[R-P] Marcos Aguinis tiene la solución para el hambre cero.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Lun Jul 13 21:36:35 MDT 2009


[¿Le habrá pedido la receta al Comandante Zero?]


Opinión
¡Hambre cero, ya!
Por Marcos Aguinis
Especial para lanacion.com
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Lunes 13 de julio de 2009 | 12:13 (actualizado a las 15:23)

Mucho se habla y mucho se hace para terminar con el absurdo del hambre
en la Argentina. Sabemos que es un absurdo y sabemos que no debería
postergarse su solución. Porque la solución está al alcance de los
dedos.

El admirable Juan Carr ha vuelto a reiterar su sueño desde la Red
Solidaria: ¡que para el año 2020 se termine con la atroz tragedia!
Pero, ¿debemos esperar tanto? ¿No es como pedirle a un enfermo que
aguante mientras impedimos que le lleguen los medicamentos apropiados?

He dicho "impedimos". Claro que sí, impedimos. Porque los medicamentos
?es decir el dinero para conseguir la comida necesaria- se derrocha
con impunidad en otros rubros con sucios fines políticos. Para colmo,
incentivados por ideologías paleontológicas y mezquinos intereses
sectoriales.

No desplegaré el catálogo del ineficiente uso que se hace de las
multimillonarias cifras que se recaudan. Sólo me concentraré en un
solo caso que, repito, no es el único, por desgracia.

Acaba de informarse que "nuestra compañía" o "su compañía" ?como
prefiera llamarla-, la querible, manipulada y deteriorada Aerolíneas
Argentinas gasta más de 6 millones de pesos por día. ¡Por día!,
insisto, de cada semana, de cada mes, de cada año. Son centenares de
millones de pesos por mes, miles de millones por año.

Tantos millones deberían ser tenidos en cuenta, imaginados, pasados
ida y vuelta por cada una de nuestras oxidadas neuronas. Porque aún no
han suscitado el escándalo lógico, no han prendido en una lúcida
indignación, no nos hacen preguntarnos en qué clase de manicomio hemos
convertido a nuestro país.

¿Es imprescindible que se cometa semejante derroche? No.

Pero ocurre que nos metieron en la sangre la idea envejecida de que
debemos tener una aerolínea de bandera nacional que surca gloriosa los
cielos del mundo. Países más relevantes que el nuestro dejaron morir
aerolíneas quebradas, como Suiza o Dinamarca o Estados Unidos, para no
citar muchos otros. Para salvarlas no las estatizaron ni
"nacionalizaron" (palabra que se utiliza para disimular la
estatización al servicio del gobierno o sus corporaciones asociadas,
no del pueblo confundido).

Chile, en cambio, tiene una compañía ejemplar, que luce la bandera
tricolor de su país en todas las naves y folleterías, que ofrece un
servicio de excelencia y se ha convertido en una de las más
prestigiosas del mundo. Se llama Lan Chile (dice por todas partes
Chile) Y es... ¡privada! ¡Qué pecado! Sí, es privada, a nadie se le
ocurrió estatizarla ni nacionalizarla, pese a que el gobierno chileno
es socialista desde hace tres lustros. Lan Chile rinde buenos
dividendos a sus accionistas y éstos pagan con puntualidad sus
impuestos. No le cuesta un dólar al ciudadano. Y fíjese: el ex
secretario de Transporte argentino, Ricardo Jaime, para regresar a su
provincia lo hizo en la puntual y segura Lan Chile. Paradoja
interesante, ¿no?

Con el despilfarro descomunal de Aerolíneas Argentinas en un sólo día
se puede acabar de inmediato con el hambre que afecta a millares de
conciudadanos. No hace falta esperar hasta el año 2020.

El viejo y sabio Aristóteles dijo "lo que es de todos no es de nadie".
Así nos va con las estatizaciones, que la administración K ha vuelto a
poner en marcha con su fogosa ideología setentista. Inumerables
ciudadanos creen que, de esa forma, las empresas se convierten en
propiedad de todo el pueblo. Mentira. No son del pueblo, sino de un
sistema perverso que rinde beneficios directos o indirectos a quienes
ocupan el Gobierno, más las corporaciones afines.

El pueblo paga, gasta y sufre para que esas empresas estatizadas o
nacionalizadas ni siquiera tengan la delicadeza de rendir cuenta de
sus fechorías o ineficiencias (por ahí, excepcionalmente, guardan
algunos estrechos islotes de honestidad).

En síntesis, mientras quemamos 6 millones de pesos por día, sufren
hambre centenares de miles de familias. ¿La Red Solidaria y Juan Carr
han pensado en tan siniestro ridículo? ¿Se atreverán a manifestar su
indignación? ¿Advertirán que las entidades que "son de todos", en
realidad no son de todos? ¿Comprenderán que no es preciso aguardar
hasta el 2020, sino dar un fuerte, inteligente, moderno y enérgico
giro de timón?



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