[R-P] Altamira con la mira baja...

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Jul 3 09:55:11 MDT 2009


[El "catastrofismo" del PO pertenece no al terreno de la política,
sino al genero de la ciencia ficción.El capitalismo siempre se está
por derrumbar...Deberían dedicarse a la astrología, porque la política
y el análisis de clase les resultan ajenos.Para Altamira, el gobierno
ha "reculado" en todas las oportunidades, lo cual es una infame
mentira.Prueba de ello, es que después de la derrota de la 125 se ha
estatizado el sistema previsional,etc.,etc,y ya decía Marx que un
avance en al práctica vale más que 100 programas.Y el programita del
PO no es la excepción, comparándolo con la lucha del gobierno contra
el "enemigo principal": la oligarquía argentina.]


Otro "voto no positivo" - El penúltimo

La derrota contundente del kirchnerismo, el domingo pasado, es una
expresión del completo impasse al que ha llegado el régimen político
actual como consecuencia de la bancarrota capitalista y del
agotamiento de su política económica. A partir de esto, la derrota es
la expresión del cambio de frente de la 'burguesía nacional' que había
defendido el 'modelo productivo' (moneda y salarios devaluados) desde
el gobierno de Duhalde en adelante. O sea que a la patronal agraria,
que rompió con el gobierno el año pasado, se sumaron los otros
componentes del capitalismo nativo para precipitar este desenlace. En
ocasión de la Resolución 125, el gobierno renunció a sus facultades
para decidir la tasa de las retenciones a la exportación, para llevar
el arbitraje del conflicto agrario al Congreso. Perdió como
consecuencia del 'voto no positivo' de Cobos. Un año más tarde, volvió
a renunciar a su mandato para gobernar, esta vez para someterse al
arbitraje de un plebiscito mediante el adelantamiento de las
elecciones. Volvió a perder, pero en una escala social y política más
amplia. El gobierno, al que todos coinciden en calificar como malevo y
prepotente, se ha caracterizado, al revés, por una manía a recular en
cada oportunidad en que ha tenido que enfrentar una crisis política.
Se ha quedado sin oxígeno – es un gobierno interino, con una duración
incierta. Si pretendiera superar estos límites, será puesto en la
calle por otro 'voto no positivo' definitivo. La votación en el
Congreso, el año pasado, dejó a los K sin vicepresidente; la del
domingo pasado dejó al gobierno bicéfalo sin la principal de sus
cabezas.

Cambio de frente

La base económica de la derrota oficial es la incapacidad financiera
del Estado para socorrer a la clase capitalista. Por eso, todos los
medios sociales capitalistas, incluidos los que aún siguen en el
oficialismo, reclaman tirar la toalla ante el FMI. El recurso a la
Anses, luego de la nacionalización de las AFJPs, se ha agotado. Los K,
con sus préstamos y socorros a las empresas capitalistas mediante la
utilización de los aportes jubilatorios, transformaron a la Anses en
una AFJP estatal, que en lugar del régimen de reparto quiere funcionar
como un sistema de capitalización. Pero para esto habrían necesitado
que el conjunto de la burguesía los acompañara en el financiamiento de
la economía (y con ello el capital internacional) –lo cual de ningún
modo ha ocurrido, precisamente porque nacionalizaron a las AFJP. Como
consecuencia de esto vino la ruptura de la UIA y de Techint con los K,
que usaron como pretexto la nacionalización de Sidor, por parte de
Venezuela. La burguesía nacional, que Kirchner se había propuesto
'reconstruir', acabó solicitando la sociedad con la Mesa de Enlace, la
recreación de la coalición patronal de 'los 8' y el voto por la
oposición. Esta escisión se manifestó al interior del propio
oficialismo: en "Los mensajes de la elección de ayer", el ultra K Aldo
Ferrer plantea la necesidad de defender "la moneda, las finanzas
públicas y los pagos internacionales" (Bae, 29/6), o sea recurrir al
FMI y largar los tarifazos. También reclama, como toda la clase
capitalista, la 'normalización’ del Indec, no para aumentar salarios
(por supuesto), sino para restablecer la indexación de la deuda
pública. Es el mismo reclamo del conjunto de la burguesía. Esta
dislocación de la base del gobierno se manifestó abiertamente en el
campo político: el justicialismo se dividió en todos los distritos,
los gobernadores afines marcaron las distancias, y el aparato de
intendentes del conurbano se aseguró el voto para sí y dejó colgada a
la lista de los candidatos 'testimoniales' a diputados encabezada por
su jefe.

