[R-P] ( Alberto Franzoia) Sobre aliados posibles
hugopresman en yahoo.com.ar
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Jue Feb 5 08:49:40 MST 2009
Sobre aliados posibles
El artículo del compañero Norberto Galasso "Los aliados posibles y el
enemigo principal" expresa buena parte de lo que pienso sobe la necesidad de
diferenciar enemigos, aliados actuales y posibles aliados futuros. Nadie que
tenga en buen funcionamiento su brújula puede ignorar que Pino Solanas y
Proyecto Sur están en medio de un formidable despiste, ya que perdieron de
vista la relación de fuerzas existente y quiénes integran cada uno de los
dos frentes políticos que expresan en la actualidad la contradicción
principal. Sin embargo eso no los pone en pie de igualdad con el enemigo
histórico ni con esa izquierda abstracta y eternamente despistada que
siempre fue funcional al imperialismo y a la oligarquía. Lo mismo puede
sostenerse y con mayor razón con aquellos compañeros que integran Libres del
Sur. Ellos acompañaron buena parte del proceso kirchnerista y ahora, como
producto de un incorrecto análisis de la política partidista seguida por
Néstor Kirchner deciden salirse del espacio que hemos compartido. Están muy
equivocados pero eso no los pone entre los habituales oportunistas y menos
aún entre los enemigos. Caer en un abordaje maniqueo de nuestra parte no nos
permitiría superar el maniqueísmo de ellos. De lo que se trata es de
comprender las razones del error y persuadir con la palabra y con la fuerza
de las acciones coherentes para ayudar a rectificarlo.
Leyendo el reportaje que se le hizo Victoria Donda uno puede encontrarse
con cosas en las que diferimos, pero abría que ser muy necio o sectario para
no descubrir los puntos de encuentro que ubican a este tipo de compañeros en
el campo de lo que Galasso define como aliados posibles. Hay un momento del
reportaje que es particularmente clarificador en cuanto a las diferencias de
esta izquierda del campo nacional, despistada en la coyuntura, y la otra
izquierda, aquella que ha experimentado hasta la fecha un despiste
estructural. Cuando Victoria narra su fugaz paso por el Partido Obrero dice:
"Fui a una reunión del Partido Obrero y me pareció horrible, no les entendía
nada. Yo no era política, fijate que en mi habitación tenía al Che y a
Gandhi. Quería cambiar las cosas pero no estaba politizada. Y en el PO yo no
entendía cómo no reivindicaban que las Malvinas son argentinas, el tema de
la bandera, los símbolos patrios. Y de ahí fui a la «Vence» (Venceremos), y
me quedé.
Va el reportaje completo.
Alberto J. Franzoia
Nota de tapa en El Ortiba
Entrevista a Victoria Donda Pérez
Por Oscar Castelnovo
Revista Acción
Miedos, alegrías y un hilo azul
(AW) La primera nieta restituida por Abuelas de Plaza de Mayo que llega a
una banca descree que este hecho signifique algo especial, salvo una
reivindicación de los pañuelos blancos. Cuando bucea en su historia deja el
bronce y la "careteada" y encuentra una verdad, cruenta pero propia, y
afirma que su lucha es una contundente victoria de sus padres desaparecidos.
Los ojos oscuros, vivaces, y la sonrisa amplia, parecen desmentir el
vendaval que la sacudió desde el día en que emergió del vientre de su madre
a la vida -en la Escuela de Mecánica de la Armada- allá por agosto de 1977.
Victoria Donda Pérez sostiene que su lucha es la victoria de sus padres,
María Hilda Pérez y José María Laureano Donda, ambos militantes montoneros
detenidos-desaparecidos.
Cuando aún se llamaba Analía y cursaba el tercer año del secundario, el Che
y Gandhi movilizaron sus sentimientos. Entonces, hacía la merienda para los
pibes del Doque (Dock Sud) o leía cuentos a los ancianos cobijados por el
desamparo de la Argentina menemista.
Hay un rasgo que la distingue: Vicky, así la llaman, confiesa sus miedos y
sus contradicciones, revela los temores que la recorrieron antes de hacerse
el ADN y hoy cree que los sentimientos encontrados -surgidos cuando
descubrió que era otra- no la dejarán nunca. Habla del aprendizaje que
significó conocer a sus padres revolucionarios, no desde el aura del
«militante perfecto», sino desde su entrega descomunal a la lucha pero
también desde sus «defectos», tales como los excesivos celos de su madre o
las «escapadas» de su padre.
