[R-P] [Norberto Galasso] Aclarando posiciones sobre Scalabrini Ortiz.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Jue Feb 19 18:49:22 MST 2009
ACLARANDO POSICIONES, DE NORBERTO GALASSO SOBRE SCALABRINI ORTIZ
"Aclarando posiciones"
Eriberto De Pablo, un amigo jauretcheano hasta los tuétanos, me acaba
de reenviar un texto que circula por Internet, publicado por Jorge
Scalabrini Comaleras, hijo de Raúl Scalabrini Ortiz y Mercedes
Comaleras, que le ha sido enviado por una escritora que no conozco,
cuyo nombre o seudónimo es Bibiana Apolonia del Bruto. Este correo
titulado "El hijo de Scalabrini refuta a Galasso" viene por vía de
Bambú Press boletinbambu en yahoo.com, ha sido publicado en el diario
"El liberal" y resultaría, según De Pablo, "un cartón lleno" si se
hubiera publicado en "La Nación". Allí, Jorge vuelve sobre una vieja
disidencia que él manifestó en 1970: según él, yo habría sostenido que
su padre era marxista. Más tarde, la viuda, Mercedes Comaleras (No
Coraleras, como se afirma en el texto, lo que hace suponer que no lo
escribió su hijo) publicó la misma crítica en "Mayoría", el 5 de
diciembre de 1975, en un momento poco oportuno para debatir sobre
marxismo, cuando las TRES A desarrollaban plenamente su siniestra
tarea.
Ahora bien, como Del Bruto parece no saberlo y el amigo De Pablo
quizás lo haya olvidado, me veo obligado a aclarar algunos puntos,
aunque desde ya agradezco la aclaración suficiente que hizo circular
Néstor Gorojosky poniendo los puntos sobre las íes en pocas palabras,
sobre este asunto.
En primer término, debo recordar que lanzado el libro en 1970, - con
la garantía de que fue presentado por Arturo Jauretche-, Pedro
Scalabrini -hijo mayor de Scalabrini Ortiz– me invitó a cenar para
manifestarme su total coincidencia con la biografía y agradecerme
haber sacado al padre del olvido (Scalabrini había muerto en 1959 y
sólo se habían publicado dos pequeños esbozos biográficos, uno, en
1942, por el gran argentino que fue don Vicente Trípoli y otro, en
1961, firmado por un tal Enrique Barés, de quien nunca supe si era su
nombre o un seudónimo, en ambos casos trabajos breves y debo recordar
que Trípoli, con grandeza y generosidad, me pidió que lo acompañara en
todos los homenajes a Scalabrini por considerar que mis 580 páginas
ampliaban el homenaje y reconocimiento al gran patriota). En esa
reunión, Pedro me dijo que gracias a mí había conocido en plenitud la
lucha de su padre. Últimamente, un nieto de Scalabrini -Martín- al
promover una reedición de Historia de los Ferrocarriles argentinos, me
pidió que lo prologara como un reconocimiento a mi trabajo biográfico.
Como en toda familia, hay concordancias y disidencias al respecto.
Lo cierto es que a través de los años nunca dejé de reivindicarlo a
Scalabrini Ortiz, tanto en artículos como en conferencias y mesas
redondas. Asimismo, en 1973 a través de un folleto editado por ese
militante infatigable que se llama Antonio Ángel Coria, cuando
fundamos en Punta Alta el "Centro Scalabrini Ortiz"; luego, en 1975,
en un folleto editado por la revista "Crisis"; más tarde, en 1982, en
una biografía reducida publicada por "Ediciones del Pensamiento
Nacional"; después, en 1984 con Raúl Scalabrini Ortiz y la penetración
inglesa, publicado en Centro Editor de América Latina por sugerencia
de otro gran amigo: Oscar Troncoso: luego, en 2006, con Scalabrini
contra el Imperio,publicado por el Ateneo Scalabrini Ortiz dirigido
por Fabián Metler y últimamente, apareció la segunda edición de aquel
libro del ´70, ahora por Colihue. Cuánta agua ha pasado bajo los
puentes en estos cuarenta años y nadie, ningún forjista, ni ningún
nacionalista, ningún viejo amigo de Raúl, ha salido a impugnar el
libro, pero a Jorge no le gusta y su mamá, hace más de tres décadas se
manifestaba bastante coincidente con él, seguramente influida por sus
argumentos. Con ella tuve siempre una excelente relación, salvo que le
molestó que yo dijera en el libro que habían pasado urgencias
económicas (la señora era de una familia provinciana de cierto
abolengo local) así como que sostuviera que en un momento de
aislamiento y angustia, Scalabrini se tomó un vaso de whisky en una
medianoche, considerado por ella como una presunción de alcoholismo,
que no era tal. Pero, como se comprenderá, la verdad sobre un
personaje que ya es historia en la Argentina, no resulta de cuantos
familiares votan a favor ni cuantos en contra.