La votación del domingo pasado ha expresado la reacción del conjunto
del organismo social frente a la parálisis económica y el agotamiento
del gobierno. Pero la dirección de esa reacción la ha establecido la
burguesía, que quiere un cambio de frente en la gestión del Estado
(mientras el PO planteaba que "la crisis la paguen los capitalistas",
el electorado ha encargado a los capitalistas la salida a la crisis,
algo que comprobarán en la práctica en las próximas semanas). La
claridad de este fenómeno, o sea el contenido capitalista de la
votación del domingo pasado, se encuentra subrayada, especialmente,
por la tropa de nulidades que encabezó al bloque opositor: De Narváez,
Macri, Carrió, Reutemann. El liderazgo de la oposición es un enorme
desierto, o sea que no aportó desde sus personalidades a la conquista
del voto. Es en este terreno que pretende prosperar otra nulidad, el
gobernador Scioli, con un programa que no necesita explicaciones: "hay
que despolitizar la agenda argentina", le dijo a Clarín (30/6). Se
trata, precisamente, del programa de un gobierno interino, que quiere
comprar el apoyo del capital financiero con una política de ajuste de
los gastos sociales y del salario; de los tarifazos para los
capitalistas y del acuerdo con el FMI, bajo la máscara de una 'gestión
técnica'. El límite de esta política salta a los ojos: en medio de una
bancarrota capitalista y de la previsible reacción de la clase obrera
y de numerosos sectores de trabajadores al ataque en ciernes, esta
'agenda' supone reemplazar a la 'política' por la judicialización y la
represión de la protesta social. Al final, la única calificación que
la burguesía le había reconocido a los K hasta el momento era su
capacidad para reglamentar el conflicto social por medio de la
burocracia de los sindicatos. La crisis política que deja el
agotamiento del gobierno de los K significa al mismo tiempo el
derrumbe del único arbitraje político que se construyó, después de
2002/3, entre los obreros y la burguesía. Por eso, ahora, la expulsión
de Guillermo Moreno del gobierno se convierte en una prueba crucial,
puesto que tuvo a su cargo la tarea fundamental de montar los
arbitrajes del Estado en todos los terrenos –el último en Massuh. Un
cambio de frente de la política económica implica la salida del
forjador del Indek, uno de los reclamos principales de los 'lobbys'
financieros, agrarios e industriales. Una salida del López Rega
comercial del kirchnerismo implicaría, como en el caso de Isabelita,
un estallido formal de todas las contradicciones y la suerte terminal
del gobierno. Nos encontramos en las vísperas de lo que puede llegar a
ser 'la madre de todos los conflictos', el que se anuncia entre los
metalúrgicos, por un lado, y Adimra y Techint – que rechazan cualquier
aumento salarial– por el otro.

Solanas

En este cuadro, ¿la votación por Solanas representa una reacción
contra la tentativa del capital de reencauzar la crisis en sus propios
términos, o forma parte del mismo escenario? No se trata, como se ve,
de la 'ideología' de Proyecto Sur, cualquiera sea ella, sino de su
lugar en la crisis política que ha abierto la elección del domingo.

Aunque Proyecto Sur se define como "una construcción política" se
trata, en realidad, de un armado improvisado – que ha estado
negociando, hasta las vísperas de la convocatoria electoral, con
Ibarra, Sabbatella y Luis Juez, entre otros tantos. Expresa una
división, la que existe en la CTA entre sus dos fracciones
burocráticas. Ha hecho una gran votación gracias al derrumbe de sus
viejos aliados, Ibarra, Heller y Carrió; incluso capitalizó el
retroceso del macrismo. No solamente no ha hecho ninguna crítica o
caracterización del cambio de frente de la burguesía frente al
gobierno, sino que sus principales voceros (Lozano) estuvieron
alineados con la Mesa de Enlace –vía Federación Agraria, que integra
también la CTA. Lozano caracterizó, el año pasado, que la única
burguesía auténticamente nacional era la agraria. Estas
características lo ubican como parte de la reacción capitalista a la
crisis y como parte del cambio de frente de la burguesía argentina. Su
campaña estuvo poblada de promesas de votar todo lo que entendiera
como positivo, sea del gobierno como de la oposición.

Lo más interesante de todo son, sin embargo, las declaraciones de
Solanas después de los comicios, cuando exigió "como muestras de
cambio" las renuncias de Jaime, De Vido y Moreno, y la "normalización
del Indec" (La Nación, 1/7) –o sea, precisamente, el eje de los
reclamos de las patronales nativas. Como él mismo se encargó de
destacarlo, quiere esa 'normalización' para que "los empresarios
definan sus inversiones" (palabra por palabra, las mismas razones de
los 'empresarios'). Aunque en un orden secundario, también pidió "la
prohibición de los despidos por 180 días", limitó la exigencia a "las
grandes empresas", cuando seguramente sabe que la legión de despidos
se encuentra en las otras. Las 'grandes' se hallan beneficiadas por un
régimen de suspensiones financiadas con subsidios oficiales, al que
Solanas no hace ninguna alusión; tampoco alude al acuerdo que se
perfila oficial y semi-oficialmente con el FMI. Por sus planteos y su
función política en el desarrollo de la presente crisis, Proyecto Sur
se ubica como el ala izquierda del cambio de frente de la burguesía.

Perspectivas

El derrumbe del kirchnerismo no es un fenómeno local, aunque tiene
particularidades intransferibles, por ejemplo su incapacidad para
movilizar a las masas o su mayor dependencia de la burguesía local
–cuando se lo compara con Correa, Chávez y Evo Morales. El impasse
económico es incluso más agudo en Venezuela, por ejemplo, a pesar de
los recursos petroleros. El condicionamiento general de todos ellos es
la bancarrota capitalista mundial. En todos los casos mencionados, la
oposición a los gobiernos nacionalistas la conduce la oposición de
derecha, no la izquierda, o sea que el proletariado no ha conquistado
una posición independiente. Pero, igualmente esa derecha enfrenta una
tarea extremadamente conflictiva, debido a las condiciones de conjunto
de la crisis y el grado de desarrollo de las luchas populares. Esto
explica la falta de apuro de la burguesía para acabar con el gobierno
de los K; un tercer "voto no positivo" hará saltar todas las
contradicciones sociales acumuladas. En cualquier caso, está claro que
el programa del alineamiento político que triunfó el 28 de junio
conduce a una acentuación de la lucha de clases. Por eso, lo más
importante, a la hora de un balance de las fuerzas revolucionarias, es
establecer el progreso que han tenido entre los sectores más activos
de las masas como consecuencia de su agitación electoral.

Para nosotros, el voto ha sido positivo.
Jorge Altamira



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