[R-P] El PCR Y su "diagnostico".

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Jul 3 16:04:02 MDT 2009


["El país va hacia grandes tormentas, económicas, sociales y
políticas. El gran balance del voto bronca, es haber castigado al
gobierno kirchnerista y haber limitado las ambiciones triunfalistas de
las derechas opositoras."
Estos tipos deben ser de la SIDE...La derecha con De Narváez consiguió
un triunfo fenomenal en Buenos Aires; en Capital ganó Michetti; en
Santa Fe, entre Reutemann y Giustiniani sacaron el 90% de los votos;
en Córdoba ganó Juez y segundo fue Mestre;en Mendoza ganó Cobos por 20
puntos,etc,etc y estos payasos hablan de lo "limitado" del avance del
bloque reaccionario.
Mucho ha tenido que ver el PCR con su lucha en desgastar al gobierno
en la crisis actual, estuvieron fogoneando todos los cortes de ruta en
la 125, incluso apoyando a De Angeli...
Basura pura, disfrazada de revolución.Son los mejores aliados de la
Rural y el bloque oligárquico, a los que le "prestan" a esos pobres
diablos de la CCC para darle la cara humana a Biolcatti y cia.
Los detesto.]

Hoy 1273
Castigados
escribe Ricardo Fierro
Néstor Kirchner
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El kirchnerismo sufrió una derrota aplastante. La abstención, el voto
en blanco y nulo fueron la primera fuerza, perforaron los bastiones
que los K creían haber blindado y limitaron las ilusiones de las
derechas opositoras. Ahora, reagrupar fuerzas para la lucha, y para
terciar en la crisis política.

1. La gran derrota K
El kirchnerismo sufrió una paliza aplastante. Pusieron todo a la
parrilla: el gobierno, la jefatura del PJ, Scioli y muchos
intendentes; la derrota los “acostó”. Aún con las cifras truchas que
dio Cristina Kirchner en la conferencia de prensa, tuvieron el 18% del
padrón; perdieron casi tres millones de votos en el último año y medio
de gobierno (de 8.651.066 a 5.871.345).
La decisión masiva fue castigar a los K: “A estos había que pararlos”
se escuchó el lunes 29. Se esfumaron las ilusiones de Néstor Kirchner
de ser “el gran elector” del PJ en el 2011. Ahora, lo que está por
delante es un gobierno en crisis y una fuerza política en
descomposición.
Los K ya habían perdido las capas medias de las grandes ciudades.
Ahora, su venganza infinita con el campo les ganó el odio –mucho mayor
de lo que imaginaron– de las ciudades chicas de provincia vinculadas
al agro. Creían tener garantizado un 20% por encima de las otras
fuerzas en el segundo cordón del Gran Buenos Aires, adonde
chantajearon a los más pobres. Ahí fracasaron, como dijo Artemio
López, porque gran parte de los más pobres no los votaron. Ese cordón
fue perforado por la gran corriente abstencionista, y de votos en
blanco y nulos. También por el corte de boletas de muchos intendentes
del Conurbano Bonaerense que advirtieron que la foto con los K los
llevaba a la derrota, y acompañaron a los Kirchner hasta la puerta del
cementerio, pero no entraron: negociaron listas colectoras. Los K
perdieron en Buenos Aires casi un millón de los votos que tuvieron en
el 2007. Perdieron el control del aparato partidario del PJ de esa
provincia; creían que lo habían “comprado”, por eso Kirchner habló de
“traición”, ignorando que ese aparato “se alquila” a los ganadores con
“caja”, y “salta el cerco” antes de la derrota.
Perdieron su base territorial, Santa Cruz; muy grave para su futuro.
Sufrieron una derrota aplastante en Mendoza y perdieron en Entre Ríos.
Su fuerza quedó raquítica en Córdoba, Capital Federal y Santa Fe; y
perdió en todas las grandes ciudades. Sobre 69 diputados kirchneristas
y aliados que finalizan su mandato, perdieron 23, y la mayoría en esa
cámara.  Tampoco pudieron renovar 4 de los 12 senadores K.
Néstor Kirchner es el gran mariscal de la derrota, arrastrando a los
que como Scioli apostaron a “acompañar a Kirchner adentro del
cementerio”. Por eso, es infantil el análisis de Cristina Kirchner al
sumar como “propios” los votos de provincias cuyos caudillos ya venían
enrolados en la disputa del “poskirchnerismo”, o se apresurarán a
hacerlo ahora, como Das Neves y varios más.

