[R-P] [Eduardo Paz Rada] LAS FUERZAS ARMADAS Y LA UNIDAD NACIONAL EN BOLIVIA
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Jun 1 16:49:44 MDT 2009
LAS FUERZAS ARMADAS Y LA UNIDAD NACIONAL
Eduardo Paz Rada
Nunca como ahora, en la historia de Bolivia, las Fuerzas Armadas de la
Nación tienen el desafío y la responsabilidad de asumir una clara
posición de defensa de la Patria frente a los intentos de fragmentar y
dividir el país creando poderes paralelos o territorios libres y
quebrando la soberanía nacional.
La acción realizada en Pando, en septiembre del pasado año, cuando
grupos radicales de la oligarquía local pretendían controlar el
territorio al margen del Estado Nacional, la movilización de tropas a
las regiones fronterizas con Paraguay y Brasil, en el Departamento de
Santa Cruz, para evitar que grupos terratenientes, apoyados por
paramilitares, pretendan crear territorios autónomos y trafiquen armas
con toda libertad y finalmente las declaraciones de sus principales
comandantes repudiando la presencia de grupos de mercenarios europeos,
encabezados por expertos de la Guerra de Croacia, son señales
importantes sobre la determinación de conservar la unidad nacional.
Sin embargo, el Consejo Nacional Supremo de Defensa Nacional,
dependiente de la Presidencia de la República y del Alto Mando Militar,
después de haber asumido una clara posición de integración y unidad
nacional frente a los proyectos divisionistas presentados en la Asamblea
Constituyente, han aceptado implícitamente la posibilidad de impulsar
gobiernos regionales, departamentales e indígenas, abriendo un boquete
al proyecto nacional.
Desde el propio gobierno, sectores influidos por el discurso del “fin
del Estado Nacional”, producto de los intelectuales europeos y
norteamericanos que consideran que la humanidad vive una fase en la que
el poder se ha difuminado, le hacen el juego a la dominación
imperialista que, precisamente con el poder de los grandes potencias
estatales, militares, económicas, políticas, están impulsando formas más
profundas de dominación y explotación de las periferias semicoloniales.
Estos puntos de vista han creado y están creando una fuerte
desorientación en distintos sectores del país, particularmente generando
derechos espectaticios de poder, control, soberanía, justicia y
disposición de bienes y recursos naturales en distintos territorios del
país, creando conflictos regionales y sectoriales que no pueden ser
controlados por el poder legalmente constituido.
Los discursos de la “nación camba” y de la “nación aymara” y de treinta
y seis y más naciones inventadas son parte de la estrategia de dividir
Bolivia y América Latina para controlar más eficazmente los recursos
estratégicos tan demandados por la potencias, viejas y nuevas, en la
competencia económica mundial.
Sin embargo, esto no significa que la potencia cultural, política y
económica de los pueblos indígenas no sea el ingrediente más importante
de la construcción efectiva de la Nación Boliviana y de la unidad de la
Patria, como conjunto de sectores y clases sociales hegemónicas en este
proceso que esta viviendo Bolivia. La unidad de las fuerzas de
trabajadores del campo y las ciudades, de los mestizos y de los
indígenas originarios es la única garantía para constituir una patria
libre y soberana, capaz de concurrir a un proyecto de unidad de América
Latina y el Caribe.
Por eso las Fuerzas Armadas, que en el gobierno de Evo Morales son,
junto a los movimientos populares, el puntal de su estabilidad y
fortaleza, se encuentran interpeladas para adoptar una posición clara
que tiene que ver con su propia existencia, puesto que con la formación
de gobiernos departamentales, regionales o indígenas se abre la
posibilidad de crear fuerzas militares y policiales al margen de la
actual estructura y funciones de la institución.
La tradición nacionalista de las Fuerzas Armadas que procede de las
guerrillas de la independencia, de la propuesta integracionista de
Andrés de Santa Cruz, de la unidad pueblo-militares de Manuel Isidoro
Belzu, de la Guerra del Pacífico y de la Guerra del Chaco, de la que
precisamente surgió Razón de Patria como proyecto de defensa de los
recursos naturales que llevó a la nacionalización del petróleo en 1937 y
1979, deberá manifestarse ante los riesgos de división nacional.
El peligro de la desintegración no es de un momento o de corto plazo,
sino de mediano plazo porque se van incubando y desarrollando intereses
que luego, con el tiempo, no podrán ser controlados, como ocurrió en las
experiencias de los Balcanes, Yugoslavia o la propia Unión Soviética.
Ante un mundo en el que los bloques regionales se presentan como los
actores de la dinámica internacional, Bolivia no debe dividirse y, por
el contrario, deberá aportar con energía en las propuestas de unidad
bolivariana antiimperialista, de integración de América Latina y el
Caribe, mirando el futuro como una potencia regional emergente.
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