[R-P] el virus del miedo

Fernando Morón fermoron en gmail.com
Mie Jul 1 17:45:16 MDT 2009


Opinión
El virus del miedo
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Por Mónica Müller *

El virus A H1N1 nos ha trasladado desde el siglo XXI, con su cándida
confianza en una ciencia todopoderosa, a la Edad Media, cuando la
humanidad se sabía inerme frente al misterio de las enfermedades.

Las epidemias tienen efectos tan contagiosos y dramáticos sobre la
mente como sobre el cuerpo. El temor arcaico que producen hace
reaccionar a las personas y a las sociedades como chicos asustados. El
pensamiento mágico reemplaza a la razón y todos confiamos en el
milagro que llegará por vía de los mayores, de los médicos, de los
dioses o de las autoridades, que simbolizan lo mismo. Cuando la
enfermedad se disemina y la muerte golpea, aparece primero la
incredulidad y enseguida el reclamo iracundo a los que creíamos
nuestros protectores omnipotentes.

Frente a la calamidad, simplificar y generalizar siempre es
tranquilizante: concentra lo malo en un solo objeto para que todo lo
restante pase a formar parte del universo de lo bueno. Por eso, las
sociedades infantilizadas por el miedo tienen la urgencia de señalar a
un culpable. Y el culpable siempre es el que piensa distinto, el
diferente, el extranjero o el adversario.

Cuando en agosto de 1918 un nuevo virus de gripe comenzó a diseminarse
por los Estados Unidos matando en pocos días a un enorme número de
jóvenes sanos, la sociedad norteamericana señaló enseguida a los
culpables. Muchas personas dijeron haber visto una nube de humo negro
y viscoso cargado de microbios saliendo por la chimenea de un barco de
bandera alemana amarrado en el puerto de Boston. Otros vieron emerger
de la torreta de un submarino alemán varios hombres con tubos de
ensayo en la mano, que amparados en la oscuridad esparcieron el germen
en lugares públicos de la ciudad. Pero los periodistas mejor
informados hacían recaer la sospecha sobre la firma alemana Bayer.
Afirmaban –y la gente lo creía– que el laboratorio había contaminado
con el germen las tabletas de aspirina para eliminar a toda la
población de los Estados Unidos. Recién en 1997 se pudo identificar al
verdadero responsable: un virus A (H1N1), de estructura molecular,
composición y comportamiento hasta ahora idéntico al de la pandemia
actual.

En 1918 la manipulación genética era un tópico que no aparecía ni en
la ficción científica de Julio Verne. Aquel virus fue resultado de la
recombinación azarosa de uno aviar, uno porcino y uno humano,
accidente biológico que se repite cíclicamente a causa del método
tradicional de cría de aves y chanchos que se aplica en muchos lugares
del mundo. No hay indicios de que el origen del virus actual sea
diferente.

Hipótesis conspirativas de cabotaje que abarrotaron las casillas de
entrada del correo electrónico desde el principio de esta epidemia
aseguraban primero que el tal virus no existía y que el divulgador de
la alarmante noticia era Donald Rumsfeld, accionista principal del
laboratorio que elabora el fármaco oseltamivir (Tamiflu), de relativa
efectividad si se lo toma al inicio de la infección. Durante las
primeras semanas, respetados especialistas argentinos minimizaron la
gravedad potencial de la epidemia señalando que el virus no era más
mortal que el de la gripe común. Ese dato todavía es incierto pero, en
todo caso, una enfermedad capaz de contagiar a un tercio de la
humanidad puede llevar a la tumba a varios millones de personas en
pocas semanas aunque su mortalidad sea baja. En paralelo con la curva
ascendente de casos y muertes confirmados en México, la versión
conspirativa cambió por “la creación de un nuevo virus en laboratorio,
como fue la del VIH, con el objetivo de devastar a la población
mundial”. Un correo reciente da detalles más precisos sobre los
diseñadores del virus y sus designios: “Un grupo que opera en los
EE.UU. bajo la dirección de los banqueros internacionales que
controlan la Reserva Federal, así como la OMS, la ONU y la OTAN” con
el objetivo de “exterminar a la población de los Estados Unidos
mediante la vacuna contra el mismo virus”. En términos económicos
parece una estrategia indigna de personajes tan inteligentes e
inclinados al mal: no hace falta ser banquero para saber que si no hay
personas se acaban los negocios.

