[R-P] [F. Chesnais] La recesión mundial (2)
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Lun Jul 13 12:12:00 MDT 2009
La renta financiera depende de la producción de valor y plusvalor
No existe el “milagro de multiplicación de los padres”. Como escribe
Michel Husson (siempre en el mismo artículo) “los títulos financieros”
son “el derecho a un valor sobre la plusvalía producida”. El pago de
intereses y dividendos debe estar ligado a flujos efectivos de
sustancia económica real, de valor y de producto excedente hacia los
mercados financieros. Pero de hecho estos flujos han sido cada vez más
insuficientes en relación con la masa de los títulos en circulación.
La acumulación de capital a interés y, tras ella, de capital ficticio,
después de reiniciarse atravesó grosso modo por cuatro grandes fases
parcialmente superpuestas, cada una de las cuales estuvo marcada por
un tipo de colocaciones predominante (sin que, por supuesto, las otras
formas estuvieran ausentes). La primera (1975-1982) fue dominada por
los préstamos a los gobiernos del entonces llamado Tercer mundo. La
explosión de los déficits presupuestarios y de la deuda de los países
industrializados con Estados Unidos a la cabeza marcó la segunda, que
puede fecharse en 1980 con la titulización de la deuda pública, su
vertiginoso crecimiento con altas tasas de interés y la masiva
transferencia a través de mecanismos fiscales. Luego vino luego una
tercer fase, que comenzó aproximadamente 1994, en la cual la fuerte
baja de las tasas de interés de los títulos de la deuda pública lleva
a un cambio en la composición de las carteras de fondos y bancos. Las
acciones adquieren un lugar muy importante y el flujo mas importante
para los gestores financieros es el de los dividendos. En este momento
se establecen “normas” para mantener satisfechos a los accionistas,
especialmente un “retorno sobre la inversión” (ROE o return on
investement) de 14-15 %. Como rápidamente las empresas fueron
incapaces de rendir ganancias de semejante magnitud, a pesar del
fuerte aumento de la explotación e incluso de la deslocalización de
fábricas hacia países con bajos salarios, hacia 1998 lo gestores
acordaron incluir en el ROE no solo los dividendos percibidos, sino
también las plusvalías bursátiles y una estimación del “valor” de las
acciones, es decir de las cotizaciones. Es cuando se impusieron
progresivamente las “ganancias ficticias” resultantes de operaciones
especulativas en procura de plusvalías bursátiles, lo que tiene
relación directa con los problemas sociales y económicos muy graves
provocados por el rebote sobre los jubilados de la caída de las
cotizaciones después de octubre. La noción de “ganancias ficticias”
fue planteada por Reynaldo Carcanholo, Paulo Nakatani y Mauricio
Sabadini, un grupo de economistas brasileños de la Universidad Federal
de Espíritu Santo que se cuentan entre las escasas personas que
trabajan con la noción de capital ficticio.[18] Su trabajo es
estimulante, aunque discrepo con una de sus tesis, la de que las
“ganancias ficticias” habrían sido un “nuevo factor poderoso que vino
a contrarrestar la baja tendencial de la tasa de ganancia”[19].
Considero que eso sólo pueden hacerlo factores que afecten la tasa de
explotación o el precio de los elementos constitutivos del capital
constante. Repito que no existe el “milagro de la multiplicación de
los panes”. Las “ganancias ficticias” aparecen cuando el capital a
interés casi desaparece tras el capital ficticio, como ocurrió durante
la cuarta fase de la que surgió directamente la crisis financiera.
