[R-P] [A. Soliz R.] ¿Y el imperialismo?

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Jul 18 08:43:26 MDT 2009


¿Y EL IMPERIALISMO?



Andrés Soliz Rada



El fundamentalismo indigenista plantea forjar un planeta en el que
coexistan armoniosamente los seres humanos y la naturaleza, sin
contaminación ambiental y sin carreras armamentistas. Para alcanzar
los celestiales objetivos, dos altos personeros de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), Manuela Tomei y Lee Swepson,
entregaron en Ginebra, Suiza, en julio de 1995, la “Guía para la
Aplicación del Convenio 169”, de 1989, sobre pueblos indígenas y
tribales. Tomei y Swepson destacan que la citada guía “pretende
contribuir al diálogo entre los gobiernos, las organizaciones
indígenas y las ONG”.



Es obvio que para construir un mundo diferente se requiere terminar
con el dominio de los países imperialistas, responsables de
sistemáticos genocidios, como los de Irak y Afganistán, de la
oprobiosa deuda externa, de las guerras tribales en el África, a fin
de apropiarse del petróleo, oro y  piedras preciosas, de la
instauración de dictaduras sangrientas como las de Pinochet, Trujillo
o Somoza y del comercio impune de drogas y tráfico de armas, gracias a
paraísos fiscales, evasores de multimillonarios impuestos.



Los filantrópicos enunciados de la OIT generan dudas cuando las
grandes ONG, beneficiarias de ilimitados financiamientos de las
superpotencias, transnacionales y organismos financieros
internacionales, aparecen como salvadoras de la humanidad. ¿Podrá
creerse que los todopoderosos resolvieron financiar su propio
entierro?

Podrá argumentarse que la OIT reconoce derechos de los pueblos
indígenas y tribales sin excepción, lo que demostraría su carácter
universal y democrático. Lo anterior olvida que los países altamente
industrializados no sufren riesgo por la emergencia del indigenismo a
ultranza, lo que no ocurre con aquellos que no han terminado de
consolidarse.



Al Estado francés, por ejemplo, no le afecta que los tahitianos de la
Polinesia Francesa tengan todas las prerrogativas imaginables, como la
 autodeterminación, la libre disposición de recursos no renovables o
el mantener sus formas de administrar justicia. No obstante, no ocurre
lo mismo con la frágil Bolivia, en la que esos mismos derechos en
manos de 36 “naciones” indígenas, culminarán con su disgregación
inevitable.



El 169 tiene connotaciones diversas. En EEUU, sirve para que 200
pueblos indígenas administren casinos y casas de juego dentro de sus
territorios con exenciones fiscales. En el 2007, en tanto casinos de
Las Vegas facturaron 6.000 millones de dólares, los pertenecientes a
las reservas tribales llegaron a 25.000 millones. La tribu de los
Semioles adquirió Hard Café en Hollywood y Tampa en 965 millones de
dólares y junto a otra “nación” aborigen, los Miccosukees, logró, el
2006, utilidades por 1.600 millones de dólares. El ex candidato
presidencial John McCain denunció que en los casinos indígenas
prolifera la drogadicción, prostitución, alcoholismo y delincuencia,
en los que la degradación humana, indígenas incluidos, es pavorosa.
¿Este será el futuro que añoran los ultra indigenistas para la
humanidad?



Lo anterior no significa ignorar la deuda histórica con los pueblos
precolombinos. El problema reside en definir si esa deuda se la
encara, en el caso de nuestro país, alrededor de la nacionalidad
boliviana, que cohesiona a toda la población, o se permite que las ONG
y sus empleados nativos destruyan ese eje de cohesión. La nación
boliviana, de la que los pueblos nativos son parte esencial, debe
rescatar los legados indígenas, sin destruir la visión unificadora
construida por el pensamiento nacional, a fin de cerrar el paso,
además, a los incesantes intentos separatistas de la oligarquía
cruceña.





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Néstor Gorojovsky
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