[R-P] [Adolfo Gilly-Rhina Roux] Capitales,tecnologías y mundos de vida.(2)

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Mar Jul 14 19:49:57 MDT 2009


Innovaciones, capital y naturaleza: la apropiación de los cuatro elementos

Microelectrónica, informática, ingeniería genética y nanotecnología
permiten que la subsunción de naturaleza, trabajo, destrezas y
conocimientos en los circuitos de valorización de valor rompa hoy con
límites antes no superables: biodiversidad, creación intelectual,
saberes locales, códigos genéticos, espacio radioeléctrico, espacio
aéreo, energía eólica, sangre y órganos del cuerpo humano, la entera
biosfera y aun recursos que son condición natural de la reproducción
de la vida, como las semillas y el agua.[24]

Las innovaciones científico-tecnológicas permiten además que el
imperio de la valorización de valor rompa hoy con barreras naturales.
Tal es el caso del nuevo poder tecnológico en el campo de las
mutaciones genéticas, que permiten al capital interrumpir el ciclo
natural de reproducción de las semillas, como en la llamada
"tecnología Terminator" o semillas "suicidas": una semilla de plantas
genéticamente modificadas que al germinar y desarrollarse producen
semillas estériles.

En el nuevo rostro de la sociedad del capital del siglo XXI aparecen
entonces formas mucho más sofisticadas de apropiación de trabajo
excedente y de subordinación del trabajo vivo, ejemplificadas en la
experiencia de los campesinos asiáticos, forzados a cosechar estos
cultivos transgénicos -artificialmente estériles-, cuya producción y
distribución está controlada por las grandes corporaciones mundiales,
encabezadas por Monsanto. Mientras, cuatro corporaciones mundiales
(Suez, Veolia, Thames Water y Bouygues) dominan a su vez el mercado de
almacenamiento y distribución de agua potable. [25]

Todo ello sería imposible sin los métodos de despojo, protegidos por
formas jurídicas renovadas, que se presentan en las múltiples formas
contemporáneas de apropiación privada del conocimiento y de los bienes
naturales: patentes, registros de marca y derechos de propiedad
intelectual como los sancionados por la OMC (ADPIC: Acuerdo sobre los
Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el
Comercio). En la década de los noventa se registró un aumento
espectacular en patentes de biotecnología y telecomunicaciones,
seguido por farmacéutica e ingeniería médica y, más recientemente, en
nanotecnología.[26]

Se trata de un proceso cualitativo y global de nuevos "cercamientos"
(enclosures), seguido como si fuera una sombra fatal por la
multiplicación material de los muros fronterizos (Israel-Palestina,
Estados Unidos-México, España-Marruecos), de los encierros privados
rigurosamente vigilados, de los espacios públicos enrejados y de los
cuerpos de seguridad privados instalados en medio de la vida civil de
las ciudades y sus periferias.

No es la maldad de nadie. Es una fuerza abstracta que finalmente
conduce a la violencia bélica general y al exterminio de poblaciones
enteras, de bosques, de ríos y lagos, de glaciares y cultivos
milenarios consustanciales a la vida humana. Sintomática es ya, en los
tiempos que corren, la alarma por la crisis alimentaria mundial, el
alza en los precios de granos y productos agropecuarios y las
hambrunas.[27]

La construcción de una bodega de semillas en el Polo Antártico, de una
moderna Arca de Noé que resguarde ese eslabón natural de la vida de
guerras nucleares y catástrofes ecológicas, financiada por gobiernos y
grandes corporaciones, es una imagen de delirio reveladora de este
cambio de época.[28]

El mundo del capital, que se nutre de esta expropiación de los
productos de la naturaleza y del intelecto colectivo, parece no
reconocer límites. Hoy se apropia de los cuatro elementos del mundo
antiguo: agua, aire, tierra y fuego. Rompe así el ancestral vínculo
sagrado del ser humano con la naturaleza e impone, en el paroxismo, la
lógica de la razón instrumental que le es constitutiva.

Es posible que este sea su límite último e insuperable. Pero esta es
otra cuestión cuya respuesta, humana o inhumana, no está dicha y puede
ser terrible.[29]

Trabajo vivo, dominación y violencia: procesos y cambios

Para poder pensar la nueva forma de la dominación y su otra cara, la
resistencia e insubordinación de las clases subalternas, es preciso
tener en cuenta los cambios en curso en la composición de la fuerza de
trabajo. Junto a la apropiación capitalista de la ciencia y la
tecnología, cientos de millones de seres humanos también están
haciendo suyo en estos años un mundo de conocimientos: incorporan
saberes y destrezas, se desplazan y se comunican a través de las
fronteras, volviéndose imprescindibles y, hasta cierto punto,
incontrolables. En esta mutación epocal una nueva densidad y
complejidad del trabajo vivo se está conformando.

