[R-P] [Alberto Franzoia] El Estado en el debate actual.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Feb 13 16:20:13 MST 2009
El estado como eje del debate actual
Por Alberto J. Franzoia
Julio Bárbaro publicó en la revista Debate el 7 de febrero de 2009 un
artículo que titula "Glorioso final" (1), a partir del mismo quisiera
formular algunas reflexiones. Más allá de puntos de acuerdo y no pocas
diferencias con lo que allí expresa, hay una cuestión que considero
central ya que guiará desde mi punto de vista el debate político de
los próximos años:
"Nunca como hoy el debate es ideológico y su respuesta transita el
espacio entre el estado y lo privado, la relación y el lugar de cada uno."
Acuerdo con el planteo grueso: la ideología explícita, la que había
llegado a su fin según los "pensadores neutros" de la posmodernidad,
vuelve a ocupar el centro de la escena, y el rol del estado nuevamente
integra la agenda de la confrontación ideológica. Sin embargo, a
partir de este acuerdo deberemos hilar más fino para acercarnos a la
resolución de los desafíos que surgen en la etapa actual. El
pensamiento único que los intelectuales del bloque dominante
intentaron instalar definitivamente en el mundo (central y periférico)
desde mediados de los setenta y que se consolidara en los noventa,
según el cual el estado nacional tiende a desaparecer mientras que el
mercado "libre" pasa a ser el mayor garante del desarrollo económico,
social y cultural de una sociedad, ha perdido la batalla. Ahora bien,
sería gravísimo creer que es una derrota definitiva, por lo que no
resulta aconsejable saltar alegremente de su carácter hipotético a una
supuesta verificación definitiva que hoy no resulta factible.
El capitalismo mundial se caracteriza no sólo por el carácter cíclico
de sus crisis económicas, y sus posteriores recuperaciones con
expansión, sino también porque el mismo carácter cíclico suelen
adoptar las ideas que lo sustentan. A veces con poco estado y otras
con más estado; aunque nunca sin estado, ya que a partir de un
impulso inicial desde la esfera material que debió enfrentar
superestructuras políticas en un principio ajenas a sus intereses
(como lo eran las feudales de Europa occidental), siempre ha
desempeñado una función significativa en su etapa de posterior
consolidación y expansión constante. El imperialismo que con sus
sucesivas subetapas se viene manifestando desde fines del siglo XIX,
es la expresión más notoria de ese capitalismo en el que el estado de
los países dominantes está siempre, de una u otra manera, apuntalando
los intereses nacionales y mundiales de su burguesía. Y llegado el
caso, si es imprescindible, puede recurrir al uso de toda su violencia
concentrada para realizar dichos intereses.
Por otra parte, el carácter cíclico de las ideas gestadas por la
intelectualidad burguesa se expresa en conceptos que dan cuenta de
dicha realidad. Liberalismo y neoliberalismo, keynesianismo y
neokeynesianismo, forman parte del inicio y retorno de ideas que, sin
cuestionar el mundo de las relaciones de producción capitalistas, se
alternan no sin enfrentamientos secundarios, en la conducción
intelectual de diversas etapas concretas del sistema mundial en
cuestión. Sin embargo, el liberalismo no ha prescindido completamente
del estado sino que ha aplicado una intervención débil propio de
momentos de expansión económica sin grandes dificultades, mientras los
keynesianos (o intervencionistas en general) apuestan a una
intervención fuerte, típica de momentos en los que sin una presencia
significativa del estado burgués imperialista, la burguesía no
lograría garantizar la realización de sus intereses. No casualmente
esta concepción fuerte nace y se expresa teóricamente (2) en medio de
una fabulosa crisis mundial que desde los países dominantes se irradió
hacia los dominados en los años treinta, y hoy regresa con otra enorme
crisis mundial del sistema. La actual sabemos cómo se engendró, pero
no podemos sostener con rigor teórico cómo concluirá.
El estado en Argentina
En los países sometidos por el capital de los países dominantes sin
embargo la intervención fuerte del estado no tiene un sentido único,
ya que no es asimilable el carácter de un estado nacional y popular
que enfrenta sus contradicciones con las burguesías del primer mundo,
como ocurrió durante los dos primeros gobiernos de Perón en Argentina
o ahora con Chávez en Venezuela (por poner sólo dos ejemplos claros),
con los partidarios de la teoría de la modernización o desarrollistas.
Desde dicha perspectiva teórica Arturo Frondizi (1958-1962) intentaba
por el contrario asociar a las burguesías imperialistas con un primer
impulso para el desarrollo nacional, utilizando al estado como
supuesto conductor, sin embargo los resultados fueron definitivamente
negativos a la hora gestar el capitalismo autosostenido.
