[R-P] [Hugo Chávez] "La maisantera"
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Feb 9 08:02:41 MST 2009
[Hugo Chávez señala el verdadero fundamento de poder de su gobierno: "La
conmemoración del cuatro de febrero fue en Maracay una verdadera
apoteosis popular-militar."
De los rostros pícaros de la guardia de Miraflores el 13 de abril,
mientras sus camaradas de armas terminaban de coronar por arriba lo que
las masas desamparadas habían afirmado por abajo, a la realidad de una
revolución en marcha.]
Las Líneas de Chávez
"La maisantera" La vida bonita, el amor bonito
Hugo Chávez Frías - www.aporrea.org
08/02/09 - http://www.aporrea.org/actualidad/a71995.html
"Dichoso el ciudadano que bajo elescudo de las armas de su mando,
convoca la Soberanía Nacional para que ejerza su voluntad absoluta".
Todos sabemos que estas palabras fueron pronunciadas por el padre
Bolívar el 15 de febrero de 1819, en aquel memorable discurso que dejó
instalado el Congreso de Angostura, allá en la ribera sur del soberbio
Orinoco. Ciento noventa años después, exactamente eso es lo que va a
ocurrir en Venezuela. El pueblo, gran hijo de Bolívar, de nuevo va a
hacer uso de su soberanía para expresar su democrática voluntad.
Y de nuevo, como en estos últimos diez años de revolución, se hará lo
que la mayoría decida en las mesas electorales.
La conmemoración del cuatro de febrero fue en Maracay una verdadera
apoteosis popular-militar. Tuve la ocasión de visitar nuevamente el
viejo Cuartel Páez y saludar a los bizarros oficiales y tropas
paracaidistas del Batallón "Antonio Nicolás Briceño".
Y allá, intactos, como si el tiempo se hubiese detenido, el patio de
formaciones bordeado de grandes árboles. Y hacia arriba, la misma
escalera de caracol, la oficina del comandante, el estandarte... Los
recuerdos...
"Parece que fue ayer".
Y luego, la Avenida Constitución atiborrada de pueblo y de soldados.
Allí conseguí viejos compañeros, grandes camaradas, todos ratificando
con su presencia nuestro compromiso patrio.
La campaña, en su quinta fase, continúa su marcha. Un verdadero huracán
recorrió los pueblos de Mariara, San Joaquín, Guacara y los Guayos.
Es indescriptible la emoción, el frenesí, la pasión desatada.
Como también son indescriptibles los sentimientos que me invadieron
cuando llegamos a aquella casa, "La Maisantera", la que fue el humilde
hogar de Rosita, María, Huguito, Nancy, y yo, desde 1989 hasta 1992.
La calle, la inolvidable calle llena de gente. Los viejos vecinos, sus
niños que ya son hombres y mujeres, jóvenes estudiantes y profesionales.
Mi compadre José Rafael, mi comadre Mimina, mi ahijado Ronald...
Mauro Araujo, por aquellos años capitán y hoy General de División de
nuestra Fuerza Aérea Bolivariana... Alejo y Zulay, de los vecinos más
entusiastas, allá en cuya casa se armaban las buenas partidas de dominó,
sobre todo los viernes por la noche.
Los Granadillo, Jenny y Arnoldo, junto a sus hijos que son coleadores y
sus hijas, ahora lindas mujeres que trabajan por la Revolución...
Y conmigo, pegadas como la hiedra, mis muchachas, Rosa Virginia y María
Gabriela, hechas toda una palpitación misteriosa, una presencia mágica.
Entramos al fin, recibidos en la puerta por donde salí aquella madrugada
tormentosa para no volver sino hasta ahora, diecisiete años y tres días
después, por una muy hermosa familia Luso- Venezolana, llena de
comprensión, de afecto y amor. Ella, la señora Ana María Pereira nacida
en Madeira, esa paradisíaca Isla de Portugal, con un niño de apenas
quince días de nacido, llamado Anthony Gabriel.
Lo ofreció, madre generosa, a mis brazos.
Y el bebé dormidito y sin hacer el menor caso al bullicio, vino a
reposar tranquilito junto a mi pecho.
El, Freddy Moreno, nacido allá mismo en San Joaquín, trabajador y padre
de familia, con una sonrisa afectuosa, abrazando a Freddy Alejandro y
Ana Patricia, los hijos mayores del matrimonio Moreno Pereira.
Mis lágrimas eran sencillamente inevitables. Y las dejé allá, regando
aquel lugar sagrado, como tributo a lo que fue para mí, un verdadero
nido de amor, de sublime amor.
Como tributo al pasado que allí palpita. Y sobre todo, como tributo al
futuro que por todas partes se asoma.
Generosos, me permitieron ver los cuartos. La habitación matrimonial con
la ventana que da hacia el garaje, esa misma a través de la cual me
llegó una tarde la voz inconfundible de mi comadre Mimina Angarita, en
un grito que fue como un balazo: "Compadre, mataron a Felipe Acosta".
Fue durante el Caracazo, exactamente cuando recién caía el sol del
primero de marzo de 1989.
Y de allí los versos del alma para el catire Acosta: "Mataron a Felipe
Acosta, a Felipe Acosta Carlez, la tormenta de los pueblos se desató por
las calles, no quedaba nada en pie, desde Petare hasta el Valle...
¡ay balazo en un instante te llevaste a mi compadre!".
Más allá, al fondo del pasillo, ay Dios mío, los cuartos de los niños. A
la izquierda, más arregladito siempre, el de Rosita y María Gabriela,
con su ventanita hacia el patio, donde habíamos sembrado un mango que
hoy ya no está y donde la negra tenía una muy productiva micro-siembra
de tomates y pimentones. Y a la derecha, con la puerta del bañito de por
medio, el siempre alborotado cuarto de Huguito Rafael, donde mi niño
cantaba, dibujaba y soñaba.
Después entramos a la cocina. ¡¡la misma cocina!! Y allí me tomé dos
cafecitos, creo que los dos más sabrosos de tantos en estos últimos
diecisiete años.
Y me obsequiaron tres cocos del árbol de cocotero que sembramos una
noche de canciones y luna llena. ¡¡Cómo creció esa mata de coco!! Se
levanta imponente, señorial, generosa con sus frutos como pechos de Diosa...
Por fin, nos fuimos con la despedida generosa y la sensación de haber
hecho un viaje al pasado. Con mis dos hijas mujeres allí, símbolos vivos
y hermosos de la vida bonita, del amor bonito... ¡¡Gracias digo, desde
el fondo de mi corazón!!
Luego, entramos en caravana a San Joaquín, con sus calles largas
inundadas de pueblo... y de recuerdos. Después Guacara y los Guayos, ya
casi a las diez de la noche.
¡¡ El doble ataque blindado avanza sin tregua!! Y llevo en mi pecho un
arma muy poderosa que cada día se hace más grande, regalo de los caminos
y de los pueblos, de los hijos y los recuerdos: ¡El amor, el amor, el
amor! Por amor, vamos todos y todas el 15 de febrero: SÍ, SÍ, SÍ..
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