[R-P] Letonia y la Argentina:vidas paralelas.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Jul 1 09:57:30 MDT 2009


[El artículo hace un parangón entre la Letonia actual y la Argentina
de la convertibilidad.Pero podría extenderse la idea del "suicidio"
económico a toda Europa del Este.Son las consecuencias de la
restauración capitalista.El "socialismo real" fue negativo, pero al
lado de lo que vino después, era el "paraíso": por lo menos se comía,
se educaba, tenían sus habitantes salud gratis,etc.,etc.]


LA PRENSA.
Letonia se suicida a la argentina
28.06.2009 | El país báltico, engrillado por un tipo de cambio fijo,
es el que más sufre la crisis global.
Por Guillermo Belcore

Hace siete años, quien esto escribe tuvo oportunidad de conocer el
corazón de la Unión Europea, es decir la ciudad de Bruselas.

La Argentina estaba en plena convulsión económica. Nueve de cada diez
funcionarios de la UE que entrevistamos sostenían que la causa
primordial de nuestra debacle era la obcecada paridad entre el peso y
el dólar. Se juzgaba la convertibilidad como una lenta y dolorosa
agonía. Puede que tuviesen razón o puede que no. Lo cierto es que
Europa occidental aconseja hoy a un diminuto país báltico que, a un
paso de la bancarrota, resista con dientes apretados la tentación de
abandonar una rígida paridad cambiaria que le ha traído una burbuja de
prosperidad y ahora una derrumbe sin precedentes en épocas de paz.
Letonia es, por así decirlo, la Argentina del siglo XXI.

AUGE Y CAIDA

Letonia ocupa el extremo este de la llanura septentrional europea. Sus
gentes, a lo largo de la historia, han sido súbditos desdichados de
polacos, alemanes, suecos y rusos. En Riga, la capital, nacieron
Serguei Eisenstein, Mijail Baryshnikov e Isaiah Berlin. Cuando colapsó
la Unión Soviética, el país obtuvo la anhelada independencia.

La reconstrucción estuvo plagada de obstáculos. El treinta por ciento
de sus 2,3 millones de habitantes son rusófonos. Inspirados en Ronald
Reagan y Margaret Thatcher, sus líderes aplicaron una variante pura y
dura de una filosofía que hoy no cosecha más que maldiciones y
anatemas en medio planeta. Impuestos bajos pues no había un estado de
bienestar que sostener (un flat tax que cayó del 33 al 24%), apertura
comercial y financiera, desregulación a conciencia, todo el recetario
del neoliberalismo. Entró a raudales la inversión extranjera y
anidaron a sus anchas los capitales golondrina.

El Cato Institute ubicó al país en el selecto equipo del big bang de
la liberalización económica, junto a Polonia, la República Checa y los
otros dos países bálticos. En 2004, Letonia ingresó a la Unión Europea
y a la OTAN. Fue la cereza en el postre. Todos felices en Riga y en
Bruselas. El oso ruso observaba ceñudo.

PARANGONES

La pieza maestra del modelo letón fue un tipo de cambio fijo: en este
caso se amarró al euro la moneda local. Por eso se trazan parangones
con la Argentina. Se calcula que el lat acumula hoy una sobrevaluación
de entre el 30 y el 50 por ciento. Lo que en su momento fue un ancla
de estabilidad, cuando viró el ciclo económico se convirtió en un
pesado lastre.

Así la descomunal fuga de capitales que generó la crisis de las
hipotecas basura ha lastomado a Letonia más que a cualquier otro país
en el mundo. Reventaron varias burbujas en Riga. El precio de la
vivienda cayó un 50% desde el año pasado. En el primer trimestre de
2009, el PBI letón se desplomó un 18,6% anual. Para el total del año,
las previsiones más pesimistas cifran en un 30% el desplome de la
economía. Es decir, un tercio de la riqueza nacional se habrá
evaporado. Fitch calcula que los vencimientos de deuda externa para el
corriente año equivalen al 320% de sus reservas de divisas.