2. Primera fuerza: el voto bronca
La principal fuerza política del 28 fue, lejos, el abstencionismo,
sumó 7.791.055 argentinos. El domingo, hubo el ausentismo más alto
desde 1983, con el retorno al sistema electoral. Sumado a los votos en
blanco y nulos llega a 8.779.789 personas. Votaron así 900.000
argentinos más que en el 2007, cuando fue de 7.987.981. Una corriente
que fue creciendo a medida que las luchas obreras, chacareras y
populares fueron calando la mentira kirchnerista y enfrentando su
política de hambre y entrega.
Como dijo, con razón, Jorge Lanata, desde 1983 a hoy, lo que crece es
el ausentismo. Llegó el domingo pasado al 45% en Santiago del Estero,
el 30% en Santa Cruz y en Tierra del Fuego, el 33% en Formosa y el 37%
en Catamarca.
Es erróneo hablar de “desinterés por la política” de los que no
votaron. Los cortes de ruta de estos dos años superaron el pico
histórico del 2002, crecieron los escraches, los movimientos
democráticos, las movilizaciones contra la inseguridad o en represalia
a golpeadores y violadores, etc. El encuestador Artemio López
considera que esta vez fueron los jóvenes los que se volcaron a esta
posición.
Descontando el no voto por edad, enfermedad o distancia, es una
inmensa corriente que se llenó de bronca y rechazo al kirchnerismo. La
CCC y el PCR han sido las únicas fuerzas nacionales que han trabajado
activamente para fortalecer esta corriente, haciendo campaña y
poniendo fiscales en acuerdo con fuerzas amigas. Contribuyeron así a
dar una opción política que perforó el aparato clientelista del
kirchnerismo en los barrios donde castiga la pobreza y el hambre, y
también influyó en las zonas agrarias más combativas. Así, el
kirchnerismo no pudo hacer “la diferencia” que buscaba, y las derechas
opositoras tampoco pudieron atraer todo el “voto castigo” que
deseaban.
Un hecho emblemático del no voto de los más pobres al kirchnerismo, es
la rebeldía en Formosa de los wichis contra el tradicional robo de
documentos (ver nota).
Es muy posible que la cifra real de abstenciones, votos en blanco y
nulos sea mucho mayor. “La Cámara Nacional Electoral advirtió ayer
sobre los altos índices de ausentismo, en pleno acto electoral. A solo
una hora de que cerraran las mesas de votación, la máxima autoridad
electoral señaló que solo había votado el 50% del padrón nacional”,
(Ambito Financiero, 29/6). ¿Cómo hicieron para que en una hora votaran
todos los demás?
Ninguno de los candidatos promocionados por el sistema consideró
“sospechoso” que en una hora “votara” la mitad del padrón. Como
tampoco hicieron ninguna denuncia, en el 2007, cuando en el recuento
definitivo (cuando ya nadie se acordaba de las elecciones),
“aparecieron” 500.000 abstenciones, votos en blanco y nulos que no
figuraban en el escrutinio provisorio que realiza el Ministerio del
Interior K. Hay razones, entonces, para pensar, que el derrumbe
político electoral del kirchnerismo haya sido mucho mayor a lo que se
publica.

