[R-P] Fuero Gaucho y desafuero historiográfico Caro Figueroa
José María Cavalleri
ingcavalleri en yahoo.com.ar
Mar Ene 6 04:45:21 MST 2009
Fuero Gaucho y desafuero historiográfico
Gregorio A. Caro Figueroa
Nuestra historia y algunas de sus interpretaciones están moldeadas por el fuego de pasiones y el fragor de los conflictos. La obsesión por utilizar el pasado para legitimar el presente y diseñar el futuro no es invención argentina reciente. Al uso político de la memoria por la llamada historia oficial se contrapuso una contra historia sesgada y militante.
Deberes y exigencias del historiador fueron desplazados por necesidades y urgencias del polemista político, que hizo una historia destinada a servir de fundamento a movimientos políticos contemporáneos. Afirmar que la “historia es prisionera de la política”, explicitó tal propósito.
La falta de decisión para impulsar una contra historia desde sus gobiernos, fue percibida como uno de los factores que explicarían los derrocamientos de Irigoyen y Perón. Dar renovado impulso y atractivo a esa corriente era condición necesaria para que la oposición al régimen recuperara, desde el campo cultural, la iniciativa política.
El derrocamiento de Perón actualizó de tal modo ese interés, que la proliferación de visiones críticas del pasado fue uno de los recursos más utilizados para oponerse al gobierno de facto. Folletos, periódicos más o menos clandestinos y efímeros servían de tribuna para contestar a la historia oficial.
Aunque “llegado tarde al revisionismo”, como él mismo señalara, más como político polemista que como historiador, don Arturo Jauretche justificó la necesidad de “poner la historia al servicio de la política nacional”. Tuvieron que pasar diez años para que sus escritos encontraran público más receptivo y amplio. El filo, ingenio y gracejo de su pluma tenían más fuerza que el rigor de algunos argumentos deliberadamente provocativos.
En Los profetas del odio (1957: 40), Jauretche recordó haber lanzado la idea del “Estatuto del Peón” en 1944 en presencia del coronel Perón sin saber que éste, poco después, sería “quien podría establecerlo”. Jauretche confesó que inspiró su propuesta una referencia que le hiciera Luis Güemes, quien le dio noticias del “Estatuto del Gaucho”, implantado en Salta por el general Güemes en 1816.
Para Jauretche, aquel “Estatuto del Gaucho” explica en parte el apoyo del gaucho a los caudillos. “¡Qué civilización y barbarie y qué niño muerto! El caudillo era el sindicato del gaucho”. La afirmación de Jauretche, tan atractiva como audaz, no está exenta de anacronismo e imprecisión.
No sería justo adjudicarle falta de información. Jauretche señala que el origen de ese “Estatuto del Gaucho” debe rastrearse “vaya a saber en qué reminiscencia visigótica”, reconociéndole así raíces más antiguas.
En 1971 Jauretche admitió haber interpretado mal aquella información de Luis Güemes. Ese Estatuto, aunque “no existía”, corrigió, sirvió –ciento veinticinco años después- para dar nombre al “Estatuto del Peón”. En realidad, esa norma existió y “se aplicó durante todo el gobierno de Güemes”, aunque sin afectar intereses de “patriotas conocidos”.
Lo que en Jauretche fue afirmación audaz se transformó en interpretación libre, más cercana a la ficción y a la ideología que al rigor histórico. Para algunos glosadores del revisionismo histórico de los años ’60, la aplicación del “Fuero Gaucho” eleva a Güemes a la categoría de precursor de movimientos radicalizados de América latina del siglo XX.
Con esta medida Güemes no quebró el ordenamiento legal que España trasladó y adaptó a sus posesiones en América. Por el contrario, lo que hizo fue aplicar reglas que, desde principios del siglo XVII, la Corona española dictó para las milicias en América. Lejos del desorden y la indisciplina, las milicias se regían por normas tendientes a garantizar su orden y disciplina.
Tales reglas incluían el Fuero de los Milicianos, a quienes buscaba proteger durante los periodos que eran movilizados para la guerra. Al igual que en España, esa protección abrió el camino a extralimitaciones y abusos.
Este Fuero alcanzaba a varones que abandonaban hogares, labranzas y ocupaciones, sin recibir paga regular, dejando a sus familias sin sustento. La administración perdía brazos y, con ello, tributos. A cambio de ello, en España se les eximía del derecho de vasallaje. En Galicia las milicias se llamaban caudillatos.
El soldado salía del paisano, del gaucho, y éste salía del jornalero o peón, señaló Jauretche. Cada soldado que se incorporaba a las milicias de Güemes “era un peón que perdía el señor feudal” (sic) del que era siervo.
Durante el gobierno de Güemes, la aplicación del Fuero Gaucho los eximió del pago de arriendos y otras deudas, además de sustraerlos del fuero civil y penal ordinario. Para los afectados, el Fuero despojaba a propietarios de tierras y a comerciantes.
Según Joaquín Carrillo, aquello era un “comunismo que arrebataba sus bienes de fortuna al decente, al blanco o propietario de los centros urbanos, o de las campañas pobladas para mantener el ocio y las pasiones del campesinado armado”. Para Joaquín Castellanos “Güemes resultó en su época un precursor instintivo del socialismo”. El jefe salteño sería un reformista-igualitarista avant la lettre.
Más que a la imagen romántica de un Robin Hood que despoja a los ricos para dar a los pobres, o la de un reformador social, la de Güemes es ahora comparada con la del Che Guevara por haber conducido una guerra irregular, y por haber dado pasos hacia una imaginaria “reforma agraria” destinada a quebrar el poder económico de los propietarios salteños parcelando sus latifundios.
Güemes no debió ignorar que ese Fuero de los Milicianos fue aplicado en la Guerra de los Pirineos (1793). Entonces se había buscado “gratificar a los pobres jornaleros, y artesanos a proporción de lo que perdieren del jornal”. De este modo se concedían privilegios transitorios a sectores sociales condenados a no tenerlos.
Quienes critican o idealizan el Fuero Gaucho ignoran su antiguo origen, enraizado en la tradición foral de la Alta Edad Media. Su adaptación en América es una de las tantas pruebas del sello español de nuestras Guerras de la Independencia.
La interpretación ideológica del Fuero Gaucho muestra con claridad hacia dónde conducen ciertos abusos de la historia. Exceso de ideología, de localismo y de extrapolaciones arbitrarias, sustituyen complejidad por estrechez y rigor por fantasía consumando así un desafuero historiográfico.-
Yahoo! Cocina
Recetas prácticas y comida saludable
http://ar.mujer.yahoo.com/cocina/
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular