[R-P] 50 años de Cuba liberada

Abulafia abulafia en arnet.com.ar
Vie Ene 2 07:37:48 MST 2009


Discurso pronunciado por el Presidente de los Consejos de Estado y de 
Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, en 
el acto por el aniversario 50 del triunfo de la Revolución, efectuado en 
Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 2009, "Año del 50 aniversario del 
triunfo de la Revolución".
Santiagueras y santiagueros;

Orientales;

Combatientes del Ejército Rebelde, la lucha clandestina y de cada combate en 
defensa de la Revolución durante estos 50 años;

Compatriotas:

El primer pensamiento, un día como hoy, para los caídos en esta larga lucha. 
Ellos son paradigma y símbolo del esfuerzo y el sacrificio de millones de 
cubanos. En estrecha unión, empuñando las poderosas armas que han 
significado la dirección, las enseñanzas y el ejemplo de Fidel, aprendimos 
en el rigor de la lucha a transformar sueños en realidades; a no perder la 
calma y la confianza frente a peligros y amenazas; a levantar el ánimo tras 
los grandes reveses; a convertir en victoria cada reto y a superar las 
adversidades, por insuperables que pudieran parecer.

Los que hemos tenido el privilegio de vivir con toda intensidad esta etapa 
de nuestra historia, sabemos bien cuán cierta ha resultado la alerta que nos 
hizo aquel 8 de enero de 1959, en su primer discurso al entrar a la capital:

"La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda 
mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo 
será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil", concluyó.

Por primera vez el pueblo cubano alcanzaba el poder político. En esta 
ocasión, junto a Fidel, los mambises sí entraron a Santiago de Cuba. Atrás 
quedaban 60 años exactos de dominación absoluta del naciente imperialismo 
norteamericano, que no tardaría en mostrar sus verdaderos propósitos, al 
impedir la entrada a esta ciudad del Ejército Libertador.

Atrás quedaron también la gran confusión y sobre todo la frustración enorme 
que generó la intervención norteamericana. Sin embargo se mantuvo en vilo, 
más allá de su disolución formal, la voluntad de lucha del Ejército Mambí y 
el pensamiento que guió las armas de Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo y 
tantos otros próceres y combatientes por la independencia.

Vivimos algo más de cinco décadas de gobiernos corruptos, de nuevas 
intervenciones norteamericanas; la tiranía machadista y la revolución 
frustrada que la derrocó. Más tarde, en 1952, el golpe de Estado, con el 
apoyo del gobierno norteamericano, instauró nuevamente la dictadura, fórmula 
aplicada en esos años para asegurar su dominio en América Latina.

Para nosotros quedó claro que la lucha armada era la única vía. A los 
revolucionarios se nos planteaba nuevamente, como a Martí antes, el dilema 
de la guerra necesaria por la independencia que quedó trunca en 1898.

El Ejército Rebelde retomó las armas mambisas y después del triunfo se 
transformó para siempre en las invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias.

La Generación del Centenario, que en 1953 asaltó los cuarteles Moncada y 
Carlos Manuel de Céspedes,  contó con el importante legado de Martí, con su 
visión global humanística que va más allá de la consecución de la liberación 
nacional.

En términos históricos, fue breve el tiempo que medió entre la frustración 
del sueño mambí y el triunfo en la Guerra de Liberación. A comienzos de este 
período, Mella, uno de los fundadores de nuestro primer partido comunista y 
creador de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), se convierte en 
heredero legítimo y puente que une el pensamiento martiano y las ideas más 
avanzadas.

Fueron años de maduración de la conciencia y la acción de obreros y 
campesinos, y de formación de una intelectualidad genuina, valiente y 
patriota que los ha acompañado hasta el presente.

El magisterio cubano, fiel depositario de las tradiciones de lucha de sus 
predecesores, las sembró en lo mejor de las nuevas generaciones.

Desde el mismo momento del triunfo, se hizo evidente para cada hombre y 
mujer humilde que la Revolución era un justiciero cataclismo social que tocó 
todas las puertas, desde los palacetes de la Quinta Avenida en la capital, 
hasta el más misérrimo y apartado bohío de nuestros campos y montañas.

