[R-P] Carta Abierta a la Señora Presidenta Cristina Fernandez de Kirchner

Part. PATRIA y PUEBLO -Izq. Na patriaypueblo en yahoo.com.ar
Mie Jul 15 11:16:03 MDT 2009


Buenos Aires, Julio de 2009

Sra. Presidenta de la Nación
Dra. Cristina Fernández de Kirchner
S	/	D

De nuestra mayor consideración:

Cuando, al inicio de su gobierno, el Dr. Néstor Kirchner lanzó una negociación dura, fructífera y digna con los tenedores de bonos de la deuda externa argentina, el partido político Patria y Pueblo tuvo la plena certeza de que desde la Casa Rosada, por primera vez desde el fallecimiento del General Perón, se había decidido gobernar nuestro país siguiendo un rumbo soberano y patriótico. La negociación eliminó cualquier duda: el Dr. Kirchner empezaba a poner punto final al auge neoliberal con que culminó, a nuestro modo de ver, todo el ciclo histórico iniciado con el golpe de Estado de setiembre de 1955. Nuestros militantes participaron activamente de las jornadas de diciembre de 2001 que pusieron fin a ese ciclo nefasto y que por lo tanto son el origen de la legitimidad del nuevo ciclo. Desde ese punto de vista y desde esa militancia concreta, percibimos que el Dr. Kirchner estaba cumpliendo, con acciones y no con declamación, el mandato
 implícito de hallar un nuevo rumbo, lanzado en esos dos días por el pueblo argentino.

A esa medida, en rápida sucesión, la sucedieron otras que nos confirmaron la apreciación inicial. Pese a que posteriormente el ímpetu pareció amainar, no vimos signo alguno de de retroceso y por ende mantuvimos nuestro apoyo independiente al Dr. Kirchner. No hemos visto un solo motivo para quitarlo después, y mucho menos en este momento.

Al mismo tiempo, y desde nuestra independencia política y organizativa, alertamos, en cada oportunidad que nos pareció necesario, sobre aspectos de la gestión de gobierno que a nuestro entender ponían en riesgo la continuidad y profundización del rumbo adoptado. En particular, desde por lo menos dos años antes del conflicto por la Resolución 125, llamábamos la atención sobre el escaso eco que despertaba en la acción de gobierno la actividad conspirativa de la Sociedad Rural e instituciones afines. 

Cuando la conspiración pasó a disputar ya el derecho elemental de un gobierno a decidir qué importa o exporta la Argentina, y los aranceles aduaneros que decide percibir, vimos en peligro la majestad misma del Estado. En esa oportunidad supimos responder de inmediato y sin vacilaciones a la necesidad de tomar las calles en apoyo del gobierno constitucional. En ésa y otras oportunidades, la independencia de Patria y Pueblo nos ha permitido agregar al campo nacional voluntades que, sin considerarse kirchneristas, sí están dispuestas a defender el rumbo iniciado en 2003.

Señora Presidenta: avalados por esta trayectoria, que no es sino continuidad de la trayectoria histórica de la Izquierda Nacional, le hacemos llegar estas líneas en este momento de dificultades.

Nuestro partido entiende que, más allá de los porcentajes electorales, las elecciones del 28 de junio se constituyen en un serio tropiezo en la marcha de la gestión del gobierno, en parte atribuible a pasos en falso dados desde el Movimiento Nacional. No es la presente nota el lugar donde exponer esos pasos en falso. Por el contrario, es nuestro interés plantear a usted cuáles son, desde la perspectiva de Patria y Pueblo, las condiciones en que se encuentra en este momento el campo nacional, las amenazas que se ciernen sobre su gobierno, y las salidas que vemos factibles.

Su gobierno, el gobierno argentino, cuenta hoy con el apoyo de uno de cada tres ciudadanos, pese a la formidable presión ejercida por el sistema mediático (que funcionó de hecho como el ejército cultural del bloque ruralizante de oposición, centrado en la dirigencia de la Sociedad Rural Argentina). Este apoyo se hace más significativo si se considera que su núcleo lo constituyen sectores que en su vida cotidiana no han sido justamente los más beneficiados por la acción gubernamental. 

