesía nacional” y una mejora
sistemática de la distribución del ingreso. La ventaja es para las
empresas internacionales que sí pueden acceder al mercado mundial o
las grandes empresas argentinas globalizadas. O los amigos del poder
que consiguen alguna prebenda, algún crédito oficial, como el dueño de
una conocida papelera, o algún contrato especial.
Las pymes no pueden jugar en esa liga y, por lo tanto, sus
oportunidades de negocios son menores o se concentran en sectores con
poco requerimiento de capital o que demandan inversiones de muy rápido
repago.


Visto desde la distribución del ingreso, las mejores oportunidades
–sin crédito de largo plazo– son para quienes han podido ahorrar o
“heredar” ahorro. Y los salarios no pueden ser muy altos, para
compensar el alto costo del capital. Cristalizándose, entonces, una
distribución del ingreso regresiva.
Por supuesto que el Gobierno tiene una visión alternativa del
problema. Para “ellos” la “culpa” es de “nosotros”. De un sector
privado “poco patriota”, que prefiere sacar la plata del país. De
terratenientes que no quieren compartir la riqueza del suelo heredado
con el resto de los argentinos. De industriales que no invierten y de
comerciantes que remarcan precios.
Si ese es el “diagnóstico”, el remedio cae de maduro: que sea el
Estado, o sea “ellos”, los encargados de decidir la inversión, la
producción, los precios, las licencias para importar y exportar,
quiénes acceden a fondos públicos y quiénes no.


Pero cuando el Estado es dueño del principal generador de riqueza del
país, como en el caso venezolano, este “modelo” es más sencillo de
instrumentar. Cuando la generación de riqueza, en cambio, está más
diversificada y descentralizada, como en la Argentina, es más complejo
y, lamentablemente para “ellos”, la llave del crecimiento económico es
de “nosotros”.
La economía argentina no entró en recesión por el jazz del mundo.
Obviamente, el jazz del mundo ayudó, pero la economía argentina ya
venía desacelerándose. Porque había vuelto la inflación, de la mano de
una expansión descontrolada del gasto público y una política monetaria
acomodaticia, que erosionó el poder de compra de los salarios y las
jubilaciones. Porque el Gobierno pretendió manejar centralizadamente
las decisiones de inversión del sector privado, con un conjunto
absurdo de regulaciones, y controles. Y porque quiso recaudar más
impuestos que los que la rentabilidad agraria podía tolerar para
financiar su propia fiesta. En síntesis, porque intentó aplicar a
fondo su “modelo”.
Retomar un ciclo económico ascendente, por lo tanto, no sólo requiere
de un mundo más benévolo, ni del acceso de la Argentina al mercado de
capitales internacional para refinanciar deuda. Se necesita cambiar un
modelo que se agotó, como se agotan todos los populismos.
“Profundizarlo” no hará más que prolongar los problemas, en especial
de los sectores más vulnerables. Mientras los que podemos, incluido
Kirchner, seguiremos ahorrando fuera del alcance de nuestros poco
representativos gobiernos.



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