No existe trabajo de la mano sin trabajo del cerebro, ni del cerebro
sin la mano: es una verdad tan antigua como el ejercicio de la
filosofía. Ninguna de las grandes proezas hechas posibles por las
innovaciones tecnológicas de estos tiempos, incluida aquella que
permite conectarse instantáneamente con todos los rincones del globo
apretando el botón de una microcomputadora, sería factible sin el
conocimiento social acumulado (intelecto general o general intellect,
le llamaba Marx) en la destreza manual y el trabajo intelectual de
generaciones pasadas. Son estos saberes y destrezas los que hoy se
condensan en la nueva densidad del trabajo vivo.

Su figura es el nuevo trabajador colectivo globalizado en los procesos
productivos, pero a la vez fijado nacionalmente en los procesos de
control estatal del capital, que sigue teniendo en las fronteras
territoriales del Estado nacional los espacios de construcción de su
hegemonía.

Es cierto que la relación estatal propia del antiguo Estado protector
-en sus distintas variantes nacionales- ha terminado casi por
desvanecerse. En este proceso abierto y conflictivo, no sabemos con
precisión las formas y rutas que adoptarán los nuevos modos de la
dominación en gestación. Pero es nuestra certeza que será infructuoso
pensar las nuevas formas de mando y obediencia -y los caminos de su
subversión- si no se advierten y se analizan los cambios en la nueva
composición tecnológica de las relaciones de dominación. En otras
palabras, el nuevo peso, denso y elevado, de la masa de trabajo
objetivado en el núcleo de la dominación del capital: la apropiación
de trabajo vivo.

Pues, al mismo tiempo, el desarrollo científico-tecnológico extiende
día con día las fronteras de lo que Marx llamaba "tiempo disponible":
la reducción del trabajo necesario y la ampliación, por tanto, de la
posibilidad abstracta de goce y disfrute de los seres humanos; dicho
en otras palabras, un nuevo equilibrio liberador en la antigua
relación trabajo/disfrute.

El conocimiento social acumulado en toda la historia del trabajo
manual e intelectual de la especie humana, objetivado en las
tecnologías, vuelve entonces materialmente posible aquello que desde
los antiguos fue vislumbrado como un supuesto material de la libertad
humana: la disposición de tiempo libre. "Si cada uno de los
instrumentos pudiera cumplir por sí mismo su cometido obedeciendo
órdenes o anticipándose a ellas…si las lanzaderas tejieran solas y los
plectros tocaran la cítara, los constructores no necesitarían
ayudantes ni los amos esclavos", escribía Aristóteles hace más de
veinte siglos reflexionando sobre este presupuesto material de la
libertad humana.[30]

Bajo el dominio del capital, sin embargo, el tiempo liberado por el
desarrollo tecnológico se vuelve una oportunidad para arrancar mayor
plustrabajo. El capital captura y pone a su servicio todas las
ciencias. En la esencia del capital está la apropiación gratuita del
conocimiento y la destreza social acumulados, de la fuerza productiva
generada por el intelecto colectivo, subsumida como potencia en el
proceso de valorización de valor (como había advertido Marx en su
análisis de la maquinaria y la gran industria). La ciencia entonces se
presenta ante el trabajo vivo no como un proceso liberador, creado por
él mismo, sino como un poder avasallante y ajeno.[31]

El uso capitalista de las nuevas tecnologías no sólo permite imponer
métodos más flexibles de contratación laboral (trabajo temporal,
trabajo a tiempo parcial o trabajo a domicilio), cuyo peso tiende a
crecer en el conjunto del mercado asalariado. Permite también aumentar
y densificar el control y la dominación sobre el trabajo en el punto
de producción: ese punto vivo y conflictivo en que se realiza el
encuentro entre trabajo objetivado y trabajo vivo, entre trabajo
pasado y trabajo presente.[32]

El control sobre el gasto de fuerza de trabajo y sobre los ritmos y
pausas del proceso productivo, el despojo de capacidades y
conocimientos, la tendencia a reducir el proceso productivo a puro
gasto de trabajo (sin pensamiento e iniciativa propias), nuevos
procesos de descalificación/recalificación de la fuerza de trabajo y
una creciente separación entre ideación y ejecución del proceso todo
(ampliando la brecha entre trabajo manual e intelectual) son
fundamentos esenciales del nuevo modo de dominación ya dibujados en
los años setenta y ochenta del siglo pasado en múltiples estudios
sobre los nuevos procesos de trabajo.

Sus características esenciales, que se resumen en la tendencia hacia
un disciplinamiento crecientemente intensivo de la fuerza de trabajo y
de la sociedad en general, pueden ser enumeradas no exhaustivamente:

1. Alargamiento de la jornada de trabajo, cierre de la porosidad del
tiempo de trabajo.

2. Estado "vigilante": las tecnologías de control total (en Estados
Unidos, Homeland Security, Patriot Act, tortura legalizada...) y su
presión invisible y ubicua sobre el trabajo vivo.