Estos millones de argentinas y argentinos, lejos ser víctimas del “clientelismo” como agita la oposición, perciben la realidad más allá de sus necesidades inmediatas, a veces acuciantes: entienden perfectamente que el rumbo elegido en 2003 se enmarca en nuestras mejores tradiciones de lucha por la independencia y la justicia social, y saben por amarga experiencia que fuera de ese rumbo nuestro país no tiene salida. Es difícil minimizar el valor que tiene semejante cimiento.

En segundo lugar, y salvas excepciones minoritarias, el grueso del movimiento obrero se suma a ese núcleo básico. Teniendo en cuenta el desmedro del poder central y la tendencia a la fragmentación de las representaciones partidarias implícitos en las prácticas “descentralizadoras” (en realidad, provincializadoras) iniciadas ya en 1976, profundizadas a partir de 1989 y, según entendemos, sancionadas con fuerza constitucional por el cepo que el Pacto de Olivos colocó a la Constituyente de 1994, este sostén ofrece una de las pocas estructuras político-reivindicativas de alcance nacional.

En tercer lugar, está su presencia misma al frente del Poder Ejecutivo. La destrucción operada en el Estado Nacional a partir de la instauración del régimen del 76 disminuye la capacidad de acción inmediata de ese Poder; tras el reclamo de “eliminar los superpoderes” anida claramente la voluntad de aprovechar este hecho lamentable para atar de pies y manos a la Presidenta de la Nación. La defensa de sus prerrogativas presidenciales es un polo de reagrupamiento de las diversas fuerzas del pueblo argentino que, sumadas a las dos ya mencionadas, deben constituir el eje de la nueva conformación del Frente Nacional. 

Ésta, a nuestro modo de ver, se hace extremadamente necesaria. El resultado electoral volvió a poner de manifiesto la insuficiencia de las fuerzas básicas del campo nacional, en las actuales circunstancias, para sostener la profundización del rumbo abierto en 2003. Sin embargo, la alternativa es férrea: o se profundiza en dicho rumbo, o se cede (progresiva o instantáneamente) a la presión que están ejerciendo en este momento la oligarquía agrofinanciera argentina, las grandes empresas multinacionales y, con toda seguridad, los representantes locales del interés de ciertos países extranjeros. Su intención, a veces desembozada, es orientar la Argentina hacia un destino monoexportador en el cual está anulada, por definición, la existencia de una industria vigorosa y en cambio está asegurada la expansión del desempleo, la miseria, la incultura y una resbaladiza seudolegalidad tributaria de los más poderosos.

La experiencia también ha mostrado que una gestión como la encarada por usted no encuentra en el alto empresariado industrial, local o extranjero, comprensión y sostén. 

A partir de 2003 este alto empresariado ha disfrutado: altísimas tasas de ganancia; la paulatina pero firme expansión del mercado interno y los crecientes lazos con los de otros países de América Latina le garantizan un ámbito de realización de sus capitales que en la actual crisis mundial representa un activo invalorable; múltiples formas de apoyo del Estado Nacional, tanto fronteras adentro como en la arena internacional; un subsidio conciente del pueblo argentino, que soporta las consecuencias de la salida de la suicida paridad “uno a uno” impuesta por Domingo Cavallo, etc. Sin embargo, este alto empresariado no ha encontrado mejor actitud ante las elecciones que sumarse al extorsivo planteo de la oligarquía argentina, y hasta llegó a conversar con autoridades de un país extranjero sin siquiera hacerle saber a nuestros representantes diplomáticos dónde se habían hospedado sus dirigentes. En el instante mismo en que escribimos estas
 líneas se ufana de doblegar al poder central violando todo acuerdo de precios. 

