[R-P] La Sarlo y su odio a Cristina K.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mar Jun 2 09:44:12 MDT 2009
[Una nota llena de mala leche contra Cristina.La referencia a De
Narváez no es más que un complemento para disimular su insidia contra
la presidenta]
El fin de la competencia de ideas
Los políticos también son humanos
Beatriz Sarlo
Para LA NACION
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Martes 2 de junio de 2009 | Publicado en edición impresa
Los políticos también son humanos
Cuando se discutió en la Casa Blanca sobre el tipo de perro que
recibirían de regalo las hijas de Obama, alguien podía legítimamente
preocuparse por el destino del perro que los Obama sin duda poseían en
su casa de Hyde Park, donde habían vivido hasta poco antes. ¿O quizá
no tenían perro?, aunque es raro que no lo tuvieran, porque todos
tienen perro en ese barrio de Chicago. Las niñas Obama son las más
jóvenes hijas presidenciales en la Casa Blanca, como lo fueron los
hijos de Tony Blair en Downing St.; allí crecieron y, de vez en
cuando, se emborracharon durante los años en que su padre fue primer
ministro de Gran Bretaña. Cuando Sarkozy se casó con Carla Bruni,
hasta el diario de izquierda Libération le hizo un reportaje a la
nueva primera dama, creyendo, con infundado optimismo, que sería
diferente del de los otros medios.
Se conoce la familia de los políticos porque ella forma parte de su
capital. Sólo François Mitterrand mantuvo hasta su muerte un casi
absoluto secreto sobre su intimidad, aunque de todos modos, en el
tramo final, se hizo público lo que muchos periodistas sabían: la
existencia de Mazarine, su hija extramatrimonial. Como sea, Mitterrand
era un político a la vieja usanza.
La humanización de la política es ineluctable porque la política debe
resolver cuestiones cada vez más complejas y, por lo tanto, más
difíciles de explicar en cinco minutos. Sólo los grandes dirigentes
tienen el talento de comunicar cuestiones enrevesadas con términos
simples pero no elementales. También es ineluctable porque los
ciudadanos, a quienes los políticos no creen capaces de entender
problemas que a ellos mismos les ha costado bastante manejar, respiran
en una atmósfera audiovisual de baja densidad de ideas.
Hay excepciones. Cristina Kirchner se enorgullece de sus frases bien
construidas y de su oratoria densa. En su discurso inaugural como
presidenta no llevó un plan de exposición; dejó admirado a un público
que pasó por alto que llevar un plan de exposición escrito no es signo
de falta de ideas ni de incapacidad para formularlas, sino costumbre
respetada, en general, por los grandes oradores y los mejores
conferencistas. De todos modos, hasta ahora, Cristina Kirchner se
presentó como una política capaz de hablar bien y extensamente.
Su lado subjetivo, sin embargo, estaba ausente, salvo en dos
dimensiones: la imagen visual, cuidada tan detalladamente como el
discurso, y la repetición de que "a las mujeres todo nos cuesta mucho
más", tema clásico del feminismo desde hace más de medio siglo y, por
lo tanto, tan indiscutible como suelen serlo esas verdades que se
imponen por repetición y por experiencia. Incluso, si en algún caso la
experiencia contradice la repetición, es la repetición la que gana, ya
que a Cristina Fernández no le costó más que a su marido llegar a la
presidencia, sino bastante menos. El gesto patriarcal con el que su
marido la eligió como sucesora se fortaleció por el respeto que la
entonces mujer del presidente recibía por mérito propio.
Sin embargo, en estas semanas de campaña electoral, salieron a la luz
rasgos de la vida privada de la Presidenta que no quiso ser menos que
Francisco de Narváez (de quien se hablará enseguida). Un reportaje
malo que transmitió Telefé obtuvo la mitad del rating de "Gran
Cuñado", lo cual indica que se puede ganar rating con productos que no
sean mucho mejores que aquellos que lo pierden.
Soledad Silveyra, toda vestida de negro como si asistiera a un
entierro o a un estreno, dialogó con la Presidenta en el despacho de
la Casa de Gobierno. Sería entrar en detalles secundarios referirse a
unas cámaras que encontraban invariablemente el reflejo de los focos
de iluminación en todos los vidrios por los que pasearan su objetivo.
No tiene mucha importancia y, si resultaba raro que un gran canal de
televisión cometiera esos errores, de todos modos lo más sorprendente
fue el error mayor de entregar la entrevista de la presidenta de la
república, que no es generosa con el tiempo ofrecido a la prensa, a
alguien que no está preparado para sacarle provecho a la distinción.
Y esto no es culpa de Soledad Silveyra, ya que ella leía unos papeles
que tenía por delante. Por lo tanto, si leía eso, bien podría haber
leído cualquier otra pregunta más inteligente que se le hubiera puesto
ante los ojos. Se dirá que la Presidenta aceptó ese reportaje con la
condición de que se le hicieran preguntas irrelevantes, porque se
trataba de un "retrato en la intimidad". Pero ¿quién dijo que la
intimidad es irrelevante? Imposible creer que piense así alguien tan
consciente de los "problemas de género" como la Presidenta.
