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Lun Ene 5 12:24:44 MST 2009
Gentileza Lista Redial Simón Bolívar
Gonzalo Aragonés
Corresponsal en Moscú
La ciudad repetitiva
Gonzalo Aragonés
Moscú es una ciudad repetitiva. Empezando por las siete torres
estalinistas. Inmortales, a veces irreales, parecen sacadas de las
viñetas de cómics de superhéroes, como si hubiesen caído a plomo desde
cielo una noche de rayos y tormentas. No importa lo perdido que estés,
ni el tiempo que hayas callejeado sin rumbo fijo. Si no has llegado a
los barrios más alejados de esta ciudad enorme, todavía puedes levantar
la vista y encontrarte con una de las torres. Ten cuidado, que te
chocas. Son sólo siete, pero parece que están por todas partes. Antes,
es decir, cuando en Rusia había muchos problemas y poco dinero, en todos
los barrios aunque escasas había pequeñas tiendecitas, mercerías,
panaderías, bollerías. Poco después, es decir, cuando había muchos
problemas y muchísimo dinero, todo eso cambió. En los últimos años, con
el petróleo carísimo, llegó el progreso. Y eso significó que en cada
barrio de Moscú apareciesen grandes centros comerciales. Eso y el
enloquecido crecimiento inmobiliario terminaron por comerse esas
tiendecitas. A duras penas, en algunas calles a trasmano, sobreviven ya
pocas tiendas de alimentos, muchas veces instaladas en los bajos de los
edificios y rotuladas con su nombre de siempre: 'Produkty'. Con el
fenómeno de los centros comerciales la vida en Moscú se ha hecho mucho
más fácil. Dentro de esos castillos modernos está todo lo que se pueda
necesitar. Desde el quiosco de prensa hasta boutiques de alta costura.
Modernos supermercados inimaginables hace una década, cuando Rusia
todavía daba los últimos estornudos de su penúltima crisis. Cines,
cafeterías, restaurantes, joyerías... muchas joyerías, pistas de
patinaje, jugueterías, boutiques de hilos y telas, centros de belleza y
piscinas, jabones olorosos, trajes para mascotas, helados aunque en la
calle haga 15 grados bajo cero, corbaterías, sastrerías, maquillajes,
perfumes, bancos, dinero, dinero. Nada nuevo, supongo. Igual que en
otras ciudades occidentales y orientales, la vida ha pasado de la calle
al centro comercial. Es como si al bulevar le hubiesen quitado unos
cuantos árboles, le hubiesen puesto muros y le hubiesen añadido cuatro o
cinco pisos. Pero con los centros comerciales el vecindario ha perdido
sus dimensiones. Iguales, repetitivos, todos los barrios comienzan en la
parada de metro y terminan dando un paseo por el nuevo bulevar. No es
este el único fenómeno del progreso uniforme de Moscú. También se han
reproducido como setas las cafeterías de diseño, donde realmente es un
placer desayunar un capuccino o tomarse a media mañana un café con unos
crepes de chocolate fundido. Las cadenas Shokoladnitsa, KafeMania o Kofe
House, han llenado espacios en Moscú que antes sólo existían en el
imaginario colectivo de las películas a orillas del Sena o de la Gran
Manzana neoyorquina. Ahora están al alcance de la mano, en cualquier
esquina del centro de la ciudad y en todos los centros comerciales más
alejados.Son realmente acogedoras. Pero desesperadamente iguales, tanto
en el diseño de sus lámparas que semejan granazos de café tostado, en
sus cómodos sillones de eskay, como en el invariable menú. Hay tantas
que a veces te parece estar soñando, porque no puedes comprender cómo
pueden ser rentables tres de estos establecimientos en la misma calle a
menos de doscientos metros de distancia uno de otro. Y a veces
pertenecen a la misma cadena. Debe ser que los petrodólares hay que
invertirlos, ya sea en cafeterías, en supermercados, o en tiendas de
moda que no conocen cliente.Ahora, es decir, con la última crisis
encima, muchas cosas también cambiarán. De momento, esos centros
comerciales pueden quedar algo vacíos. En los últimos meses del 2008
muchas empresas han dejado de pagar sueldos, han suprimido pluses, han
despedido a miles de trabajadores o les han enviado a casa a pasar unas
largas vacaciones. Los rusos han viajado en estas fiestas un 20% menos
que hace un año y se teme que entre enero y febrero de este 2009 pierdan
su trabajo 240.000 personas en todo el país. El diario Moskovsky
Komsomolets explicaba que en 2007 las joyerías vendían como churros
anillos de brillantes que costaban entre 25.000 y 30.000 rublos
(800-1.000 euros). En esta temporada se daban con un canto en los
dientes cada vez que aparecía un cliente.Pero el gobierno ruso no quiere
ser alarmista y tiene sobre la mesa nuevos proyectos que harán de Moscú
una ciudad más repetitiva. El primer ministro, Vladimir Putin, visitó
hace unos días el nuevo tren superrápido que dentro de un año unirá
Moscú y San Petersburgo en 3 horas y 45 minutos. El Sapsan, construido
por la alemana Siemens, alcanzó en pruebas los 400 kilómetros por hora.
Pero en Rusia sólo circulará a 250. A los Ferrocarriles Rusos, la
compañía que más reducirá su plantilla a causa de la crisis (39.000
trabajadores menos) según datos del diario Trud, cada Sapsan le costará
43 millones de euros.Será como un tren europeo, o norteamericano, o
japonés, o de la China capitalista. Ya no sé si en la estación de
Leningradsky quedará todavía esa sensación de viejo, de soviético, de
que el tiempo no ha pasado y allí estás tú. Frente al tren moderno, sí
es el progreso, pero tal vez tengamos la impresión de habernos visto
antes en alguna parte.
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