[R-P] [Roy Williams] Sobre el joven Scalabrini Ortiz (2)

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Jun 3 12:10:36 MDT 2009


2. Existencia, Comunidad y Mestizaje

Si dirigimos nuestra reflexión a su libro El Hombre que está Solo y
Espera se nos mostrará más claramente la forma en que Scalabrini
siente este advenir de lo cultural-comunitario como expresión de un
sentimiento popular soterrado. Aunque debemos admitir que en este
ensayo dichas ideas se encuentran recién en germen, es necesario
reconocer que a lo largo de sus páginas se preanuncia como irá
desenvolviéndose la metamorfosis esencial del pensar scalabriniano.

En este sentido, estamos en la convicción de que en este escrito lo
cultural comienza a abrirse paso lentamente hacia una interpretación
ontológica popular y que será desde esta senda donde se jugará su
destino frente a las expresiones inauténticas de la superestructura
tradicional. Sus ideas, con diferentes intensidades y tonalidades,
auguran el advenimiento de una nueva forma de exégesis de la
argentinidad, dejando sentados, al mismo tiempo, los fundamentos de
una comprensión existenciaria de la comunidad.

Como punto de partida debemos considerar que la propuesta de
Scalabrini Ortiz se estructura en torno a un análisis existenciario
del poblador de Buenos Aires, en el que se busca rescatar sus rasgos
esenciales y cómo éstos se desenvuelven en su estar-en-el-mundo. A lo
largo de su exposición nuestro autor hace una alusión central a la
figura del porteño, simbolizado en el "Hombre de Corrientes y
Esmeralda", otorgándole una centralidad esencial dentro de la
estructura proposicional de la obra.

Sin embargo, no tenemos que perder de vista que tal expresión no es
ajena ni antitética del ser popular federal, sino que en realidad,
para el autor, aquel se muestra como una comunión del arquetipo
existencial argentino. Lo porteño, lo que transcurre en Buenos Aires,
no puede ser separado de un conjunto estructural originario que se
expande como un magma y que expresa su esencialidad tanto en el
indómito paisaje de la Patagonia, como en las provincias de Corrientes
o San Juan; en Salta y en Jujuy y en su hermandad con los pueblos
boliviano y peruano, como así también en el litoral argentino y su
abrazo permanente al Paraguay y al Brasil.

La singularidad de esta perspectiva parecería ubicarse en el hecho de
que si bien la participación en el elan nacional se da en todos estos
puntos, parecería encontrar su forma de manifestación más emblemática
en el hombre porteño que está solo y espera: El Hombre de Corrientes y
Esmeralda está en el centro de la cuenca hidrográfica, comercial,
sentimental y espiritual que se llama República Argentina. Todo afluye
a él y todo emana de él.14 Tal lectura, que se encuentra influenciada
por los escritos de Emilio Daireaux, aunque parece acentuar, por
momentos, en demasía el rol sincrético de Buenos Aires, debe ser
comprendida, en un sentido más amplio, como punto de partida de una
concepción comunitaria de la existencia nacional. De la misma manera
como lo haría Leopoldo Marechal con Adán Buenosayres, Ezequiel
Martínez Estrada en la Cabeza de Goliat o, en menor medida Arturo
Cancela con Tres Relatos Porteños, -por citar sólo algunos casos-
Scalabrini Ortiz busca constituir, hacia principios de la década del
30, algunos de los trazos de la argentinidad a partir de una exégesis
del tipo histórico representado por el poblador de Buenos Aires.
Precisamente, será Marechal en una obra posterior quien nos presentará
este camino interpretativo que otorga una centralidad histórico
existencial a la ciudad puerto en los destinos de la Patria: Si es
verdad que las aceleraciones del siglo parecen contraer ahora el
Tiempo histórico del hombre, no hay razón alguna para instalar a
Buenos Aires en los museos polvorientos de la arqueología. Según
opinaba Megafón, "nuestra ciudad ha de ser una novia del futuro, si
guarda fidelidad a su misión justificante de universalizar las
esencias físicas y metafísicas de nuestro hermoso y trajinado país".15

