[R-P] Mediasaurus

Abulafia abulafia en arnet.com.ar
Mar Feb 24 15:09:07 MST 2009


Michael Crichton es el autor que se dió a conocer al mundo por su "Jurasic 
Park". médico muy crítico del ejercicio de la profesión y de la práctica 
médica de su país, ha ejercido esa crítica en "E.R.","Sala de Emergencias" 
donde se mueve a veces entre la bioética y el ensañamiento terapeutico. 
Humanista y a veces neo -anarquista, aunque con menos agresividad de 
trinchera que la de Noam Chomski, está, en el escenario de su país, en el 
"pensamiento nacional y popular"
Con licencia de mi admiración por un tipo inteligente.
Mediasaurus denuncia la decadencia de los medios de comunicación y anticipa 
en 1994, la situación actual.

Outa









 Michael Crichton - Mediasaurus: Adiós a los Times y a los Networks


OCTUBRE 1994



     A la hora de enfilar por las autopistas de fibras ópticas y de la 
fiebre
     por las redes informáticas, los medios de comunicación tendrán que 
cambiar
     radicalmente un modo de ser que los ha acompañado, y delimitado, desde 
sus
     inicios.
     Soy autor de una novela sobre dinosaurios, otra sobre las relaciones
     comerciales Estados Unidos-Japón y otra sobre hostigamiento sexual, y
     algunos dicen que es mi trilogía de dinosaurios. Pero ahora me quiero
     centrar en otro dinosaurio que tal vez esté en vías de extinción: los
     medios de comunicación norteamericanos. Y uso el término extinción
     literalmente. Según yo, es probable que lo que ahora entendemos por 
medios
     de comunicación haya desaparecido en unos diez años. Se haya evaporado,
     sin dejar rastro.

     Ha habido pruebas de una inminente extinción desde hace mucho. Todos
     conocemos estadísticas sobre el descenso de lectores de periódicos y de
     espectadores de televisión abierta. Las encuestas muestran actitudes 
del
     público cada vez más negativas hacia la prensa, y con toda razón. Hace 
una
     generación, Network, de Paddy Chayevsky, parecía una farsa insultante.
     Hoy, cuando Geraldo Rivera enseña las nalgas, cuando The New York Times
     cita mal a Barbie (la muñeca), y la NBC finge noticias filmadas de
     camiones que explotan, Network parece un documental.

     Según sondeos de opinión recientes, grandes segmentos de la población
     norteamericana piensan que los medios de comunicación prestan atención 
a
     lo trivial y que les es indiferente lo que en realidad importa. También
     creen que los medios de comunicación no informan de los problemas del
     país, sino que son parte de ellos. Cada vez son más las personas que no
     perciben ninguna diferencia entre reporteros narcisistas que hacen
     preguntas en beneficio propio y políticos narcisistas que las evaden en
     beneficio propio.

     Aun así, parece que los medios no se dan cuenta. No entienden por qué 
los
     consumidores no están contentos con sus mercancías. Y me gustaría 
abordar
     esta idea, que los medios de comunicación y el concepto que tenemos hoy 
de
     las noticias son obsoletos.

     De momento dejaré de lado las perogrulladas inevitables sobre la prensa 
y
     daré por hecho que el portador de malas noticias suele ser ejecutado; 
que
     todos los seres humanos tienen ganas de chismes y escándalo; que los
     medios de comunicación deben atraer a un público; que el prejuicio está 
en
     el ojo del lector tanto como en la pluma o en la mordacidad del sonido 
del
     reportero.

     Veamos, en cambio, el tema de la calidad.

     Los medios de comunicación son una industria y su producto es la
     información. Y junto con muchas otras industrias norteamericanas, los
     medios de comunicación fabrican un producto de muy mala calidad. La
     información que dan no es confiable, tiene demasiado cromo y fallas, 
las
     puertas chirrían, se estropea casi de inmediato y se vende sin 
garantía.
     Es llamativa, pero básicamente es basura. De modo que la gente ha 
dejado
     de comprarla.

