[R-P] [I.Mészáros] La crisis y la relevancia de Marx.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Feb 11 07:21:02 MST 2009
Autor: István Mészáros *
Algunos de ustedes quizás hayan estado presentes en nuestra reunión en
mayo de este año en este edificio, cuando recordé lo que dije a Lucien
Goldman en París pocos meses antes del histórico mayo del 68 francés.
En contraste con la entonces prevaleciente perspectiva de un
"capitalismo organizado", que se suponía había dejado exitosamente
atrás la etapa del "capitalismo de crisis" –una visión notoriamente
sostenida por Marcuse y también compartida por mi querido amigo Lucien
Goldman- yo insistí en que, comparada con la crisis a la que en
realidad nos estamos dirigiendo, "la Gran Crisis Económica de
1929-1933" parecería una "reunión de té parroquial".
En las últimas semanas tuvieron una muestra de lo que tenía en mente.
Pero no más que una muestra, porque la crisis estructural del sistema
del capital como un todo, que estamos experimentando en nuestro tiempo
en una escala epocal, está condenada a ponerse considerablemente peor.
Se volverá -en su debido momento- más profunda, en el sentido de
invadir no sólo el mundo de las mas o menos parasitarias finanzas
globales sino cada una de las esferas de nuestra vida social,
económica y cultural.
La cuestión obvia que debemos abordar ahora concierne a la naturaleza
de la crisis que se despliega globalmente y las condiciones requeridas
para su plausible resolución.
Si tratan de recordar lo que escucharon repetir incansablemente
durante las últimas dos semanas acerca de la actual crisis, una
palabra se destaca, ensombreciendo todos los demás diagnósticos
realizados y sus correspondientes remedios. Esa palabra es confianza.
Si pudiéramos conseguir un pagaré de diez pesos por cada ocasión en
que esa palabra mágica ha sido ofrecida para el consumo público en las
últimas dos semanas en todo el mundo, sin mencionar su continua
reafirmación desde entonces, todos seríamos millonarios. Nuestro único
problema en ese caso sería qué hacer con nuestros repentinamente
adquiridos millones. Puesto que ninguno de nuestros bancos, ni
siquiera nuestros recientemente nacionalizados bancos - nacionalizados
por la friolera de no menos que las dos terceras partes de sus activos
de capital- podrían proveernos de la legendaria "confianza" requerida
para una inversión o depósito seguro.
Incluso nuestro Primer Ministro, Gordon Brown, nos obsequió a este
respecto la última semana la memorable frase: "La confianza es la cosa
más preciada" Conozco la canción – y probablemente la mayoría de
nosotros la conoce- que dice: " El amor es la cosa más preciada".
¡¿Pero la confianza en la banca capitalista es la cosa más preciada?!
¡Esa sugerencia es completamente perversa!
Sin embargo, la propuesta de este remedio mágico ahora parece ser
universal. Es repetida con tal convicción como si la "confianza"
simplemente pudiera llover del cielo o crecer en gran abundancia en
los capitalísticamente bien abonados árboles de las finanzas.
Hace tres días (el 18 de octubre) en el programa más importante de
entrevistas del domingo a la mañana de la BBC – el programa de Andrew
Marr- desempolvaron un distinguido caballero ya entrado en años, Sir
Brian Pitman, quien fue presentado como el antiguo jefe de los
negocios bancarios Lloyd´s. No dijeron cuando fue que encabezó esa
organización, pero la manera en la que habló lo dejó suficientemente
claro bastante pronto. Puesto que pudo saberse través de sus
respuestas respetuosamente recibidas que habría estado a la cabeza del
Lloyd´s Bank bastante antes de la crisis económica mundial de 1974. De
acuerdo con esto, para animar a los televidentes, introdujo una gran
innovación conceptual en el discurso de la confianza al decir que
nuestros problemas se debían a cierto exceso de confianza. E
inmediatamente demostró también el sentido de esta "confianza excesiva
", al decir, más de una vez en una entrevista corta, que hoy no puede
haber problemas serios, porque el mercado siempre se encargó de todo.
Incluso si algunas veces se fue inesperadamente muy abajo, más tarde
siempre volvió a subir. De manera que así lo haría esta vez, y
volvería a subir infaliblemente una y otra vez en el futuro. La crisis
presente no debería exagerarse, dijo, porque es mucho menos seria hoy
que la que experimentamos allá por 1974. Porque en 1974 teníamos una
semana laboral de 3 días en Inglaterra [aún si esto no ocurría en
ningún otro lugar], y ahora no la tenemos. ¿No es así? ¿Y quién podría
discutir ese hecho irrefutable?
De este modo, ahora tenemos la palabra mágica que explica todas
nuestras dificultades ya no como un huérfano infeliz, sola, sino como
parte de algo así como una fukuyamizada tríada pseudo-hegeliana:
confianza – falta de confianza y confianza excesiva. El único elemento
ahora faltante en este discurso explicativo mágico es el fundamento
real de nuestro peligroso sistema bancario y asegurador, que opera
sobre la base de trucos de confianza auto protectores [self-serving]
que tarde o temprano están condenados a ser (y de tiempo en tiempo han
sido realmente) descubiertos.
En cualquier caso, toda esta charla acerca de las virtudes absolutas
de la confianza en la gestión económica capitalista se asemeja
bastante a la explicación ofrecida por la mitología hindú acerca de la
base de sustento del universo. Puesto que en esa antigua visión del
mundo se dice que el universo descansa, de modo que podemos
tranquilizarnos, en la espalda de un elefante. ¿Y el evidentemente
poderoso elefante? podría preguntarse. Pero nadie debería pensar en
eso como una dificultad. Puesto que el elefante se sostiene, lo cual
es incluso más tranquilizador, en la espalda de una tortuga cósmica.