Podría hacérsela remontar hasta los días posteriores a la crisis
asiática, o sea hacia 1998, pero fue sobre todo en el 2001-2002 con
las políticas adoptadas por la Fed (el banco central de los Estados
Unidos) después del crack del Nasdaq cuando comenzó la fase marcada
por el desarrollo muy rápido y fuerte del crédito al consumo y sobre
todo del crédito hipotecario, con un doble objetivo. En primer lugar
aumentar artificialmente el poder de compra y la demanda mediante el
endeudamiento de los hogares. Y además, darle a los intereses por
préstamos a los hogares un lugar más importante aún en el mecanismo de
valorización del capital especulativo, a pesar de saberse que esta
forma de valorización tenía una base frágil porque se asentaba en un
flujo de intereses vulnerable, muy sensible incluso a pequeños cambios
coyunturales. Pues la creencia compartida por todos los actores de la
finanza era que había para esto un refugio infalible, la
“titulización” encargada de reducír los riesgos repartiéndolos entre
muchisimos fondos mediante su difusión a través de las redes nacidas
de la mundialización financiera.
¿Sobre-producción de mercancías y sobre-acumulación de capital, o sub-consumo?
Pasemos ahora a la segunda dimensión “sistémica” de la crisis. Estamos
ante una crisis de sobre- producción, consecuencia de la sobre-la
acumulación de capital como medios de producción. En el lenguaje
económico convencional se habla de capacidades de producción
excedentes nacidas de inversiones excesivas o mal concebidas (en el
caso de la industria automotriz hay una conjunción de ambas que será
posiblemente fatal para algunos grupos). Con el avance de la crisis,
se multiplican los informes de acumulación de stocks de mercancías sin
vender, algunas de las cuales son, como los vehículos, mercancías
caras. Hay que buscarles salida y sobre todo reducir fuertemente la
producción. Hay demasiadas mercancías en relación a la demanda, pero
también hay demasiadas fábricas y lugares de producción. Hay que hacer
a un lado parte de los medios de producción y empujar al desempleo a
los asalariados (obreros, empleados, cuadros). La crisis muestra que
se instalaron capacidades de producción demasiado altas, que hubo
sobre-acumulación de capital como medios de producción en relación a
las posibilidades de absorción de mercancías por el mercado. La actual
crisis de sobre-producción derivada de la sobre-acumulación de capital
se produce después de una fase muy larga (más de 50 años) de
acumulación casi ininterrumpida, la más larga en la historia del
capitalismo. Y se suman dos rasgos que seguramente van a pesar en la
duración y la intensidad de la crisis. El primero, es la acentuación
de “la anarquía de la concurrencia” debido a la liberalización y la
mundialización. El otro, es la muy fuerte tendencia hacia el mercado
exterior, hacia el mercado mundial. Esto en el caso de China asumió el
rasgo específico de una extensión de las relaciones de producción
entre capital y trabajo en el sentido fuerte del término: relaciones
para la creación de valor y plusvalor en la industria manufacturera.
China no solamente es un mercado, es “the factory of the world” (la
fábrica del mundo), una de las bases de producción manufacturera más
importantes del mundo, sino la principal. Una base productiva que
exige por lo tanto una esfera de realización, es decir un mercado, de
dimensión correspondiente al monto de las mercancías producidas. El
incremento de la capacidad productiva se debió a la llegada de
inversiones extranjeras muy importantes. Y fue acentuado por
mecanismos político-económicos específicos de China que alientan la
sobre-acumulación. La sobre-acumulación de medios de producción ya no
es como en 1974-76 un mal que afecte sobre todo a los Estados Unidos y
al Reino Unido. Estamos ante un fenómeno efectivamente mundial.
Ya desde el siglo XIX las crisis de sobre-producción fueron
presentadas como crisis de sub-consumo, causadas por la insuficiencia
de los salarios pagados y del poder de compra de los trabajadores. El
mismo Marx se confrontó con esa interpretación. La insuficiencia de
los salarios pagados y del poder de compra de los trabajadores no es
circunstancial, es una de las manifestaciones del antagonismo del
capital con respecto al trabajo[20] consustancial al capitalismo.