Una diferencia nada menor al momento de abordar esta cuestión estriba
en el peso y perfil que adopta la burguesía nacional en cada momento
de la historia. En los primeros gobiernos peronistas era una clase
débil y poco confiable pero aún vinculada al circuito nacional de la
economía, que podía llegar a desempeñar un papel importante en la
medida en que fuera apoyada por un estado nacionalista fuerte. Durante
el frondizismo, en cambio, esa burguesía avanza en un viaje sin
retorno (que había comenzado en los últimos años del peronismo, cuando
va despegando del proyecto nacional) hacia su trasnacionalización,
proceso en el cual no fue menor el aporte frondizista. Desde entonces
buena parte de la burguesía nacional dejó de serlo para quedar
integrada en el circuito mundial en carácter de clase satélite de las
burguesías imperiales, y en el peor de los casos como un sector
asalariado de las mismas. Por eso sus nuevos intereses y su
comportamiento efectivo de clase comienzan a transformarla
paulatinamente más en una fracción de la oligarquía (por su carácter
especulativo, alejada de los intereses nacionales y de un mercado
interno desarrollado) que en una verdadera burguesía nacional. Dicho
proceso se consolida a partir del neoliberalismo vigente entre
mediados de los setenta y principios del siglo XXI, cuando el capital
financiero del mundo desarrollado copa los resortes básicos de nuestra
economía. Y en el plano teórico ese neoliberalismo no fue otra cosa
que el regreso de una visión anacrónica, que sin embargo se maquillaba
de novedad intelectual (neo) de la posmodernidad. Los que habían
apostado a su derrota definitiva advirtieron entonces el carácter
cíclico de ciertas ideas, ya que estas sólo pueden superarse en lo
esencial sólo cuando desaparecen las condiciones socioeconómicas que
las hacen posibles.
Esta cuestión pasa a ser central entonces a la hora de discutir el rol
del estado en la actualidad, ya que el mismo no es independiente de
las clases, fracciones y grupos económicos que logren desarrollar y
consolidar su dirección intelectual. Se equivoca Julio Bárbaro
cuando en el mismo artículo que citamos dice con respecto a nuestro
país y al gobierno K:
"El gobierno acumula errores, pero hasta el momento, aunque pierda toda
contienda electoral, se halla más cerca de debatir el problema del poder
que la mayoría de sus enemigos. Lo trágico de su enfrentamiento con el
campo reside en que por un resabio mal planteado pierde a un aliado
nacional y productivo en el momento en que más se lo necesita"
No cabe duda que el kirchnerismo está más dispuesto a debatir el
problema del poder que la mayoría de sus enemigos, pero de dónde
infiere Bárbaro que todo el "campo" es el aliado nacional y productivo
que más necesita el bloque nacional y popular para enfrentar a su
enemigo histórico, que desde mi perspectiva es el bloque
oligárquico-imperialista. Lo que se advierte en este grueso error es
una visión a la que no han sido ajenos hombres vinculados de una u
otra manera al peronismo. Durante los días de la crisis que estalló el
año pasado con el mal llamado colectivo campo, sostuve que era hacerle
un enorme favor a la oligarquía confundir sus intereses particulares y
antinacionales (como lo demuestra cualquier estudio riguroso de
nuestra historia) con los de los pequeños productores e inclusive con
los medianos. Es eso lo que la oligarquía intentó y en parte
consiguió. Lo que no resulta casual ya que una clase es realmente
dominante cuando logra presentar sus intereses particulares como
intereses generales. Pero si todo el campo es un aliado nacional,
cabría preguntarle a Bárbaro quiénes están incluidos en lo que él
define como el enemigo. ¿Desde cuándo la oligarquía es un aliado
nacional? Este discurso se acerca peligrosamente al de aquellos
diputados y senadores del PJ que votaron en contra de la 125, con lo
que estaríamos perdiendo de vista por dónde pasa la contradicción
principal.
Ahora bien, para enfrentar al bloque oligárquico-imperialista se
necesita de un estado nacional fuerte, eso está fuera de discusión.
Por otro lado todo estado es conducido por clases sociales que lo
hacen en forma directa o a través de algún actor sustituto. Por lo
tanto, si buena parte de la gran burguesía argentina perdió su
embrionario y nunca desarrollado carácter nacional para insertarse
como apéndice del imperialismo, con un comportamiento de clase que la
acerca más a constituirse como fracción de la oligarquía que como
plena burguesía, y si no se visualiza en la actualidad un actor
sustituto con mayor decisión productiva como fue durante la primera
etapa peronista una fracción industrialista del ejército, surge un
interrogante que, según entiendo, debería ser eje del debate actual:
¿Qué clases y sectores sociales pueden darle en esta coyuntura
histórica al estado argentino un contenido definitivamente nacional y
popular para consolidar un desarrollo autosostenido con justicia
social?
De la respuesta teórica y práctica a este interrogante depende en
buena medida el futuro del proceso K.
La Plata, 13 febrero de 2009
(1) http://www.revistadebate.com.ar/2009/02/06/1575.php
(2) "Teoría general de la ocupación, el interés y el empleo", es la
obra fundamental en la que John Keynes enfrenta el paradigma hasta
entonces dominante en economía y fue publicada en 1936 a partir de una
lúcida reflexión sobre la crisis de los años treinta
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