[R-P] Palestina por Rodolfo Walsh, con prologito mío para citar la fuente (1)
Abulafia
abulafia en arnet.com.ar
Dom Ene 18 11:01:37 MST 2009
La Compañera y amiga Bibiana Apolonia del Brutto, ha enviado a la lista
rhla - estas crónicas obtenidas en el terreno por Rodolfo Walsh en 1974
Solamente quiero agregar --luego del Mensaje de Néstor Gorojowsky-- que la
Lic. Del Brutto se fue de nuestra lista hace ya varios años, luego de sufrir
el acoso brutal, inoportuno y cobarde del titiritero, nacionalista de
plastilina. Cuanto daño hace ese meapilas. No debe creer en el infierno. Si
cree y daña tanto, su propia vida debe ser una tortura.
Lástima que Kafka no haya conocido semejante acatanca.*
*Acatanca es el nombre quechua de los "escarabajos peloteros". Esos que
hacen grandes bolas de bosta, las enganchan con las uñas de las partas
traseras y andando, las llevan rodando hasta un punto cuya ubicación está
programada en su módico cerebro. Allí entierran la bola de aca y ponen sus
huevos. Nacen las crías y se alimentan del aca provista por su progenitor.
¿Se parecen, no?
Outa
Va en cinco partes
PARTE 1
Publicado en prensa en 1974.
LA REVOLUCIÓN PALESTINA
Periodista argentino Rodolfo. J. Walsh efectuó en el curso de los ultimos
meses un viaje al Medio Oriente, especialmente enviado en misión informativa
desde Buenos Aires. Además de informar exhaustivamente sobre los
encarnizados enfrentamientos entre Siria e Israel que precedieron al cese
del fuego y a las conversaciones en Ginebra, caló muy hondo en el problema y
llegó a sus raíces mismas al exponer las causas de la tragedia palestina. Su
penetrante análisis, escrito puede decirse en medio de la metralla, dio
origen a la serie de notas que bajo el título común: "LA REVOLUCIÓN
PALESTINA" publicó sus notas entre el 13 y el 19 de junio de este año.
Seguros de que se trata de un material evaluable como documento histórico
fidedigno, lo reproducimos íntegramente en estas páginas.1. Tres millones de
palestinos despojados de su patria cuestionan todo arreglo de paz en Medio
OrienteEl periodista Rodolfo Walsh estaba en Beirut el 15 de mayo cuando un
comando palestino golpeó en Maalot. Caminó al día siguiente entre las ruinas
de las aldeas libanesas bombardeadas por la aviación israelí. Entrevistó a
los principales dirigentes de la Resistencia Palestina; antes había pulsado
el sentimiento dominante en El Cairo, Damasco, Argel. En su opinión, los
acuerdos tramitados por Kissinger no sellarán la paz en Medio Oriente. La
explicación está en el pueblo palestino expulsado de su tierra y en la marea
revolucionaria que sacude a ese pueblo. Así entró en materia:-
¿Cómo te llamas?-Zaki.-
¿Qué edad tenés?.-Siete.-
¿Vive tu padre?.-Murió.-
¿Qué era tu padre?.-Fedaí.-¿
Qué vas a ser cuando seas grande?.-Fedaí.
El chico rubio de cabeza rapada y uniforme a rayas que da estas respuestas
en una escuela de huérfanos al sur de Beirut, Líbano, resume la mejor
alternativa, que tras 26 años de frustración resta a tres millones de
palestinos despojados de su patria: convertirse en fedayines, combatientes
de la Revolución Palestina.
"¿Palestinos? No sé lo que es eso", declaró en una oportunidad la ex primer
ministro de Israel Golda Meir.
Se conoce la eficacia ilusoria del argumento, utilizado en Argelia, Vietnam,
colonias portuguesas, para negar la existencia de sus movimientos de
liberación.
Muyaidín? Connait pas. Liberation Front? Never heard ofit.
FRELIMO? Nao conhece.