Desde aquel año 1970, Jorge embistió contra el libro y parece ser muy
consecuente en sus planteos porque todavía, cuatro décadas después, lo
sigue haciendo. Hubiera sido más efectivo quizás que escribiera una
vida de su padre eliminando todo aquello que le disgusta o algunas
conclusiones que todo biógrafo se ve obligado a realizar para explicar
la vida del biografiado. No lo ha hecho, sin embargo, sino que se ha
pasado 40 años fiscalizando mis ediciones para denigrarlas. Ahora se
le agrega Del Bruto quien cree ver en la biografía una forma de apoyar
"a la pareja presidencial" y sus sostenedores de "Carta Abierta", es
decir justamente a quienes rinden homenaje a Scalabrini, (decreto
2185, del 2008) y lo hace con entusiasmo: "Se trata del hijo", exclama
apasionadamente y lo califica de "ingenio en petróleo" (supongo que
habrá querido escribir ingeniero) y de costado manifiesta su molestia
por mi nota donde critico la política de Proyecto Sur, en Página/12,
del 2 de febrero del presente año.
De cualquier modo, Del Bruto queda muy lejos del ánimo descalificador
que exalta a Jorge.
El ha manifestado militantemente su desagrado y a tal punto que –caso
único en el mundo- mandó varios chicos a volantear contra el libro en
su acto de presentación en 1982, a quienes un insobornable forjista
como Darío Alessandro, amigo de Raúl, que presentaba el libro, los
sacó a cajas destempladas. Luego, Jorge publicó una extensa nota, el
26 de agosto de 1982, también dirigida a denigrar al libro.
Últimamente, también protestó cuando el nieto -Martín- publicó
Historia de los ferrocarriles argentinos y yo redacté el prólogo. Y
ahora vuelve sobre el tema.
Pero, en fin, ¿qué dice Jorge?: que en mi biografía yo afirmo que el
padre era marxista, actuando así al nivel de los yanquis que veían
marxistas en todos lados y se horrorizaban, como lo sufrió Charles
Chaplin e incluso nuestro Jorge L. Borges, por haber escrito "Los
Salmos rojos", en su juventud.
Así sostiene Jorge: l) que en el prólogo a la primera edición, Jorge
A. Ramos "desmintiendo las afirmaciones de Galasso", sostiene que Raúl
no era marxista. Por lo que parece, no me reconoce demasiada
inteligencia ni picardía como "tergiversador" pues si hubiera
publicado un libro falseando que Raúl era marxista, no habría
recurrido a un prologuista para que me desmintiese.
2) Reproduce la carta de "Mecha", ya una señora anciana donde, en
1975, la hacen decir que "doy a entender que Scalabrini se nutrió
ideológicamente con las ideas de Lenin, Marx y Trotsky". La imputación
es falsa. Lo que yo digo es que Raúl integró el grupo Insurrexit en
1919, citando palabras de Scalabrini: "Contribuí a fundar el grupo
Insurrexit... Esos dogmas dejaron luego de desvelarme, aunque la
práctica del comunismo dejó en mí una huella tan honda que mi espíritu
parece un par de brazos fraternales" (R. S. O., en Cuentsitas
Argentinos de hoy, autorreportaje, Ediciones claridad, Bs. As., 1929)
3) Agrega Jorge que en p. 439 de mi libro, hago referencia a un
comentario de Scalabrini sobre la conveniencia de formar un partido de
izquierda nacional o comunista nacional. El texto dice: "Raúl viaja a
La Plata y se encuentra en el tren con Juan José Hernández Arregui y
en la conversación le dice: -¿Usted no cree, Arregui que ha llegado el
momento de formar un partido comunista nacional? ¿No cree que dado el
avance que hemos logrado últimamente es necesario un partido de
izquierda que incida sobre el peronismo, una izquierda nacional?".