Entonces, habría que haber reflexionado un poco sobre qué significa
intimidad e inventar preguntas que fueran menos superficiales. Doy
ejemplos sencillos de lo que se podría haber preguntado: ¿cuáles
fueron sus ideas para educar a sus hijos y cómo la realidad y la
experiencia la condujeron a mantenerlas o cambiarlas?, ¿según qué
criterios eligió la escuela donde envió a su hija cuando la familia se
trasladó a Buenos Aires?, ¿cuáles son los personajes, aparte de Perón
y Eva Perón, que más le interesaron en su juventud?, ¿cuál fue el
primer libro que leyó y quién se lo dio o cómo llegó a él?, ¿cuál fue
la película que más la impresionó en la misma época? ¿por qué, como
simples turistas, ella y su marido viajaron sólo a Estados Unidos
antes de devenir pareja presidencial?, ¿a qué atribuye su preocupación
por la ropa, el peinado y el maquillaje, que nunca oculta? ¿es cierto
que está siempre a régimen? La lista es infinita y puede consultarse
en el archivo de cualquier revista que reportee a famosos en la
intimidad.
Si se trataba de un retrato íntimo, no era necesario que fuera un
retrato ciego, cuya mayor indiscreción fue una pregunta que no se les
hace a los Obama ni se le hizo al matrimonio Sarkozy. Textualmente:
"Néstor y usted ¿se acarician?". El hecho de que dos mujeres se
sienten al escritorio del despacho presidencial y una de ellas formule
esta pregunta a la otra marca un despiste que podría haber sido
reparado cuando el reportaje se editó. No nos enteramos de nada
significativo sobre Cristina Kirchner (quizá la única verdad fue que
mandó a los gritos a que se desconectara la computadora de su hija),
pero fuimos espectadores de un traslado vertiginoso desde las once de
la noche, hora en que se emitía el programa, a la media tarde de un
magazine femenino. Contra lo que pueda creerse, es necesario un gran
periodista para sacar a la intimidad de su trivialidad sin convertirla
en el imposible confesionario de una presidenta. La intimidad no es lo
más fácil, sino lo más difícil.
Pero el hecho de que el publicitado reportaje no haya rozado la
subjetividad prometida no oculta el hambre de intimidad que acompaña a
todas las figuras públicas. Hay que reconocer a los Kirchner el mérito
de que fueron siempre poco efusivos en la transmisión de sus
relaciones privadas. Se piensan como una sociedad política y así se
presentaron durante años. Trajeron alivio al diferenciarse de las
efusiones de Carlos Menem, que echó a su esposa de Olivos haciendo que
su edecán le pusiera las valijas en la vereda, prácticamente ante los
ojos del periodismo, y luego convirtió a su hija en impensada y
desconcertante primera dama.
Pero el hambre de intimidad es un rasgo de época. Francisco de Narváez
se presenta en uno de sus avisos de la previa (dado que se emitieron
antes de los de la campaña legalmente definida) como un hombre de
familia, padre de cinco hijos y con otro en camino. Nada que interese
para conocer más a este ex casi desconocido que, de la noche a la
mañana, se ha convertido en famoso.
En ese mismo aviso, el cuello abierto de la camisa muestra el también
famoso tatuaje, de muy buen diseño pop-oriental, del que si De Narváez
quisiera prescindir lo hubiera hecho, ya que todo el mundo sabe que
los tatuajes son borrables. Sin embargo, allí está el tatuaje, para
demostrar dos cosas: en primer lugar, que a De Narváez le gusta y no
está dispuesto a sacrificar esa decoración que lo aproxima a la
cultura juvenil; en segundo lugar, y en una dimensión simbólica, que
es un hombre que no oculta las huellas de su pasado; en el mismo
registro, puesto que todo es parte del pasado, se refiere a un intento
de suicidio con desparpajo y sin histeria: como si dijera "Yo estuve
allí".
La intimidad de Francisco de Narváez, el menos común de los hombres,
porque los multimillonarios son hombres excepcionales, busca parecerse
a la de todos. Y en ese sentido, es funcional a una torsión populista
de la política, que no tiene que ver con los contenidos ideológicos
sino con la ilusión de pertenencia al mismo mundo cotidiano de sus
eventuales votantes. En efecto, ser padre de seis hijos sólo sucede,
según la demografía, a un grupo tradicional de familias acomodadas y a
muchísimos de los pobres del conurbano bonaerense. La intimidad
mostrada, de modo mucho más profesional que la que transmitió el
reportaje a la Presidenta, es funcional a la política. Puro valor
agregado.
De lo que se trata es de no ser confundido con las elites políticas en
un país y en una época en que la idea misma de elite está en crisis.
Vivimos el fin de la identificación política basada en ideas y
proyectos, sustentados por partidos que tienen dirigentes elegidos por
sus militantes y líneas internas separadas no sólo por la ambición
personal, sino también por la competencia de ideas.
Hoy, por todos lados, se intenta el establecimiento de una comunidad
afectiva imaginaria. Twitter lo es y políticos como Obama la han usado
con astucia no por la razón demasiado simple de que, al ser jóvenes,
comprenden sus reglas, sino porque, más que las sencillas reglas de
Twitter, comprendieron ese valor de proximidad virtual.
Raro imaginar a Néstor Kirchner en Twitter, aunque nada es imposible,
sobre todo porque con un empleado y una computadora podría estar allí.
Pero lo cierto es que se ha humanizado de modo más tradicional,
besando vecinas, viejas y niños.
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