[R-P] El "análisis" de Beatriz Sarlo.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Jul 1 09:31:02 MDT 2009
Todos están apurados
La esfinge y sus metamorfosis
Beatriz Sarlo
Para LA NACION
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Miércoles 1 de julio de 2009 | Publicado en edición impresa
La esfinge y sus metamorfosis
Las peripecias serán variadas. Néstor Kirchner ha renunciado a la
jefatura del Partido Justicialista y comenzarán los trámites
sucesorios durante el interregno de Daniel Scioli. Ni siquiera es
posible saber si habrá sólo un PJ. Según las coyunturas, el peronismo
se transforma y bifurca de un modo asombroso. Por eso ha sido la gran
cuestión política argentina desde 1945, y no ha dejado ese lugar a
ninguna otra. Construyó una simbología con la que se identifican
millones todavía hoy (en la era de la quiebra de las identidades) y
sobrevivió gracias a esa persistencia y a sus inigualables
metamorfosis.
Kirchner, en el peor momento de su gobierno, pudo tocar otra vez la
roca madre del conurbano bonaerense, allí donde sería erróneo decretar
que sólo existe clientelismo, porque también perduran vetas de lealtad
política. Sin embargo, no alcanzó, y otros también pisaron esos
territorios. ¿Qué harán ahora los jefes peronistas? Ninguno lo quiere
hoy a Kirchner, pero de inmediato empezarán a no quererse entre sí,
hasta que se reconozca a uno de ellos el lugar de primum inter pares .
Carlos Reutemann aspira, el primero, a ese lugar.
En realidad, todos están apuradísimos. Paremos un poco.
En junio de 2007, en la primera vuelta por la elección de jefe de
gobierno, la ciudad de Buenos Aires también arrojó resultados
tripartitos: Macri-Michetti 45,6 por ciento; Filmus-Heller 23,7 y
Telerman-Olivera 20,7. Estos resultados indican que, con porcentajes
igualmente repartidos, el Pro acaba de perder 14 puntos. Macri puede
festejar, pero poco. Llevó a la figura más conocida de su espacio y
ganó con números mediocres. Tiene un problema hacia adelante: ¿a quién
va a dejar en Buenos Aires si pretende ser candidato a presidente en
2011? En la ciudad, al parecer, no se juntan votos con cualquiera que
sea telegénico. Por el contrario, el segundo puesto de Pino Solanas
indica que Buenos Aires tiene un electorado proclive a hacer opciones
ideológicas, aunque no necesariamente sean ganadoras.
Julio Cobos también se siente presidenciable y su ambición ha quedado
confirmada, porque la Alianza que sostiene Hermes Binner en Santa Fe
perdió por dos puntos.
El de Mendoza era un triunfo cantado en una elección que se mostraba
fácil (para recordar un poco el pasado: en 2005, la suma de votos de
la UCR y el ARI, que iban separados, fue allí más del 42 por ciento).
La de Santa Fe era una elección dificilísima. Si se habla de
presidenciales, en Santa Fe se enfrentaron dos potenciales candidatos.
Son cuestiones de suerte que, en política, es fundamental: Binner
debía dar el primer paso en una competencia presidencial bajo
condiciones más adversas que Cobos. Perdió por poco; hubiera podido
ganar y la discusión tendría otro protagonista.
Todos quisieron convertir las elecciones de Mendoza y Santa Fe en la
primera vuelta de una interna de la oposición donde terminarían
comparándose resultados en distritos diferentes que comenzaban desde
posiciones muy distintas: hace tres meses Cobos tenía las mismas
posibilidades de que su candidato ganara; en cambio, Binner debió
trabajar esos tres meses al lado de Rubén Giustiniani para alcanzar la
diferencia mínima que terminó, sin embargo, favoreciendo a Reutemann.