Para Scalabrini Ortiz el Hombre de Corrientes y Esmeralda, es un ser
intuitivo, un tipo existenciario en el que se conjugan distintas razas
y que en esa misma mixtura se anulan y sedimentan mutuamente. Las
figuras del tiempo asisten a su metamorfosis y, de esta manera, ellas
comparecen en el devenir de la nación: El Hombre de Corrientes y
Esmeralda es el vórtice en que el torbellino de la argentinidad se
precipita en su más sojuzgador frenesí espiritual.16 La herencia
europea que nutre el origen del Hombre de Corrientes y Esmeralda se
diluye de manera casi instantánea en el suelo argentino. Lo que acaece
en Europa con ser cercano por sus raíces, es existenciariamente lo más
lejano para el porteño, ya que éste, en última instancia, no es hijo
de Europa, sino que tan sólo se reconoce como brote de su propia
tierra. Así, el hijo no es tal: ...el hijo porteño de padre europeo no
es un descendiente de su progenitor, sino en la fisiología que le
supone engendrado por él. No es hijo de su padre, es hijo del país.17

Dentro de esta línea interpretativa Scalabrini Ortiz nos recuerda que
todo lo que se mantiene de europeo en nuestras instituciones, en
nuestra cultura, se manifiesta como una estructura ontológicamente
ajena. Lo europeo toma su lugar como un ornamento que vino con los
inmigrantes pero que al pisar suelo americano se desvaneció en su
esencialidad quedando condenado al terreno de las apariencias.

En cierta forma, lo que se percibe en la posición de Scalabrini es la
convicción de que se está asistiendo a un agotamiento de las
expresiones culturales europeas. Se presiente un declinar, una
decadencia que se traduce en una especie de abulia al momento de pasar
a suelo americano: De tanto rodar, el europeo es ya un pedruzco sin
aristas, un canto rodado del tiempo y de las corrientes culturales.18
Por momentos, intuye que las creaciones del viejo continente, al ser
adoptadas acríticamente por la elite dirigente, no poseen la vitalidad
suficiente como para arraigar en nuestra realidad y tornarse
esenciales.

Nuestro autor avanza hacia una concepción en la cual las perspectivas
heredadas de Europa, comienzan ser vistas como etapas de un paradigma
civilizatorio que va perdiendo su impulso general en el campo de la
historicidad mundial y que al ser transplantadas a nuestra tierra
muestran la ausencia de eficacia histórica. En este sentido, la
herencia del viejo continente, si bien pervive en el porteño, tan sólo
lo hace como algo formal: ... es que el testimonio de lo porteño
circula en una sistematicidad formalmente europea, mantenida casi
intacta en el trasplante. Lo que ha variado es la sustancia. El que
mire fisonomías o hábitos creerá estar en Europa, no el que fije
pulsos o inspiraciones.19 Asediado por su caída y el extrañamiento de
su estar-en-el-mundo siente la pérdida del valor operativo de las
categorías culturales europeas.

De acuerdo con esta lectura, podemos decir que, el arquetipo
existencial nacional, se encuentra en estado de arrojado a la
existencia, se halla sin más en la profunda soledad del mundo. La
forma en que se desenvuelve su vida es la de un hombre que
existenciariamente junto con el resto de los hombres se experimenta a
sí mismo en un sentimiento de abandono. El Hombre de Esmeralda y
Corrientes se mueve a lo largo de un páramo sin recuerdos, en una
impiadosa tempestad personal que no lo deja concebirse auténticamente.
La soledad es su compañera y su poema, y es en ella donde se revela el
acaecer de su destino.

Creemos, que a partir de esta exégesis Raúl Scalabrini Ortiz abre paso
a una comprensión de la existencia que no se encuentra sustancialmente
alejada de la desarrollada por Martin Heidegger hacia la segunda mitad
de la década del veinte. Esencialmente, nos interesa poner en juego la
exégesis existenciaria que es vista por Heidegger por aquellos años
como una forma de acceso a niveles de comprensión del ser.