Surge de la forma de apropiación del “producto excedente” que es
propia del capitalismo. Cada tipo de sociedad existente ha tenido un
modo característico de extracción del producto excedente. En el
capitalismo, se hace mediante la compra de la fuerza de trabajo de los
obreros para su utilización más “productiva”, según modos de
organización y utilizando medios de trabajo que maximizan la
“productividad trabajo”. El capitalismo tiene necesidad de
asalariados, no puede funcionar sin ellos. Tiene necesidad de su
fuerza de trabajo, puesto que del valor de uso de esta fuerza de
trabajo es de donde nace el producto excedente que está en la base de
la ganancia. Evidentemente, los salarios percibidos los hacen también
consumidores y sus compras permiten que muchas empresas vendan las
mercancías producidas y cierren el ciclo de la valorización de capital
de cada una de ellas. Pero el reflejo de cada empresa, impuesto por la
búsqueda de ganancia y la competencia de los rivales, es ver en sus
asalariados únicamente un costo que es preciso reducir, aunque al
hacerlo ayude a “serruchar la rama” sobre la cual se asientan
colectivamente las empresas. Estra contradicción, alojada en el
corazón de la relación entre capital y el trabajo tiene, de manera
objetiva y permanente, el carácter de antagonismo consustancial al
capitalismo, un antagonismo irreductible. Y el antagonismo
irreductible de las relaciones de producción capitalistas, en las que
la dimensión de las relaciones de distribución no puede ser separada
de la compra y la explotación de la fuerza de trabajo, fue
multiplicado en sus efectos por la feroz puesta en competencia de los
trabajadores de país a país y de continente a continente, acompañando
la liberalización y la mundialización del capital.
Lamentablemente estas cuestiones no ocupan el lugar que merecen en el
debate “francés”. La interpretación de la crisis que prevalece en la
izquierda sostiene que la misma se debe a un encadenamiento de
procesos económicos cuyo fundamento sería la reducción de la parte de
los salarios “en la distribución del valor agregado” o la captura casi
total de los aumentos de productividad por las ganancias en perjuicio
de los salarios, lo que debió ser compensado mediante un fortísimo
desarrollo del crédito, cuya expansión fue multiplicada por la
titulización. Esto ha sido expuesto sobre todo por Jacques Sapir. [21]
Y no pocos militantes, haciendo una lectura apresurada de los textos
de Michel Husson, creyeron encontrar en ellos una interpretación
análoga. Interpretación que puede tener implicaciones en el tipo de
“salida de la crisis” que suelen ser formuladas, sobre todo del lado
del Partido Comunista de Francia. Es preciso prestar atención a esto,
porque si se considera que se trata ante todo de una crisis de su
consumo, causada por la insuficiencia de los salarios pagados y por la
debilidad del poder de compra de los trabajadores, la respuesta
pasaría por lograr una distribución del resultado de la producción y
de la venta de las mercancías más favorable a los trabajadores, una
mejor distribución del valor agregado y de los incrementos de la
productividad. Tendríamos así uno de los componentes esenciales de una
respuesta “keynesiana” a la crisis. El combate por el mantenimiento
del poder de compra es un componente obligatorio de cualquier plan de
defensa de los asalariados, pero no representa una respuesta duradera
a los problemas que la relación de dominación capitalista actualmente
les plantea a ellos y a sus hijos. Además, tampoco llegaría a
representar una respuesta “ keynesiana” si no se da otro importante
paso más. En Europa hubo destrucción (y en los mismos EE.UU. un gran
debilitamiento) de los fundamentos económico-políticos nacionales
sobre los cuales fueron construidas en otro momento las políticas
llamadas “keynesianas”. La liberalización y la mundialización del
capital hacen que aquellas medidas resulten en gran medida inoperantes
a nivel de cada país por separado. Para aplicarlas sería necesario
cuestionar la liberalización de los intercambios. En el caso de los
países europeos, incluída Alemania, la aplicación de políticas
antisísmicas “keynesianas”, que impliquen grandes inversiones públicas
que tendrían fuertes efectos inductivos sobre el empleo y los salarios
y por lo tanto sobre la demanda de los bienes de consumo, solamente
sería posible a escala de un grupo de países, los miembros iniciales
del Mercado Común, y exigiría la reconstrucción de barreras aduaneras
frente al resto del mundo. Solamente los economistas políticos
pertenecientes al muy reducido grupo de los “soberanistas europeos”
federalistas defienden semejantes soluciones.[22] Pero soberanismo y
federalismo no hacen buena pareja, de modo que sus apoyos políticos
son casi nulos.