Las leyes revolucionarias no sólo dieron cumplimiento al programa del 
Moncada, lo superaron con creces en la lógica evolución del proceso. Además 
sentaron un precedente para los pueblos de nuestra América que hace 200 años 
iniciaron el movimiento emancipador del colonialismo.

En Cuba, la historia americana tomó rumbos diferentes. Nada moralmente 
valioso ha sido ajeno al torbellino que aun antes del primero de enero de 
1959, comenzó a barrer oprobios e inequidades, a la vez que abrió paso al 
gigantesco esfuerzo de todo un pueblo, decidido a darse a sí mismo cuanto 
merece y ha logrado levantar con su sangre y su sudor.

Millones de cubanas y cubanos han sido trabajadores, estudiantes, soldados, 
o simultáneamente las tres cosas, cuantas veces las circunstancias lo han 
exigido.

La síntesis magistral de Nicolás Guillén resumió el significado para el 
pueblo del triunfo de enero de 1959: "Tengo lo que tenía que tener", dice 
uno de sus versos, refiriéndose no a riquezas materiales, sino a ser dueños 
de nuestro destino.

Es una victoria doblemente meritoria, porque ha sido alcanzada a pesar del 
odio enfermizo y vengativo del poderoso vecino.

El fomento y apoyo al sabotaje y el bandidismo; la invasión de Playa Girón; 
el bloqueo y demás agresiones económicas, políticas y diplomáticas; la 
permanente campaña de mentiras dirigida a denigrar a la Revolución y sus 
líderes; la Crisis de Octubre, los secuestros y ataques a embarcaciones y 
aeronaves civiles; el terrorismo de Estado, con su terrible saldo de 3 478 
muertos y 2 099 incapacitados; los planes de atentados a Fidel y otros 
dirigentes; los asesinatos de obreros, campesinos, pescadores, estudiantes, 
diplomáticos y combatientes cubanos. Esos y otros muchos crímenes dan fe del 
tozudo empeño de apagar a cualquier precio la luz de justicia y decoro que 
significó la alborada del Primero de Enero.

Una tras otra, todas las administraciones norteamericanas no han cesado de 
intentar forzar un cambio de régimen en Cuba, empleando una u otra vía, con 
mayor o menor agresividad.

Resistir ha sido la palabra de orden y la clave de cada una de nuestras 
victorias, durante este medio siglo de ininterrumpido batallar, en que hemos 
partido invariablemente de jugarnos nuestra propia piel, sin dejar de 
reconocer la amplia y decisiva solidaridad recibida.

Desde hace muchos años, los revolucionarios cubanos nos atenemos a la máxima 
martiana: "La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir 
sin ella, o decidirse a comprarla por su precio".

En esta plaza, en el 30 aniversario del triunfo, Fidel nos dijo: "Aquí 
estamos porque hemos podido resistir". Una década después, en 1999, desde 
este mismo balcón, afirmó que el período especial constituía "la más 
extraordinaria página de gloria y firmeza patriótica y revolucionaria, (.) 
cuando nos quedamos absolutamente solos en medio de Occidente a 90 millas de 
Estados Unidos y decidimos seguir adelante".   Fin de la cita.  Así lo 
repetimos hoy.

Ha sido una resistencia firme, ajena a fanatismos, basada en sólidas 
convicciones y en la decisión de todo un pueblo de defenderlas al precio que 
sea necesario. Ejemplo vivo de ello en estos momentos es la inconmovible 
firmeza de nuestros gloriosos Cinco Héroes (Aplausos y exclamaciones de: 
"¡Viva!") .

Hoy no estamos solos frente al imperio en este lado del océano, como ocurrió 
en los años sesenta, cuando los Estados Unidos impusieron el absurdo de 
expulsar de la OEA, en enero de 1962, a Cuba, el país que poco antes había 
sido víctima de una invasión organizada por el gobierno norteamericano y 
escoltada hasta nuestras costas por sus buques de guerra. Precisamente, como 
se ha demostrado, esa expulsión era el preludio de una intervención militar 
directa, impedida sólo por el despliegue de los cohetes nucleares soviéticos 
que desembocó en la Crisis de Octubre, conocida mundialmente como la crisis 
de los mísiles.