El enemigo no existe y todo está en orden. Cada una de estas negativas ha
hecho correr un río de sangre pero no ha detenido la historia. Desde hace un
cuarto de siglo la política oficial del Estado de Israel consiste en simular
que los palestinos son jordanos, egipcios, sirios o libaneses que se han
vuelto locos y dicen que son palestinos, pero además pretenden volver a las
tierras de las que se fueron "voluntariamente" en 1948, o que les fueron
quitadas no tan voluntariamente en las guerras de 1956 y 1967. Como no
pueden, se vuelcan al terrorismo. Son en definitiva, "terroristas árabes".
Es inútil que en el Medio Oriente estos argumentos hayan sido desmantelados,
reducidos a su última inconsecuencia. Israel es Occidente y en Occidente la
mentira circula como verdad hasta el día en que se vuelve militarmente
insostenible.
La hoja 1974 de esta historia no ha sido todavía doblada y ya tiene varios
renglones sangrientos: Keriat Shmonet, Kfair, Maalot, Nabatyé. Es difícil
entenderla si se ignoran las hojas 1967, 1948, 1917, y aun las anteriores,
incluso las que se salen de la historia y se hunden en la literatura
religiosa.
En el principio fue...Primero -dicen- fueron los canaanitas y después fueron
los hebreos. Faltaban mil años para que naciera Cristo cuando Saúl fundó su
reino, que después se partió en dos. Hace casi 2700 años el reino de Israel
fue abatido por los asirios. Hace 2560 años el reino de Judá fue liquidado
por los babilonios, y en el año 70 de nuestra era los romanos arrasaron
Jerusalén.
Estos son los precedentes históricos del Estado de Israel, sus títulos de
propiedad sobre Palestina. El Sha de Irán podría alegar títulos análogos
fundado en la invasión persa del siglo VI antes de Cristo, la Junta Militar
griega podría recordar que Alejandro ocupó Palestina el año 331, Paulo VI
acordarse de que en el año 1099 los cruzados católicos fundaron el Reino de
Jerusalén.
Los propios historiadores han señalado burlonamente que los canaanitas que
ocuparon Palestina antes que los hebreos venían de la península arábiga y
eran, en consecuencia, "árabes".
Con la destrucción de Jerusalén -dicen- empezó la diáspora judía, la
dispersión. Desde entonces, según la leyenda moderna, el judío anduvo
errante por el mundo esperando el momento de volver a Palestina. ¿Cuántos
volvieron realmente? Historiadores ingleses afirman que en el siglo XVI
vivían en Palestina menos de 4.000 judíos, en el siglo XVIII, 5.000, y a
mediados del siglo pasado, 10.000. Es recién a fines de ese siglo cuando
algunos judíos comienzan a plantearse el retorno masivo, y cuando ese
retorno asume una forma política y una ideología: el sionismo.
¿Por qué?Un fruto tardío del capitalismoUna respuesta posible a esa pregunta
surgió del campo de concentración nazi de Auschwitz. La escribió en 1944, su
último año de vida, un judío marxista de 26 años, Abraham León:
"El sionismo, que pretende extraer su origen de un pasado dos veces
milenario es en realidad el producto de la última fase del capitalismo".
En esa fase todos los nacionalismos europeos han construido sus estados y no
necesitan ya de la burguesía judía que ayudó a construirlos, pero que ahora
es un competidor molesto para el capitalismo nativo.
"Repentinamente" surge en esos países el chovinismo antisemita, y se
convierten en extranjeros indeseables judíos integrados durante siglos a la
vida de los mismos, que, como dice León, "tenían tan poco interés en volver
a Palestina como el millonario norteamericano de hoy".
Las persecuciones del siglo XIX afectan más a la clase media judía que a la
clase alta, cuyos representantes notorios iban a lograr una nueva
integración a nivel del capital financiero internacional. Aquellos judíos
europeos perseguidos que descubrieron en el capitalismo la verdadera causa
de sus males se integraron en los movimientos revolucionarios de sus países
reales.
El sionismo evidentemente no lo hizo y se configuró como ideología de la
pequeña burguesía, alentada sin embargo por aquellos banqueros que -como los
Rotschild- veían venir la ola y querían que sus "hermanos" se fueran lo más
lejos posible. A fines del siglo pasado esa ideología encontró su profeta en
un periodista de Budapest, Teodoro Herzl, su programa en las resoluciones
del Congreso de Basilea de 1897 y su herramienta en la Organización Mundial
Sionista.