3. La complejidad del voto opositor
“En los comicios ganaron los candidatos que supieron interpretar, por
izquierda o por derecha, el voto bronca a un gobierno que no escucha
ni siquiera a su propia base electoral”, (La Nación, 29/6). El 57% del
padrón “se define como volátil” y “se siente impotente” frente al
aparato electoral del sistema (La Nación, encuesta de la Universidad
de Belgrano, 27/6).
La llamada “volatilidad” electoral, muestra el crecimiento de una masa
que usa el voto para castigar. Castiga, en algunos casos, votando a
candidatos de derecha, como ocurrió con Macri en el 2007 (que llegó al
60% en la segunda vuelta y ahora Michetti sacó el 31%), y ahora con De
Narváez, sin tener las posiciones reaccionarias de esos candidatos. Lo
mismo ocurre en el llamado “pan radicalismo” (Carrió, UCR, Cobos y
otros) y el centroizquierda. De ahí el fracaso de los que se ilusionan
con el sistema parlamentario, que ven las elecciones como una escalera
ascendente, y luego se sorprenden con los resultados.
Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que, aprovechando la
situación, se han fortalecido derechas rivales al kirchnerismo, muy
peligrosas.
En esas condiciones, la alianza Macri, De Narváez y Solá fue segunda
fuerza en Buenos Aires y la Capital Federal (primera fue la corriente
que se abstuvo, votó en blanco o nulo). Pero el macrismo perdió un
tercio de los votos de la primera vuelta del 2007, y casi la mitad de
los votos de la segunda vuelta que lo consagró. Lo mismo ocurre con
gran parte de los votos a De Narváez. No hay “votos cautivos”. De
hecho, el llamado “peronismo disidente” renovó mandatos de 11
diputados y solo aumentó uno.
Triunfó Reutemann, pese a ganar muy ajustado como senador y su lista
de diputados fue segunda. Quedó colocado en la grilla presidenciable
del PJ, pero no es Gardel. Rodríguez Saá ratificó su fuerza en San
Luis y dio algunos pasos en otras provincias.
En la Coalición Cívica y Social, Elisa Carrió pagó por imponer a la
cabeza de la lista porteña al ex funcionario de la usura, Prat Gay, y
por sus posiciones derechistas. Quedó muy debilitada para la carrera
presidencial del 2011. Creció en Buenos Aires Margarita Stolbizer, con
posiciones más cercanas al centroizquierda. Cobos se impuso en
Mendoza, con lo que va a disputar encabezar las listas de la oposición
no peronista.
La trepada de Pino Solanas a segunda fuerza en la Capital Federal, al
igual que el triunfo de Juez en Córdoba (más allá de muchas de sus
posiciones), los guarismos del socialismo en Santa Fe, y la emergencia
de Sabatella como cuarta fuerza en Buenos Aires, muestran que la mayor
parte del centroizquierda, que antes votaba al kirchnerismo, no avala
el chantaje de “votar a los K para que no venga la derecha”.
La izquierda testimonial cosechó un nuevo fracaso, sus candidatos
rondan el 1,7% de los votos.