Hoy la Revolución es más fuerte que nunca y jamás ha cedido un milímetro en 
sus principios, ni en los momentos más difíciles. No cambia en lo más mínimo 
esa verdad que algunos pocos se cansen y hasta renieguen de su historia, 
olvidándose de que la vida es un eterno batallar.

¿Significa que han disminuido los peligros? No, no nos hagamos ilusiones. 
Cuando conmemoramos este medio siglo de victorias, se impone la reflexión 
sobre el futuro, sobre los próximos cincuenta años que serán también de 
permanente lucha.

Observando las actuales turbulencias del mundo contemporáneo, no podemos 
pensar que serán más fáciles, lo digo no para asustar a nadie, es la pura 
realidad.

También   debemos tener muy presente lo que Fidel nos dijo a todos, pero 
especialmente a los jóvenes, en la Universidad de La Habana, el 17 de 
noviembre del 2005: "Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta 
Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; 
nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra", sentenció.

Ante esta posibilidad, me pregunto: ¿cuál es la garantía de que no ocurra 
algo tan terrible para nuestro pueblo?

¿Cómo evitar un golpe tan anonadante que necesitaríamos mucho tiempo para 
recuperarnos y alcanzar de nuevo la victoria?

Hablo en nombre de todos los que hemos luchado, desde los primeros disparos 
en los muros del Moncada, hace 55 años, hasta los que cumplieron heroicas 
misiones internacionalistas.

Hablo, por supuesto, también en nombre de los que cayeron en las guerras de 
independencia y más recientemente en la Guerra de Liberación. En 
representación de todos ellos, hablo en nombre de Abel y José Antonio, de 
Camilo y Che, cuando afirmo, en primer lugar, que ello exige de los 
dirigentes del mañana que no olviden nunca que esta es la Revolución de los 
humildes, por los humildes y para los humildes (Aplausos); que no se 
reblandezcan con los cantos de sirena del enemigo y tengan conciencia de que 
por su esencia, nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero; que 
no se aparten jamás de nuestros obreros, campesinos y el resto del pueblo; 
que la militancia impida que destruyan al Partido. Aprendamos de la 
historia.

Si actúan así, contarán siempre con el apoyo del pueblo, incluso cuando se 
equivoquen en cuestiones que no violen principios esenciales. Pero si sus 
actos no estuvieran en consonancia con esa conducta, no contarán siquiera 
con la fuerza necesaria ni la oportunidad para rectificar, pues les faltará 
la autoridad moral que sólo otorgan las masas a quienes no ceden en la 
lucha. Pudieran terminar siendo impotentes ante los peligros externos e 
internos, e incapaces de preservar la obra fruto de la sangre y el 
sacrificio de muchas generaciones de cubanos.

Si ello llegara a suceder, nadie lo dude, nuestro pueblo sabrá dar la pelea, 
y en la primera línea estarán los mambises de hoy, que no se desarmarán 
ideológicamente ni dejarán caer la espada (Aplausos y exclamaciones).

Corresponde a la dirección histórica de la Revolución preparar a las nuevas 
generaciones para asumir la enorme responsabilidad de continuar adelante con 
el proceso revolucionario.

Esta heroica ciudad de Santiago, y Cuba entera, fue testigo del sacrificio 
de miles de compatriotas; de la ira acumulada ante tanta vida tronchada por 
el crimen; del dolor infinito de nuestras madres y del valor sublime de sus 
hijas e hijos.

Aquí nació un joven revolucionario, de sólo 22 años al caer asesinado, que 
simboliza esa disposición al sacrificio, pureza, valentía, serenidad y amor 
a la patria de nuestro pueblo: Frank País García.

En esta tierra oriental nació la Revolución. Aquí fue la clarinada de La 
Demajagua y el 26 de Julio; aquí  desembarcamos en el Granma e iniciamos el 
combate en montañas y llanos, que luego se extendió a toda la isla. Como 
dijo Fidel en La Historia me Absolverá, aquí "cada día parece que va a ser 
otra vez el de Yara o el de Baire".

¡Nunca más volverán la miseria, la ignominia, el abuso y la injusticia a 
nuestra tierra!