3. Persecución de los migrantes como modo de regulación del conjunto
de la fuerza trabajo.

4. Presión indirecta y efectiva del "empleo militar" (Blackwater y
empresas privadas; ejército profesional de Estados Unidos) sobre las
relaciones y condiciones civiles de trabajo, incluida la densificación
de los mecanismos y artefactos de control dentro y fuera de los
lugares de trabajo y los espacios públicos y privados.

5. Legalización y trivialización de la tortura, desde Guantánamo e
Iraq hasta la pistola eléctrica.

6. Multiplicación de controles disciplinadores en la vida cotidiana:
control de identidad, guardias privados, cámaras ocultas, grabaciones
y un arsenal de leyes y disposiciones que legalizan tal estado de
cosas.

En estas coordenadas también aumenta la densidad de la violencia
potencial (de la cual la violencia actual, en ejercicio visible,
siempre es sólo una fracción menor). Una nueva relación entre mercado
autorregulado y violencia autorregulada (y entonces autonomizada) se
perfila en el horizonte. La conversión de la violencia en terreno
mismo de la acumulación (léase industria y servicios bélicos,
servicios de seguridad privada, o la institucionalización del
ejercicio de la violencia como negocio privado, como sucede hoy en
Irak, Afganistán y otros puntos calientes del planeta) es otro síntoma
de estas tendencias.

Dentro del Diluvio y más allá

Mirada desde los tiempos largos de la historia y no sólo desde la
economía o la política, la globalización aparece como la
actualización, infinitamente más compleja y sofisticada, de la
múltiple y secular violencia que ha acompañado a la modernidad
capitalista: violencia contra otras matrices civilizatorias, contra la
naturaleza, contra el trabajo vivo; violencia en la competencia entre
capitales, violencia como terreno de acumulación; y violencia -real o
potencial- implícita en la lucha interminable por el monopolio
planetario de la coerción física.

Desamparo, migraciones bíblicas, retorno del trabajo infantil,
exclusión y humillación racial, destrucción de patrimonios culturales,
calentamiento global, catástrofes ecológicas, hambrunas y una
violencia cotidiana vuelta pandemia son algunas de las imágenes que
acompañan a este cambio de época.

Por otra parte, preciso es también registrar que en las nuevas
coordenadas impuestas por el mando del capital el lado opuesto, activo
y negador de este proceso, el trabajo vivo, adquiere nuevas y aún no
reveladas potencialidades, al condensar en su existencia cotidiana, al
mismo tiempo, las posibilidades de goce y disfrute abiertas por la
novedad tecnológica y la riqueza y diversidad anclada en la vida, la
historia y el patrimonio de cultura y conocimiento, esa herencia
inmaterial legada a nosotros por las generaciones pasadas.

Va adquiriendo y acumulando, además, una nueva sutileza obligada en la
creación y actualización de las formas de solidaridad y de rebelión.
Como en cada fase precedente de la relación de capital, el trabajo
vivo, el trabajador en tanto sujeto colectivo y en tanto individuo, se
va apropiando de las innovaciones para imaginar, crear y organizar
nuevas formas de afirmación de su ser y de enfrentamiento con el
capital; de rebeldía en el proceso de producción ampliado; y de
solidaridad tendencialmente tan mundializante como globalizantes son
el capital y su inseparable corolario, la disputa entre los diversos
capitales.

Este proceso lleva tiempo y sigue al anterior. Pero es también
necesario, seguro e inescapable, tanto como la existencia y la
reproducción ampliada del trabajo vivo en los múltiples y enriquecidos
mundos de la vida.

El viejo conflicto sigue abierto en la historia cotidiana de estos
días, porque el mundo del capital sólo puede existir nutriéndose de
esos mundos de la vida que en su propia existencia y reproducción se
empeñan en resistirlo y en negarlo.[33]

En todo caso, la organización del trabajo, la comunidad material del
trabajo universal y su destilado espiritual, la solidaridad, necesita
ser pensada, ahora como antes, sobre todo a partir de ese punto hoy
omnipresente donde se encuentran, se enfrentan y se combinan trabajo
objetivado y trabajo vivo, trabajo pasado y trabajo presente, capital
y trabajo.

La esencia de la subversión consiste, en definitiva, en subordinar el
trabajo objetivado al trabajo vivo universalizado y solidario; o,
según la antigua palabra, en expropiar a los expropiadores.

Epílogo

Jorge Luis Borges alguna vez escribió: "Desconocemos los designios del
universo, pero sabemos que razonar con lucidez y obrar con justicia es
ayudar a esos designios, que no nos serán revelados".

En el mundo de hoy, razonar con lucidez y obrar con justicia conduce a
la indignación, el fervor y la ira, allí donde se nutren los espíritus
de la revuelta. Pues el presente estado del mundo es intolerable; y si
la historia algo nos dice es que, a su debido tiempo, no será más
tolerado.

Ciudad de México, 5 septiembre 2008.