"¿Pero que hay de la propia tortuga cósmica?" Ni siquiera se atrevan a
hacer esa pregunta, por cuanto podrían convertirse en el alimento de
tigres de bengala, antes de que se extingan.
Afortunadamente, The Economist es tal vez un poco más realista en su
evaluación de la situación.
En el contexto de nuestro doloroso tema, la ahora reconocida crisis
económica que tiende a agravarse, voy a darles citas exactas,
incluyendo algunas cifras irrefutables de las ya innegables fallas
capitalistas, tomadas principalmente de periódicos tan bien
establecidos y con una conciencia de clase burguesa tan desvergonzada
como The Economist y The Sunday Times. Los citaremos meticulosamente,
palabra por palabra, no simplemente porque son importantes en su campo
sino también para evitar que nos acusen de "izquierdismo parcial y
tergiversante".
Marx decía que, en las página de The Economist, la clase gobernante
"se habla a sí misma". Las cosas han cambiado un poco desde esos días.
Puesto que ahora incluso en el campo especializado del "conocimiento
económico" la clase gobernante necesita un órgano de propaganda de
circulación masiva, con la mistificación general como propósito. En
vida de Marx la clase gobernante tenía suficiente "confianza", y
también una buena cantidad de indisputada "confianza extrema", como
para necesitar eso. De este modo, en las presentes y menos arrogantes
circunstancias, el periódico semanal de distribución masiva con base
en Londres, The Economist, -el vocero orgullosamente seguro de sí del
"encuentro de Davos" dominado por los EEUU- sensatamente admite que la
crisis que estamos enfrentando hoy tiene que ver con las dificultades
de "Salvar al sistema", de acuerdo con el título a toda página de su
edición del 11 de Octubre del 2008.
Podemos dar por sentado, desde luego, que nada menos que "salvar al
sistema" (o no) es lo que está en juego en nuestro tiempo, incluso si
la discusión de The Economist de este problema es un tanto extraña y
contradictoria. Puesto que en su habitual manera de intentar presentar
su posición altamente partidaria como una "visión equilibrada"
objetivamente, por medio del uso de la fórmula "por un lado, por el
otro", The Economist siempre logra alcanzar su deseada conclusión a
favor del orden establecido. De este modo, también en esta ocasión,
The Economist sostiene en su artículo principal del 11 de Octubre que
"Esta semana vio la primera débil luz de una respuesta global de largo
alcance al vacío de confianza". Ahora, afortunadamente, el "vacío de
confianza", aunque reprensible en si mismo, se espera que sea
remediado gracias a la un tanto misteriosa "respuesta global de largo
alcance".
Al mismo tiempo, del lado más realista, el semanario londinense
también reconoce en el mismo artículo editorial que
El daño a la economía real se está volviendo visible. En América el
crédito al consumo actualmente se está encogiendo, y alrededor de
150,000 americanos perdieron sus empleos en Septiembre, la mayor
cantidad desde el 2003. Algunas industrias están siendo seriamente
dañadas: la venta de autos está en el punto más bajo de los últimos 16
años en la medida en que los posibles compradores no pueden conseguir
crédito. General Motors ha cerrado temporalmente algunas de sus
fábricas en Europa. Alrededor del globo los indicadores a futuro,
tales como sondeos de gerentes de compras, son horriblemente sombríos.
No dicen, sin embargo, que "el vacío de confianza", podría tener algo
que ver con esos hechos.
Por supuesto, la apología del sistema debe prevalecer en cada
artículo, incluso si tiene que ser presentada como la palabra
indiscutible de la sabiduría pragmática. En este sentido, "salvar al
sistema" para The Economist equivale a la identificación totalmente
acrítica del periódico con, y el incuestionable apoyo de, la ilimitada
operación de rescate económico – la cual no será llevada a cabo por
medio de los "recursos del mercado" habitualmente glorificados de la
manera más dogmática- a favor del sistema capitalista en problemas. De
este modo, incluso los más apreciados y bien ensayados preceptos de
propaganda (un libre mercado no sólo no existente en la actualidad
sino nunca existente en realidad) pueden ser ahora tirados por la
borda en pro de la noble causa de "salvar al sistema".
Concordantemente, The Economist nos dice que la economía mundial
claramente está en malas condiciones, pero podría ponerse mucho peor.
Este es el momento de hacer aun lado el dogma y la política y
concentrarse en respuestas pragmáticas. Eso significa más intervención
gubernamental y cooperación en el corto plazo que la que los
contribuyentes impositivos, los políticos o de hecho los periódicos
pro libre mercado normalmente querrían 1
Hemos sido sometidos a sermones similares por el Presidente George W.
Bush con anterioridad. Él dijo a su audiencia televisiva hace dos
semana que normal e instintivamente él es un creyente en, y un
apasionado partidario de, el libre mercado, pero dadas las presentes
circunstancias excepcionales el tiene que pensar en otros caminos.
Tiene que comenzar a pensar en estas difíciles circunstancias, punto.
No pueden decir que no han sido advertidos.