En este sentido, pensamos que acercar las reflexiones heideggerianas a
nuestro itinerario por la obra de Scalabrini Ortiz, nos pone en
condiciones de reestructurar nuestra interpretación revitalizando
sendas inexploradas de las figuras conceptuales scalabrinianas. Así,
nos vemos en la posibilidad de pensar en la constelación de un nuevo
horizonte de comprensión, pudiendo desde allí reencontrarnos en un
mismo camino con lo más preciado de nuestro propio destino.

De acuerdo a la Analítica Existenciaria propuesta por Heidegger el
Dasein, es decir el ser-ahí, que en todo caso somos nosotros mismos,
es un existente que se halla caído en el mundo. El Dasein es el ente
que se despliega en su factidad y que, por lo tanto, en la
experimentación de ese derrumbe puede quedar preso de formas
inauténticas de existencia: El Dasein en cuanto cadente ha desertado
ya de sí mismo, entendido como fáctico estar-en-el mundo, ha caído no
en algo entitativo con lo que pudiera llegar o no quizás a tropezar en
el transcurso de su ser, sino que ha caído en el mundo, en ese mismo
mundo que forma parte de su ser20.

Precisamente, para Scalabrini el porteño está perdido en la medianía
de la argentina oligárquica, en medio de las figuras inauténticas de
la cultura heredadas de Europa; allí es donde habita y se muestra en
toda su orfandad existenciaria frente a las habladurías y ambigüedades
que ofrecen los paradigmas del saber ajenos a nuestras condiciones
existenciales. Podemos aventurar que la superestructura cultural
dominante, sostenida por la oligarquía liberal emerge como la
estructura de la caída, y sobre ese trasfondo es asumida en los
términos de una alienación: Esta alienación, que le cierra al Dasein
su propiedad y posibilidad...lo fuerza a la impropiedad, es decir, a
un posible modo de ser de sí mismo. La alienación tentadora y
tranquilizante de la caída lleva, en su propia movilidad, a que el
Dasein se enrede en sí mismo.21 Él hombre de Esmeralda y Corrientes es
un existente que afronta las condiciones mismas de su facticidad en la
medida en que cada paso que da en la argentina semi-colonial parecería
ser el preludio de un mundo que se derrumba en sus fundamentos
culturales.

Sin embargo, es esta misma situación de orfandad, este momento de
extrañamiento el que le permite comprender la posibilidad de un nuevo
horizonte existenciario para la Argentina. Desde tal estado de
arrojado a esta tierra es donde se pueden forjar sus posibilidades más
genuinas. Si bien ha caído en el mundo, si bien se halla abandonado,
el tipo existenciario puede recuperarse y advenir hacía formas
genuinas de vida, hacía una existencia sentida en términos de
autenticidad. En el caso del Hombre que está sólo y Espera, su estado
de caído lo pone en condiciones tanto de vivir inauténticamente como
también de constituirse auténticamente, es decir, de poder- ser-
propiamente. Como indica Heidegger el problema de la existencia se
resuelve en la formas de apropiación que hagamos de ella: El Dasein se
comprende siempre a sí mismo desde su existencia, desde una
posibilidad de sí mismo: de ser sí mismo o de no serlo. El Dasein, o
bien ha escogido por sí mismo estas posibilidades, o bien ha ido a
parar en ellas, o bien ha crecido en ellas desde siempre. La
existencia es decidida en cada caso tan sólo por el Dasein mismo, sea
tomándola en entre manos, sea dejándola perderse. La cuestión de la
existencia ha de ser resuelta siempre tan sólo por medio del existir
mismo.22