Este testimonio proviene de Hernández Arregui, y el libro se publicó
en vida de este extraordinario intelectual del campo nacional, por lo
cual yo no podía inventarlo, y en el caso supuesto que así fuera -que
no va con mi rigurosidad histórica- Arregui lo habría desmentido.
4) También mi libro reproduce un texto del folleto "El capital, el
hombre y la propiedad en la vieja y en la nueva constitución", p.21,
donde Raúl comenta la frase de Perón "humanizar al capital" y señala
"El capital no fenece y por eso fundamentalmente es inhumano.
Humanizar el capital significa entonces -a mi entender- emplazarlo,
transformarlo en mortal y perecedero como las cosas a las cuales está
aplicado. La frase del general Perón entreabre un nuevo mundo de
posibilidades técnicas y matemáticas en que aparece factible una nueva
relación entre los seres humanos". Claro, comprendo, hay gente que
esto no le gusta, pero no lo digo yo, lo dice Scalabrini.
5) Después, Jorge hace referencia al hermoso artículo de Scalabrini
sobre el 17 de octubre y señala que las masas "no vivaban a Marx, a
Lenin, ni a Trotsky. No fue una gesta marxista. Lo vivaban a Perón".
Por supuesto, a nadie se le ocurre suponer otra cosa. Y yo lo
transcribo tal cual es, pero ocurre que como soy un historiador
riguroso, trascribo también lo que dice Scalabrini, pocas semanas
después, el 9 de enero de 1946, en el semanario "Política", y esta
trascripción parece que irrita a alguna gente: "Dentro de pocos días
se cumplirá un nuevo aniversario de un acontecimiento que en mi
juventud me conmovió profundamente, tanto como en el correr de los
años debía de conmover al mundo: la rebelión del pueblo ruso, bajo la
dirección de un genio político trascendental Nicolás Lenin. Las
revoluciones destinadas a marcar una huella perdurable en la historia
presuponen la existencia de dos factores: primero, un pueblo dotado de
una elevada tensión espiritual y de un ímpetu de generosidad
colindante con el mesianismo, como era el pueblo ruso, de acuerdo a
sus intérpretes más fehacientes y como yo creía que era la facción más
genuinamente diáfana del pueblo argentino. Segundo, conductores que
estén íntima e inseparablemente imbuidos de ese espíritu, hasta el
punto de ser sus intérpretes como lo fue Lenin. Lenin era un
doctrinario dogmático, pero un ruso 'profundamente nacional' según el
testimonio textual de Trotsky quien agrega: Para dirigir una
revolución en la historia de los pueblos es preciso que existan entre
el jefe y las fuerzas profundas de la vida popular un lazo indisoluble
y orgánico que alcance a sus raíces esenciales" (pág. 303 de la
primera edición de mi libro). Esto lo reproduzco yo, pero lo escribió
Scalabrini, aunque a Jorge no le guste.
6) Curiosamente, en su crítica de estos días, Jorge transcribe una
frase de un artículo de la revista "Qué" del 18/9/56 donde Raúl se
refiere a que "los ferrocarriles se hicieron con el trabajo de los
argentinos" –sobre lo cual estamos de acuerdo-, pero omite señalar,
que en el mismo artículo, pocos párrafos después, su padre señala que
"la construcción de los ferrocarriles en las colonias y países poco
desarrollados no persigue el mismo fin que en Inglaterra. Es decir, no
son parte esencial de un proceso general de industrialización. Esos
ferrocarriles se emprenden simplemente para abrir esas regiones como
fuentes de productos alimenticios y materias primas tanto vegetales
como animales, no para apresurar el desarrollo social por un estímulo
a las industrias locales. En realidad, la construcción de
ferrocarriles coloniales y en país subordinado, como el nuestro, es
una muestra de imperialismo, en su función antiprogresista que es su
esencia". ¡Magnífico!, ¿no es cierto? Es el eje de la posición
scalabriniana. Sólo que Jorge, leyó hasta la página 93. Si hubiera
seguido hasta la 95 se hubiera encontrado con esta notable definición
de imperialismo, pero seguramente le hubiera disgustado que su padre
sostenga que estas palabras entrecomilladas no son de él, sino que
pertenecen a Allan Hutt, en su libro This final crisis, y Hutt
-¡horror!- era una marxista inglés.
