[R-P] [R.Navarro] Los números del "campo".

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Dom Feb 8 13:43:41 MST 2009


[Del suplemento Cash de Página 12]



Por Roberto Navarro

Entre 2003 y 2008 el sector agropecuario aumentó sus exportaciones en
un 150 por ciento, sus ventas totales, un 160 por ciento, y sus
ganancias un 340 por ciento. Esta excepcional performance estuvo
basada, fundamentalmente, en la explotación de cereales y oleaginosas.
El nivel de precios actual de estos granos, descontadas las
retenciones, es similar al que regía a finales de 2007 para la soja,
el maíz y el trigo, que representan el 90 por ciento de la cosecha, y
un 27 por ciento menores en el girasol. Y los costos de explotación
bajaron un promedio del 20 por ciento. En ese momento ninguna de las
cámaras que representan al campo se quejaba de su situación. Hoy, en
similares condiciones, acaban de anunciar un nuevo lockout
empresarial.

La Secretaría de Agricultura y consultoras independientes estiman que
la sequía tendrá como resultado una caída en la producción de la
actual campaña de aproximadamente un 15 por ciento, con respecto a la
anterior. Hecho que, obviamente, disminuirá las ganancias de 2009.
Pero las 2500 grandes explotaciones, que concentran el 80 por ciento
de la producción, tienen la posibilidad de utilizar métodos de riego
adicional –si tuvieron la previsión de reinvertir parte de sus
fabulosas utilidades en esta tecnología– y de cobrar los seguros de
sequía que ofrecen los bancos. Para los más pequeños el Estado
nacional destinó 230 millones de pesos en subsidios y declaró la
emergencia agropecuaria, que pospone por un año el pago de los
principales impuestos.

En 2003 la producción de granos, el principal rubro de explotación
agropecuario, fue de 66,8 millones de toneladas; en 2008 alcanzó los
95,4 millones de toneladas, un 42 por ciento más. Aduana registró que
esas ventas significaron ingresos para los productores por 10.214
millones de dólares en 2003 y por 25.397 millones de dólares en 2008,
un incremento del 148,6 por ciento. En 2003 –siempre según datos de la
AFIP– el campo tributó de impuesto a las ganancias por sus utilidades
de 2002 un total de 1183 millones de pesos. El año pasado pagó 3841
millones, 225 por ciento más. Las estimaciones de lo que deberán pagar
por sus ganancias de 2008 superan los 5000 millones de pesos. Es decir
que, según sus propias declaraciones juradas, aumentaron sus ganancias
en un 340 por ciento en términos nominales en un lustro.

El seis de noviembre de 2007, el gobierno de Néstor Kirchner aumentó
los derechos de exportación de los granos. Las cámaras empresarias del
sector protestaron por la medida, pero finalmente la toleraron por el
buen nivel de precios de los cereales. El precio actual de los
principales granos, descontadas las retenciones vigentes, es similar
al de ese entonces. La soja, que representó en 2008 el 54 por ciento
de la producción, cerró el jueves último a 384 dólares la tonelada.
Descontándole el 35 por ciento de retención vigente, el productor
recibe 250 dólares. En noviembre de 2007 recibía 252 dólares. El maíz,
que significa el 27 por ciento de la cosecha, con una retención actual
del 32 por ciento, cotiza a 124 dólares, un dólar más que en 2007. Es
decir que en más del 80 por ciento de la producción, los ruralistas
reciben el mismo precio que en 2007. En el caso del trigo, el
productor obtiene un 9 por ciento menos que en el período citado,
mientras que en el girasol la baja es del 27 por ciento.

