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Dom Ene 4 09:11:02 MST 2009
BICENTENARIOS
3/I/09
Por Enrique Oliva
El pasado 16 de diciembre, la Comisión Nacional
de Conmemoración de los Bicentenarios de la
Revolución de Mayo y la Declaración de la
Independencia, convocó a un debate sobre
“Historia y Memoria”. Allí distintos expositores,
por espacio de 15 minutos, hablaron en el
recinto de la H. Cámara de Diputados de la
Nación. Aquí va el contenido completo de lo dicho por mí en esa oportunidad.
“El pasado es el prólogo”, frase
atribuida al filósofo griego Herodoto, padre de
la historia científica, 5 siglos antes de Cristo, y con vigencia aquí y ahora.
Reviviendo el prólogo de nuestro
pasado, con veracidad y documentación, nutriremos
con más valores la identidad argentina, su
presente y el futuro. Poner en debate la revisión
de la historia oficial muchas veces propuesta,
sin entrar nunca en la enseñanza pública a todos
los niveles, es un imperativo.
El 25 de Mayo de 1810, ante la
claudicación del monarca de turno, patriotas
criollos aprovecharon la oportunidad para formar
un gobierno propio. Se inspiraron en el último
prólogo, las invasiones inglesas, donde el pueblo
demostró vocación y capacidad para administrarse
y enfrentar toda forma de colonialismo.
Sin embargo, se sigue contaminando las
mentes infantiles con una historia racista,
discriminando a los pueblos originarios,
desconociendo sus más de 40 siglos en estas
tierras. Además, ¿no es una realidad que el
mestizaje es inmensa mayoría en Latinoamérica?
Hace cosa de un año, una investigación
de la Universidad de Buenos Aires sorprendió al
enterarnos que más del 50 % de los argentinos
portan sangre indígena o negra. Pero, como
ironizan en Brasil, “el negro rico, o el indio
rico, son considerados blancos”, cuando la
ciencia reconoce una sola raza: la humana. En
este recinto cabe recordar que cinco presidentes
tuvieron su cuota de origen autóctono: Justo José
de Urquiza, Victorino de la Plaza, Hipólito
Yrigóyen, Juan Perón y Adolfo Rodríguez Sáa.
Últimamente, investigadores de la historia de
distintas orientaciones, afirman que también el
Padre de la Patria proviene de vientre aborigen.
El general Juan Perón reconoció a
fines de su vida, a su biógrafo Enrique Pavón
Pereyra, provenir de madre india y como hijo
natural, pues sus padres, casados luego, lo
inscribieron dos años después de la fecha real.
“Si cualquiera de esas dos características se
hubieran conocido antes, era muy probable que los
prejuicios imperantes en la época le
entorpecieran su carrera militar y política.
“Nuestros paisanos los indios” como
decía San Martín, aun esperan una reivindicación
histórica en la enseñanza. Si llegaron a malonear
era porque ellos habían sido atacados antes,
reducidos a la esclavitud, despojados de sus
mujeres y niños y echados al desierto sin
posibilidades de subsistencia. Deben reverse los
hechos concretos de las nada parecidas
expediciones militares del General Juan Manuel de
Rosas de 1833 y luego del General Julio A. Roca
en 1879,casi medio siglo después. Asimismo,
la Asamblea del Año 13 tiene sus méritos a
destacar por ser avanzados para su época en
cuanto a la libertad de los esclavos. Lo
decretado al respecto por la Revolución Francesa,
no otorgó ese derecho a los sometidos de las
colonias galas. Tampoco lo lograron los
afroamericanos en Estados Unidos, donde George
Washington y Thomas Jefferson, entre tantos
otros, mientras vivieron, mantuvieron sus propios esclavos.
El bicentenario del 9 de julio tiene
sombras y omisiones nada casuales en nuestra
historia. Entonces, no se enseña que la
declaración de la independencia fue jurada por
unanimidad en nombre de las “Provincias Unidas de
Suramérica” y que la mayoría de sus integrantes
tenían origen indígena por lo cual el texto se
divulgó en quechua y aymara y luego traducido al
guaraní y otras lenguas autóctonas. Allí está un
prólogo del ideal de Patria Grande. Con ese
mandato, San Martín traspuso las fronteras del
Virreinato del Río de la Plata y al leer la
proclama de la independencia del Perú a los
habitantes de ese país incaico, comenzó diciendo
“¡Compatriotas!”. El mismo trato que mantenía
con el Libertador Simón Bolívar.