¡Jamás regresará el dolor al corazón de las madres ni la vergüenza al alma 
de cada cubano honesto!

Es la firme decisión de una nación en pie de lucha, consciente de su deber y 
orgullosa de su historia (Aplausos).

Nuestro pueblo conoce cada imperfección de la obra que él mismo ha levantado 
con sus brazos y defendido a riesgo de su vida. Los revolucionarios somos 
nuestros principales críticos. No hemos dudado en dilucidar deficiencias y 
errores públicamente. Sobran los ejemplos pasados y recientes.

Desde el 10 de octubre de 1868, la desunión fue causa fundamental de 
nuestras derrotas. A partir del primero de enero de 1959, la unidad, forjada 
por Fidel, ha sido garantía de nuestras victorias. Nuestro pueblo logró 
mantenerla frente a todos los avatares e intentos divisionistas y ha sabido 
situar los anhelos comunes por encima de las diferencias, derrotar 
mezquindades a fuerza de colectivismo y generosidad.

Las revoluciones sólo avanzan y perduran cuando las lleva adelante el 
pueblo. Haber comprendido esa verdad y actuado invariablemente en 
consecuencia con ella, ha sido factor decisivo de la victoria de la 
Revolución cubana frente a enemigos, dificultades y retos en apariencia 
invencibles.

Al arribar al primer medio siglo de Revolución triunfante, llegue el 
principal tributo a nuestro maravilloso pueblo; a su ejemplar decisión, 
valor, fidelidad, vocación solidaria e internacionalista; a su 
extraordinaria demostración de voluntad, espíritu de sacrificio y confianza 
en la victoria, en el Partido,  en su máximo líder y sobre todo en sí mismo 
(Aplausos).

Sé que expreso el sentir de mis compatriotas y de muchos revolucionarios en 
el mundo, al rendir homenaje en esta hora al Comandante en Jefe de la 
Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz (Aplausos y exclamaciones).

Un individuo no hace la historia, lo sabemos, pero hay hombres 
imprescindibles capaces de influir en su curso de manera decisiva. Fidel es 
uno de ellos, nadie lo duda, ni aun sus enemigos más acérrimos.

Desde muy joven hizo suyo un pensamiento martiano: "Toda la gloria del mundo 
cabe en un grano de maíz". Lo convirtió en escudo contra lo fatuo y lo 
pasajero, en su principal arma para transformar halagos y honores, por 
merecidos que fueran, en mayor modestia, honradez, voluntad de lucha y amor 
por la verdad, que invariablemente ha situado por encima de todo.

A estas ideas se refirió, en esta misma plaza,  hace 50 años. Sus palabras 
de aquella noche mantienen absoluta vigencia.

En este especial momento que nos hace meditar en el camino recorrido y sobre 
todo en el aún más largo que está por delante, cuando ratificamos nuevamente 
el compromiso con el pueblo y nuestros mártires, permítanme concluir 
repitiendo la alerta premonitoria y el llamado al combate que nos hiciera el 
Comandante en Jefe en este histórico lugar, el primero de enero de 1959, 
cuando señaló:

"No creemos que todos los problemas se vayan a resolver fácilmente, sabemos 
que el camino está trillado de obstáculos, pero nosotros somos hombres de 
fe, que nos enfrentamos siempre a las grandes dificultades. Podrá estar 
seguro el pueblo de una cosa, que es que podemos equivocarnos una y muchas 
veces, lo único que no podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que 
traicionamos".

Y agregó:

"Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición, (.) no hay 
satisfacción ni premio más grande que cumplir con el deber", concluyó.

En una fecha de tanto significado y simbolismo, reflexionemos sobre estas 
ideas que constituyen guía para el revolucionario verdadero. Hagámoslo con 
la satisfacción de haber cumplido el deber hasta el presente; con el aval de 
haber vivido con dignidad el más intenso y fecundo medio siglo de historia 
patria y con el firme compromiso de que en esta tierra siempre podremos 
exclamar con orgullo:

¡Gloria a nuestros héroes y mártires! (Exclamaciones de: "¡Gloria!")

¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

¡Viva la Revolución! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

¡Viva Cuba libre! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

(Ovación).


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