Los principales dirigentes agropecuarios afirman que por la sequía los
rindes por hectárea serán menores y que por lo tanto ganarán menos.
Pero no hablan de la fuerte baja en los costos que los está
beneficiando. El precio de los agroquímicos cayó un promedio de 35 por
ciento en el último trimestre, arrastrado por la caída del petróleo y
por la misma baja de los granos. Las semillas cuestan 20 por ciento
menos. Pero la baja de costos más importante es el derrumbe en el
valor de los arrendamientos, que supera el 40 por ciento. El año
pasado se pagaban hasta 23 quintales de soja por hectárea; en la
actualidad ningún alquiler supera los 15 quintales la hectárea y en
muchos casos se están pactando 12 quintales. El 70 por ciento de la
producción nacional de granos se realiza en campos arrendados y para
los productores el costo del alquiler significa el 50 por ciento del
total de sus gastos. Según la revista Márgenes Agropecuarios, la de
mayor circulación entre los productores del campo, en promedio, se
estima que la caída de costos supera el 20 por ciento.

Cuando se revisan los resultados de 2008, año marcado por el conflicto
agropecuario, surge que el sector rural obtuvo una alta rentabilidad.
El aumento de las ganancias declaradas a la AFIP fue del 52,8 por
ciento con respecto al período anterior: 2514 millones de pesos en
2007 y 3841 millones el año pasado (los pagos de ganancias
corresponden siempre a las utilidades conseguidas el año anterior). A
la vez, las exportaciones treparon de 19.300 millones de dólares en
2007 a 25.397 millones en 2008, 31,5 por ciento de aumento.

La diferencia entre los costos de la sequía que estima el Gobierno con
respecto a los de las cámaras agropecuarias es enorme. En el Ejecutivo
hablan de 2000 millones de dólares; Confederaciones Rurales Argentinas
asegura que se perderán 5000 millones de dólares. Más allá de los
métodos de cálculo que haya utilizado cada uno, hay un concepto
principal a definir: ¿a qué se le llama pérdida? Es lógico que un
pequeño productor que tenía 50 cabezas de ganado y se le murieron
hable de pérdida. Pero, según estimaciones del Ministerio de Economía,
los grandes productores pasarán de ganar un 100 por ciento sobre
inversión neta en 2008 a un 50 por ciento en 2009. Y dan un caso
concreto: un campo de 200 hectáreas en el norte de la provincia de
Buenos Aires sembrado de soja el año pasado arrojó una ganancia de 433
dólares por hectárea, mientras que en 2009, a precios del viernes
último, dejará 290 dólares. Al cambio actual, esos 290 dólares
significan 1015 pesos por hectárea, casi lo mismo que arrojaba esa
explotación a fines de 2007, pero un 600 por ciento más que los 155
pesos que dejaba en 2001 ¿Puede llamársele pérdida a esos 290 dólares
por hectárea? Los popes de las cámaras gremiales piensan que sí y por
eso proponen un nuevo lockout.

La sequía reduce el rendimiento en cantidad de quintales que se
cosechan por hectárea y en muchos casos ni siquiera permitió sembrar.
El factor climático es un determinante de rentabilidad importantísimo
para el campo. Los productores lo saben. Por eso existen elementos
para paliar esa amenaza siempre presente. Una de ellas son los seguros
climáticos que ofrecen los bancos. Según el tamaño de la explotación y
el alcance de la póliza, el seguro significa entre un 2 y un 5 por
ciento del costo total. Muchos grandes productores lo tienen; otros,
más arriesgados, hoy se arrepienten de no haberlo contratado. Como
siempre, para los productores muy pequeños, no es accesible. Si el
Estado se hiciera cargo de las "pérdidas", nadie necesitaría gastar en
seguros.

Los primeros perjuicios económicos causados por la debacle
internacional ya se conocen. En diciembre la producción automotriz
cayó 41 por ciento; la producción de acero derrapó 31 por ciento; la
de cemento, casi 10 por ciento, por citar algunos sectores relevantes.
Hasta ahora ninguno de estos damnificados anunció ningún lockout ni
amagó con cortar rutas. El sector agropecuario, el que contabilizó el
mayor incremento en sus ventas y ganancias en los últimos cinco años,
acaba de anunciar el primer lockout de 2009 para fines de febrero.




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