[R-P] Amigo de lo ajeno.. FACEBOOK

leonardo cofre lcofre en hotmail.com
Jue Feb 26 13:11:59 MST 2009


Asi podria pensarse esta nueva variante de la intangibilidad humana. Como lo 
expresa el mismo personaje que da pie a esta nota, don Cleto (Julio Cobos 
había llegado al límite de amigos en su Facebook), se hace mas real en la 
irrealidad ciberespacial. Su Politica se puede agotar ante que el listado de 
amigos, paradoja de lo comunicacional, seria la divisa en la comarca de las 
preguntas.
Leo again.


¿Tener amigos o hacer política?
Las industrias culturales constituyen un bien social, económico y político. 
Por ese motivo necesitan de políticas de Estado. Un repaso a la historia 
reciente en la materia y, además, un debate en torno de la utilización del 
ciberespacio para hacer política.
 Por Luciano Sanguinetti *
La noticia difundida por la prensa el 14 de enero de que el vicepresidente 
Julio Cobos había llegado al límite de amigos en su Facebook me llevó 
directamente a uno de los temas cruciales dentro de las ciencias sociales 
contemporáneas: el espacio.
Fue la filósofa Hannah Arendt en La condición humana la que recordó, contra 
la opinión general, que cuando los adelantados españoles se lanzaron a 
través del océano en sus carabelas creyendo que estaban extendiendo el 
horizonte humano, no hacían otra cosa que achicarlo. La modernidad entonces 
comenzaba con un proceso lento pero inexorable de empequeñecimiento del 
mundo.
Quinientos años después las consecuencias son incontrastables: el globo se 
ha convertido en un aleph enorme, valga la paradoja, reflejado hoy en las 
pequeñas pantallas de los ordenadores, a través de los cuales podemos ver 
todos los puntos del globo, simultáneamente, sin superposición ni espanto. 
Cuando Jorge Luis Borges imaginó el aleph para que el protagonista de su 
relato, el patético poeta Carlos Argentino Daneri, escribiera su obra, 
todavía no habíamos entrado siquiera en la televisión abierta. Sin embargo, 
el escritor argentino previó un futuro atravesado por infinitas conexiones 
anticipándose a esta dilapidación de las fronteras espaciales en la que se 
transformó nuestro mundo.
El primero que mundialmente alertó sobre la mutación característica de esta 
etapa moderna fue el sociólogo español Manuel Castells, quien definió esa 
nueva dimensión de la contemporaneidad como "el espacio de los flujos". El 
antropólogo francés Marc Augé había advertido algo similar cuando comenzó a 
preocuparse por los espacios de circulación de los bienes y personas y los 
llamó los "no lugares", enfrentándose a una larga tradición de estudios 
antropológicos que privilegiaban los espacios fuertemente cargados por la 
tradición y la cultura. Los subterráneos, los aeropuertos, los shoppings, 
con su marcada desterritorialidad, destacaban cuánto de nuestras 
interacciones cotidianas transitaban por esos lugares sin identidad, 
desvinculados de sus contextos, con sus formas de comunicación supuestamente 
universales, en los que la clave era la despersonalización de los 
intercambios simbólicos, la remisión multívoca a cualquier parte, por lo 
tanto a ninguna.
Para los pensadores de la nueva espacialidad, estos fenómenos se inscriben 
en una lógica del desarrollo capitalista que hace hincapié en la circulación 
de los flujos más que en la acumulación de bienes. El sociólogo británico 
Scott Lash ubicó este proceso en la última transformación de la economía 
mundial, dentro de la tantas veces anunciada crisis de los capitalismos 
nacional-industriales. Las nuevas sociedades se rigen entonces por el 
carácter informacional de la nueva economía. Castells definió ese término 
diciendo que "informacional indica el atributo de una forma específica de 
organización social en la que la generación, el procesamiento y la 
transmisión de información se convierten en las fuentes fundamentales de la 
productividad y el poder, debido a las nuevas condiciones tecnológicas que 
surgen en este período histórico".
A partir de esta premisa, Scott Lash ha dicho que la nueva división 
internacional del trabajo debe plantearse no en términos de explotación de 
clases sino en exclusión del circuito de los flujos de esta nueva economía. 
Sin embargo, Zigmunt Bauman recordaba en Consecuencias de la globalización 
que, si bien hay sectores de la sociedad que se han desterritorializado en 
términos absolutos, otros están condenados a no poder moverse de sus 
lugares, una suerte de condena a la inmovilidad, que paradójicamente se 
asemeja a la que imponían los griegos: el destierro. Por el contrario, hoy 
pareciera que la pena es quedarse en un lugar, viendo cómo el valor del 
suelo que pisamos desaparece. Recordemos Tartagal.
La inquietud que conecta la anécdota del vicepresidente con los sucesos 
recientes en Tartagal nos lleva a preguntarnos si a partir del auge de las 
redes sociales mediadas por computadoras, de YouTube, de los blogs y los 
espacios virtuales de interacción, que muchos denominan hoy como 
ciberactivismo, podemos afirmar que la política también se ha 
desterritorializado. Los que suscriben esta hipótesis traen a colación las 
victorias de Barack Obama en las internas del Partido Demócrata y contra el 
candidato republicano. ¿Esto prueba que ante las próximas elecciones 
nacionales, la disputa electoral se dará en el espacio de la blogosfera y de 
las comunicaciones virtuales? ¿Podemos imaginar que las representaciones 
sociales interpersonales y fuertemente territoriales serán superadas por el 
marketing electrónico? ¿Acaso el ciberactivismo es un consuelo para 
políticos sin partido o realmente puede constituirse en un nuevo tipo de 
ciudadanía? ¿Acaso el propio Obama utilizó las redes sociales electrónicas 
como una estrategia para proyectarse en términos individuales o para tomar 
el poder dentro del Partido Demócrata? En fin, ¿queremos tener un millón de 
amigos o hacer política para transformar la realidad? Son todas preguntas.
* Docente-investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social 
UNLP. 





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