¿Un “exceso de plusvalía”?
La explicación de la crisis que atribuye un rol central a la
contracción de la parte de los salarios “en la distribución del valor
agregado”, alcanzó a otras sensibilidades en la extrema izquierda. En
un artículo publicado en A contre courant de noviembre 2008, Alain
Bihr señala lo que llama una de las “contradicciones estructurales (es
decir permanentes e insuperables) con las cuales choca la reproducción
del capital”, vale decir “la que nace de la fundamental ambivalencia
del salario desde el punto de vista del capital”. Hé aquí expresado de
modo enfático todo lo que acabamos de afirmar. Por ello, no podemos
dejar de sorprendernos al ver que inmediatamente después se cae, bajo
el subtítulo “y un exceso de plusvalía!” (el signo de admiración es de
Bihr) en una adhesión a la tesis del subconsumo. Se lee que
la adopción de políticas neoliberales, su decidida implementación y su
metódico mantenimiento desde hace cerca de 30 años habrían por lo
tanto producido este primer efecto de crear las condiciones de una
crisis de sobr-eproducción comprimiendo demasiado los salarios: en
suma, una crisis de sobre-producción por sub-consumo relativo de los
asalariados”[23] (acá las negritas me corresponden, F.Ch.)
Bihr sostiene luego que las políticas neoliberales han “producido
simultáneamente un segundo efecto complementario del precedente: el
incremento de la plusvalía, absoluta (en términos de masa de
plusvalía) así como relativa (en términos de tasa de plusvalía)”. Más
exactamente, un incremento de la plusvalía de tal magnitud que la
misma “excede las posibilidades de acumulación”. Esto supone una gran
modificación en la compresión del capitalismo heredada de Marx. Uno de
los hilos conductores centrales del análisis presentado en los
Grundrisses de 1857-58 y en El Capital es el de un sistema en el cual
el capital, lanzado a un movimiento de valorización sin fin, choca con
una insuficiencia crónica de plusvalía, cuya raíz está en las mismas
relaciones de producción capitalista. La tendencia recurrente a la
caída de la tasa de ganancia es una de sus manifestaciones. El
artículo de Bihr propone una completa inversión: en lugar de un
sistema sediento de plusvalía, habría un exceso de esta, y en tal
cantidad que el sistema ya no sabría qué hacer con ella. Se debería
tomar como punto analítico de referencia no ya la penuria de
plusvalía, sino su exceso. Para justificar semejante inversión, hacen
falta un material empírico importante y un marco analítico muy fuerte,
y es improbable que ellos existan. De hecho, Bihr simplemente remite
sus lectores a Michel Husson[24] y al “hecho singular” que habría
establecido:
la tasa de acumulación ha pasado a ser inferior a la tasa de ganancia.
En suma, las ganancias exceden lo que las empresas necesitan para
financiar sus inversiones: más exactamente, los que ellas pueden
invertir dadas las condiciones creadas en la producción por la
insuficiencia de salida debido a la contracción de la parte de los
salarios en “el valor agregado.”