Por cierto que la industria farmacéutica es capaz de poner en riesgo a
toda la humanidad en su carrera frenética por la competencia y los
beneficios económicos y que los gobiernos de Estados Unidos han
recurrido más de una vez a armas biológicas para dirimir cuestiones
políticas, pero hasta ahora los virus han demostrado ser más elusivos,
inteligentes y malignos que la Big Pharma, los alemanes en 1918 y
hasta que los funcionarios del gobierno de Bush.

Pese a la dinámica cíclica que desde hace por lo menos cinco años
hacía previsible la pandemia actual, los medios nacionales despliegan
hipótesis persecutorias tan disparatadas que si no fuera por el
contexto en que se publican deberían merecer la atención de
especialistas en psicosis paranoides. Hemos oído decir que el gobierno
nacional debería haber hecho algo más para evitar la rápida
diseminación del virus y, al mismo tiempo, que exagera la gravedad de
la epidemia con fines políticos. Hemos leído que por esos mismos
intereses se hace todo lo contrario: que se difunden cifras de casos y
de muertes menores a las reales y que la verdadera magnitud de la
situación se oculta por alguna razón de conveniencia política. Sin
embargo, un mínimo esfuerzo por informarse con objetividad permite
saber que las autoridades sanitarias argentinas siguieron desde el
principio las directivas de la Organización Mundial de la Salud en
cuanto a control, detección de casos y mitigación de la epidemia. La
única medida tomada en contra de las indicaciones de la OMS fue la
cancelación de los vuelos a México en el intento de retrasar el inicio
de la epidemia en el país, lo cual no fue una omisión sino un exceso
de cuidado. Los registros estadísticos nacionales surgen de las normas
internacionales que contabilizan como positivos sólo los casos
confirmados por laboratorio. Por eso no sólo acá sino en todo el mundo
las cifras oficiales son inferiores o están retrasadas con respecto a
las verdaderas.

Otra regla epidemiológica internacional indica que los hisopados para
detectar el virus sólo se hacen de rutina a la primera o dos primeras
centenas de enfermos. Después, se reservan para aquellos enfermos que
presentan una presunta complicación por el virus. También responde a
un consejo de la OMS la venta controlada de antivirales por parte del
Estado. Todas estas disposiciones responden a razones indiscutibles y
claras de orden médico y en la Argentina se las ha respetado hasta hoy
rigurosamente. Sin embargo, con absoluta indiferencia por la verdad,
los medios han presentado cada una de esas medidas como maniobras
eleccionarias, como hechos delictivos o como torpezas en el mejor de
los casos. No es extraño que los políticos y los periodistas, que
sobre microbiología lo desconocen todo, aventuren cualquier origen y
cualquier desenlace para esta epidemia y traten de capitalizarla para
confirmar sus intereses o sus ideas. Tampoco es raro que la gente
asustada espere de las autoridades el milagro de aislar al país de la
pandemia, de detener el aumento de casos o disminuir la mortalidad del
virus. Pero los médicos, una vez aprobada la materia Microbiología,
deberíamos conocer la lógica viral, que se caracteriza por eludir casi
toda estrategia terapéutica conocida. Y en los momentos en que la
sociedad nos necesita con urgencia tenemos la responsabilidad de
desactivar nuestros propios dogmas y nuestra propia imaginación para
poder razonar con objetividad y calma.

La deuda de las autoridades en materia de salud, alimentación,
educación y vivienda, que afecta a muchos millones de argentinos, son
responsabilidades históricas bastante graves sin necesidad de sumarles
cargos falsos creados por el oportunismo o por el miedo.

Frente a esta amenaza que recién está empezando a mostrar su capacidad
destructiva, es más útil volver la mirada al microscopio que buscar un
culpable de fantasía. Los médicos tenemos derecho a tener miedo, pero
también tenemos la obligación de tratar de entender cuál es el
verdadero enemigo que tenemos enfrente.

* Médica clínica.

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El 01/07/09, jorge tribo <jorgetribo en yahoo.com.ar> escribió:
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
>
>
>
> Estimados y estimadas,
>
> Dicen que los militares golpistas están reclutando a la fuerza a los hijos
> de los campesinos.
>
> Que brillante oportunidad, para que los jóvenes se ofrezcan como
> "voluntarios", reciban entrenamiento, se la aguanten y cuando tengan un
> fusil en la calle, o en la ruta, tiren para el otro lado y defiendan a su
> pueblo.
>
> También los padres que sepan que a otros padres le reclutaron a sus hijos,
> que se reunan y los organicen en logias (a sus hijos reclutados) para irse
> con el armamento para el lado del pueblo
>
>
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