En el Congreso de Basilea el sionismo abandonó sus primeras fantasías
consistentes en un refugio para los perseguidos en cualquier lugar del
mundo -se habló de Uganda, se establecieron colonias judías en Entre Ríos-
para designar a Palestina como la patria natural del judaísmo. El retorno a
Palestina tropezaba sin embargo con el inconveniente de que el país estaba
ocupado por una población -700.000 habitantes- que desde la conquista
islámica del siglo VII era árabe.
Los fundadores del sionismo negaron el problema. En 1898 Herzl hizo un viaje
a Palestina y preparó un informe donde la palabra árabe no figuraba.
Palestina era una tierra sin pueblo adonde debía ir el pueblo sin tierra. El
palestino se convirtió en "el hombre invisible" del Medio Oriente. Algunos
alcanzaron sin embargo a descubrirlo. El escritor francés Max Nordau vio un
día a Herzl y le dijo asombrado: "Pero en Palestina hay árabes" y agregó:
"Vamos a cometer una injusticia".
2. En medio siglo el sionismo reemplazó la población árabe de Palestina por
inmigrantes europeos "Palestina es mi país" dice Ihsan.
"Nunca estuve en Palestina ", dice, "pero algún día volveré porque nuestros
comandos están peleando para que volvamos ".
"Mi padre murió en Abar el Djelili" dice Naifa. "La muerte de mi padre no me
duele porque murió por nosotros. " "Mi padre se llamaba Salah " dice Randa.
"Estaba peleando y murió."
Ninguno de los cuatrocientos ochenta huérfanos de la escuela de Suq el Garb,
al sur de Beirut, había visto Palestina si no era a través de los ojos del
padre muerto. En el aula las muchachas se levantaron para saludar al
visitante que venía de tan lejos. En el pizarrón había una inscripción en
árabe. Pregunté qué decía.
Decía: "Historia Palestina ".
La idea del Estado Judío surgió a fines del siglo pasado, como el último
proyecto de un estado europeo cuando ya no existía en Europa lugar para un
nuevo estado. Ese estado debía en consecuencia instalarse fuera de Europa y
el lugar elegido resultó Oriente. La contradicción fue "resuelta" a partir
de la ideología -el sionismo- y la ideología se alimentó en el mito bíblico
y en la simulación de que Palestina estaba deshabitada.
Históricamente, estas construcciones mentales producen víctimas. En 1900
había en Palestina 700.000 árabes y 30.000 judíos. Si en 1974 hay tres
millones de israelíes y 350.000 árabes, no hace falta preguntarse dónde
están las víctimas: están afuera de Palestina, expulsadas de su patria.
Conviene recordar -porque es la cuestión de fondo- cómo se produce ese
trasvasamiento sin precedentes en que la población de un país es reemplazada
por otra. Los primeros inmigrantes no provocaron la desconfianza de los
árabes. En 1883 los habitantes de Sarafand recibieron a los colonos que
llegaban con estas palabras:
"Desde tiempo inmemorial somos hermanos de nuestros vecinos, los hijos de
Israel, y viviremos con ellos como hermanos".
Ocho años después, sin embargo, los notables de Jerusalén pidieron al
imperio otomano, que gobernaba Palestina, que prohibiera la inmigración
judía, y en 1898 los árabes de Trasjordania expulsaron violentamente una
colonia judía. A pesar de prohibiciones oficiales la inmigración continuó,
aprovechando la corrupción de funcionarios turcos y de terratenientes árabes
ausentistas que vendían sus tierras.
En 1907 se estableció el primer kibutz, granja colectiva que desde el
principio excluyó al trabajador árabe. Cuando en 1914 los turcos hicieron su
primer y último censo, resultó que había en Palestina 690.000 habitantes, de
los que 60.000 eran judíos. Ese año la guerra mundial dio al sionismo su
gran oportunidad.
Mañana: segunda parte.
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