Como en la Argentina delarruista, la nación báltica se hunde en una
devastadora espiral deflacionaria. Las consecuencias para el hombre de
la calle son dramáticas. El salario promedio fue recortado de 700
dólares a 480, apenas por encima de la línea de subsistencia. El
Gobierno ha serruchado 20% los sueldos de los empleados públicos y 10%
las jubilaciones. También echó a un tercio de los maestros. ¿Son
idiotas?, se preguntaría cualquier observador sensato. ¿En plena
recesión quitan poder de compra a los consumidores? No, al igual que
José Luis Machinea en agosto de 2000 o Domingo Cavallo con la consigna
flamígera del déficit cero, las autoridades letonas tratan de
satisfacer las condiciones obscenas que les impone la comunidad
internacional para organizar un salvataje.

El Fondo Monetario Internacional, que supuestamente había adquirido
con Dominique Strauss-Kahn una suerte de rostro humano, exige a
Letonia más austeridad fiscal. Retorcer el presupuesto hasta que aúlle
de dolor. Es que el déficit público alcanzaría este año el 11,6%, el
doble de lo pactado con el FMI. No muy lejano, por cierto, del
desequilibrio fiscal de Estados Unidos, que tiene la fortuna de contar
con la máquina que emite dólares y con las mayores fuerzas armadas del
planeta.

Lo patético del caso es que Letonia se niega a devaluar y a declarar
una moratoria de la deuda externa. Justamente, lo que se vio forzada a
hacer la Argentina en su momento.

¿Por qué aceptan crucificarse en el altar del lat?, se preguntan los
diarios europeos. Por las mismas dos razones por las cuales la
Argentina se empeñó en morir con las botas puestas, abriéndole la
puerta al populismo del siglo XXI. Por un lado, buena parte de las
hipotecas y los contratos están nominados en euros o en francos suizos
y para la clase media letona -la más beneficiada por el modelo- una
maxidevaluación sería devastadora. En segundo término, porque así lo
ordenan desde el extranjero.

Anders Borg, el ministro de Finanzas sueco, advirtió en la reciente
cumbre de la UE en Luxemburgo que "la comunidad internacional estaría
complacida con una mayor responsabilidad fiscal por parte de Riga...
ahora necesitamos una fuerte credibilidad".

Históricamente, Suecia ha sido una potencia dominante en el Báltico.
Conservó la colonia de Livonia (en la actual Letonia y Lituania) hasta
comienzos del siglo XVIII cuando Pedro el Grande barrió a las huestes
de Carlos XII en la decisiva batalla de Poltava. Tomó la posta el
imperialismo ruso hasta la declaración de la independencia de fines
del siglo pasado, cuando los capitales occidentales recobraron su
influencia en Riga.

El novelista Stieg Larsson denuncia en una novela reciente que es en
los países bálticos donde los súbitos suecos aficionados a las
prostitutas obtienen su carne fresca (1). Pero en el tema que nos
concierne, la clave es que los bancos suecos se encuentran entre los
más expuestos ante una devaluación y cesación de pagos en Letonia.

Por otro lado, la Unión Europea y el FMI -reforzado en su papel de
Sumo Sacerdote por el Grupo de los 20- temen que se produzca un efecto
dominó en el este, donde la situación financiera es delicadísima. Es
decir, el colapso letón podría extenderse a Lituana, Estonia, Ucrania
y Hungría, por lo menos, lo que sería una catástrofe para las
maltrechas entidades financieras de Occidente (su exposición en la
región asciende a ¡1,6 billón de dólares!). Los memoriosos recordarán
que argumentos similares se esgrimían ocho años atrás. La caída de la
convertibilidad argentina tumbaría a Brasil, Uruguay, Chile y quién
sabe a que otro país.

¿EXCEPCIONALES?

Ambrose-Evans Pritchard acaba de escribir en el Daily Telegraph que,
contrariamente a la sabiduría convencional, la Argentina de los
noventa no fue un caso excepcional. Nuestros desequilibrios no eran
peores que los actuales de los países bálticos, los balcánicos, España
o Grecia. Y puede decirse que incluso eran menores. Con la devaluación
-aunque ejecutada a lo bruto por el duhaldismo- el peso recuperó su
punto de equilibrio y el país volvió a la senda del crecimiento. Todo
indica que Letonia debería hacer lo mismo y no sacrificar a su gente
por los consejos que esbirros de Lucifer susurran en la oreja de los
gobernantes: "Devalúa y declara el default, y perderás tu alma". Son
los mismos que se frotaban las manos cuando la burbuja letona se
hinchaba sin control. En Buenos Aires o en Riga, es el hombre de la
calle quien paga siempre los platos rotos.

1) La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.
Editorial Destino.



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