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[1] En una reciente entrevista al periódico italiano Il Manifesto (Sin
Permiso-e, 3 febrero 2008), a propósito de su último libro Adam Smith
en Pekín, Giovanni Arrighi formula una hipótesis diferente sobre la
posible transitoriedad del neoliberalismo. Dice: "El neoliberalismo ha
sido un paréntesis de locura con el que los Estados Unidos y su fiel
aliada, Inglaterra, han tratado de imponer, por las buenas o por las
malas, su modelo. Pero ambos han fracasado, como testimonian la caída
de las bolsas y la derrota estadounidense en Irak. Estamos en una fase
turbulenta cuyas salidas son todavía difíciles de prever. Por el
momento, grande es el desorden bajo el cielo, pero no sé si la
situación es excelente". Los fundamentos de esta afirmación se
encuentran en dicho libro.

[2] David Harvey, El nuevo imperialismo, Akal, Madrid, 2004 (1ª:
2003), cap. IV, "La acumulación por desposesión", págs. 111-140.

[3] Victoria Basualdo, Complicidad patronal-militar en la última
dictadura argentina - Los casos de Acindar, Astarsa, Dálmine Siderca,
Ford, Ledesma y Mercedes Benz, suplemento especial de Engranajes,
publicación de la Federación de Trabajadores de la Industria y Afines,
Buenos Aires, marzo 2006, 28 págs., documenta en detalle el
planificado exterminio militar-patronal de los cuerpos de delegados y
comisiones internas de esas grandes empresas industriales a partir del
mismo 24 de marzo de 1976, fecha del golpe militar: "Para el
movimiento obrero fue el más sanguinario plan de persecucion y
aniquilamiento sufrido en su historia. Para los trabajadores
industriales, particularmente los de las grandes fábricas, superó
cualquier previsión en materia de odio y revancha de parte del poder.
[...] Más de la mitad de los treinta mil desaparecidos fueron parte de
esa joven vanguardia, no por casualidad las fábricas eran
sistemáticamente controladas por fuera y por dentro", escribe en el
prólogo Victorio Paulón, secretario de la Unión Obrera Metalúrgica,
seccional Villa Constitución, Santa Fe, Argentina.

[4] Ernest Mandel, "Las consecuencias sociales de la crisis económica
en Europa capitalista", Inprecor núm.212, París, 3 febrero 1986,
citado en Adolfo Gilly, Nuestra caída en la modernidad, Joan Boldó i
Climent Editores, México, 1986, págs. 45-46.

[5] Elmar Altvater, "Crisis económica y planes de austeridad", en
Transición, Barcelona, 1978, nº 1.

[6] David Harvey, The Limits to Capital, The University of Chicago
Press, Chicago, 1982, pág. 442, entonces anotaba: "Dos veces en el
espacio de una generación, el mundo experimentó la masiva devaluación
de capital a través de la destrucción física, y el consumo en su
esencia de la fuerza de trabajo en tanto carne de cañón". Y más
adelante: "El mundo fue salvado de los terrores de la Gran Depresión
no por algún glorioso New Deal o por el toque mágico de la teoría
económica keynesiana, sino por la destrucción y la muerte de la guerra
global" (pág. 444).

[7] Michel Husson, "La hausse tendancielle du taux d’exploitation",
capítulo I del libro Un pur capitalisme, Editions Page Deux, Paris,
2001.

[8] Respecto al descenso de la participación salarial en el PIB,
Husson, cit., escribe: "En todos los casos la cronología es similar:
la parte salarial se mantiene más o menos estable hasta la crisis de
mediados de los años 70, que la hace aumentar bruscamente. La
inversión de tendencia se produce en la primera mitad de los años 80:
la parte salarial comienza a bajar, después tiende a estabilizarse en
un nivel históricamente muy bajo". Gerard Duménil y Dominique Levy,
Crisis y salida de la crisis: orden y desorden neoliberales, Fondo de
Cultura Económica, México, 2007 (1ª ed., Paris, 2000, pág. 98) también
anotan: "El aumento de la tasa de ganancia en las dos últimas décadas
tuvo dos orígenes: el crecimiento de la productividad del capital y
una mayor lentitud en el progreso salarial".

[9] Florence Jaumotte e Irina Tytell, How Has the Globalization of
Labor Affected the Labor Income Share in Advanced Countries, IMF
Working Paper 07/298, FMI, diciembre 2007. Un estudio de la OIT
(Sangheon Lee, Deirdre McCann y John C. Messenger, Working Time Around
the World. Trends in working hours, laws and policies in a global
comparative perspective, Routledge/OIT, Londres y Ginebra, 2007, pág.
66) estima que en la década 1993-2003 el número absoluto de
asalariados pasó de mil millones a tres mil millones. En lo que toca a
los asalariados europeos, anota entre otros Jean-Marie Vincent, "La
légende du travail", en Pierre Cours-Salies (coord.), La liberté du
travail, Éditions Syllepse, Paris, 1995, págs. 71-82: "Es preciso
comprender cuán engañoso es el discurso dominante sobre la
desaparición de la clase obrera y el nacimiento de una sociedad de
clases medias. No se puede negar que determinada configuración de las
relaciones sociales de explotación, características de una fase
específica del capitalismo, ha retrocedido. Sin embargo, no se puede
sacar de allí la conclusión de que las actividades actuales, con una
composición intelectual más alta y que no se aplican directamente a la
materia, no se intercambian con capital y no entran en relaciones de
trabajo capitalistas. Ya no hay clase obrera, pero hay cada vez más
asalariados confrontados con nuevas formas de captación de sus
actividades y de explotación".