La larga lucha popular contra Francia e
Inglaterra, las dos potencias más importantes de
mitades del Siglo XIX fracasadas juntas en el
intento, por la fuerza y la corrupción, de
instalarse en el Río de la Plata y desde sus vías
navegables extenderse a sangre y fuego al corazón
de Suramérica, en busca de oro y plata, con
trabajo esclavo. Fue una guerra sin cuartel de
años hasta resultar victoriosa la defensa criolla
y su caudillo Juan Manuel de Rosas. ¿Porqué
ignorar esa epopeya tan meritoria restando
honrosos triunfos de nuestra soberanía y
anticolonialismo? ¿O se nos quiere resignar al sometimiento?
El 17 de octubre de 1945 es una muestra
sin igual de un pueblo en acción espontánea y
decidida para cambiar la historia. Luego, fue la
creatividad popular la autora de la expresiva
síntesis; aquella bandera de “Perón o Braden”.
Las luchas obreras costaron mucha sangre
defendiendo derechos que hoy nadie podría
objetar, como las ocho horas de trabajo; la
llamada “Patagonia Rebelde”, el cordobazo, la
firme oposición popular para evitar la
privatización del Frigorífico Lisandro de la
Torre, finalmente vaciado, eliminado como fuente
de trabajo y regulación del mercado.
¿Y la Constitución de 1949, no merece
algunos reconocimientos por sus visionarios aportes? ¿Hubo otra mejor?
La Resistencia Peronista iniciada en
1955, también brotada del pueblo profundo de toda
la República, fue un modelo de rebeldía
permanente ante las dictaduras y gobiernos
ilegales, durante 18 años, hasta el retorno a la
Patria de su líder. Trabajadores y trabajadoras
del país ofrecieron sus vidas y libertad en
jornadas históricas, dolorosas, como el bombardeo
de Buenos Aires de 1955, cuyos pilotos traían la
consigna de grupos políticos cipayos de “matar a Perón”.
Los fusilamientos y asesinatos por la
espalda de trabajadores en el basural de José
León Suárez, por el justificado levantamiento de
junio de 1956 del General Juan José Valle, es
algo que clama al cielo. En este recinto de la
Cámara de Diputados de la Nación días atrás se ha
dado un paso justiciero al aprobar un proyecto de
ley de reparación histórica a la Resistencia
Peronista, que ahora se tratará en Senadores.
Agradecidas felicitaciones anticipadas a los legisladores del pueblo.
La Gesta de Malvinas de 1982 y los 649
compatriotas caídos en tierras y aguas argentinas
luchando contra el colonialismo de las
multinacionales, enfrentaron a una alianza de
fuerzas apoyadas por las mayores potencias, como
Estados Unidos y gobiernos europeos, pero no por
ningún pueblo del globo que admiró su coraje ante
un enemigo común. Esos mártires aun esperan, con
los ojos abiertos, cobijarse en la bandera
criolla y un lugar en la enseñanza de su historia en las aulas.
La Comisión de Familiares de caídos en
Malvinas e Islas del Atlántico Sur, sin ayuda
oficial, ha levantado el cenotafio a sus héroes
en el Cementerio de Darwin y solicita que la
Nación lo declare Monumento Nacional. Dicha
Comisión, con diversas otras realizaciones ya
concretadas, junto al Instituto Malvinas e Islas
del Atlántico Sur, encara ahora importantes
iniciativas tendientes a mantener vivo el ejemplo
de 1982, cuyos miembros pondrán hoy en manos de
las autoridades de ambas Cámaras para considerar.
Ante aquel ejemplo, creo constatar hoy
suficiente consenso para volver a instaurar el
servicio militar obligatorio, esa norma de
igualdad ciudadana. La útil convivencia
compartiendo alojamiento, disciplina, comida e
instrucción. El servicio militar obligatorio debe
ser el único momento de la vida en que jóvenes
pobres y ricos tienen la oportunidad de tratarse
e identificarse como compatriotas. Mientras esa
situación continúe, los pobres seguirán
socialmente discriminados y solo suya será la misión de defender a la Patria.
Otra discriminación odiosa es el olvido
de la obligatoriedad del guardapolvo blanco en la
infancia escolar. La proliferación de escuelas
privadas, subvencionadas o no, ha convertido al
guardapolvo blanco en el uniforme de los niños
pobres. La moda tilinga consiste en imponer ropas
costosas y llamativas con inscripciones en
inglés. ¿O esperamos talvez la aparición en
nuestras calles de piquetes de jovencitos con
guardapolvo blanco y banderas de variados colores, menos la azul y blanca?
Nuestro pueblo tiene un pasado heroico,
a revalorizar con los bicentenarios, dándole
presencia fiel en la enseñanza y la nomenclatura.
Ya se hizo demasiado prólogo. En estos momentos
de crisis internacional, debemos apoyarnos en
tales firmes pilares para defender el presente
amenazado por las multinacionales del
colonialismo e imaginar su futuro en unidad y
desarrollo dentro de la Patria Grande. Muchas gracias.
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