[R-P] [Enrique Martinez] El desafio.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Lun Jul 13 11:39:49 MDT 2009


El desafío



  	

 Por Enrique Martinez *

Para transformar una realidad injusta hay que gobernar. Para gobernar
hay que ganar elecciones. Para ganar elecciones en la Argentina hay
que contar con la adhesión de una fracción importante de la clase
media. Esta secuencia lleva inmediatamente a una contradicción: para
cambiar se debe contar con parte de la clase media, que no se
distingue precisamente por su entusiasmo para alterar el escenario de
su vida social. Una de las características centrales del
comportamiento de los sectores medios es su miedo a perder lo que
tienen, especialmente destacado en quienes han accedido a esa
situación con esfuerzo personal y familiar importante. En tal
contexto, ¿cómo entusiasmar –o al menos interesar– en un proyecto de
cambio a quienes tienen la memoria cercana de una sociedad con tantos
bandazos económicos y sociales, que incluyeron genocidio interno,
congelamiento masivo de ahorros, tasas de desempleo de más del 25 por
ciento?

Aun cuando muchos hayan consentido o aun apoyado alguna de esas
etapas, mirando hacia atrás se fortalece la idea de un país inestable.
Ante todo, no basta con explicar esa conducta. No basta con
convencerse de que el 28 de junio hubo un voto pancista, que pretende
evitar cualquier acción de gobierno que redistribuya rentas
extraordinarias, simplemente porque no cree en ningún gobierno. No
basta con entender una y otra vez la mezquindad social, que corta
verticalmente toda sociedad capitalista de desarrollo desigual, como
la nuestra. Tampoco basta con denunciarla en el discurso. Hay que
actuar, con esa conducta como un dato y con la vocación de cambiarla o
condicionarla con fuerza, al menos para una parte de los sectores
medios, mediante la construcción de nuevos escenarios. Hablo de nuevos
escenarios, porque la promesa de una economía ordenada, que permita
programar la vida con una serenidad impensada en 2001, es ya
insuficiente en la medida que es un hecho asumido como adquirido, para
estos compatriotas de corta memoria colectiva.

Ningún argumento de los ya conocidos puede ni pudo contrarrestar el
temor de muchos a las decisiones de la cúpula de un Gobierno que, con
razón o sin ella, enfrenta a la dirigencia agropecuaria, pasa al
Estado la administración de los fondos jubilatorios o evita ser
empleado de Tenaris, la gran siderúrgica argentina. Un Gobierno que
confronta con fuerza, en suma, puede mañana meter la mano en la lata
grande o pequeña de sus ahorros, sin que sea un dato importante que
buena parte de esos ahorros fueron posibilitados por la política
económica de los últimos seis años y que ningún elemento del discurso
oficial va en esa dirección. Los atributos principales de un nuevo
escenario con alguna chance de éxito deberían ser:

u Mostrar al conjunto de la población, y en especial a los sectores
medios, que por ser un país periférico necesitamos resolver todavía
muchos más problemas para que la población pueda sentir que el país
tiene un horizonte económico ordenado.

u Esos problemas están vinculados con nuestra baja autonomía
productiva. Al buscarla aparecerán más oportunidades para los
emprendedores argentinos y los trabajadores, y no menos.

Me gusta asociar las ideas globales con lo concreto. Déjenme mostrar
por lo tanto algunos ejemplos necesarios de política.

1. En la industria, en el agro, en el comercio interno y en el
comercio internacional todo podría ser mucho mejor si tuviéramos mayor
control nacional de la economía y mayor protagonismo de los
emprendedores locales de todo tamaño. Esto no solo debe ser enunciado,
sino demostrado con todo rigor, empezando por el flanco crítico, que
es el del agro. Como una consecuencia natural se necesita una mayor
presencia del Estado, como único actor con fuerza suficiente para
modificar el poder relativo al interior de algunas de las cadenas de
valor. Pero eso debe ser hecho sin confundir Estado con gobierno de un
sector político. Por ejemplo, para romper el oligopolio de exportación
de cereales, se necesita una empresa pública comercializadora de
productos agropecuarios. Esa empresa debe tener un directorio con
miembros del gobierno y representantes de la producción agraria y
agroindustrial. Debe ser hecha con ellos y no contra ellos.

2. Apoyar de manera nítida y diferenciada a los eslabones más débiles
de las cadenas de valor. La agricultura familiar, los productores
agropecuarios de las tierras de menor productividad, las
agroindustrias del norte argentino, los mataderos pequeños, los
autopartistas locales y así siguiendo deben tener conciencia plena y
efectiva que son asistidos para su tecnificación y su independencia
respecto de los actores más poderosos de cada sector. Toda medida
pública debe evitar emblocar a los débiles de un sector con los
poderosos que los sojuzgan, poniendo así a todos contra el gobierno.
No debe tropezarse de nuevo con esta piedra.

3. En el contexto de crisis global que ha de durar y ha de volver, se
debe apoyar a la industria argentina que muestre comportamientos de
integración y respeto social acordes con el modelo de inclusión que se
pretende. Por ejemplo: la industria de la indumentaria o el calzado
nacionales deben ser defendidas de la importación a través de exigir
ausencia de trabajo esclavo o infantil en lo que llegue a nuestros
puertos, condición que sería necesario aplicar en paralelo a la
producción nacional. Medidas como ésta van a favor de los sectores
medios nacionales que respeten a los trabajadores. Son inapelables e
integran a la sociedad detrás de miradas éticas y políticas
superiores.

Muchos de los que hoy miran con indiferencia y hasta con fastidio al
Gobierno podrán así creer –con razón– que están mejor de lo bien que
ya están hoy. Pero a la vez, todos lo estaremos, sin ceder el espacio
a la rosca, al marketing bastardo, o simple y llanamente a los actores
de la década de los ’90

* Presidente del INTI.



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