Raúl Scalabrini Ortiz, observa que el porteño al comprender la
inautenticidad del paradigma oligárquico, se muestra en condiciones de
acceder al terreno de un destino diferencial. Nuestro autor percibe
que el abandono al que se encuentra sujeto es al mismo tiempo un
"estado de abierto" que permite regenerar la cultura y ponerse en la
senda de una existencia comprendida en términos de autenticidad. Al
ser quien debe prologarlo todo el hombre que está sólo y espera es
origen, es proyección del élan originario nacional en el campo de la
temporalidad: El porteño es inmune a todo lo que ha nacido en él. Es
el hijo primero de nadie que tiene que prologarlo todo.23

Partiendo de este horizonte de comprensión el Dasein argentino adviene
como la posibilidad de un nuevo comienzo de la nacionalidad, en torno
a un sentido esencialmente distinto al que le había impreso la
oligarquía. En el cosmos de un mundo caído, el Hombre de Esmeralda y
Corrientes queda enfrentado al ente nacional y en esa aventura se
juega el destino de un proyecto cultural histórico renovado. Así
Scalabrini Ortiz nos dice: Era necesaria una virginidad a toda costa.
Era preciso mirar como si todo lo anterior a lo nuestro hubiera sido
extirpado. La única probabilidad de inferir lo venidero yacía, bajo
espesas capas de tradición, en el fondo de la más desesperante
ingenuidad.24 En esta batalla por el destino, en este campo tensional
de composición de un paradigma popular se impone la lucha y la
decisión por lo que es culturalmente sentido en el plano de la
autenticidad: Estas no son horas de perfeccionar cosmogonías ajenas,
sino de crear las propias. Horas de grandes yerros y de grandes
aciertos, en que hay que jugarse por entero a cada momento. Son horas
de biblias y no de orfebrerías. 25

Tal dirigirse hacia formas de existencia auténticas será percibido
como una comunión con lo que él denomina el Espíritu de la Tierra.
Precisamente, es aquí, en este concepto donde creemos se juega gran
parte de la metamorfosis del pensar de Scalabrini Ortiz en esta
especie de camino de damasco que queremos recorrer. De hecho, si
verdaderamente queremos ubicar el lugar de nuestro autor en el sendero
del pensar nacional-popular resulta esencial comprender el sentido de
esta propuesta y de cómo ella se sustenta en la presencia de lo
telúrico y su despliegue en el campo de la temporalidad. Será este
Espíritu, el contacto profundo con la tierra, la compenetración con
las figuras del paisaje las que harán que el Hombre de Esmeralda y
Corrientes pueda experimentar ese estado de arrojado a la facticidad
en comunicación con las formas populares del pasado argentino.

La Pampa asedia la ciudad, mas ese asedio no es otro que el de la
misma historia que golpea las puertas de la ciudad en busca de una
reconciliación singular: La pampa abate al hombre. La pampa no promete
nada a la fantasía; no entrega nada a la imaginación. El espíritu
patina sobre su lisura y vuela. Arriba está la fatídica ideal del
tiempo...pero poco a poco, la tierra se fue recobrando: aplacó los
bullicios extemporáneos; apaciguó las exuberancias del bienestar
corporal. Volvió a imponer su despotismo de silencio y de quietud,
volvió a quedar en suspenso y cómo en éxtasis. Manejando la tierra, el
hombre fue allanado por la tierra.26

Al hablarnos de la tierra, esta interpretación no queda presa de un
telurismo abstracto sino que nuestro autor entiende por este concepto,
el estar-en-el-mundo en que el poblador nativo y luego el inmigrante
han desenvuelto su existencia. La tierra es el plano donde el hombre
argentino se ha desempeñado buscando las formas originarias de su
nacionalidad: Existencia, Tierra e Historia se funden en una amalgama
que es el soporte del porvenir de lo argentino. Así, lo actual se
comunica por medio de la tierra con un pasado que nos resulta
irrenunciable, en la medida en que todo lo temporal está inscripto en
el aura destinal de la tierra. Para quien habita nuestro suelo las
acciones son formas de irrupción en el paisaje, mas nunca signos de
omnipotencia sobre éste. Cada paso que damos se encuentra asediado por
la Tierra que parece condicionar las formas de comparecer de nuestra
existencia y a cada paso la historia que vamos construyendo, los
relatos que vamos creando como Pueblo, se entrelazan con las formas
siempre vivas del paisaje: Hay en la naturaleza una predestinación
inescrutable que destempla el sino individual del hombre, un
determinismo exterior que agosta en germen las más viriles energías.27

