[R-P] La metamorfosis de Mel.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Jul 3 09:36:15 MDT 2009


EL MUNDO › MANUEL ZELAYA, EL LIBERAL QUE SE ACERCO A LOS POBRES
La metamorfosis de Mel

El presidente legítimo de Honduras llegó al poder en 2006 como un
candidato conservador. Luego se alió con Hugo Chávez, se unió al ALBA
y ajustó el salario mínimo a la canasta básica. Y promulgó una ley de
protección forestal.

  	

 Por María Laura Carpineta

Manuel Zelaya no suele citar al Che Guevara o a Simón Bolívar,
prefiere invocar a Dios y al prócer de su país Francisco Morazán.
Orgulloso de sus raíces, el presidente legítimo de Honduras, que fue
derrocado por un golpe de Estado militar el domingo pasado, nunca
abandonó su imagen de terrateniente. Sombrero de vaquero, camisa
informal, botas tejanas y un bigote tupido, que apenas cubre una
sonrisa descontracturada, amigable. Nunca fue un gran orador, pero su
calidez y su imagen de hombre de familia honesto lo acercó a las
organizaciones sociales y a los más pobres. “Con Mel por primera vez
un presidente se sentó a hablar con nosotros y nos explicó por qué no
podía hacer todo lo que le pedíamos”, recordó ayer Juan Barahona, un
dirigente de Bloque Popular, una de las organizaciones que acompañó a
Zelaya hasta el último día y que desde el golpe demanda su vuelta en
la calle.

Tanto sus aliados como los que lo sacaron del poder en pijama y a
punta de ametralladoras en la madrugada del domingo coinciden en que
Zelaya no es un hombre fácil de descifrar. Ricardo Martínez, su
ministro de Turismo, lo conoce desde que eran chicos. “Somos primos
lejanos, pero nuestras familias eran muy unidas”, contó a este diario
desde la clandestinidad. Para Martínez el mandatario hondureño es la
combinación perfecta entre su padre, uno de los empresarios madereros
más importantes del país centroamericano, y su madre, una maestra de
escuela primaria. “De su padre aprendió a moverse en el mundo de los
negocios, a entender cómo hacer dinero y cómo repartirlo; de su madre
heredó la costumbre de pensar la realidad, cuestionarla”, aseguró
Martínez.

De chicos, continuó el ministro, estudiaron en el colegio salesiano de
San Miguel, en el departamento maderero de Olancho. Corrían los años
’70 y los sacerdotes enseñaban las ideas de los franceses Voltaire y
Rousseau, y de los teólogos latinoamericanos de la liberación. “En
aquellos años, Mel era el poeta y político de la familia”, recordó.

Su afición por los libros y la filosofía política, no obstante, no
pudo con el mandato familiar. Zelaya entró a la universidad para
estudiar Ingeniería Civil, pero según reconoció en varias entrevistas
durante la campaña presidencial de 2005, se aburrió y largó los
estudios. Volvió a su casa paterna y se hizo cargo del negocio
familiar. Era un digno hijo de la oligarquía hondureña. Fue presidente
de la Asociación de Industriales de la Madera, miembro del máximo
órgano empresarial del país, el Consejo Hondureño de la Empresa
Privada, y se afilió al Partido Liberal, uno de los partidos
tradicionales conservadores.

Hace cinco años se animó a dar el salto. A pesar de ser casi un
desconocido para la mayoría de los hondureños, el empresario maderero
presentó su candidatura a presidente para las internas del Partido
Liberal. Su rival, una dirigente del establishment sin apoyo popular,
no tenía chances frente al resto de los candidatos y casi a desgano la
cúpula partidaria le dio su apoyo.

La campaña fue como la de cualquier candidato conservador, aunque con
un énfasis un poco más marcado en la lucha contra la pobreza. Sin
embargo, los dos enemigos a derrotar eran la inseguridad producto de
la violencia de los maras –bandas criminales de jóvenes
centroamericanos– y la corrupción endémica en el Estado hondureño. Lo
único que prometía un cambio era su slogan: “Urge el cambio, urge
Mel”.

“Los primeros dos años de su gobierno no hubo señales de cambio; era
otro presidente de la oligarquía”, hizo memoria Barahona. En aquellos
años el campo popular estaba en pie de guerra contra el poder. La
organización de Barahona, Bloque Popular, y las coordinadoras
indígenas y campesinas cortaban las rutas e inundaban las calles de la
capital semana de por medio en repudio del Tratado de Libre Comercio
que el gobierno anterior había firmado con Estados Unidos y que entró
en vigor junto con el inicio del mandato de Zelaya. También reclamaban
leyes para limitar a las multinacionales mineras y petroleras, frenar
la deforestación y empezar un proceso de redistribución de la riqueza
nacional.

Barahona no recuerda exactamente cuándo el presidente hizo click, pero
fue en los primeros meses de 2008. “Honestamente no sé qué pasó, pero
el presidente sufrió una metamorfosis”, dijo, después de pensarlo unos
segundos. Ese año se sumó al proyecto energético de Hugo Chávez,
Petrocaribe y más tarde al ALBA. Abrió a licitación las compras
gubernamentales de combustibles, arruinándole el negocio a Esso, Shell
y Texaco; ajustó el salario mínimo a la canasta básica, una medida sin
precedentes en el país; promulgó un ley de protección forestal, a
pesar de su pasado de magnate maderero; y le pidió disculpas
públicamente a Fidel Castro en nombre del Estado hondureño por haber
prestado su territorio en los años ’80 como base para la lucha
antiguerrillera de Estados Unidos. Zelaya no es un revolucionario,
pero intentó cambiar la historia de su país. “Fue mucho mejor que
todos los presidentes que se presentaron como hombres del pueblo”,
aseguró Barahona.


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