Las sumas involucradas en la solución "pragmática" recomendada, la
cual aconseja no prestar atención a lo que "normalmente querrían" los
"contribuyentes impositivos y los periódicos pro libre mercado" (es
decir, la ahora aconsejada solución que significa, en rigor, la
necesaria sumisión de las grandes masas del pueblo a mayores cargas
impositivas tarde o temprano) son literalmente astronómicas. Para
citar a The Economist de nuevo: "en poco menos de tres semanas el
gobierno de [los Estados Unidos de]* América, en conjunto, expandió su
pasivo bruto a más de 1 trillón de dólares –casi el doble de lo que ha
costado la guerra de Iraq hasta ahora".2 "Los bancos europeos y
norteamericanos van a perder unos 10 trillones de dólares."3 "Pero la
historia enseña una lección importante: que las grandes crisis
bancarias son resueltas en última instancia al echar grandes porciones
[dollops] de dinero público." 4
Decenas de trillones de dólares de dinero público "echado", y
justificado en el nombre de la supuesta "importante lección de la
historia", y desde luego al servicio de la indiscutible buena causa de
salvar al sistema, es ciertamente una gran porción [dollop]. Ningún
heladero de High Street podría siquiera soñar acerca de tal cucharada
[dollop]*. Y si agregamos a esa magnitud el hecho citado en la misma
página del periódico londinense, que sólo en el curso del último año
"El índice de precios de los alimentos de The Economist subió cerca
del 55%",5 y "el alza de precios de los alimentos a fines del 2007 y
comienzos del 2008 generó revueltas en unos 30 países", 6 en ese caso
la porción en cuestión se vuelve aún más reveladora acerca de la
naturaleza del sistema el cual ahora se encuentra en una crisis aún en
vías de profundizarse.
¿Pueden pensar en una mayor acusación para un pretendidamente
insuperable sistema de econo-producción [econproduction] y
reproducción societal que aquel que – en la cima de su fuerza
productiva - está produciendo una crisis alimenticia global, y el
inseparable sufrimiento de incontables millones en todo el mundo? Esa
es la naturaleza del sistema al cual ahora se espera que sea salvado a
toda cosa, incluyendo el actual astronómico costo económico
"repartido".
¿Cómo puede uno puede darle un sentido tangible a todo esos trillones
gastados? En tanto hablamos de magnitudes astronómicas, le hago esta
pregunta a un amigo cercano que es profesor de astrofísica en la
Universidad de Londres. Su respuesta fue que debería señalar que sólo
un trillón es algo así como cien veces la edad de nuestro universo.
Ahora, en la escala de la misma magnitud la regularmente subestimada
cifra oficial de la deuda americana*, por su cuenta, alcanza en
nuestros días más de 10 trillones. Es decir, mil veces la edad de
nuestro universo.
Pero déjenme citar un corto pasaje de una publicación japonesa. Dice
lo siguiente:
¿Cuánto dinero especulativo se está moviendo alrededor del mundo? De
acuerdo con los análisis de Mitsubishi UFJ Securities, el tamaño de la
"economía real" global, en la cual bienes y servicios son producidos e
intercambiados, se estima en $48.1 trillones...Por otra parte, el
tamaño de la "economía financiera" global, la suma total de las
acciones, títulos y depósitos, asciende a $151.8 trillones. De modo
que la economía financiera se ha inflado tres veces el tamaño de la
economía real, creciendo especialmente rápido durante las dos décadas
pasadas. La brecha llega a $100 trillones Un analista involucrado en
esta estimación dijo que cerca de la mitad de esa cantidad, $ 50
trillones es apenas necesaria para la economía real. Cincuenta
trillones de dólares valen más de 5,000 trillones de yenes, un número
demasiado grande para que lo pueda comprender realmente.7
Es de hecho muy difícil de comprender, por no mencionar de justificar,
como nuestros políticos apologistas del capital y banqueros sí lo
hacen, las sumas astronómicas de la especulación parasitaria acumulada
hasta el punto de corresponder a 500,000 veces la edad de nuestro
universo. Si ustedes desean tener otra medida acerca de la magnitud
involucrada, simplemente imaginen a un desafortunado contador de los
tiempos romanos, a quien se le pide algo tan simple como que escriba
en su pizarra la cifra de 5,000 trillones de yenes, en números
romanos. Estaría totalmente desesperado. Simplemente no podría
hacerlo. E incluso si tuviera a su disposición números arábicos, los
cuales no habría podido tener, incluso en ese caso necesitaría 17
ceros después del número 5 para poder escribir la cifra en cuestión.
El problema es, por tanto, que nuestros acomodados políticos y
banqueros parecen pensar sólo en ceros, y no en sus conexiones
sustantivas, cuando presentan estos problemas para el consumo público.
Y ese enfoque no puede funcionar indefinidamente. Porque uno necesita
mucho más que ceros para salir de este agujero sin fondo del
endeudamiento global al que estamos condenados por el sistema al cual
ahora quieren salvar a toda costa.
De hecho, la reciente popularidad de Gordon Brown tiene mucho que ver
con ceros en más de un sentido. Su asombrosa nueva popularidad – la
cual, pensándolo mejor, puede terminar siendo efímera – fue ilustrada
la semana pasada por el título de primera página del diario: "De
perdedor a héroe" [From zero to hero] 8. El artículo en cuestión
sugiera que nuestro Primer Ministro a triunfado realmente en "salvar
al sistema". Así es como se ha ganado estos vivos elogios.
La razón por la cual fue aclamado de ese modo, como un héroe, fue el
hecho de haber inventado una nueva variante de nacionalizar la
bancarrota capitalista, la cual puede ser adoptada con una "conciencia
de libre mercado" sin conflictos también por otros países. Eso hizo
que incluso George W. Bush se sintiera menos culpable acerca de actuar
en contra de lo que él mismo llamó su "instinto apasionado" cuando
nacionalizó una enorme "porción" de la bancarrota capitalista de los
EEUU de la cual un solo ítem – los pasivos de las gigantescas
compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac – eran equivalentes a
5.4 trillones de dólares (es decir, la suma requerido para continuar
la guerra en Iraq por 54 años).