Existen, por supuesto, sectores del empresariado, del comercio y de la actividad profesional independiente que sí se pronuncian (aunque no sin expresar reservas) a favor del rumbo seguido por el gobierno hasta este momento. Pero es necesario, en una apreciación realista, admitir que son minoritarios y ni siquiera pueden aducir sinceramente la plena representación del estrato al que pertenecen.

La gobernabilidad y la continuidad del rumbo elegido en 2003 exigen, por lo tanto, fortalecer y ampliar la base de sustentación con que cuenta el gobierno que Ud. preside. Lo primero requiere, ante todo, advertir que han aparecido bolsones de indiferencia electoral en los sectores más sumergidos (abstenciones). Para superar este problema, las arengas no bastan. Tampoco alcanza con el recuerdo de lo ya realizado por la acción oficial.

A ejemplo de San Martín, la efectiva incorporación de los más oprimidos pasa por profundizar al máximo la redistribución de ingresos. De este modo, la indiferencia se disolverá en la conciencia común de que el presente gobierno es de ellos, más que para ellos. 

Hasta tanto la regeneración del tejido industrial permita absorber al último desempleado, esta profundización no pasa solo, ni necesariamente, por el incremento de los montos destinados a la ayuda social. Pasa por formas autogestionarias de manejo de las ayudas oficiales que ayudarán a quebrar, con la participación de los interesados directos, todos los diques y detracciones sufridas por el esfuerzo financiero que se canaliza hacia esos fines.

Es necesario además reforzar la llegada a aquellos sectores trabajadores que no se han visto totalmente interpretados durante el conflicto por la “125” y brindar al movimiento obrero organizado un lugar equivalente a su ya demostrada capacidad de movilización y sostén político. Pero adicionalmente se hace imperioso incorporar a los estratos de clase media, en particular la clase media asalariada, que componen el grueso de nuestra población urbana. Es allí donde se ha de dirimir el destino del rumbo adoptado por el Dr. Kirchner y tan dignamente seguido por usted desde que asumió la Primera Magistratura.

Ahora bien, la reconstrucción del Frente Nacional no puede llevarse a cabo cooptando a las clases medias congeladas en su conciencia “democrática” heredada. Esta conciencia sigue sin asimilar los acontecimientos históricos producidos a partir de 1945, y la legitimidad histórica de su gobierno nace precisamente de esos acontecimientos. De allí, a nuestro entender, que, como lo ha demostrado la experiencia, el camino para incorporar al Frente Nacional este vasto e importante componente del pueblo argentino no pasa por el intento de “transversalidad”, ni tampoco por incorporar a sectores clave del sistema cultural oficial a representantes de esas formas, ya pretéritas, del pensamiento de esas clases medias.

El fracaso de esa experiencia llevó naturalmente a recostarse en la estructura del Partido Justicialista. Este movimiento es perfectamente lógico desde el punto de vista táctico inmediato, pero ha tenido un altísimo costo sobre el cual no nos vamos a extender. Tampoco es nuestra intención inmiscuirnos en cuestiones sobre las que, siendo como son privativas del justicialismo, sería hasta insolente que nos pronunciáramos. Corresponde, en cambio, que puntualicemos dos cuestiones: 

(a) que no pocas de las dirigencias en las cuales se apoyó el esfuerzo electoral en el área metropolitana se basan en formas coercitivas de ejercicio del poder político antes que en un trabajo de persuasión, que es lo que hace falta. De allí que de hecho esa opción forzada alienó de la masa de electores potenciales un contingente nada despreciable que, no solo entre los más sumergidos, prefirió votar a los candidatos opositores o no votar.

(b) la batalla por las clases medias, por ser precisamente una batalla por las conciencias, exige un inmenso esfuerzo de carácter doctrinario. El neoliberalismo, expresión ideológica y existencial totalizadora de la pulverización del país resultante del ciclo cerrado en diciembre del 2001, solo puede contrarrestarse oponiéndole otra expresión ideológica y existencial totalizadora. De allí la relativa ineficacia que han tenido sobre estas camadas sociales las llamadas de atención a la obra de gobierno.