     La mala calidad del producto en parte es el resultado del sistema de
     educación norteamericano, que gradúa trabajadores con muy mala 
educación
     para generar información de alta calidad. En parte es un problema de la
     miopía de sus empresarios, que fomentan las ganancias a costa de la
     calidad. En parte es la falta de respuesta al cambio tecnológico, en
     particular a la tecnología por medio de computadoras conocida
     colectivamente como la Red. Y en gran parte es que no se ha logrado
     reconocer que las necesidades del público han cambiado.

     Adiós a los Times

     En las últimas décadas, muchas compañías norteamericanas han pasado por
     una reestructuración dolorosa para fabricar productos de alta calidad 
que
     las ha sacado de quicio. Esta reestructuración exige ante todo 
derrumbar
     la jerarquía corporativa, transmitir la información crítica de abajo
     arriba en vez de arriba abajo y facultar a los obreros. Significa 
cambiar
     el sistema, no sólo el foco de la corporación, y dirigirse 
implacablemente
     hacia un producto de calidad. Mejorar la calidad exige un cambio en la
     cultura corporativa, un cambio radical.

     En términos generales, los medios de comunicación norteamericanos se 
han
     mantenido al margen de este proceso. Ha habido algunas innovaciones
     positivas, como CNN y C-SPAN. Pero las noticias en la televisión y en 
los
     periódicos son consideradas en general menos precisas, menos objetivas,
     menos informadas que hace una década. En vez de centrarse en la 
calidad,
     los medios de comunicación han tratado de ser vivaces o arrolladores:
     venden el chisporroteo, no el bistec; al huésped de la charla, no al
     invitado; el formato, no el tema. Y actuando así han abandonado a su
     público.

     ¿Quién será la GM o la IBM de los noventas, la próxima gran institución
     norteamericana en encontrarse obsoleta y anticuada y a la vez negándose
     obstinadamente a cambiar? Me temo que una respuesta sería The New York
     Times y las redes comerciales. Otras instituciones han sido llevadas a
     mejorar la calidad. Ford fabrica ahora un coche mejor como nunca lo 
había
     visto en mi vida. Se lo hemos de agradecer a Toyota y Nissan. ¿Pero 
quién
     empujará al New York Times?

     Creo que la respuesta es la tecnología. Los medios de comunicación 
siempre
     han estado dirigidos por la tecnología. Y sin embargo es sorprendente
     cuántas de sus actitudes y terminologías son muy viejas. Estereotipo y
     cliché son términos de imprenta del siglo XVIII que se refieren a los
     tipos de metal. La estructura de narración de pirámide invertida era 
una
     respuesta al recién inventado telégrafo: los reporteros no estaban 
seguros
     de poder transmitir toda la historia antes de que el telégrafo se
     descompusiera y comenzaron a dar la información más importante primero. 
La
     primera imagen que se transmitió en televisión fue un signo de dólar, 
que
     marcó el tono futuro de este medio de comunicación. Pero el empuje 
moderno
     de la tecnología es radicalmente diferente porque está cambiando el
     concepto mismo de información en nuestra sociedad.

     La información es hoy vitalmente importante. Vivimos de ella. Para el 
año
     2000, por primera vez en nuestra historia, el 50% de los empleos
     norteamericanos exigirá por lo menos un año de college. En este 
contexto,
     las noticias no son diversión, son una necesidad. Las necesitamos, y
     necesitamos que sean de alta calidad: comprehensivas y exactas en 
cuanto a
     los hechos.

     La gente entiende cada vez más que paga por obtener información. Las 
bases
     de datos cobran por minuto. A medida que el vínculo entre pago e
     información se vuelva más explícito, los consumidores querrán, como es
     natural, mejor información. La pedirán y estarán dispuestos a pagarla. 
Va
     a haber -yo diría que ya lo hay- un mercado de información de suma
     calidad, lo que los expertos en calidad llamarían "información de seis
     sigmas". (La empresa que establecía el hito de la calidad 
norteamericana
     era siempre Motorola, y hasta 1989 Motorola hablaba de calidad de tres
     sigmas: tres partes malas en mil. Calidad de seis sigmas significa tres
     partes malas en un millón.)

     Es un salto cuántico, incomprensible hasta ahora en la calidad
     norteamericana, aunque los japoneses hace años que lo lograron. Pero 
este
     tipo de rigor es desconocido en los medios de comunicación. Ninguno de 
los
     medios de comunicación tradicionales ha empezado a abordar esta 
necesidad.