7) Con respecto a Perón, parece que yo también lo tergiverso, según mi
crítico. Eso les pasa a algunos peronistas o nacionalistas por no leer
a Perón. Vean el libro Esta es la hora de los pueblos, donde el
General sostiene: "Frente a la caducidad insoslayable del capitalismo
demoliberal, se puede predecir que el mundo será en el futuro
socialista". Líneas antes, Perón ha dicho: "Algunos creen que la
solución puede ser el socialismo internacional dogmático, otros creen
que la solución depende de un socialismo nacional" (La hora de los
pueblos, 1968, p. 187). Lo dice Perón, aunque yo modestamente estoy de
acuerdo.
Esto es todo. Raúl no era marxista (nunca lo afirmé), pero había leído
a Marx, a Lenin, a Trotstky, como había leído a Anatole France, a Poe
y tantos otros, especialmente al marxista Hutt que le sirvió para
entender el trazado colonial de los ferrocarriles en la Argentina.
Esto lo afirmo, en base a documentos, esto es lo que destaco. También
destaco, y eso le gusta más a alguna gente que Scalabrini estuvo muy
cerca de Gregorio de Laferrere, y de los Irazusta, en las tertulias
del café Richmond , en la época del golpe contra Yrigoyen y que en
principio, fue favorable al golpe. Si a alguien le gusta ese
Scalabrini y prefiere quedarse con él, yo no le rendiría homenaje por
maurrausiano y fascista. En ese caso, yo no tendría tampoco la culpa,
pero sería una visión parcial de quien estaba en una búsqueda y en esa
búsqueda angustiosa, aislado, con todos los medios en contra, también
publicó en un diario alemán sus primeros escritos sobre el
imperialismo inglés, el Franfurter Zeitung. Relatar ese hecho no es
convertirlo en nazi. Como relatar que estuvo en Insurrexit o que citó
a Trotsky no es hacerlo trotskista Era un patriota y en su búsqueda
para develar la tragedia argentina hurgaba en todos lados, pero cuando
los nacionalistas de derecha de "Nuevo Orden", en 1940, le pidieron un
artículo -que sería como escribir en "Cabildo" o "El Caudillo"- les
contestó: "Hay algunos amigos que cayeron seducidos por las sirenas de
la propaganda alemana y hoy quieren hacernos creer que el triunfo
germánico abrirá para nosotros perspectivas más holgadas. Nosotros
estimamos que esa suposición es una ingenuidad que puede acarrearnos
graves males. Con 'viejo orden' o con 'nuevo orden', del extranjero no
podemos esperar nada más que humillación. Nosotros sabemos que la
libertad, la riqueza y la dignidad se conquistan. La obra de FORJA es
la preparación de esa conquista que algún día hemos de emprender los
argentinos". Clarito, ¿no es cierto. No era nazi, como les gustaría a
algunos. No era marxista. Era un antiimperialista consecuente, al cual
algunas lecturas marxistas le sirvieron para descubrir los mecanismos
de opresión imperialista, de esos que hablaba un tal Lenín en El
imperialismo, etapa superior del capitalismo.
Aquí termina -o empieza la cuestión- porque ya en anterior ocasión,
hace una "temeridad de años", como acostumbraba a decir Atahualpa
Yupanqui, le propuse a Jorge Scalabrini que buscáramos un coordinador
serio y un lugar neutral para discutir estas cosas, suponiendo desde
ya que su intención es sana en tanto resguardar las ideas del padre,
pero que seguramente su padre no coincidiría con la perspectiva desde
donde analiza este asunto. Yo lo hago desde la izquierda nacional.
Estoy cansado de decirlo aunque tal ha sido mi defensa de los
nacionalistas revolucionarios y del peronismo que hay gente que se
disgusta, en vez de agradecerlo, y entonces descalifican mi obra
creando oblicuamente la sospecha de que no soy riguroso, ni
científico. Hay algunos de esos y ya son bastantes, que atacan desde
el campo proimperialista. Seguramente su padre se enojaría mucho si lo
viera coincidiendo con ellos, preocupado angustiosamente, durante 40
años, por denigrar a quien, precisamente, desde el campo nacional, ha
redoblado esfuerzos para rendirle homenaje a él y reivindicar su lucha
antiimperialista a través de una vida y una obra incuestionables.
Norberto Galasso
Centro Cultural Enrique Santos Discépolo
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