La "novedad pragmática" – en tanto opuesta a "el dogma y la política"
en las palabras de The Economist – de la reciente nacionalización de
la bancarrota capitalista hecha por el "Nuevo Laborismo" consiste en
que los contribuyentes no obtienen absolutamente nada (en otras
palabras, cero-cero-cero tantas veces como quieran escribirlo, incluso
diecisiete veces) por las inmensas cantidades de dinero invertidas en
activos de capital quebrados, incluyendo nuestros bancos británicos
nacionalizados en sus dos terceras partes. Esta clase de
nacionalización de la bancarrota capitalista es un tanto diferente de
las versiones anteriores, instituidas luego de la Segunda Guerra
Mundial cuando la "Cláusula 4" del Partido Laborista – abogando por el
control público de los medios de producción - era aún parte de su
constitución. Puesto que en 1945 los sectores en bancarrota de la
economía capitalista nacionalizados fueron transferidos al control del
estado, durante su generoso proceso de vuelta a engordar con dinero
proveniente de los impuestos generales, con el propósito de la
apropiada "privatización" en su debido momento.
Incluso la nacionalización de la compañía Rolls Royce llevada adelante
por el Primer Ministro conservador Edward Heath en 1971 siguió el
mismo vergonzante patrón de control estatal y nacionalización
abiertamente admitida. En nuestros días, sin embargo, la belleza de la
solución de Gordon Brown es que pierde la vergüenza mientras
multiplica la cantidad de billones desperdiciados invertidos en la
bancarrota capitalista. Indudablemente eso merece completamente su
promoción "de perdedor a héroe" al igual que el galardón más alto de
"Salvador del mundo" que le fuera conferido por algunos otros diarios,
a causa de su gran modestia que le permite estar satisfecho con
absolutamente nada a cambio de nuestros– no los suyos- billones
generosamente gastados. ¿Pero puede esta clase de remedio
gubernamental ser considerada una solución duradera a nuestros
problemas, incluso en el corto plazo, sin mencionar la requerida
sustentabilidad a largo plazo? Sólo un tonto puede creer eso.
En verdad, las medidas recientemente adoptadas por nuestras
autoridades políticas y financieras sólo atienden un único aspecto de
la crisis actual: la liquidez de los bancos, compañías hipotecarias y
aseguradoras. E incluso eso sólo de un modo acotado. En realidad la
gigantescas "porciones de dinero echadas"* no representan más que el
pago del depósito, por así decir. Mucho más va a ser requerido a ese
respecto en el futuro, mientras los trastornos que aún se despliegan
en el mundo del intercambio de acciones continúe acentuándolos.
En cualquier caso, mucho más allá del problema de la liquidez, otra
dimensión que involucra sólo a la crisis financiera concierne al de la
casi catastrófica insolvencia de los bancos y compañías aseguradoras.
Este hecho se aclara una vez que sus especulativa e irresponsablemente
asumidos, pero sin embargo existentes, pasivos son realmente tomados
en cuenta. Para darles un ejemplo: dos de nuestros grandes bancos en
Inglaterra tiene pasivos equivalentes a $2.4 trillones cada uno,
adquiridos bajo el aventurerista supuesto de que nunca iban a tener
que pagarse. ¿Puede el estado capitalista liberarlos exitosamente de
esa cantidad de pasivos? ¿De dónde podría el estado tomar en préstamo
dinero de tal magnitud para la operación de rescate requerida a tal
propósito? ¿Y cuáles serían la necesarias consecuencias inflacionarias
de "repartir tales porciones" en estas verdaderamente gigantes
operaciones de rescate por medio de la simple impresión del dinero
requerido en ausencia de otras soluciones?
Más aún, los problemas no se agotan con el riesgoso estado del sector
financiero. Pues aún más difíciles de remediar, los sectores
productivos de la industria capitalista también están en serios
problemas, sin importar que tan altamente desarrollados y favorecidos
puedan parecer por su posición competitivamente aventajada en el orden
jerárquico global del capital transnacional. Debido a lo limitado de
nuestro tiempo, debo confinarme otra vez a un, pero a un muy
significativo, ejemplo. Involucra a la industria automotriz de los
Estados Unidos, gravemente humillada en los últimos años, a pesar de
todos los subsidios recibidos en el pasado, otorgados por el estado
capitalista más poderoso, que se cuentan por muchos millones de
dólares norteamericanos.
Permítanme citar un artículo acerca de la corporación Ford y sus
fantasías globalizantes allá por 1994. publicado en The Sunday Times.
Así es como nuestros distinguidos periodistas financieros pintaban un
cuadro color de rosa en esos días:
La completa globalización está siendo intentada por las
multinacionales... ´Este es definitivamente el bebé de Trotman´, dijo
una fuente [norte]americana. ´Él tiene una visión del futuro que dice
que, para ser un ganador global, Ford tiene que ser una corporación
verdaderamente global.´ De acuerdo con Trotman, quien dijo a The
Sunday Times en Octubre de 1993, ´Como la competencia automotriz se
vuelve más global mientras avanzamos hacia el siguiente siglo, la
presión de encontrar economías de escala* se va a volver cada vez más
grande. Si, en vez de hacer dos motores de 500,000 unidades cada uno,
se puede hacer 1 millón de unidades, entonces los costos son mucho más
bajos. En definitiva va a haber un puñado de jugadores globales y el
resto o bien no va a estar ahí o va a estar en dificultades.
