[R-P] [Socialismo latinoamericano] El fin de un ciclo.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Jul 8 12:52:49 MDT 2009
Argentina experimenta una situación de retroceso desde hace algo más
de tres décadas y el gobierno de Cristina Fernández, como antes los de
Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, no quebró la tendencia. Por el
contrario, se ajustó a las condiciones heredadas: nada hizo para
detener la concentración-extranjerización del capital; mantuvo y
acentuó el régimen de saqueo de la minería y el petróleo mediante
nuevas concesiones; perpetuó una regresiva distribución del ingreso;
dejó intacto el régimen de inversiones extranjeras y los acuerdos de
protección al capital multinacional, y se olvidó del proyecto de un
capitalismo autocentrado. Y, sin embargo, los ganadores de la víspera,
a excepción de Proyecto Sur, representan políticamente lo más genuino
de las tendencias de fondo configuradas tras la marejada antinacional
de marzo de 1976. Son la expresión de la más infame reacción.
En relación a las elecciones de 2007 el kirchnerismo perdió 2,3
millones de votos; de ese total 800.000 los dejó en la provincia de
Buenos Aires. Precisamente el significado político de la derrota hay
que buscarlo, antes que nada, aquí, donde su jefe decidió librar la
batalla decisiva. Kirchner, perdido de antemano el interior agrario,
decidió atrincherarse en la franja del Gran Buenos Aires donde
sobreviven las capas sociales más pobres y excluidas, terreno
electoral en el que Cristina Fernández obtuvo una abrumadora victoria
en octubre de 2007. Pero esta vez la historia fue diferente. El Frente
para la Victoria no ganó por porcentajes que oscilaran arriba del 50%,
como entonces, mientras que la brecha con el segundo se acortó
pronunciadamente.
El cambio de tendencia que se manifestó en las urnas comenzó a
mediados de 2008, cuando en medio del conflicto con el bloque agrario
se quebró la unidad del PJ y del frente de gobernadores, y el impacto
de la crisis mundial del capitalismo comenzó a repercutir sobre las
condiciones de la economía local. Posteriormente la Unión Industrial y
la Cámara de la Construcción, los apoyos patronales más significativos
del gobierno en la época de bonanza, emitieron señales de
distanciamiento, descontentas con la ingerencia del Estado en los
dominios exclusivos de la sagrada propiedad privada. De nada sirvieron
las ganancias extraordinarias obtenidas en el período de alza: el
gobierno pudo comprobar, con amargura, que el capital no sólo es
cobarde, pronto a tomar distancia cuando cambia de dirección el
viento; sino que también es desagradecido.
Pero lo más importante es que el oficialismo perdió credibilidad entre
las masas más explotadas y excluidas, donde tenía una importante
reserva electoral. El recurso de varios intendentes de desdoblar
boletas (listas colectoras) para no quedar pegados a la figura de
Kirchner, es una señal significativa no sólo de la descomposición
política y moral que envuelve al aparato del PJ, sino también de la
desilusión y el hartazgo que está ganando el ánimo de las capas más
pobres. Seis años en los cuales su situación no cambió
sustancialmente, y terminó volviéndose insoportable por el
desenvolvimiento de la crisis, fueron suficientes.
Sin embargo, el kirchnerismo no perdió posiciones ante una corriente
militante de contenido nacional, sino ante una serie de fuerzas
políticas que pretenden hacer retroceder al país hacia su pasado más
oscuro. En la provincia de Buenos Aires el vencedor, Francisco de
Narváez, es un antiguo menemista, integrante de la patronal
explotadora y parasitaria de los 90’, oportunista sin principios, que
tanto puede despolitizar y banalizar la propaganda para seducir a los
sectores más atrasados, como adoptar el discurso del populismo
conservador y pronunciarse a favor de las estatizaciones de la
electricidad, el gas y el petróleo, mientras su candidato
presidencial, Mauricio Macri, reclama la privatización de todo aquello
que el gobierno nacionalizó.
En el país la alianza de radicales, cívicos y socialdemócratas se
ubicó apenas medio punto por debajo del oficialismo. Cualquiera que
haya escuchado el discurso pleno de solemnidad y de lugares comunes de
la señora Carrió, no puede tener dudas sobre la naturaleza del
programa: reestablecimiento de los acuerdos con el FMI, eliminación de
las retenciones, rechazo a la estatización de las AFJP y de las
nacionalizaciones en general, oposición al ingreso de Venezuela al
Mercosur… Los espectros de la vieja Unión Democrática reaparecen
reencarnados en las figuras características de esta partidocracia
antinacional.
A ese frente de la reacción, el kirchnerismo no está en condiciones de
darle batalla, porque nunca figuró en sus planes llevar adelante las
transformaciones estructurales que la crisis del capitalismo
semicolonial exigía desde el estallido del 2001. Por el contrario, su
emergencia formó parte de una solución política desde arriba,
destinada a restaurar un orden institucional jaqueado por la protesta
popular. Ahora, ante la derrota, su dirección perdió capacidad de
iniciativa.
La respuesta ante la ofensiva antiobrera y antinacional en ciernes
debe venir de abajo, de las líneas combativas en que se reagrupan los
trabajadores, de los estudiantes y profesionales que sobrellevan las
condiciones de una pequeña burguesía empobrecida, de la amplia masa de
desocupados y subocupados y de todos los argentinos dispuestos a
luchar para no volver al pasado y liberar el presente de las lacras
que amenazan el futuro.
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