La historia de Vicky reviste matices atroces aun en el marco de los crímenes
de la dictadura, ya que quien entregó a la tortura y a la desaparición a sus
padres, y a ella a la apropiación, es nada menos que su tío carnal, hermano
de su papá, el oficial Donda -hoy preso-, que nunca se arrepintió de las
fechorías perpetradas sino, por el contrario, manifestó su orgullo por «los
actos de servicio».
Victoria confiesa que se siente mejor cuando va a Villa Inflamable en el
Doque, «lo considero mi barrio», que en su banca de diputada. Pero, dice,
«un militante debe aceptar las necesidades del momento».
Ella continúa con su militancia porfiada. Su risa contagiosa le quita tono
de tragedia a la vida. Y así quizá evoca parte de «Nanas de la cebolla»,
aquel poema que Miguel Hernández le escribió a su hijo antes de morir en
prisión: «Es tu risa la espada/ más victoriosa, /vencedor de las flores/ y
las alondras/ Rival del sol/ Porvenir de mis huesos/ y de mi amor». Tal vez
por eso no le gusta, y lo hace saber, que tomen sólo una parte de ella: la
tristeza. «¿Quién no la tiene?», se interroga. «Pero yo no soy sólo eso:
tengo alegría para repartir», subraya.
-En agosto de 1977 naciste en la Esma, ¿qué pasó inmediatamente después?
-Héctor Febres (el represor de la Esma que fue envenenado por sus pares
cuando faltaban horas para recibir el fallo que lo condenaría por sus
violaciones a los derechos humanos), me llevó a tomar la teta a la casa de
una señora que había tenido un bebé, porque yo no quería la mamadera.
-¿Y luego?
-Y luego es toda la vida con la familia que me crió, de lo cual no hablo.
-¿Considerás que a quienes vos llamaste mamá y papá, durante tantos años,
actuaron de buena fe?
-Considero qué él cometió el delito de apropiación.
-¿Los ves actualmente?
-Sí, los veo.
-Tu mamá, luego de darte a luz en la Esma, pasó un hilo azul en forma de
aritos por tus orejas, ¿ese hilo cumplió con el cometido que ella había
imaginado?
-Sí. Una señora llamó a Abuelas de Plaza para hacer la denuncia que una
noche Febres le había llevado una bebita muy bien vestida para que ella la
amamantase porque lloraba mucho, y la compañera de Abuelas le preguntaba:
«¿Y vos qué te acordás de la chiquita?». «Que lloraba. Que era más
chiquitita de lo normal.», respondió. La Abuela insistía: «¿Y qué más, qué
más?». «Lo único que me acuerdo es que tenía unos hilitos azules en las
orejas», dijo la señora. Y cuando leí el testimonio me imaginé que era yo,
por la relación que yo tenía con Febres.
-¿Cómo era esa relación?
-Bueno, nos veíamos en las fiestas. Me decía «turquita» cuando era chica, y
cuando fui más grande y empezaba leer al Che, me decía «zurdita».
-¿De qué modo nació y se desarrolló tu militancia?
-Yo iba al Instituto de Señoritas Sagrada Familia, de Quilmes, y empecé a
pensar que había otra forma de ver la realidad, otra forma de interpretar la
existencia de chicos pidiendo o en los orfanatos, o viejitos que se morían
solos. Había quienes escribían libros a favor de Rosas y otros en contra.
Pensaba que había por lo menos dos formas de ver las cosas, y que la gente
se posicionaba de un lado y del otro. Y aun aquellos que dicen «no me
interesa la política», estan tomando una posición. Y me dije: quiero hacer
política. Entonces, en 1996 empiezo a ir a los orfanatos y a los asilos con
grupos juveniles de la Parroquia El Niño de Dios. El padre Luis, que era el
confesor de mi escuela, me regaló una biografía del Che para mis 15. Y ahí
empezó una fuerte búsqueda.
-¿Por dónde comenzó?
-Fui a una reunión del Partido Obrero y me pareció horrible, no les entendía
nada. Yo no era política, fijate que en mi habitación tenía al Che y a
Gandhi. Quería cambiar las cosas pero no estaba politizada. Y en el PO yo no
entendía cómo no reivindicaban que las Malvinas son argentinas, el tema de
la bandera, los símbolos patrios. Y de ahí fui a la «Vence» (Venceremos), y
me quedé.
-Cuándo hacías solidaridad con las monjas, ¿en qué consistían las
actividades?
-Íbamos a los orfanatos, leíamos cuentos a los chicos, les hacíamos la
leche. Y a los viejitos y viejitas les cantábamos y leíamos. Ellos eran
felices y nosotros también.
-¿En qué año de la secundaria estabas?