Sigamos entonces examinando los argumentos de M. Husson. Ya expliqué
antes que reducir “la creación permanente de capitales libres […] al
crecimiento tendencial de ganancia no acumulada” implica ignorar la
fuerte acumulación de capital a interés y de manera derivada de
capital ficticio, cuando la crisis está por el contrario revelando
toda su importancia. Husson dice también que ese crecimiento de
capitales libres resulta “de un doble movimiento: por una parte, el
retroceso generalizado de los salarios y, por otra parte, del
estancamiento -sino retroceso- de la tasa de acumulación a pesar del
restablecimiento de la tasa de ganancia”. En cuanto al primer punto mi
acuerdo es completo: el retroceso generalizado de los salarios es un
hecho central. Concierne a todas las economías, y no sólo a las que
figuran en los gráficos de Husson. Pero en lo referente al segundo,
veo dos problemas. Por un lado, creo que un sistema en el que la tasa
de acumulación se estanca o retrocede es un sistema que rápidamente se
enfrentará (de hecho, lo está permanentemente) con una penuria de
plusvalía. El hecho de que los capitalistas lo vean bajo la forma del
achicamiento del mercado y las dificultades de realización de la
plusvalía traduce su ceguera frente a las contradicciones del
sistema.[25] El otro problema está en la evidencia de la que Husson
infiere el estancamiento o el retroceso de la tasa acumulación. Pocos
anticapitalistas prestaron atención al hecho de que eso se refiere
únicamente a los Estados Unidos, Japón y Europa. Pero en los dos
primeros casos muy rápidamente y en algunos grupos industriales
europeos poco después, la sed de plusvalía operó como acicate para
masivas inversiones directas realizadas en China y Brasil (el acceso a
la India siguió siendo difícil). Las ganancias fueron reinvertidas, no
en los países de origen pero sí sino en otros lugares del capitalismo
mundializado. Por eso Bihr se equivoca cuando dice que
el obstáculo proveniente de la insuficiencia de ventas debido a la
contracción de la parte de los salarios en “el valor agregado”, pudo
sin embargo ser parcialmente superado mediante la apertura simultánea
de nuevos mercados en los Estados semi periféricos llamados
“emergentes”: México, Brasil, China, India, los estados petrolíferos
del Golfo.
Como ya señalé, lo que se abrieron no fueron solamente mercados sino,
en los casos más importantes, fuentes directas de plusvalía.
El libro de Michel Husson, Un pur capitalisme,[26] y sus artículos
representan un aporte importante, pero fueron poco discutidos. Los
gráficos que publicó tuvieron un impacto muy fuerte y parecería que
suministraron, a lectores apresurados, las explicaciones que buscaban.
Mis observaciones buscan abrir el debate.
Volvamos por un instante a ciertas informaciones últimas. Puede
parecer contradictorio con lo que sostuve al empezar el artículo, pero
lo hago para subrayar qué hemos entrado en una fase absolutamente
nueva, para todo el mundo: para el capitalismo y los gobiernos por un
lado, para los asalariados, la juventud, los explotados y los
dominados por el otro.
Recesión en la economía mundial
La propagación mundial adquirió una velocidad que descoloca a los
economistas, como lo reconocieron a un periodista del New York Times
los del Banco Mundial. Acaban de publicar sus previsiones para 2009,
pero saben que sólo son válidas en el momento mismo en que las
hacen... Así y todo, son extremadamente graves: crecimiento mundial de
0,9%, cuando era de 2,5% todavía en el 2007 y de 4% en 2006;
disminución de 2,1% al menos en el comercio mundial (un retroceso más
importante que el de 1975). Según estos economistas “lo más
inquietante es que ya no hay un motor de reactivación evidente”[27].
Decenas de millones de asalariados serán lanzados al desempleo y
centenares de millones de personas consideradas “pobres” verán que su
pobreza se acentúa.
