[R-P] [Pablo Rieznik] Un monólogo de capitalistas y burócratas.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Jul 24 09:43:24 MDT 2009


PO 1092 23/7/2009 Editorial
Un monólogo entre capitalistas y burócratas

Los “lupineros”, como se llama a los kirchneristas en la tierra de don
Néstor, se están agarrando a las trompadas. Si por la uña se reconoce
al león, la crisis política santacruceña es un retrato vivo de la
situación que enfrenta el matrimonial elenco en el poder. En la otra
punta del país, Scioli quiere armar un gobierno “sin los Kirchner...
aunque no sea contra ellos”, según informa Clarín, o sea que no aclara
si es para proteger al casal de Olivos o para enterrarlo. Si el
aparato de intendentes se alambra en la provincia, los K se van a
desintegrar por una explosión interna antes que por las cornadas
‘destituyentes’ de la Mesa de Enlace.

Los opositores a los K no ocultan su temor, sin embargo, de que en el
río revuelto se cuele el hartazgo popular. Grondonita advirtió el
domingo pasado contra un ‘replay’ de la Alianza que acabe como en
2001. Los que suponen que cuentan en su favor con una derechización
del electorado no olvidan, sin embargo, el derrumbe de Michetti en las
dos últimas semanas de la campaña electoral. Por eso, las
conspiraciones en marcha toman el cuidado de no afectar la
“gobernabilidad”– lo cual es una alevosa contradicción de propósitos.
Los ‘gorilettis’ rioplatenses están a la espera del desenlace de la
crisis en Honduras para decidir entre el paciente trabajo del serrucho
o el no siempre más contundente del martillo. De todos modos, a no
equivocarse, pues la agenda de conjunto de oficialistas y opositores
es la misma: recuperar el crédito internacional para hacer frente a la
recesión y a la crisis fiscal y financiera. Está en debate una
ofensiva general contra los trabajadores. La CGT y la CTA marchan al
Consejo que quiere armar el gobierno, para ponerse a la orden del
verdugo.

Economía, política, diálogo

El colapso capitalista planetario ha dejado un tendal de crisis
políticas en todo el mundo; el trabajo de zapa de la política mundial
está comenzando ‘por arriba’. Como a los sacudones de Islandia,
Irlanda, los países del este de Europa y el Báltico se les ha puesto
el rótulo de “argentinizaciones”, habrá que ver ahora cómo Argentina
se “argentiniza” una vez más. De todos modos, apuntemos que en el
barrio tenemos el caso de un colapso descomunal: México, que ha caído
un 7% anual. En casa, estamos llegando al tercer trimestre consecutivo
de caída de la actividad económica. La inversión no se mueve y los
bancos tienen inmovilizada una enorme masa de dinero, mientras los
recursos presupuestarios para subsidios a los capitalistas se agotan.
El “diálogo” tiene una diversidad de “agendas”, pero el propósito
común de buscar una salida capitalista a esta situación.

El capital sojero, naturalmente, reclama dejar de liquidar retenciones
por exportaciones, y todo indica que ya habría un acuerdo en favor de
una rebaja segmentada, que por empezar eximiría del pago a las
propiedades hasta un rango de 500 a 1.000 hectáreas (lo cual supone
una decena de millones de dólares de capital invertido). Dada la
naturaleza de las labores sojeras, el beneficio se extendería a los
capitales que reparten su trabajo de contratistas en varias unidades
de producción (o sea en superficies que superan el tope mencionado).
De todos modos, en el Congreso ya han surgido objeciones ¡en especial
de la UCR! que advierten contra el peligro de una crisis fiscal. Es
probable, sin embargo, que reflejen los intereses de otros sectores
agrarios que se ven perjudicados por la sojización. En lo que se
refiere a los famosos pooles de siembra o fideicomisos agrarios, que
se beneficiarán con una rebaja del 30% de las retenciones (del 35 al
25%), seguirán descargando el impuesto sobre las tercerizadas que
realizan la mayor parte de la labor agraria. No es casual que el
precio de la tierra casi no haya caído.

Los gobernadores, que se anotan a su vez en “ligas” y “subligas” que
no terminan de definirse, plantean un cambio drástico en la
distribución de los recursos de las finanzas públicas
(“coparticipación”) porque ya no tienen de dónde rascar un mango. La
UIA, por fin, reclama lo suyo: una devaluación encubierta por la vía
de nuevos impuestos y subsidios que le reporten más pesos por cada
dólar de la exportación. Esta verdadera explosión de demandas
capitalistas es formalmente inviable e inclusive agudiza la
perspectiva del derrumbe fiscal ya señalado. Por primera vez desde
2003, el déficit total llegaría 6.000 millones de pesos, que se
elevaría a 14.000 millones si se suman los “rojos” de los presupuestos
provinciales. La enorme fuga de capitales bloquea cualquier
perspectiva de financiar la crisis, no hablemos de una reactivación.

Viraje capitalista

La burguesía enfrenta la necesidad de un reordenamiento de conjunto,
que los trabajadores están llamados a pagar. Algunos en el gobierno
creen que les queda aire para pilotear la transición si ejecutan esta
reestructuración, y para eso ofrecen pagar a los fondos buitres que
quedaron afuera de la renegociación de la deuda externa en 2005 y
arreglar un canje de los bonos que se indexan con la inflación. Pero
para ofrecer de nuevo bonos en pesos, que no tengan atada una alta
tasa de interés, deberán ‘normalizar’ relaciones con el capital
internacional. Como los bonos argentinos se cotizan hoy a un nivel de
quiebra, cualquier regularización entrañaría ganancias especulativas
colosales. En el fondo, el ‘diálogo político’ no es más que una
operación financiera en beneficio de los que operan con la deuda
argentina. No son demasiados, ciertamente, los recursos que tiene la
camarilla oficial para mantenerse en pie, y esto si sortea su propio
autovaciamiento.

Ninguna de estas variantes ni sus “agendas” respectivas representan
una salida para los trabajadores. La propia experiencia indica que no
hay otro remedio que enfrentarla con una movilización independiente,
reivindicando la prohibición de los despidos, la vigencia de las
paritarias, la entrega a los trabajadores de toda fábrica que se
paralice o cierre. No hay que rescatar al capital sino a los
trabajadores, nacionalizando los bancos, poniendo en circulación sus
fondos ociosos y cesando el pago de la deuda para dirigir los recursos
a un plan de inversiones en infraestructura y desenvolvimiento
industrial nacional.

El lugar para esto no es el Consejo Económico Social sino un Congreso
de Trabajadores.

Pablo Rieznik




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