-Tercero, cuarto, por ahí.
- Cuando compañeras de Abuelas y de H.I.J.O.S te dijeron el 30 de junio de
2003 que existían fuertes sospechas de que eras hija de desaparecidos, según
leí, expresaste: «Las odié con toda mi alma». Y recién fuiste luego de ocho
meses a hacerte el ADN, casi todo un período de gestación. Y restituiste
legalmente tu identidad el 8 de octubre de 2004. ¿Qué sucedió con vos, con
tus sentimientos, en todo ese tiempo?
-Ufff... Contradicciones muy profundas que no resolví. Creo que todos los
seres humanos tenemos contradicciones, son parte de nosotros, y la vida no
se resuelve en blancos y negros, hay grises en el medio.
-¿Cuál fue la contradicción más intensa?
-¿Cuál fue? Sigue siendo, por eso yo no hablo de la gente que me crió.
-¿Por qué, concretamente?
-Porque los quiero.
-¿Qué otras contradicciones tenías o tenés todavía?
-El tema de concebirme como la que no tenía miedo a nada era una careteada,
tenía miedo a hacerme el ADN y también a muchas cosas.
-¿Qué te provocaba hacerte el ADN?
-Sentía un vacío enorme. Que te podía dar, te podía no dar, pero ya no eras
quien eras.
-¿Cuál era tu nombre entonces?
-Analía. Hay gente en el barrio que aún me llama así.
-¿Qué más fue pasando en esta historia que tuvo mucho de construcción tuya,
propia? ¿Viste con tus ojos, escuchaste con tus oídos, atendiste tus miedos,
elegiste tus tiempos?
-Pasó que estuve en la Esma y fue toda una conmoción. Me di cuenta de que
sabía que había nacido ahí. Fue emocionante y un bajón a la vez. Pensaba en
mi vieja, en los ovarios que tuvo para quedar embarazada, seguir peleando
por la misma sociedad por la que peleo yo, que no iba a sacarme sangre, ella
se bancó la tortura para que yo pueda nacer... No sé, por un momento sentí
que no era digna de los padres que había tenido.
-¿Cómo supiste que habías nacido en la Esma?
-Hay formas de acercarte a quien fue tu familia biológica. Sabiendo que el
año que dice tu documento no es en verdad el año en que naciste. En mi
partida dice que nací en 1979. Y si me preguntás la edad te voy a decir 29
años. Cuando era una nena y los compañeros me buscaban, en los archivos
figura que si sabés qué fuerza te había secuestrado podías saber de qué zona
geográfica era la compañera que te tuvo. Yo sabía que había sido la
aeronáutica, así que supuse que mi mamá era del Oeste del Gran Buenos Aires.
Entonces, empecé a buscar en los archivos una mujer en el Oeste y había tres
mujeres que podían ser. Una de las tres era muy parecida a mí y fui a la
casa de Vero, una compañera de H.I.J.O.S. y le pregunté a ella. Y no me dio
respuestas. Me dijo: te tenés que hacer el ADN. Pero me di cuenta de que esa
mujer era mi mamá.
-Y cuando empezás a recuperar a tus viejos, a conocer cómo habían vivido,
¿qué valoración hacés de ellos?
-¿La de ahora, ahora, o la de antes?
-Las dos.
-Al principio pensaba todo el tiempo que tenía que actuar y vivir como lo
había hecho mi vieja. Y era algo absolutamente agotador. Sobre todo con mi
mamá. Yo no sé si porque soy muy parecida físicamente, o había encontrado a
más compañeros que la conocían a ella. O a mi tío, mi abuela. Era una
presión tener que hacer lo que mi mamá hubiera hecho a cada momento. Sin
embargo lo pude superar, ahora la veo como a una mamá, incluso con algunos
defectos. Pero viste que cuando la gente no está, los defectos son más
chicos.
-¿Qué defectos, por ejemplo?
-Tenía muy mal carácter. Y además era muy celosa de mi papá. Cuando estaba
embarazada de mi hermana, una compañera había venido a vivir a la casa de
ellos. A mi vieja se le había cruzado que mi papá andaba con esa compañera,
era muy pero muy celosa. Ahora, conociendo a mi papá, que era bastante
mujeriego y se hacía sus escapadas, no lo descarto. Y, como la compañera
tenía problemas gástricos, mi mamá le ponía pimienta en la comida para que
se descomponga.
-¿Y qué de tu viejo?
-Él era así como muy tranquilo y rebelde. Él estaba haciendo la carrera
naval y empezó a militar con un grupo grande de compañeros del Liceo, de los
cuales hay muchos que están desaparecidos. Él empezó a militar en la Unión
de Estudiantes Secundarios (UES) y después en Montoneros. Me contaron
compañeros del curso que mi viejo siempre andaba con un libro de Hernández
Arregui que se llamaba Peronismo y Socialismo. Pero sólo lo llevaba al Liceo
Río Santiago para molestar a los oficiales.
-¿Qué significa para vos haber sido la primera nieta restituida elegida
diputada?
-Implica responsabilidad, ningún significado tan especial. Hay quienes
piensan que la lucha por la revolución se lleva en la sangre. Y yo no creo
en eso. No somos los herederos de los laureles de esa generación. Nosotros
tenemos que hacer nuestro propio camino. No es algo que a mí en lo personal
me santifique. Al contrario, siento más responsabilidad que si no se supiera
sque soy hija de desaparecidos. Lo único especial que siento es que es una
reivindicación de las Abuelas. Y entre ellas mi abuela Leontina que vive en
el exterior.
-Aparte de la política, ¿qué te gusta?
-Me gusta bailar salsa, reguetón, hip-hop, danza árabe y rocanrol, y soy
ricotera. No voy a bailar a los boliches, no tengo tiempo, lo hago en casa y
voy a aprender. También leo mucho, este año me maté.
-¿Literatura?
-Sí, leo literatura para despegar.
-¿Qué leíste últimamente?
-Me encanta lo latinoamericano clásico, tipo Isabel Allende, García Márquez,
Ángeles Mastretta. El último que leí fue Maridos, de ella precisamente.
-¿Qué libro recordás ahora que te haya gustado más?
-Retrato en sepia, de Isabel Allende.
-¿Qué sensaciones te causó ver el documental Victoria y la obra Vic y Vic
que hacen referencia a tu historia?
-La obra me pareció novedosa y divertida. Pero el documental no me gustó
mucho.
-¿Por qué?
-Porque muestra una parcialidad de la recuperación de la identidad de los
nietos, en verdad es eso. Y es sólo una parte del proceso de mi vida. Pero
si alguien espera ver algo de mí en ese documental, la verdad es que se ve
muy poquito. Si bien no era sólo sobre mí, yo no soy esa.
-¿Y quién sos?
-Soy otra que no está llorando todo el tiempo. Está bien que muestra
momentos muy duros y la verdad es que lloré. Pero te pregunto a vos, ahora
soy yo la periodista, ¿cuántas veces me viste llorar?
-Ninguna.
-Bueno, en este documental estoy triste y llorando todo el tiempo. Y yo no
soy así, y si bien hay cosas que me duelen mucho yo tengo alegría para
repartir.
-¿Qué cosas, qué hechos te duelen de nuestro país?
-Hace poco fuimos a Misiones y me impactó la situación de la gente que sufre
las consecuencias de Yacyretá, por ejemplo. Porque ahora hay una pelea para
que no relocalicen a los relocalizados. Se trata de compañeros que vivían a
la vera del río, pero con la represa y la construcción de proyectos
inmobiliarios, a todos los pescadores que vivían del río los llevaron mucho
más adentro, entonces todos perdieron su fuente de trabajo y su medio de
subsistencia que era el río. Son comunidades que tardan mucho tiempo para
rearmarse. Pero el pueblo se las ingenia para ganarse el pan y ellos armaron
bloqueras para construir ladrillos, pero ahora los quieren volver a sacar
porque otros quieren ganar dinero con la cuestión inmobiliaria. Más otras
cosas: en Misiones no hay agua potable, es la incoherencia absoluta, en
Mosconi se usan garrafas carísimas y el pueblo vive sobre un yacimiento
gasífero. Esas cosas me duelen del país.
--Participaste también en la lucha por la libertad de los presos políticos,
especialmente por Karina Germano López (La Galle), militante de H.I.J.O.S.
detenida en Ezeiza; o por los campesinos paraguayos recientemente
extraditados.
-Sí, el tema de los presos políticos también me duele. Y me parece obvio que
nadie merece las rejas por la lucha. Pero creo que desde el campo popular,
así como somos capaces de entender las contradicciones que había entre las
organizaciones populares de la década de los 70, aunque pocos lo dicen, hay
que ver que hoy existen organizaciones que hacen de esto «su» política. No
las voy a nombrar porque sería macartismo. A mí no me parece que esté bien,
en todo momento, que tu única herramienta sea la confrontación directa. Pero
me comprometo con el tema, hay compañeros a los que ayudamos, a los que
reivindicamos. Lo que se hizo con los presos paraguayos me parece una
barbaridad, digo, lo que hicieron la Justicia, extraditándolos, y el
Gobierno, negándoles el refugio. Y en el caso de la Gallega, me parece que
lo que hay en el Gobierno es falta de voluntad de resolver el tema, porque
si bien es presa política del gobierno de Lula, cuando el Gobierno quiere
resolver un tema, lo hace. Un compañero me increpó en Misiones y me dijo
«vos tenés que defender a los presos políticos». Y yo los defiendo. Y si me
apurás un poco, creo que todos los que están presos son políticos.