En Europa, los principales transmisores directos de la crisis fueron
inicialmente los países que más recurrieron al endeudamiento y
tuvieron las burbujas inmobiliarias más importantes, pero los efectos
de rebote sobre Alemania y Japón fueron muy rápidos. En un artículo de
tono burlón, The Economist explica que la tasa de ahorro elevada y el
bajo nivel de endeudamiento de los particulares no impidieron que
ambos países sufrieran los efectos de la crisis muy rápidamente[28].
Uno y otro son muy dependientes de las exportaciones y de la caída de
la producción en los Estados Unidos, pero también en China. La crisis
de superproducción se desarrolla de un modo realmente mundial. Los
sectores más uniformemente afectados son los inmuebles comerciales y
la industria automotriz, en los que la caída de las ventas y la
reducción de producción ya no afecta solamente a los países del G 7,
sino también a China.[29] Al cierre de este artículo, la agencia
Reuters anuncia que
China, contra todas las expectativas, ha visto caer sus exportaciones
e importaciones en noviembre, según cifras publicadas el miércoles por
la Administración de Aduanas, lo que traduciría la rapidez con que se
frena la actividad de la cuarta economía mundial. Las exportaciones
han caído en un 2,2% a ritmo anualizado, lo que constituye su
retroceso más significativo desde abril de 1999. Los economistas
esperaban por el contrario una alza promedio del 15% en las
exportaciones. Las importaciones acusaron una caída del 17,9%. Es la
mayor baja registrada desde que existen estadísticas mensuales, en
1993. Los economistas habían estimado un alza de 12 % en las
importaciones. Del lado de las importaciones, el hundimiento de las
cotizaciones petrolíferas y de los precios de otras materias primas
redujo la factura de China, pero los economistas subrayan que el
retroceso refleja también un sensible debilitamiento de la demanda
interna.[30]
¿Por donde buscar la solución?
El impase del sistema capitalista es tal que, sin intervención de los
trabajadores, la crisis será muy larga. Leyendo los periódicos que
presentan el “pensamiento del capital”, se comprende rápidamente que a
nivel económico se resume en tratar de defender no sólo sus
fundamentos, sino en preservar incluso la forma y modo de
funcionamiento que llevaron a la crisis. ¡Hace falta que “China
resista”! (expresión militar escuchada en un programa de Radio
Francia), ¡Hace falta que China amplíe su mercado interno! (para
reducir la parte de realización de la plusvalía nacida de la
explotación de los trabajadores chinos que se intenta cerrar por medio
de las exportaciones provenientes de esa gran base manufacturera).
Pero en otras partes actuan de un modo tal que busca salvar los
mecanismos crediticios y permitir restablecer lo más rapidamente que
sea posible que el endeudamiento de los particulares, hipotecario y de
consumo de los llamados bienes “durables”. El rol del aumento de la
deuda pública es facilitar eso. La lista de medidas enumeradas en el
comunicado del G 20 del 15 de noviembre se orienta a asegurar el
status quo. Rápidamente se comprenderá, y no sólo en Francia, que “el
rey está desnudo”.
Eentre los asalariados indudablemente todavía predomina la
estupefacción. Pero en sus filas y sobre todo en la juventud cada vez
son más los que comienzan a sentir que se vive una “crisis sistémica”,
en el sentido de crisis que expresa los rasgos burdos y destructores
del capital, lo que Marx llama sus “límites históricos”. La toma de
conciencia de la gravedad de los problemas ecológicos no puede menos
que reforzar este sentimiento. ¿Cómo será necesario responder?
Actuando de tal modo que, inspirándose en Marx, los medios de
producción pasen a ser “medios para dar forma al proceso de la vida en
beneficio de la sociedad de productores”. Esto supone un cambio en la
propiedad de los medios de producción, y sobre todo algo mucho más
importante: que los asalariados pasen a ser de manera organizada y
consciente, “productores asociados”. Lo son ya en razón de la división
del trabajo entre las industrias y en el seno mismo de cada lugar de
producción, pero no lo son para sí mismos, lo son para el capital, que
continuamente adopta decisiones que los afectan (por ejemplo,
despidiéndolos). Pasando a ser “productores asociados” en el pleno
sentido del término, los trabajadores, sugiere Marx, podrían
establecer “racionalmente y controlar sus intercambios materiales con
la naturaleza”; podrían organizar la economía y toda la vida social
“en las condiciones más dignas y más conformes con la naturaleza
humana”.