Trotman y sus colegas concluyeron que la completa globalización es el
camino para vencer a competidores tales como los japoneses y, en
Europa, al archi-rival de Ford, General Motors, la cual retiene una
ventaja de costos respecto de Ford. Ford también cree que necesita su
globalización para capitalizar en los mercados rápidamente emergentes
de Extremo Oriente y América Latina.8
De este modo, la "única" cosa que Alex Trotman –el presidente, nacido
en Inglaterra, de la Ford Corporation en ese momento- olvidó
considerar, a pesar de sus impecables habilidades aritméticas que le
permiten conocer la diferencia entre 500,000 y 1 millón, fue esta: qué
sucede cuando no pueden vender el millón (y muchas veces más) de
automóviles, a pesar de la prevista y disfrutada ventaja de costos
estratégica de la compañía. En el caso de la Ford Corporation, incluso
la enorme tasa diferencial de explotación que la compañía podía
imponer mundialmente en tanto es una inmensa compañía transnacional –
esto es: pagando exactamente por el mismo trabajo 25 veces menos a los
trabajadores de la "Ford Philippines Corporation"*, por ejemplo, que a
su fuerza de trabajo en los Estados Unidos de América- incluso esta
incuestionable ventaja no puede ser considerada suficiente para
asegurar una salida a esta contradicción fundamental.
Aquí es donde estamos parados hoy, no sólo en el caso de la
verdaderamente humillada Ford Corporation sino también en el de la
General Motors, con independencia de su ventaja de costos alguna vez
profundamente envidiada incluso por la Ford Corporation de los Estados
Unidos.
Hablando acerca de un trato recientemente instituido que provee
grandes subsidios otorgados por el estado norteamericano a las
gigantescas compañías automotrices del país, así es como la
actualmente infeliz situación de la industria automotriz es descripta
en uno de los últimos números de The Economist: "el trato [en
cuestión]* significa que las compañías de autos - bendecidas con la
garantía del gobierno – deberían conseguir préstamos por una tasa de
interés de alrededor del 5% en vez del 15% que enfrentarían en el
mercado abierto en las condiciones actuales."9
No obstante, ninguna cantidad de subsidios de ninguna clase puede ser
considerados suficientemente satisfactorios, porque las "Tres Grandes"
compañías – General Motors, Ford y Chrysler – están a punto de
quebrar, a pesar del hecho de que el bebé de los sueños de Trotman es
ahora un adolescente completamente crecido. Consecuentemente The
Economist debe admitir que una vez que los subsidios industriales como
este comienzan a fluir, es difícil detenerlos. Un estudio reciente
hecho por el Instituto Cato, un think tank de derecha, descubrió que
el gobierno federal gastó alrededor de $92 billones subsidiando
negocios sólo en el 2006. Solamente $21 billones de eso fueron a
productores agropecuarios: gran parte del resto fue a firmas como
Boeing, IBM y General Electric bajo la forma de créditos de apoyo a la
exportación y varios subsidios de investigación.
Las Tres Grandes ya se están quejando que tomará mucho tiempo repartir
el dinero [del estado]*, y quieren acelerar el proceso. También
quieren 25 billones más, posiblemente adjuntados a la segunda versión
del contrato de rescate de Wall Street. La lógica de rescatar a Wall
Street es que las finanzas apuntalan todo. Detroit no puede comenzar a
hacer ese reclamo. Pero, dado su exitoso lobby, ¿puede tardar mucho
que las aerolíneas enfermas y los minoristas en problemas se pongan en
la fila?10
La inmensa expansión especulativa del aventurerismo financiero,
especialmente en las últimas tres o cuatro décadas, es desde luego
inseparable de la crisis que se profundiza en las ramas productivas de
la industria y los consiguientes problemas que emergen de la
completamente lenta acumulación de capital (y de hecho acumulación
fallida) en ese campo productivo de la actividad económica. Ahora,
inevitablemente, también en el dominio de la producción industrial la
crisis se está volviendo mucho peor.
Naturalmente, la consecuencia necesaria de la crisis que se profundiza
en las ramas productivas de la "economía real", como las están
comenzando a llamar, y contrastar la economía productiva con el
aventurerismo especulativo financiero, es el crecimiento del desempleo
en todas partes a una escala aterradora, y la miseria humana asociada
a ello. Esperar una solución feliz a estos problemas desde las
operaciones de rescate del estado capitalista sería una gran ilusión.
Este es el contexto donde nuestros políticos deberían realmente
comenzar a prestar atención a la proclamada "importante lección de la
historia", en vez de "repartir grandes porciones de dinero público"
bajo la pretendida "lección de la historia". Puesto que como resultado
del desarrollo histórico bajo el dominio del capital en su crisis
estructural, en nuestro propio tiempo hemos alcanzado el punto donde
debemos someternos al impacto destructivo de una simbiosis aún por
empeorar entre el marco legislativo estatal de nuestra sociedad y el
material productivo al igual que la dimensión financiera del
establecido orden reproductivo societal.
Comprensiblemente, esa relación simbiótica puede ser, y frecuentemente
también lo es, administrada con prácticas completamente corruptas por
las personificaciones privilegiadas del capital, en negocios tanto
como en política. Pues, no importa cuan corruptas puedan ser tales
prácticas, están en completa sintonía con los contra-valores
institucionalizados del orden establecido. Y- dentro del marco de la
simbiosis prevaleciente entre el campo económico y las prácticas
políticas dominantes- son bastante permisivos legalmente, gracias al
muy cuestionable y a menudo incluso claramente antidemocrático rol
facilitador de la impenetrable jungla legislativa provista a este
respecto por el estado también en el ámbito financiero.