-Como buena ricotera coincidís con el Indio Solari: todo preso es político.
-Y sí. En este sistema económico, político y social, el poder, la clase
dominante decide quiénes deben estar presos y quiénes no. Así como los
medios se ponen de acuerdo para decir quiénes son los delincuentes y quiénes
los «empresarios». Porque cuando hablan de los tres narcotraficantes que
mataron en General Rodríguez los medios hablan del asesinato de tres
empresarios. Y cuando hablan de los negritos del barrio, como yo, dicen que
robaron un kiosco tres peligrosos delincuentes.
-Hablando de los chicos, hace pocas semanas volvió a insinuarse un debate
acerca de si debe bajarse la edad de imputabilidad de los menores.
-Esa es otra cosa que me lacera. Los chicos son responsabilidad de los
adultos, de las políticas de inclusión de la niñez, adolescencia y juventud.
Es el Estado quien debe ampararlos antes que les sean robados todos sus
derechos y terminen en la desesperación. A mí me duele que el gobernador
Scioli diga que las villas son nidos de delincuentes. Me duele lo que pasa
en el Doque, una compañera me vino a hablar porque tenía un problema grave.
La tenían encerrada hace dos años los dueños del conventillo donde vivía. En
el Doque hay un acuerdo entre la comisaría y dos inmobiliarias, mediante el
cual se quedan con los conventillos sin dueños legales y se los dan a sus
amigos mediante escrituras truchas. Luego alquilan las habitaciones,
contratan seguros y si el conventillo se quema, se hacen otro tipo de casas
y la gente que vivía ahí termina siendo sacada por la fuerza. Bueno, esta
mujer fue víctima de algo así, pero su casa no se quemó, su hijo se suicidó,
y el dueño del conventillo puso un tipo para vivir adelante que le abría y
le cerraba la puerta según los horarios que él estipulaba. De ocho de la
mañana a ocho de la noche la puerta estaba cerrada. Y ella para salir
durante el día le tenía que pedir permiso al responsable del conventillo.
Ella tiene dos válvulas para respirar y tres nietos. En un momento tuvo un
paro cardiorrespiratorio y el nieto tuvo que salir por los techos a llamar
al médico y a la policía, porque no le abrían la puerta como un medio de
hostigamiento para que se vaya. Eso es parte de la miseria y sus
consecuencias. Y pasa a pocas cuadras de la Casa Rosada.
-Rodolfo Walsh sostuvo que el peor crimen que cometía la dictadura era
planificar la miseria para millones, por mucho tiempo. ¿Suscribís la idea?
-Sí, claro. Y creo que ese fue el triunfo del imperio, pero no el de los
militares, éstos tuvieron una victoria pírrica y hoy enfrentan juicios por
sus crímenes. Mientras tanto el imperio se disfraza de un montón de cosas y
nos armó una suerte de democracia mentirosa, donde creímos que ir a votar
cada cuatro años es la Democracia, y buena parte de la clase política
corrupta se puso al servicio del imperio. Lo que quedó en pie está
maltrecho, pero nos estamos recuperando. Ningún imperio duró para siempre.
Todos cayeron, pero nunca caen solos, es la lucha de los pueblos en unidad
lo que los va a derribar.
-Una dirigente de Hijos La Plata solía decir que a pesar de la derrota: «Los
Hijos somos un cacho de victoria de nuestros viejos». ¿Lo compartís?
-Absolutamente. Hace poco un compañero de mi papá me dijo su nombre
verdadero, no «el de guerra», fue la última persona que vio a mi viejo. Mi
papá estaba casi inconsciente, hecho mierda, golpeado por todos lados, como
señuelo, vigilado por los militares en la Plaza de Morón para que caigan
otros compañeros que supuestamente irían en su auxilio. Pero los que lo
golpearon así, los que le hicieron de todo a mi vieja embarazada en la Esma,
nunca pensaron que la hija que mi mamá tenía en el vientre en algún momento
reclamaría cárcel y castigo, que esa hija iba a luchar por la misma sociedad
por la que pelearon sus viejos. Y en ese sentido, sí, somos una victoria
contundente.
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