[R-P] NOSOTROS por Juan Forn
eliana gabay
egabay62 en gmail.com
Mie Jul 1 07:35:33 MDT 2009
CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
Nosotros
Por Juan Forn
Es famoso el intercambio de palabras que tuvieron Nikita Kruschev,
líder supremo de la URSS, y Chou-en-Lai, mano derecha de Mao, cuando
se vieron por primera vez las caras. Kruschev, que era hijo de
campesinos pobres, inició la conversación diciendo: “Me temo que usted
y yo tenemos pocas cosas en común”. Chou, hijo y nieto de mandarines,
lo corrigió con delicadeza: “Algo tenemos en común. Los dos somos
traidores a nuestra clase”.
Hay un momento básico en la construcción de la propia identidad en el
que uno siente que, de todas las maneras de equivocarse que tiene a su
disposición, ninguna es peor que aceptar la idea de la vida que tienen
nuestros padres, o los mayores a secas. Es un momento fulminante: el
instante en que se descubre con terror y alborozo que uno es capaz de
caminar solo, por vacilantes que sean los pasos que dé. Es una
sensación inolvidable. Es algo que pienso invariablemente cuando
escucho hablar a Macri, a De Narváez, a Prat Gay: que, a diferencia de
las personas normales, el núcleo duro de la identidad de estos tipos,
la piedra basal de su personalidad, es lo que les inyectaron por
ósmosis desde la cuna, lo que les dijeron que eran. Esa herencia, esa
certeza, es no sólo su principal capital político sino también su
único signo de identidad.
Cuando comenzaron a darse los primeros números el domingo a la tarde,
apareció por tele el ganadero Hugo Biolcati diciendo: “Nosotros
tenemos nuestros propios cómputos y nos guiamos por ellos”. Sospecho
que todos los partidos tenían sus propios números, y me parece de lo
más lícito que los tengan, pero ese “nosotros” de Biolcati tenía la
inequívoca, mayestática sonoridad que se inyecta a fuego desde la cuna
a los nacidos “en buena cuna”. Confesión de parte: fui al mismo
colegio que Macri, Prat Gay y De Narváez. Los conozco de cuando éramos
chicos. Debería decir que los desconozco porque en realidad no sé nada
de ellos, no tuve y no creo que vaya a tener trato con ellos (no me
los imagino en Villa Gesell). Sin embargo, cada vez que los escucho
hablar me recorre la espalda un escalofrío de familiaridad y siento:
yo los conozco a estos tipos, los conozco de adentro.
Por supuesto, no hace falta haber ido al colegio con De Narváez, Prat
Gay y Macri para saber que la idea de país que tienen se subordina a
sus intereses, a ese “nosotros” enunciado por Biolcati. Detrás de ese
“nosotros” están, por supuesto, el campo y los bancos, el polo y el
rugby, la Iglesia y los countries. Pero lo que a mí me salta más
nítidamente a la vista cada vez que escucho hablar a De Narváez, a
Macri, a Biolcati, a Prat Gay, es su cobardía más íntima: que nunca,
nunca, se hayan atrevido a pensar nada por sí solos, que hayan
esquivado todas las oportunidades que les salieron al paso para
construir su identidad con sus propias palabras, que sean incapaces de
ver en la palabra “nosotros” otra cosa que un atávico mecanismo
reflejo que les permite identificar al instante quién es como ellos y
quién no.
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