[10] Jean-Marie Vincent, cit., pág. 78, escribe: "En su medio ambiente
capitalista la tecnología no es y no puede ser un instrumento de
liberación o de emancipación; con sus sistemas de formación (y de
orientación profesional) ella contribuye, por el contrario, a
etiquetar y a distribuir las formas de inteligencia socialmente
aceptables y socialmente aceptadas".

[11] Harry Braverman, Labor and Monopoly Capital, Monthly Review
Press, Nueva York, 1974; Benjamin Coriat, El taller y el cronómetro,
Siglo XXI Editores, México, 1982, Michel Freyssenet, La division
capitaliste du travail, Savelli, París, 1977; Michel Aglietta,
Regulación y crisis del capitalismo, Siglo XXI Editores, México, 1979;
Marco Revelli, Lo Stato della Globalizzazione, Leoncavallo Libri,
Milán, 1998. Ver también John Holloway, "La rosa roja de Nissan",
revista Brecha, México, verano 1987, nº 4, págs. 29-49. Una revisión
de esta discusión en torno a la relación entre capital, nuevas
tecnologías y procesos de trabajo en Adolfo Gilly, "La mano rebelde
del trabajo", Coyoacan, México, nº 13, julio-septiembre 1981, págs.
15-54. También en María de la Luz Arriaga et al. (prólogo de Enrique
de la Garza Toledo), El proceso de trabajo en México, Universidad
Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México, 1982, págs. 11-51; Pedro
López Diaz, La crisis del capitalismo - Teoría y práctica, Siglo XXI
Editores, 1984, 700 págs. 537-568; y Cuadernos del Sur, Buenos Aires,
núm. 1, noviembre de 1984, págs. 101-135.

[12] Ver al respecto, entre otros documentos recientes: Seguimiento de
la población mundial, con especial referencia a la migración
internacional y el desarrollo, Informe del Secretario General ante el
Consejo Económico y Social, ONU, enero 2006 y Xavier Thierry, "Les
migrations internationales en Europe: vers l’harmonisation des
statistiques", Population & Sociétés no. 442, INED, París, février
2008.

[13] Estas interpretaciones se encuadran dentro de lo que John
Holloway y Eloína Peláez denominaron "el determinismo tecnológico":
"Dentro de la tradición marxista han existido desde hace tiempo dos
corrientes: una que considera el cambio en términos de la lucha de
clases y otra que lo concibe como el resultado del desarrollo
económico y tecnológico. [...] El determinismo tecnológico encarna
tanto una teoría del desarrollo de la sociedad como ciertos supuestos
acerca del desarrollo de la tecnología. [...] Enfocar la discusión
sobre la tecnología en su impacto es erróneo: lo que hay que
determinar primero es la forma en que la sociedad moldea a la
tecnología. Este acercamiento devela potencialmente una comprensión
política de la tecnología. Al mostrar que el curso de la tecnología no
se encuentra predeterminado, que el proceso tecnológico en su
conjunto, desde la invención hasta la aplicación, está lleno de
opciones, conflictos y negociaciones, el enfoque desmitifica la
tecnología y se deshace de la idea de la existencia de una lógica
implacable del desarrollo tecnológico. Si la tecnología es conformada
socialmente, entonces es posible desempeñar una parte activa en su
conformación". Eloína Peláez y John Holloway, "Aprendiendo a hacer
reverencias: posfordismo y determinismo tecnológico", en Joachim
Hirsch et. al., Los estudios sobre el Estado y la reestructuración
capitalista, Editorial Tierra del Fuego, Buenos Aires, 1992, págs.
143-154.

[14] Ver al respecto, entre otros, los notables estudios de David
Noble, America by Design. Science, Technology, and the Rise of
Corporate Capitalism, Oxford University Press, New York, 1977; y
Forces of Production: A Social History of Industrial Automation,
Oxford University Press, New York, 1986. En el prólogo a America by
Design, Christopher Lasch escribe: "La noción de determinismo
tecnológico ha dominado la comprensión popular de la revolución
industrial. Se da por supuesto que los cambios en la tecnología han
sido la causa principal de la industrialización, y el proceso en su
conjunto es visto como una pura revolución tecnológica. Sin embargo
los nuevos inventos, los nuevos procesos y las nuevas aplicaciones de
los descubrimientos científicos no determinan por si mismos cambios en
la producción. A menos que vayan acompañados por cambios en las
relaciones sociales, especialmente en la organización del trabajo, los
cambios tecnológicos tienden a absorberse en las estructuras sociales
existentes; lejos de revolucionar la sociedad, simplemente refuerzan
la distribución de poder y privilegio existente". En el mismo sentido,
Eloína Peláez y John Holloway, cit., pág. 153: "El desarrollo
tecnológico, al igual que todos los demás aspectos del desarrollo
social, está marcado por el intento siempre contradictorio del capital
por controlar la creatividad humana. La "revolución microelectrónica"
no es un fenómeno externo que impone a la sociedad un cierto
desarrollo; es, en esencia, el intento de programar, de reducir los
complejos procesos sociales a reglas minuciosas, de volver computable
a la sociedad".