A partir de estas limitaciones y algunas otras, de menor entidad, las clases y grupos sociales privilegiados y rentísticos que se han enfrentado con el gobierno nacional a partir de la “125” han logrado montar una especie de “Unión Democrática” cooptando sectores de clases medias (y aún de trabajadores) cuyo interés objetivo, paradójicamente, está en apoyar al actual gobierno. A esta operación ideológico-política corresponde responder con una impugnación ideológico-política, donde la claridad de ideas y la acción de masas se potencien mutuamente. Es en el curso de ese desarrollo que irá quedando cada vez más clara la comunidad objetiva de la gran masa de los argentinos y se irá creando el nuevo sujeto colectivo que no se pudo encontrar por la vía de la “transversalidad”. El nexo ideológico-político será así totalizador por ser creación colectiva. De esto se trata, según nuestro punto de vista, cuando se propone
 reconstruir el Frente Nacional: en la lucha misma, no discursivamente, como hecho dinámico popular, no de “arriba” hacia “abajo”, etc.

Resumiendo: el rumbo del gobierno es claro, pero no ha sido aclarado abiertamente: es el momento de exponerlo y ejecutarlo como proyecto convocante y tan total, al menos, como el neoliberal. Para ello creemos fundamental que se profundice dicho rumbo, dando señales inequívocas de la decisión de terminar con el saqueo imperialista, la extorsión oligárquica, la desigualdad social, las lesiones a la soberanía nacional y la destrucción del medio ambiente. El pueblo argentino puede y debe participar, desde las calles, en una lucha tendiente a fortalecer decisivamente la intervención directa del Estado en los sectores más dinámicos y estratégicos de la economía, a reforzar su papel rector, a potenciarlo para capturar toda renta extraordinaria y redistribuirla en función de las necesidades de la industrialización (que deberá intensificarse), a desdolarizar la economía, a retomar el pleno control de las palancas básicas y estratégicas de la
 vida económica, a modificar la legislación financiera y a hacer del Banco Central y de la Aduana una herramienta de planificación económica, a controlar desde el Estado el comercio exterior, a vigorizar el mercado interno por vía de precios, salarios y reforma impositiva, etc.

Para superar las consecuencias del traspié electoral, Patria y Pueblo cree que se debe afirmar rotundamente la autoridad presidencial, apoyar a las tendencias más claramente patrióticas del movimiento obrero, librar una batalla ideológica total y nacional contra una ideología total y antinacional, y ofrecer al conjunto de los argentinos un puesto de combate contra quienes hoy amenazan la continuidad del rumbo abierto en 2003.

El apoyo está esperándonos en las masas; no anida en los hipócritas "consensos" que pretenden los  privilegiados. La salida del revés electoral está en la generación de un auténtico sistema de movilización popular, la formación de cuadros, la apertura de centros políticos, la producción doctrinaria, el establecimiento de mecanismos de movilización, etc, penetrados de voluntad política y de disposición de combate. De lo que hagamos en este momento, señora Presidenta, depende que el traspié del 28 de junio sea temporal o anuncie un nuevo revés, esta vez en las presidenciales. Cada acción tendiente a plantear esta bandera de lucha al conjunto de nuestro pueblo reforzará el Frente Nacional y encapsulará al bloque antinacional en su escueto núcleo de privilegiados, asegurándose así no solo la reversión electoral de lo acontecido en junio sino además un futuro venturoso para la Patria.

Sin otro particular, saluda a Usted muy atte. 

Mesa Nacional de Conducción:
Néstor Gorojovsky, Secretario General
Rubén Rosmarino, Almendra Cisneros de Lara, Juan María Escobar, Hugo Santos, Gustavo Battistoni, Pablo López, Baylon Jerez, Ricardo Solohaga, Lorena Vazquez

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Tel.: 4300-4332


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