El fraude, en una gran variedad de sus formas practicables, es la
normalidad del capital. Sus manifestaciones extremadamente
destructivas no están de ningún modo confinadas a la acción del
complejo militar-industrial. A esta altura el rol directo del estado
capitalista en el mundo parasitario de las finanzas no sólo es
fundamentalmente importante, en vista de su magnitud omnipresente,
como tuvimos que descubrir con shockeante claridad durante las últimas
semana, pero también potencialmente catastrófico.
El vergonzoso hecho en la materia es que el las gigantescas empresas
hipotecarias de Estados Unidos, como Fannie Mae y Freddie Mac, eran
sostenidas de manera corrupta y generosamente provistas con garantías
altamente rentables pero totalmente inmerecidas por la jungla
legislativa del Estado [Norte]Americano en primer lugar, como también
a través de los servicios personales de la impune corrupción política.
En rigor, la cada vez más densa jungla legislativa del estado
capitalista es de hecho el legitimador "democrático" del fraude
institucionalizado en nuestras sociedades. Los editores y periodistas
de The Economist están de hecho perfectamente bien enterados de las
prácticas corruptas a través de las cuales, en el caso de las
compañías hipotecarias norteamericanas gigantes, reciben de su estado
un tratamiento escandalosamente preferencial [aquí cito a The
Economist]permitieron a Fannie y Freddie operar con pequeñas
cantidades de capital. Los dos grupos tenían un capital común (como
fue definido por su regulador) de $83.2 billones al final del 2007;
esto sostenía $5.2 trillones de deuda y garantías, una ratio de
endeudamiento de 65 a uno. [!!!] De acuerdo a CreditSights, un grupo
de investigación, Fannie y Freddie eran contrapartes por valores de
$2.3 trillones de transacciones derivativas, relacionadas a sus
actividades de cobertura. No hay modo por el cual a un banco privado
le estuviera permitido tener una hoja de balance tan altamente
endeudada, 11 y tampoco calificaría para el más alto informa de
crédito AAA. ...Usaron su financiamento barato para comprar activos de
mayor rendimiento.12
[Más aún] con tanto en riesgo, no es llamativo que las compañías
construyeran una formidable máquina de lobby. Se le dio trabajo a
ex-políticos. Los críticos podían esperar un paseo brusco. Las
compañías no estaba asustadas de morder la mano que las alimentaba."13
Sin miedo a "morder las mano que las alimentaba" refiere, por
supuesto, al cuerpo legislativo del estado norteamericano. ¿Pero por
qué deberían tener miedo? Pues tales compañías gigantes constituyen
una simbiosis total con el estado capitalista. Esta es una relación
corruptamente impuesta también en términos del personal involucrado, a
través del acto de contratar políticos quienes podrían servirles
preferencialmente, con un alucinante "ratio de endeudamiento de 65 a
uno" y la calificación de crédito AAA asociada, incluso de acuerdo a
la renuente confesión de The Economist.
La gravedad de la presente situación está subrayada en un modo
característico por la circunstancia, puesto en estas palabras por The
Economist: "corredores en el mercado de cambios de crédito en default
recientemente han hecho apuestas en lo impensable: que los Estados
Unidos de América no paguen su deuda." 14 Naturalmente, tales
corredores reaccionan aún a eventos de semejante carácter y gravedad
como los que experimentamos hoy de la única manera en la que les es
posible: intentando obtener beneficio de ello.
El gran problema del sistema global del capital es, sin embargo, que
el default de Estados Unidos no es en absoluto impensable. Por el
contrario, es – y lo ha sido por un muy largo tiempo- una certeza
próxima. Este es el motivo por el cual escribí hace mucho años (en
1995, para ser preciso) que:
En un mundo de inseguridad financiera nada se ajusta mejor a la
práctica de jugar con sumas astronómicas y criminalmente inseguras en
el mundo de intercambio de acciones –que presagia un terremoto de
magnitud 9 ó 10 en la "Escala Richter" financiera- que llamar a las
empresas que se dedican a tales juegos de apuestas ´Gestión de
valores´*; ...Exactamente cuando y en que forma –de las cuales puede
haber muchas, mas o menos brutales, variedades – la su astronómica
deuda de los EEUU va a entrar en default, no puede verse desde este
punto en el tiempo. Puede haber sólo dos certezas a este respecto. La
primera es que la inevitablidad del default de [los Estados Unidos de]
América va a afectar profundamente a todos en este planeta. Y la
segunda, que la preponderante posición de potencia hegemónica de los
EEUU va a continuar haciéndose valer por todos los medios, para hacer
que el resto del mundo pague por la deuda de [los Estados Unidos de]
América tanto como le sea posible.15
Por supuesto, la condición agravante en la actualidad es que el resto
del mundo – aún con la históricamente muy irónica enorme contribución
china a la hoja de balance del Tesoro norteamericano – es cada vez
menos capaz de llenar el "agujero negro" producido a una escala
creciente por el insaciable apetitito de deuda de [los Estados Unidos
de] América, como lo demuestran las reverberaciones globales de la
reciente crisis hipotecaria y bancaria de los EEUU. Esta circunstancia
trae el necesario default de [los Estados Unidos de] América, en una
de sus "mas o menos brutales variedades", bastante más cerca.
La verdad de este tema perturbador es que no puede haber ninguna
salida de estas contradicciones en última instancia suicidas, las
cuales son inseparables del imperativo de la ilimitada expansión del
capital, sin tener en cuenta las consecuencias –arbitraria y
mistificantemente confundida con el crecimiento como tal – sin cambiar
radicalmente nuestro modo de reproducción metabólica social adoptando
las muy necesarias prácticas responsables y racionales de la única
economía viable,16 orientada por las necesidades humanas, en vez de
las alienantes, deshumanizante y degradantes ganancias.