Aquí no debemos perder de vista que cuando Scalabrini apela a la
preeminencia del Espíritu de la Tierra por sobre las creaciones y
producciones llevadas adelante por el hombre, no lo hace desde una
perspectiva pesimista que piensa la irrupción del paisaje como un
elemento negativo. El sustrato trágico del paisaje, lo es sólo hasta
cierto punto, es un pliegue de una superficie que recubre otro sentido
más profundo. Creemos que el Espíritu de la Tierra, tal como es puesto
aquí, no representa un elemento inmovilizante, sino que, en realidad,
se mantiene en dirección de una comprensión comunitaria de la
existencia nacional. En la medida en que logra aprehender los
distintos esfuerzos individuales dentro de una misma unidad metafísica
el Espíritu de la Tierra acoge las fuerzas del hombre y las
resignifica dentro de un conjunto estructural más amplio que es el del
destino comunitario.

Llegados a este punto podemos comprender mejor de que forma en El
Hombre que está Sólo y Espera, se va produciendo una apertura hacia lo
popular, pero también no debemos perder de vista que la noción de
espíritu de la tierra, elaborado por nuestro autor, nos posiciona en
un terreno no muy alejado del concepto de mestizaje y, en este
sentido, de formas de exégesis esencialmente americanas.

Precisamente, como indica Armando Poratti el concepto de mestizaje se
desenvuelve y cobra todo su sentido dentro del campo interpretativo
americano a lo largo del despliegue de su temporalidad: ...la noción
misma de mestizaje, con su carga ambigua de conjunción de diferencias,
resultó la categoría cultural, resultó la categoría, cultural,
histórica y filosófica fundamental de Iberoamérica. 28

Lo mestizo aparece como la estructura misma de nuestro pensar, y se
manifiesta en los términos de un existir complejo que si bien reconoce
la herencia teórica occidental no puede dejar de tener en cuenta que
ésta se inserta dentro de un complejo estructural originario americano
que la subvierte y la reconstituye diferencialmente.

El carácter mestizo de nuestra existencia se manifiesta en el hecho
que América se constituye como un espacio de síntesis originaria, es
decir no dialéctica. Nuestro continente toma su origen de diferencias
esenciales y no a partir de la síntesis de opuestos como ocurre en el
terreno de la dialéctica.29 América... no proviene ni deviene de un
proceso, sino que surge desde ya como poder de síntesis. Es la
experiencia del mestizo en su sangre, en la que circulan elementos
distintos y a veces conflictivos, pero él mismo nace como uno. Esta
síntesis originaria de las diferencias constituye lo mejor de América,
pero no deja de tener un dejo dramático.30

El mestizaje se ofrece como el automovimiento esencial por el cual
América se perpetúa en su origen reinscribiendo en su propia
estructura los signos del tiempo y de las culturas extrañas. En este
sentido, podemos recordar a Rodolfo Kusch cuando en la Seducción de la
Barbarie nos dice: El mestizo crea el puente entre los opuestos en que
oscila el continente.31

Precisamente, para Scalabrini Ortiz el Hombre que está sólo y espera
solo puede manifestarse en su propia esencialidad, en tanto y en
cuanto logra reconocerse en comunión con los arquetipos existenciarios
de nuestro pasado:

   ... se me ocurre una irreverencia macabra: la de andar desterrando
tipos criollos ya fenecidos -el gaucho, el porteño colonial, el indio,
el cocoliche- cuya privanza inalienable, aquella que no es mera
caricatura o pintoresco señuelo de exotismos, pervive, y revive en la
auscultación clarividente de la actualidad. En el pulso de hoy late el
corazón de ayer, que es el de siempre.32



Podemos sostener que el Espíritu de la Tierra, emerge en toda su
potencialidad como una conjunción epocal, es decir, como una unidad
esencial que en su devenir amalgama las figuras de la historia. Abre
un horizonte en el cual las existencias individuales pueden ser
comprendidas en un sentido colectivo; un campo, una fisura en la
temporalidad, en el cual pueden convivir diferentes herencias dentro
de un mismo haz destinal.