No hay otra salida para esta crisis (que a pesar de estar sólo en sus
comienzos rápidamente se acelera) que el control sobre los medios que
sirven para producir las riquezas, es decir, sobre las decisiones
referidas a qué debe ser producido, para quién y cómo. En relación con
este objetivo será necesario formular reivindicaciones y formas de
organización y dirección capaces de abrir la vía hacia una salida
social positiva, que tiendan “un puente” hacia el socialismo (para
utilizar una terminología trotskista). Formas de organización y de
acción que no pueden ser más que las de auto-organización. Si bien se
mira la historia, sólo en aquellos momentos en que la clase obrera
estuvo en condiciones de comenzar por sí misma a poner en marcha sus
reivindicaciones éstas tuvieron un comienzo de realización. Las
“conquistas sociales” nacieron durante esos cortos episodios: 1936,
1944-1945, 1968. Los partidos obreros (Partido Socialista, Partido
Comunista) contribuyeron suministrando un marco militante a decenas de
miles de trabajadores, pero en cada ocasión sus direcciones
rápidamente los convirtieron en obstáculos al movimiento. Hoy es
imposible esperar nada de semejantes partidos. Solamente los
asalariados y los jóvenes, franceses e inmigrantes por sí mismos
podrán formular reivindicaciones que se orienten hacia una salida
revolucionaria de la crisis y organizarse para tratar de aplicarlas.
Los militantes organizados pueden ayudar, especialmente los que se
agrupen en el Nuevo Partido Anticapitalista, pero nadie pondrá en
marcha un verdadero programa de urgencia en lugar de los trabajadores
y los jóvenes. La primera tarea es por lo tanto ayudarlos a
organizarse por sí mismos, en todos los terrenos posibles.
El presente artículo fué públicado en Carré rouge 39 (diciembre
2008-febrero 2009) y traducido del francés por Aldo Casas.
[1] “Les origines communes de la crise économique et de la crise
écologique”, en Carré rouge nº 39, diciembre 2008. Versión en
castellano disponible en Capitalismo en trance, el foro de elaboración
y discusión sobre la crisis abierto en www.herramienta.com.ar
[2] Son interrogantes escuchados por el autor no sólo en reuniones del
colectivo de Carré rouge, sino también en diversas instancias del
Nuevo Partido Anticapitalista, recientemente conformado en Francia.
[3] Carlos Marx, El Capital, Volumen III, Capítulo XV, México, FCE,
1973, pag. 251.
[4] Véase por ejemplo Gottfried von Harbeler, Prospérité et
dépression, Société des Nations, Ginebra, 1937.
[5] Ernesto Mandel, Traité d’économie marxiste, Julliard, París, 1962.
[6] Paul Mattick, Crises et théories des crises, Éditions Champ Libre, 1976.
[7] Ver Ernest Mandel, La crise 1974-1982, les faits, leur
interprétation marxiste, Collection Champs, Flammarion, Paris, 1982.
[8] Ver Robert Boyer, La théorie de la régulation: un analyse
critique, Ëditions La Découverte, París, 1987.
[9] Traté de explicar en los términos más simples esto de la
titulización en el artículo “El fin de un ciclo. Alcance y rumbo de la
crisis financiera”, Herramienta 37, marzo 2008. Se trata de una
técnica financiera que consiste en reagrupar y fraccionar las deudas
bajo la forma de obligaciones para venderlas en el mercado financiero
mundializado. Así nacieron los llamados "sintéticos" o "vehículos",
los Collaterized Debt Obligations o CDO, los Credit Default Swaps o
CDS, así como los Residential Mortgage Backed Securities o RBMS, es
decir los tútulos adosados a créditos inmobiliarios, llamados créditos
hipotecarios.