[15] Ver, entre otros, Manuel Castells, La era de la información,
Siglo XXI, México, 1999 (1ª: 1996), vol.1, págs. 79-87.

[16] En El capital Marx escribe: "Al igual que en el caso de una
explotación de la riqueza natural incrementada por el mero aumento en
la tensión de la fuerza de trabajo, la ciencia constituye una potencia
de expansión del capital en funciones, independientemente de la
magnitud dada que haya alcanzado el mismo. Dicha potencia reacciona a
la vez sobre la parte del capital original que ha ingresado a su fase
de renovación. En su nueva forma, el capital se incorpora
gratuitamente el progreso social efectuado a espaldas de su forma
precedente". Y más adelante: "la fuerza de trabajo, la ciencia y la
tierra a él incorporadas (y por tierra entendemos, desde el punto de
vista económico, todos los objetos de trabajo existentes por obra de
la naturaleza, sin intervención del hombre) son potencias elásticas
del capital, las que dentro de ciertos límites, le dejan un margen de
actividad independiente de su propia magnitud". Karl Marx, El capital,
Siglo XXI Editores, México, 1996 (18ª edición), tomo I, capítulo XXII,
págs. 749 y 755 (los subrayados son nuestros).

[17] Este proceso de destrucción de la naturaleza vive una aceleración
descontrolada, como revela un estudio reciente sobre la extinción de
especies animales operada en el planeta en los últimos 35 años (Living
Report 2006, WWF/Zoological Society of London/Global Footprint
Network). Entre 1970 y 2005, precisa el informe, las especies
terrestres descendieron 25 por ciento, la vida marina 28 por ciento y
las especies de agua dulce 29 por ciento. Se trata de un descenso "sin
precedente en términos de la historia humana", alertó Jonathan Loh,
editor del informe, en entrevista con el diario británico The
Independent (16 mayo 2008): "tendríamos que remitirnos a la extinción
de los dinosaurios para ver un descenso tan rápido como éste. En
términos de vida humana el cambio puede parecer lento, pero en
términos de la historia del mundo es acelerado: la tasa actual de
extinción es 10 mil veces más rápida que la registrada históricamente
como normal".

[18] Mike Davis, Planet of Slums, Verso, Londres, 2006; y Dead Cities
and Other Tales, The New Press, Nueva York, 2002.

[19] La idea de la continuidad histórica del despojo, que acompañó las
reflexiones de Marx hasta sus escritos sobre la comuna rural rusa,
está expuesta en los Grundrisse. Sobre la idea del despojo en el
discurso teórico de Marx, véase Rhina Roux, "Marx y la cuestión del
despojo. Claves teóricas para iluminar un cambio de época",
Herramienta. Revista de debate y crítica marxista no.38, Buenos Aires,
junio 2008.

[20] Sunita Kikeri y Aishetu Fatima Kolo, Privatization: Trends and
Recent Developments, World Bank Policy Research Working Paper 3765,
November 2005. Este informe registra que en China ha declinado el
papel económico del Estado: su participación en el PIB descendió del
80 al 17 por ciento del PIB entre 1978 y 2003.

[21] Tan sólo en una década (1990-2000), en el territorio de la
antigua Unión Soviética se privatizaron casi 116 millones de hectáreas
(20 por ciento de las tierras cultivables), elevándose del 4 al 22 por
ciento el porcentaje de tierras tituladas como propiedad individual.
En la misma época, en Europa centro-oriental, fueron transferidas a
manos privadas la mitad de todas las tierras cultivables (33 de 66
millones de hectáreas), incrementándose de 21 al 78 por ciento el
porcentaje de tierras en propiedad individual: ver Klaus Deininger,
Land Reform Revisited, Banco Mundial, 2005.

[22] En México ese proceso ha significado una verdadera reversión
histórica, esto es, la cancelación de lo que fue una de las conquistas
centrales de la revolución mexicana: la cesión de más de la mitad del
territorio nacional (103 millones de hectáreas) a 3.5 millones de
indígenas y campesinos de casi 30 mil ejidos y comunidades. Iniciada
con la reforma constitucional de 1992, la ofensiva contra el ejido
mexicano no se ha traducido aun en una venta efectiva de tierras
ejidales a gran escala, pero sí en el traspaso de tierras colectivas a
proyectos de inversión privada en desarrollos inmobiliarios y
turísticos y, según cifras del Banco Mundial, en un éxodo rural de más
de 6 millones de campesinos mexicanos en la última década: ver Banco
Mundial, 2008 World Development Report: Agriculture for Development.