Así, el pasado caudillesco se recompone popularmente con los aportes
de los inmigrantes europeos configurando un mismo élan comunitario. .
..."el espíritu de la tierra" es un hombre gigantesco. Por su tamaño
desmesurado es tan invisible para nosotros, como lo somos nosotros
para los microbios. Es un arquetipo enorme que se nutrió y creció con
el aporte inmigratorio, devorando y asimilando millones de españoles,
de italianos, de ingleses, de franceses sin dejar ser nunca idéntico a
sí mismo... Ese hombre gigante sabe dónde va y que quiere. El destino
se empequeñece ante su grandeza. Ninguno de nosotros lo sabemos,
aunque formamos parte de él... Solamente la muchedumbre innúmera se le
parece un poco. Cada vez más, cuantos más son. 33

En El Hombre que está Sólo y Espera se vislumbra el carácter
polifacético que caracteriza a la cultura americana mostrando los
trazos de una profunda unicidad que se forja a la luz de la naturaleza
diferencial de sus integrantes. En el plano de la temporalidad.
Indígenas, españoles, árabes, franceses, ingleses, italianos forman
parte de esa amalgama que se comprende a sí misma en la unidad
destinal de sus diferencias permitiendo pensar desde la Conquista
Española en adelante un conjunto estructural epocal americano, signado
por el mestizaje.

Graciela Maturo nos dice al respecto:

   Como hecho en el tiempo hemos nacido del encuentro cultural
resultante de un acto de violencia, que como todo acto histórico
rebasa sus motivaciones directas y sus objetivos específicos, abriendo
la etapa de la conquista española, la colonización y el mestizaje. Ese
encuentro de doble aspecto bélico y genesíaco pone en marcha el
despliegue de una nueva cultura, marcada por valores y constantes que
han venido malgamando a los pueblos de esta región del mundo, en
abierta incorporación de otros aportes raciales y culturales de
procedencia africana, latina, judía, árabe y asiática en la
conformación de una gran sociedad multirracial cuya base sigue siendo
la mestiza hispanoindígena.34



Como señala Maturo detrás de toda reinscripción en el campo
interpretativo del mestizaje se esconde una posibilidad que es en sí
misma un destino. Al sumergirnos en la estructura del mestizaje nos
adentramos en un sendero que nos conduce a pensar nuestro itinerario
por estas tierras de manera diferencial, a optar por América: La
América Latina, hispánica, lusitana, indígena, africana, mestiza, es
clave del nuevo humanismo que no podría crearse sobre la destrucción
del Occidente, ni tampoco sobre el olvido del Oriente.35

Creemos que en El Hombre que está Sólo y Espera Scalabrini Ortiz en
forma lenta pero progresiva se va adentrando más hacia un terreno de
comprensión cercano al mestizaje. Ello sobre todo en la medida en que
para nuestro autor lo que va a ser entendido como existencia, como un
ser individual, va a pasar a ser necesaria y progresivamente un
correlato de la coexistencia, es decir del vivir en comunidad. El
Espíritu de la Tierra es el testimonio de que toda existencia será
poco a poco un suceso que no podrá ser comprendido, sino en el marco
de la coexistencia, es decir de una pertenencia colectiva originaria.

Así, nos encontramos con lo comunitario como momento de suspensión del
mero transcurrir, como interrupción del tiempo vulgar que nos pone en
la posibilidad de acceder a una temporeidad americana genuina, en la
que pasado, presente y futuro son dislocados permanentemente en torno
a una voluntad popular que los auna en su destino. El camino del
Hombre de Esmeralda y Corrientes es el del encuentro complejo y
polifacético con nuevas formas culturales colectivas, que tratan de
mostrarse capaces de dotar de sentido a la vida en estas tierras.


NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1 Galasso, Norberto: Raúl Scalabrini Ortiz y la Penetración Inglesa,
Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1984, 13
2 Ibidem
3 Scalabrini Ortiz, Raúl: La Manga, Buenos Aires, Plus Ultra, 1973, 33.
4 Ibidem., 49.
5 Scalabrini Ortiz, Raúl,: Tierra sin nada, Tierra de Profetas, Buenos
Aires, Reconquista, 1946, 23, en Galasso Norberto: Vida de Scalabrini
Ortiz, Buenos Aires, Colihue, 2008, 41
6 Ibidem 41
7 Scalabrini Ortiz, Raúl: El Hogar, 24/5/1929, en Galasso, Norberto: Ibidem, 42
8 Galasso, Norberto: Raúl Scalabrini Ortiz y la Penetración Inglesa,
Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1984, 15
9 Ibidem
10 Scalabrini Ortiz, Raúl: Qué, 15/10/57, en Galasso, Norberto: Vida
de Scalabrini Ortiz, Ibidem, 30
11 Dostoievski, Fedor: Humillados y Ofendidos, Buenos Aires,
Derramar,2007, p. 43
12 Scalabrini Ortiz, Raúl: Qué, 15/10/57, Ibidem, 30-31
13 Este proceso nos resulta de extrema importancia, pues nos permite
observar las formas en las que un pensador como Scalabrini Ortiz,
quien que por diversas razones- sociales, económicas, culturales-
estaba en condiciones de haberse acoplado, sin ningún tipo de
problemas a la superestructura cultural oligárquica, decide elegir un
camino diferencial de encuentro con su Pueblo.
14 Scalabrini Ortiz, Raúl: El Hombre que está Sólo y Espera, Buenos
Aires, Hyspamérica, 1986, p. 29
15 Marechal, Leopoldo: Megafón, o la Guerra, Buenos Aires, Editorial
Sudamericana, 1979, p. 8
16 Scalabrini Ortiz, Raúl: El Hombre que está Sólo y Espera, Ibidem, 28.
17 Ibidem, 32.
18 Ibidem, 34
19 Ibidem21
20 Heidegger, Martin: Ser y Tiempo, Madrid (trad. de Eduardo Rivera),
Editora Nacional Madrid, 2002, p.219
21 Ibidem, 221
22 Ibidem, 23
23 Scalabrini Ortiz, Raúl: El Hombre que está Sólo y Espera, Ibidem, 35
24 Scalabrini Ortiz, Raúl: Tierra sin Nada Tierra de Profetas, en
Galasso, Norberto: Raúl Scalabrini Ortiz y la Penetración Inglesa,
Ibidem, 100.
25 Scalabrini Ortiz, Raúl: El Hombre que está Sólo y Espera, Ibidem, 90
26 Ibidem, 39- 40
27 Ibidem, 75
28 Poratti, Armando: La Comunidad Organizada. Texto y Gesto, en Perón,
Juan Domingo, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el
Modelo Argentino, 2007, 92.
29 Ibidem, 93
30 Ibidem
31 Kusch, Rodolfo: La Seducción de la Barbarie, en Obras Completas,
Tomo 1, Buenos Aires, Editorial Fundación Ross, 2000, p. 45
32 Scalabrini Ortiz, Raúl: El Hombre que está Sólo y Espera, Ibidem, 13
33 Ibidem, 11
34 Maturo, Graciela: La Opción por América, Rosario, Editorial
Fundación Ross, 2008, 34
35 Ibidem, 30


ROY WILLIAMS, Escritor y docente, es licenciado en Ciencias Políticas
por la Universidad Nacional de Rosario, Jefe de Trabajos Prácticos en
la materia Problemática del Conocimiento en la Carrera de Ciencias
Políticas y Relaciones Internacionales (UNR).



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