[10] Sobre todo esto, así como sobre la titulización y el desarrollo
de la crisis financiera hasta septiembre, puede verse Frederick
Lordon, Jusqu’a quand? Pour en finir avec les crises financières,
Editions Raison d’agir, París, 2008.
[11] “The Fed and the Treasury signaled that they would print as much
money as needed to revive the banking system”, NYT, 26 noviembre 2008.
[12] Incluso con aquellas largas huelgas que no llegaron a triunfar,
como las de 2003.
[13] Ver Michel Husson, “Le capitalisme toxique”, en Imprecor,
septiembre-octubre, 2008, pag. 22.
[14] Para una explicación más extensa, remito a mi capítulo "La
préeminence de la finance au sein du ‘capital en général’, le capital
fictif et le mouvement contemporain de mondialisation du capital”, en
el libro colectivo Séminaire d’Études Marxistes, La finance
capitaliste, París, PUF, 2006.
[15] Ver Catherine Sauviat “Les fonds de pensions et les fonds
mutuels: acteurs majeurs de la finance mondialisée et du nouveau
pouvoir actionnarial”, en François Chesnais (coordinador) La finance
mondialisée, racines politiques et sociales, configuration,
conséquences, Éditions La Découverte, París, 2004.
[16] La naturaleza de las acciones, dice Marx, es la de “duplicados de
capital real, pedazos de papel, como si un certificado de carga
pudiese tener un valor paralelo al de la carga, y al mismo tiempo que
ella”. En El Capital, Libro III, ver los capítulos XXIX (“Las partes
integrantes del capital bancario”) y XXX (“Capital-dinero y
Capital-efectivo”).
[17] “El fin de un ciclo. Alcance y rumbo de la crisis financiera”,
Herramienta 37, marzo 2008.
[18] Pueden verse artículos suyos en el sitio de Herramienta:
http://www.herramienta.com.ar
[19] Reynaldo Carcanholo y Paulo Nakatani “Capitalismo especulativo y
alternativas para Amética Latina”, Herramienta nº 35 junio 2007.
[20] Mejor dicho, antagonismo del capital con respecto a los
“proletarios”, a todas aquellas y aquellos que deben vender su fuerza
de trabajo.
[21] Jacques Sapir, “Le monde qui vient”, puede consultarse en
http://www.france.attac.org/
[22] Es la posición defendida por Jean-Luc Gréau. La trahison des
économistes, París, Gallimard, 2008, capítulo VI.
[23] El título del artículo es "Le triomphe catastrophique du
néolibéralisme” y puede ser consultado en el sitio de La Brèche
www.alencontre.org , así como en www.herramienta.com.ar
[24] Bhir remite al artículo “Le taux d’accumulation ne suit plus le
taux de profit”, 25 septiembre 2008, en http://hussonet.free.fr/
[25] Una presentación muy clara de tales contradicciones y ceguera
puede encontrarse en Louis Gill, Fondements et limites du capitalisme,
Montreal-Quebec, Boréal, 1996, págs. 574 y siguientes.
[26] Lausana, Éditions Page deux, 2008.
[27] “Dire Forecast for Global Economy and Trade”, New York Times, 10
diciembre 2008. La fuente de los datos es el Informe del Banco Mundial
para 2009, ver en http://web.worldbanck.org/
[28] “The teetotalers’ hangover”, The Economist, 6 diciembre 2008.
[29] Ver un detallado artículo sobre las superproducción automotriz en
China: “Increasingly, China’s Auto Industry Seeks a Bailout”, The New
Yor Times, 19 noviembre 2008.
[30] Le Monde (edición web), 10 diciembre 2008.
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