     ¿Pero qué sucedería si alguien me ofreciera un servicio con información 
de
     alta calidad? Un servicio en el que todos los datos fueran ciertos, las
     citas no fueran inventadas, las estadísticas las presentara alguien que
     supiera algo de estadísticas. ¿Cuánto costaría esto? Mucho. Porque la
     buena información es valiosa. La noción de que es relleno entre los
     anuncios está pasada de moda.

     Tiren el ancla

     Hay una segunda tendencia que tiene que ver con la anterior. Yo quiero
     acceso directo a la información que me interesa, y cada vez tengo más
     expectativas de obtenerla. Se trata de una tendencia ya consumada en
     muchas tecnologías. Cuando yo era niño, los teléfonos no tenían discos 
de
     marcar. Se descolgaba el teléfono y se pedía a una operadora que 
hiciera
     la llamada. Ahora, si alguna vez le ha sucedido estar en algún lugar 
donde
     le tienen que hacer la llamada, ya sabe lo exasperante que es. Es más
     rápido y más eficaz marcar uno mismo.

     El equivalente en los medios de comunicación de hoy a la antigua
     telefonista es Dan Rather, o el editor de la primera plana, o el 
reportero
     que poda los hechos para ser vivaz y animado. Mi deseo de eliminar esos
     filtros es cada vez mayor y, en algunos casos, ya puedo hacerlo. Cuando
     leo que Ross Perot compareció ante un comité del Congreso, ya no 
dependo
     únicamente del vívido y animado relato en The New York Times que habla 
de
     las homilías informales de Perot y de un montón de otros adornos 
cromados
     que no me interesan. Puedo poner C-SPAN y ver la audiencia. En el 
proceso,
     también puedo apreciar la precisión del relato del New York Times. Y es
     probable que esto cambie mi opinión del New York Times, como en 
realidad
     así ha sido, porque parece que The New York Times tiene un problema con
     Ross Perot. Me recuerda a la anécdota que se contaba de Hearst, que 
cuando
     vio a un antiguo adversario en la calle comentó: "No sé por qué me 
odia,
     nunca le he hecho ningún favor."

     Anti-trust óptico

     Pero mi capacidad de ver C-SPAN nos lleva a la tercera tendencia: el 
fin
     inminente del monopolio de información de los medios, un monopolio que
     existe desde los inicios de nuestro país. La revolución norteamericana 
fue
     la primera guerra que se libró, en parte, a través de la opinión 
pública
     en los periódicos, y Ben Franklin fue el primer cabildero en captar que
     los medios de comunicación empleaban técnicas de desinformación. En los
     200 años siguientes, los medios de comunicación han conseguido 
comportarse
     de un modo básicamente monopólico. Han tratado la información como John 
D.
     Rockefeller trató el petróleo, como una mercancía para la cual la red 
de
     distribución, y no la calidad del producto, es de importancia 
primordial.
     Pero cuando la gente pueda obtener la materia prima de los datos por sí
     misma, se acabará el monopolio. Y esto significa grandes cambios, y 
pronto.

     Cuando Al Gore logre poner en funcionamiento las autopistas de fibra
     óptica y la capacidad de información del país esté donde debería de 
estar,
     yo podré, por ejemplo, ver cualquier reunión pública del Congreso en la
     Red. Y tendré agentes de inteligencia artificial rastreando las bases 
de
     datos, seleccionando material que me interesa y que me reunirá una 
primera
     plana o un espectáculo de noticias nocturno que incite mi interés. 
Tendré
     los 12 relatos de primera línea que quiero y podré teclear doble para
     obtener más detalles. ¿Cómo competirán con esto Peter Jennings,
     MacNeil-Lehrer o un periódico?

     Las instituciones de los medios de comunicación tendrán que cambiar. 
Claro
     que todavía no sé lo que no sé, que quiere decir que los panoramas 
amplios
     o las fuentes interpretativas tendrán valor... si esas fuentes se
     comprometen a un trabajo de interpretación de auténtica calidad o a un
     trabajo de investigación de auténtica calidad. De momento, no es muy
     frecuente que suceda ninguna de ambas cosas.





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