4. La crisis política
El kirchnerismo, muy débil en desbande, debe ahora gobernar un país
convertido en un tembladeral. Las consecuencias de la crisis castigan
brutalmente: cientos de miles de despedidos que no encuentran trabajo,
negocios y fábricas que cierran y no se reabren, chacareros que no
tienen plata para sembrar, tamberos que venden sus vacas para carne,
empresas y tierras que se extranjerizan, inflación que devora los
salarios y agranda la hambruna y la pobreza.
Las epidemias han puesto en evidencia los indignos objetivos
electoralistas por los que el gobierno las ocultó. La asfixia
presupuestaria de la salud pública deja al pueblo indefenso frente a
las epidemias que lo azotan: la gripe porcina castiga más en la
Argentina que en México donde se inició. Allá, un gobierno de derecha
tomó medidas drásticas. Acá no se hizo nada. El resultado de muertes y
contagios está a la vista. La ministra Ocaña debió renunciar antes,
cuando su portazo hubiera obligado al gobierno a hacer algo, y no
esperar de manera oportunista hasta el 29.
Un país golpeado por la crisis económica y social y por las epidemias,
y un pueblo al que no pudieron sacar de las calles, que votó con
bronca y castigó. En esas condiciones las clases dominantes, divididas
como también se evidenció el 28, buscan una transición controlada.
Las elecciones aplastaron al kirchnerismo, sin instalar a ningún gran
ganador en condiciones de unificar a los de arriba y abrir
expectativas en lo de abajo. Por eso todos hablan de garantizar la
gobernabilidad. Pero la situación es muy precaria. La crisis política
que se abrió con la rebelión agraria se agravó al extremo con el
resultado electoral.
El kirchnerismo se atrinchera tratando de aprovechar la división de
sus rivales. Néstor Kirchner cedió la jefatura del PJ a Scioli (un
perdedor) al que no se van a subordinar otros caudillos políticos y
sindicales de un PJ en crisis. Cristina K “no ve razones para un
cambio de gabinete”. Todo apunta a que la cancha se embarre cada vez
más.
Hasta ahora, el gobierno se financió con la postergación de pagos a
sus proveedores, demoras en la devolución del IVA, el saqueo de los
ingresos del Anses y transferencias del Banco Central (La Nación,
28/6). Rascó la olla para las elecciones. Ahora va al ajuste. Tienen
que “licuar los salarios y jubilaciones”, con devaluación o con
inflación, lo que aumentará la fuga de capitales y la crisis. Se
vienen los tarifazos, junto con las olas del tsunami de la crisis
mundial que provocarán más despidos y hambre (como el cierre de la
cadena CyA).
Ahora vendrán reagrupamientos por arriba que habrá que seguir con
atención. Pero en una situación caliente por abajo que abre enormes
perspectivas.

5. La crisis de hegemonía
Como ya habían demostrado las luchas obreras, chacareras y populares,
el kirchnerismo, y con él las clases dominantes, fracasaron en su
objetivo estratégico de cerrar la crisis de hegemonía que estalló en
el Argentinazo y volvió a estallar en la rebelión agraria y federal.
Las brasas del 2001 se multiplicaron en los grandes combates obreros,
del campesinado, de los estudiantes y el pueblo. Las calles y las
rutas siguieron siendo la gran herramienta para enfrentar las
políticas de hambre y entrega, el voto es usado como instrumento de
castigo, y las multisectoriales como forma de confluencia y unidad.
Ahora, el kirchnerismo tratará de usar los cartuchos que le quedan
hasta diciembre, y las derechas opositoras trabajarán para acorralarlo
desde el Congreso. Unos y otros quieren sacar al pueblo de las calles
e impedir los estallidos de bronca.
El país va hacia grandes tormentas, económicas, sociales y políticas.
El gran balance del voto bronca, es haber castigado al gobierno
kirchnerista y haber limitado las ambiciones triunfalistas de las
derechas opositoras.
La gran corriente de votos bronca ha creado muy buenas condiciones
para reagrupar a las fuerzas obreras y populares, patrióticas y
democráticas, sin importar de qué forma hayan castigado al
kirchnerismo. También a los sectores populares que votaron al
kirchnerismo por temor a las otras derechas.
Reagrupar fuerzas para la lucha. En primer lugar, la lucha por las
urgencias de los trabajadores ocupados, desocupados y jubilados; de
los campesinos pobres, originarios y chacareros, de los estudiantes y
el pueblo. Movilizarse frente a las epidemias, enfrentar las medidas
de ajuste que se preparan, etc.
En la lucha, reagrupar fuerzas para terciar, debatiendo en las masas
un programa con las medidas necesarias para hacerle pagar la crisis a
los monopolios, especialmente los imperialistas, los bancos, los
grandes pooles y terratenientes. Avanzando en la unidad popular a
través de las multisectoriales, como se vio en Armstrong, Paraná
Metal, y en el reciente plenario realizado en La Matanza.
En la lucha, reagrupar fuerzas en el movimiento obrero para
reorganizar y recuperar los cuerpos de delegados, comisiones internas
y sindicatos, para que la clase obrera juegue su rol histórico,
avanzando por el camino del Argentinazo y la rebelión agraria, para
conquistar un gobierno de unidad popular, patriótico y democrático,
que abra el camino a la liberación nacional y social.



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