En Buenos Aires, Macri no pudo levantar a su candidata para que no
perdiera todos los puntos que la separan hoy de la victoria obtenida
por el Pro hace dos años; Binner sostuvo los votos de su candidato a
senador y casi gana en un distrito que es tres veces más grande que
Mendoza y donde enfrentaba la popularidad de Reutemann.
Cobos y Reutemann, ya anotados en las preliminares de la carrera
presidencial, son hombres cuya temperatura ideológica está dentro del
mismo rango: moderadísimos, discretos, taciturnos, desconfiados,
parsimoniosos. Los dos han gobernado sus provincias y obtuvieron un
reconocimiento grande. Lo que ambos ofrecen se ubica del centro a la
derecha. Después de la política caliente de Néstor Kirchner, viene una
época de hombres fríos. Sobre la pasión, el cálculo; sobre la
arbitrariedad, la idea de que hay que mantener cierto respeto. Ni
Cobos ni Reutemann pueden desencadenar grandes pasiones políticas.
Pero tampoco son hombres de buscar pasiones. Se adecuan a las
circunstancias módicas del presente.
Reutemann ahora quiere mostrar la resolución que misteriosamente no
tuvo en 2002, cuando Duhalde le ofreció su apoyo. Cobos está en otro
intríngulis. Quiere ser candidato a presidente y todavía no ha
renunciado a la vicepresidencia del gobierno encabezado por el partido
que seguramente deberá enfrentar, como lo acaba de hacer su candidato
en Mendoza.
Después de su famoso voto "no positivo", Cobos dijo que él estaba
dispuesto a cumplir su mandato hasta 2011. Ahora, el problema se le
viene encima: si se atiene a esa resolución (la de cumplir el mandato
para el que fue elegido), se moverá en la novedosa dualidad de
competir por encabezar la oposición a un gobierno del que forma parte.
La política puede dar lugar a figuras retóricas y arabescos
dialécticos. Quizás esto les importe mucho a quienes no desean a Cobos
como candidato y nada a quienes lo secunden. Los argentinos no son muy
formalistas, aunque, de vez en cuando, se lo reprochen.
Es cierto que las encuestas de Poliarquía y de Isonomía anticiparon la
victoria de Unión Pro sobre el Frente para la Victoria en la provincia
de Buenos Aires. Habría sido interesante que el foco puesto sobre esa
disputa binaria hubiera iluminado también el resultado de Margarita
Stolbizer. Los 21,50 puntos que alcanzó en la provincia de Buenos
Aires indican que no hubo allí una polarización tan nítida sino una
tripartición. Tampoco existieron los 14 hipotéticos puntos de
diferencia entre Michetti y Solanas en la ciudad porteña, sino menos
de la mitad.
Las encuestas son, como lo saben todos los cientistas sociales,
instrumentos útiles, pero más valiosos cuando miden el trazo fino.
Cualquier observador experimentado podía pensar que Kirchner ganaría o
perdería por dos puntos (el error técnico de un cálculo a ojo). Pero
se habría necesitado más precisión para anticipar el desempeño del
Acuerdo Cívico en la provincia de Buenos Aires o el descenso de Pro en
la ciudad.
Estas imprecisiones serían suficientes para no volver a proponer que
una interna se decida por encuestas. Además, la "interna por
encuestas" implica que una hipotética opinión pública reemplaza el
juego de partidos que, advertidos sobre la impopularidad de las
internas, en vez de trabajar para interesar a los votantes aceptan que
el pasado-presente (es decir la encuesta) sea preferible al futuro (es
decir el resultado de una interna después de una campaña). De
instrumento de conocimiento hipotético, las encuestas han pasado a ser
formas tecnológicas para-institucionales. Junto al marketing de imagen
son recursos técnicos que hay que subordinar si realmente se piensa
que la voluntad y la imaginación representan cualidades políticas que
dejan su marca porque, como lo demostraron los dirigentes innovadores
del siglo XX argentino, no se limitan a pasear un espejo ante sus
votantes.
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