[23] Ver Mike Davis, Planet of Slums, cit., cap. 1, "The Urban
Climacteric", págs. 1-19. En Asia Oriental (China, Hong Kong, Corea,
Mongolia), registra el último informe de la OIT, "la población está
abandonando la agricultura a un ritmo rápido. En 1997, un 47.9 por
ciento de todas las personas empleadas trabajaba en ese sector. En
2007, solamente trabajaba en él un 38.4 por ciento de la población
trabajadora. Durante ese mismo periodo el empleo en el sector
industrial subió de 24.3 a 26.9 por ciento". En ninguna otra región,
agrega el informe, ha disminuido a un ritmo tan acelerado el empleo
agrícola como en Asia Meridional (India, Afganistán, Bangladesh,
Pakistán, Nepal, Sri Lanka): "entre 1997 y 2007 la población
trabajadora disminuyó en 11.4 puntos porcentuales, disminución que
afectó en mayor medida a las mujeres. ¿Hacia dónde fueron? Al sector
industrial, sorprendentemente, pese a la enorme atención prestada al
proceso de subcontratación en el ámbito de los servicios en la India.
El sector industrial que en 1997 empleaba el 15.3 por ciento de la
población trabajadora, en 2007 empleaba el 21.7 por ciento de la
misma. De lejos, se trata del mayor aumento registrado en todas las
regiones y, nuevamente, la proporción de mujeres superó a la de los
hombres".Tendencias mundiales del empleo, OIT, enero 2008, págs. 26 y
32.

[24] En diez años (1996-2006), la superficie mundial de cultivos
transgénicos (soya, maíz, algodón) aumentó de 1.7 a 102 millones de
hectáreas, abarcando hoy los cinco continentes. Entre 2005 y 2006 se
registró un mayor aumento proporcional de estos cultivos en la India
(192 por ciento), Sudáfrica (180 por ciento) y Filipinas (100 por
ciento). Cfr. James Clive, Global Status of Commercialized Biotech/GM
Crops: 2006, ISAAA Brief No.35, ISAAA, Ithaca, New York, 2006.

[25] Estudios recientes indican que noventa por ciento de los
agricultores que sembraron cultivos transgénicos en 2006 (más de 10
millones) fueron pequeños agricultores pobres de China, India,
Filipinas y Sudáfrica obligados, para sobrevivir, a incorporarse en el
mercado de cultivos transgénicos, 60 por ciento bajo control de
Monsanto, que además controló en ese año más del 20 por ciento del
mercado de semillas patentadas. Monsanto se apropia así de parte de la
renta de la tierra, al amarrar a los campesinos a la compra exclusiva
de sus semillas y fertilizantes. Cfr. James Clive, op.cit. Para un
seguimiento sobre el tema pueden consultarse los artículos de Silvia
Ribeiro, "El imperio de Monsanto y la destrucción del maíz", La
Jornada, México, 26 mayo 2007 y "Las caras de la privatización del
agua", La Jornada, México, 30 abril 2005.

[26] Según datos de la OCDE, entre 1990 y 2000 el número de patentes
otorgadas en el terreno de la biotecnología aumento anualmente 15 por
ciento en Estados Unidos y 10 por ciento en Europa. En el campo de las
"invenciones genéticas», tan sólo durante 2001 fueron otorgadas más de
5 mil patentes sobre ADN en Estados Unidos y Japón. Cfr. Inventions
Génétiques, Droits de Propriété Intellectuelle et Pratiques d’Octroi
de Licences: éléments d’information et politiques, OCDE, 2002.

[27] "Esto es un asesinato en masa silencioso", declaró Jean Ziegler,
relator especial de la ONU, refiriéndose a la presente crisis
alimentaria y a sus víctimas en los países del Sur (La Jornada, 12
mayo 2008). Estos genocidios silenciosos, cabe recordar, han sido
recurrentes en la historia del capitalismo. A cada onda de expansión
mundial del capital le acompañan catástrofes alimentarias y ecológicas
(sequías, hambrunas, alteraciones climáticas), como las descritas por
Mike Davis en su análisis de la expansión colonial británica del siglo
XIX. Mike Davis, Late Victorian Holocausts. El Niño Famines and the
Making of the Third World, Verso, Londres, 2001. La presente crisis
alimentaria está provocando motines de subsistencia que recuerdan, en
escala ampliada, los estudiados por E.P. Thompson en La economía moral
de la multitud en la Inglaterra del siglo XVIII.