Aquí es donde los desbordantes impedimentos de las
interdeterminaciones al servicio de los intereses del capital tienen
que ser confrontados, no importa que tan difícil sea bajo las
condiciones prevalecientes. Pues la absolutamente necesaria adopción y
el apropiado futuro desarrollo de la única economía viable es
inconcebible sin la transformación radical del orden socioeconómico y
político establecido.
Gordon Brown expresó recientemente su descontento acerca del
"capitalismo sin restricciones", en nombre de una totalmente
inespecífica "regulación". Quizás recuerden que Gorbachov, también,
quería alguna clase de capitalismo regulado, bajo el nombre de
"socialismo de mercado", y también deben saber lo que le ocurrió a él
y a su grotesca fantasía. Por otro lado, la expresión del Primer
Ministro británico conservador Edward Heath, largo tiempo atrás, para
el mismo pecado del "capitalismo sin restricciones" fue el "rostro
inaceptable del capitalismo". Pero el "capitalismo sin restricciones",
a pesar de su "rostro inaceptable", permaneció todas estas décadas no
sólo "aceptable" sino que –en el curso de su ulterior desarrollo- se
ha vuelto mucho peor. Puesto que los fundamentos causales de nuestros
aún más serios problemas no es el "inaceptable rostro del capitalismo
desregulado" sino su substancia destructiva. Es esta apabullante
substancia que debe resistir y anular todos los esfuerzos dirigidos a
la aún mínima restricción del sistema del capital –como, de hecho,
hizo exitosamente también en Inglaterra transformando al
socialdemócrata "Viejo Laborismo" en el neoliberal "Nuevo Laborismo".
Concordantemente, la periódicamente renovada fantasía de un
capitalismo regulado en un modo estructuralmente significativo sólo
puede equivaler a intentar poner parches*.
Pero lo último que necesitamos hoy es continuar poniendo parches,
cuando tenemos que enfrentar la gravedad de la crisis estructural del
capital, que clama por la institución de un radical cambio sistémico.
Resulta muy revelador acerca del carácter incorregible del sistema del
capital que incluso en un momento como este, cuando la inmensa
magnitud de la crisis que se despliega no puede ser negada por más
tiempo aún por los más devotos apologistas ex officio del sistema –
una crisis descripta unos poco días atrás nada menos que por el
vicedirector del Banco de Inglaterra como la mayor crisis económica en
toda la historia de la humanidad- nada puede ser considerado, ni
hablar de efectivamente hecho, para cambiar los defectos fundamental
de un orden societal reproductivo cada vez más destructivo por
aquellos que controlan las palancas económicas y políticas de nuestra
sociedad.
En contraste a la reciente iluminación por su propio vicedirector, el
director del Banco de Inglaterra, Mervyn King, no tuvo ninguna duda
acerca de la buena salud del apreciado sistema del capital, ni tampoco
tuvo la más mínima anticipación de una crisis venidera, cuando alabó
al cielo por el libro apologético del capital de Martín Wolf, con su
autocomplaciente y perentoriamente afirmativo título: Por qué la
globalización funciona. Llamó a ese libro "una devastadora crítica
intelectual de los oponentes de la globalización" y una "visión
civilizada, sabia y optimista de nuestro futuro económico y
político".17 Ahora, sin embargo, todos estamos forzados a tener al
menos cierta inquietud acerca de la real naturaleza y las
necesariamente destructivas consecuencias de la globalización
capitalista dogmáticamente aclamada.
Naturalmente, mi propia actitud hacia el libro de Wolf fue muy
diferente que la de Mervyn King y otros que comparten los mismos
intereses creados. Comenté en el momento de su publicación que el
autor, que es el principal comentarista económico del Financial Times
de Londres, olvida formular la pregunta que realmente importa: ¿Para
quién funciona?, si es que lo hace. Ciertamente funciona, hasta ahora,
y no del todo bien, para quienes toman las decisiones del capital
transnacional, pero no para la aplastante mayoría de la humanidad
quien debe sufrir las consecuencias. Y ninguna clase de "integración
jurisdiccional" defendida por el autor – esto es, en castellano
básico, el control directo más férreo de la deplorada "cantidad
excesiva de estados" por parte de un puñado de potencias
imperialistas, especialmente la mayor de ellas – podrá remediar la
situación. La globalización capitalista en realidad no funciona y no
puede funcionar. Puesto que no puede superar las irreconciliables
contradicciones y antagonismos manifiestos a través de la global
crisis estructural del sistema. La globalización capitalista misma es
la manifestación contradictoria de esa crisis, intentando dar vuelta
la relación causa/efecto en un vano intento de curar algunos efectos
negativos por medio de otros efectos proyectados ilusoriamente, debido
a que es estructuralmente incapaz de dar cuenta de sus causas. 18
En este sentido, los recientes intentos de contrarrestar los síntomas
de la crisis que ganan en intensidad, por medio de la cínicamente
camuflada nacionalización de magnitudes astronómicas de la bancarrota
capitalista, a través de recursos estatales aún por inventar, sólo
podían poner de relieve las profundamente antagonistas determinaciones
causales de la destructividad del sistema del capital. Puesto que lo
que está fundamentalmente en juego hoy no es simplemente una enorme
crisis financiera sino la potencial autodestrucción de la humanidad en
este punto del desarrollo histórico, tanto militarmente como a través
de la continua destrucción de la naturaleza.
A pesar de la manipulación concertada de las tasas de interés y las
recientes vacías reuniones cumbre entre los países capitalistas
dominantes, nada ha sido conseguido duraderamente por medio de "echar
gigantescas porciones de dinero" en el agujero sin fondo del
"crujiente" mercado global financiero. La "respuesta global de largo
alcance al vacío de confianza", como la proyectaba ilusoriamente The
Economist y sus amos, pertenece al mundo de la (no tan pura) fantasía.