[28] La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en el Círculo Polar
Ártico, fue inaugurada el 26 de febrero de 2008, en una ceremonia en
la que se depositaron inicialmente 268 mil muestras de semillas
procedentes de un centenar de países del mundo, guardadas
herméticamente para asegurar su supervivencia frente a fenómenos como
el cambio climático y catástrofes naturales. El País, Madrid, 26
febrero 2008. Sobre este tema, Alejandro Nadal, "Zoológico para
semillas del mundo", La Jornada, México, 27 febrero 2008, escribe: "El
objetivo central del proyecto es mantener esta reserva de semillas
para el caso de que una catástrofe global amenace la seguridad
alimentaria de la humanidad. [...] El proyecto ha sido inaugurado
precisamente cuando la agricultura sustentable atraviesa su peor
crisis. Las corporaciones trasnacionales, los gobiernos de muchos
países y los organismos internacionales responsables para el sector
agropecuario han declarado una guerra sin cuartel a los millones de
campesinos de subsistencia y a los agricultores que utilizan los
principios de la agroecología como base de sus estrategias de
producción. No sorprende que el proyecto esté apoyado por las
fundaciones Rockefeller, Bill y Melinda Gates, el Banco Mundial y
empresas como DuPont (Pioneer) y Syngenta. Estos socios del gobierno
noruego no tienen buena reputación en el tema de la agricultura
sustentable." La conclusión de Alejandro Nadal tiene sabor amargo:
"Cuando la gente empieza a pensar en el día del Juicio Final, conviene
prepararse para lo peor".

[29] David Harvey, The Limits to Capital, cit., pág. 445, escribía
hace un cuarto de siglo: "la teoría actual sugiere una interpretación
bastante más siniestra y aterradora del gasto militar: las armas no
sólo tienen que ser compradas y pagadas con los excedentes del capital
y el trabajo, sino que también deben ser usadas. Pues este es el único
medio del cual dispone el capitalismo para alcanzar los niveles de
devaluación que hoy se requieren". Adolfo Gilly, El siglo del
relámpago, Itaca, México, 2002, parte I, "Globalización, violencia,
revoluciones - Nueve tesis", págs. 17-43, anota: "En la globalización
se está conformando una nueva relación entre dominación, violencia y
resistencia. Si esto es así, esta globalización lleva consigo el
germen de nuevas guerras y revoluciones donde la violencia, como razón
última, redefinirá esas relaciones. Toda otra suposición, en el actual
estado de las cosas humanas, entra de lleno en el dominio de la
fantasía".

[30] Aristóteles, Política, Gredos, Madrid, 2ª.reimp., 1999, Libro I, pág. 55.

[31] Sobre esta relación, Alfred Sohn Rethel, Intellectual and Manual
Labor, MacMillan, Londres, 1978. Ver también Karl Marx, Capital y
tecnología (Manuscritos inéditos), Terra Nova, México, 1980, págs.
158-160. Marx señala "la alienación del trabajo -del trabajo pasado-
respecto al trabajo vivo como contradicción directa; al mismo tiempo,
el trabajo pasado (o sea, las fuerzas sociales del trabajo,
comprendidas las fuerzas de la naturaleza y de la ciencia) se presenta
como arma que sirve, en parte para echar a la calle al trabajador y
reducirlo a la condición de hombre superfluo; en parte para privarlo
de la especialización y acabar con las reivindicaciones basadas en
ésta; y en parte para someterlo hábilmente al despotismo de la fábrica
y a la disciplina militar del capital". [...] El capital se presenta
"como encarnación de las fuerzas sociales y de las formas de su
trabajo común contrapuestas a cada uno de los obreros."

"El capital se presenta también bajo la forma de trabajo pasado -en la
máquina automática y en las máquinas puestas en movimiento por él-; se
presenta, como es posible demostrarlo, independiente del trabajo vivo;
en lugar de someterse al trabajo vivo, lo somete a sí mismo; el hombre
de fierro interviene contra el hombre de carne y hueso. [...] La
dominación del trabajo pasado sobre el trabajo vivo, junto con la
máquina -y con el taller mecánico basado en ésta- no sólo deviene
social, expresada en la relación entre capitalista y trabajador, sino
también, por así decirlo, una verdad tecnológica". Esta "verdad" es la
que aparece reflejada en las diversas ideologías en circulación acerca
de la "sociedad del conocimiento".

[32] En un ensayo de 1962 destinado a hacer escuela en el pensamiento
marxista, en la sociología del trabajo y en el movimiento obrero
italiano, Raniero Panzieri anotaba: "El desarrollo capitalista de la
tecnología trae consigo, a través de las diversas fases de la
racionalización, de formas cada vez más refinadas de integración,
etcétera, un aumento creciente del control capitalista. El factor
fundamental de este proceso es el creciente aumento del capital
constante con relación al capital variable". (Raniero Panzieri,
"Sull'uso capitalistico delle macchine", Quaderni Rossi, Torino, 1962,
nº 1).

[33] E. P. Thompson, Customs in Common, The New Press, New York, 1993,
cap. 1, "Introduction: Custom and Culture", págs. 1-15 (en castellano:
Costumbres en común, Crítica, Barcelona, 2004).

    * Revista Herramienta Nº 40



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