Puesto que una de las grandes fallas históricas del capital, como modo
de control social metabólico largamente establecido, es el continuado
predominio de los potencialmente muy agresivos estados nacionales, y
la imposibilidad de instituir el estado del sistema del capital como
tal sobre la base de los estructuralmente afianzados antagonismos del
sistema del capital.
Imaginar que dentro del marco de tales determinaciones causales
antagonistas una armoniosa solución permanente puede ser encontrada en
la cada vez más profunda crisis estructural de un sistema de
producción e intercambio sumamente inicuo – el cual ahora se encuentra
activamente involucrado en la producción de una crisis global
alimenticia, sumada a todas sus urgentes contradicciones, incluyendo
la aún más omnipresente destrucción de la naturaleza -, sin siquiera
intentar remediar sus penosas iniquidades, es la peor manera de
pensamiento ilusorio, bordeando la irracionalidad total. Pues,
autocontradictoriamente, quiere retener el orden existente a pesar de
sus necesariamente explosivas iniquidades y antagonismos. Y la así
llamada "integración jurisdiccional de la cantidad excesiva de
estados" bajo el mando de unos pocos autodesignados, o uno, como
proponían algunos apologistas del capital, sólo puede sugerir la
–igualmente autocontradictoria – permanencia de la potencialmente
suicidad dominación global imperialista.
Es por esto que Marx es más relevante hoy que nunca antes. Puesto que
sólo un radical cambio sistémico puede ofrecer la esperanza y solución
históricamente sostenible para el futuro.
* Insertaremos la aclaración del país americano específico al cual se
refiere el autor en cada caso que lo requiera (n. del t.)
* "Dollop", aquí traducido como "porción", es una masa informe de algo
sólido o líquido. En ciertos contextos puede traducir por "cucharada".
El juego de palabras del autor alude a esta última posible acepción,
de allí la mención de los puestos ambulantes de helados que se
encuentran en la High Street de Londres.
* El autor se refiere a la deuda de los Estados Unidos de América.
* "dollops throw in", en el original (N. del T.)
* Refiere al ahorro en costos de producción por medio de la producción
masiva (n. del t.)
* "Corporación Ford de las Filipinas", n. del. t.
* El agregado entre corchetes pertenece al autor.
* El agregado entre corchetes pertenece al autor.
* "Securities management", en el original. El autor hace un juego de
palabras entre el término "securities" (bonos, valores o títulos, en
este contexto) e "insecurity" (la mencionada inseguridad del sistema
financiero internacional).
* "to tie knots on winds", en el original (n. del t.)
* Conferencia escrita para una reunión que tuvo lugar en Conway Hall,
Londres, el 21 de October del 2008. Traducción del inglés para
Herramienta y el Foro de Agustín D'Ambrosio.
1 Todas estas citas fueron tomadas del mismo artículo editoral de The
Economist, 11 de Octubre 2008, p. 13
2 The Economist, 11 de Octubre 2008, edición especial, p. 3.
3 Ibid.
4 Ibid., p.4
5 Ibid.
6 Ibid., p.6
7 Shii Kazuo en Japan Press Weekly, Número Especial, Octubre de 2008, p. 20.
8
8 "Ford se prepara para la revolución global", por Andrew Lorenz y
Jeff Randall. The Sunday Times, 27 de Marzo de1994, Sección 3, p. 1.
9
9 "Un rescate que pasó. En la estela de las aflicciones de Wall
Street, los Tres Grandes reciben un enorme subsidio." The Economist, 4
de Octubre, 2008, p. 82.
10 Ibid., p.83
11 Lehman Brothers, uno de los principales bancos de inversiones,
tenía una ratio de endeudamiento de 30 a 1. ¡Eso ya es lo
suficientemente malo!
12 "Fannie Mae y Freddie Mac: El fin de las ilusiones", The Economist,
Julio 19-25, 2008, p. 84.
13 "Una breve historia familiar: evasivas tóxicas", The Economist,
July 19-25, 2008, p. 84.
14 "Fannie Mae y Freddie Mac: El fin de las ilusiones", The Economist,
Julio 19-25, 2008, p. 85.
15 "La presente crisis", citado de la parte IV. de Beyond Capital
(publicado en Londres en 1995), pp.962-3. (En castellano en Más allá
del capital, Vadell Hermanos Editores, Caracas, 2001, pp. 1111-12.)
16 Ver a este respecto: "Crecimiento cualitativo en utilización: la
única economía viable", sección 9.5 de mi libro, El desafío y la carga
del tiempo histórico, Monthly Review Press, Nueva York, 2008, pp.
272-93. (Publicado en Herramienta, Números 36 y 37.)
17 Comentario de Mervyn King, en la contratapa del libro de Martin
Wolf's, Why Globalization Works, Yale University Press, 2004.
18 En "Educación – Más allá del capital", Conferencia de apertura
pronunciada en el Fórum Mundial de Educação, Porto Alegre, 28 de
Julio, 2004. Reimpreso en castellano en La educación más allá del
capital, Siglo Veintiuno Editores / Clacso Coediciones, Rio de
Janeiro, 2008. Ver también el capítulo: "Why Capitalist Globalization
Cannot Work?" en mi libro, The Challenge and Burden of Historical
Time, Monthly Review Press, Nueva York, 2008, pp. 380-398; Edición
castellana: El desafío y la carga del tiempo histórico, Vadell
Hermanos Editores / Clacso Coediciónes, Caracas, 2008, pp. 371-389.
Fuente:[Revista Herramienta.]
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