[R-P] [R-PEl "ateo militante"
Abulafia
abulafia en arnet.com.ar
Mie Feb 4 05:12:59 MST 2009
Jué pucha con el ateo militante!
Asi parece. El ateo militante es una persona que ve a dios como a una teta.
Recurre a él cuando necesita mamar. Nada más.
El ateo militante es coherente con el dogma.
Dios es "Todo...", "Omni...", "Señor...", "Padre....", y un chorro de
atributos altisonantes que te hacen sentir una mierda como sus criaditos que
dicen que somos. Encima nos llaman "siervos" los mismos que hablan de libre
albedrío.
Somos en general, pecadores de pecados "blancos", pero algunos siervos pero
no tanto, en tanto soberanos "por la gracia de dios" están por sobre las
leyes y pecan de horrendos pecados oscuros (1).
Así los obispos -- o los rabinos, que más da-- bendicen las armas como el
cardenal de los habanos, Spellmann, lo hizo en Viet Nam. Los jodidos son los
magnicidios. Eso no se hace. Lo demás son efectos colaterales.
Es evidente que si Dios es quien dicen que es, los vendedores de ese
software imprescindible para sus usuarios, a nosotros no nos necesita para
nada.
Son los vendedores del "GODware 10^12.3 el más generoso y amigable del
mercado", quienes se benefician mediante él, de nosotros.
Yo también uso el GODware (a escondidas).
Como el Windows XP, se me hace imprescindible.
¡Quiero Teta!!!!
Outa
(1) Pecados blancos: Los que no joden a nadie. La mentira es un pecado
jodido. Pero cuando las contas al volver de pescar, no joden a nadie. Son
blancas.
Pecados oscuros: son los que joden al prójimo, a sus medios de
subsistencia y a su ambiente sano. Antes se decía que un humano, incluso su
cuerpo muerto, eran "el templo del Espíritu Santo" y los pecados contra el
ES no podían ser perdonados.
No se que dirán ahora los gerentes del GODware, probablemente, los pecados
contra la humanidad pueden ser pagados en comodas cuotas en el "Purgatorial
Banck" o mejor aún comprando indulgencias.
----- Original Message -----
From: "Fernando Lavayen" <fernando.lavayen en gmail.com>
To: <abulafia en arnet.com.ar>
Cc: <nmgoro en gmail.com>; "Lucha de masas para recuperar la Argentina"
<reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
Sent: Tuesday, February 03, 2009 9:37 PM
Subject: Re: [R-P][Alberto Szpunberg] ¿El año que viene en Jenín?
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
>
> Impresionante.
> A mi como ateo militante, solo se me ocurre pedir. Dios, por favor aleja
> tu
> dedo de mi. (ese Dios, el mismo de judíos, musulmanes y cristianos. Porque
> es el mismo. ¿No?
>
> El área parece arrasada por un terremoto, con las casas destruidas y sus
>> paredes dinamitadas por los tanques e incendiadas por los misiles,
>> lanzados desde los helicópteros Apache en Hawashin, el corazón del campo
>> de refugiados de Jenín. Bombardearon los colegios de Naciones Unidas, el
>> centro de salud y también el de purificación de agua.
>
> No son muchos -¿cincuenta, quinientos, mil palestinos?-, pero todos
>> saben que suman seis millones... Todos ellos han estado en Auschwitz y
>> saben muy bien qué es Jenín. Y a mi abuelo se le llenan los ojos de
>> lágrimas. Después de 5.762 años, él no hace planes de futuro -«El año
>> que viene en Jerusalén»- para discutir las diferencias entre un horno
>> crematorio y un misil ni si seis millones de judíos son más que
>> cincuenta, quinientos palestinos. Me acerco un poco más al espejo y me
>> reconozco: sus lágrimas son mías.
>
> Las Caterpiller son la principal arma del ejercito sionista.
> Son las que aparte de matar destruyen el trabajo de toda la vida y las
> ilusiones de los sobrevivientes.
>
> Son la demostración empírica, de facto, del carácter fascista del sionismo
> y
> del estado de Israel como realidad y proyecto.
>
> No pensaba meterme activamente, pero no pude, y esto no tiene nada que ver
> con los judíos en general, o si, pero esa es otra discusión y otro
> análisis,
> ahora lo que esta presente es el sufrimiento y la muerte.
>
> Fernando Lavayén
>
>
> ----- Original Message -----
> From: "Nestor Gorojovsky" <nmgoro en gmail.com>
> To: <fernando.lavayen en gmail.com>
> Cc: "Lucha de masas para recuperar la Argentina"
> <reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
> Sent: Monday, February 02, 2009 1:12 PM
> Subject: [R-P] [Alberto Szpunberg] ¿El año que viene en Jenín?
>
>
>> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>>
>>
>> Gentileza Lido Iacomini
>>
>> El año que viene en Jenín
>> por Alberto Szpunberg*
>>
>> 1.
>>
>> El olor dulzón de la muerte impregnaba el aire de polvo y dolor,
>> mientras un enjambre de moscas sofocaba el campo de refugiados de Jenín.
>> Con las manos, y sin lágrimas, dos hermanos buscaban el cuerpo de Hamad
>> Massaud Abu Ba, su padre, sepultado por los bulldozer del ejército
>> israelí a un metro bajo tierra.
>>
>> Yo mismo no sé por dónde empezar. El tecleo siempre es infinitamente más
>> lento que las ráfagas. Antes de pulsar una sola letra, alguien ya puso
>> en marcha su bulldozer y avanza, ojo por ojo, diente por diente, sin
>> distinguir ventanas, paredes, perros, niños, libros, novias, gasas,
>> platos de sopa aún tibios, ni siquiera ese viejito “¿mi abuelo José?
>> ¿Qué hace ahí en Jenín, en ese infierno, mi abuelo José?”, ni siquiera
>> ese viejito que se lleva las manos a la cabeza para cubrirse del horror.
>> Quiero tomarlo por los hombros y apartarlo, quiero gritar, pero es
>> tarde. ¿Siempre es tarde? La muerte, que no tiene después, siempre es
>> antes. Y la sangre es el único río en que los seres humanos nos bañamos
>> dos, doscientas, infinitas veces. Me miro al espejo y no sostengo la
>> mirada del judío que me mira. Los ojos de mi abuelo José eran
>> transparentes como la primera estrella. Pero su manera de titilar ahora
>> es llanto.
>>
>> 2.
>>
>> .
>> El área parece arrasada por un terremoto, con las casas destruidas y sus
>> paredes dinamitadas por los tanques e incendiadas por los misiles,
>> lanzados desde los helicópteros Apache en Hawashin, el corazón del campo
>> de refugiados de Jenín. Bombardearon los colegios de Naciones Unidas, el
>> centro de salud y también el de purificación de agua
>> Mi abuelo José me contó que Moisés había sido tartamudo «pesado de
>> lengua» y no me sorprende. Yo mismo lo he leído en su libro «es el Libro
>> de los Libros», me explicó mi abuelo, y a ese Libro de los Libros lo leo
>> en hebreo, idioma que me enseñó mi abuelo José. «Es la lengua de Dios
>> -me dijo- y todo lo que dice es verdad». Fue una revelación. Era una
>> escritura realmente tartamuda: letras y letras desunidas, blanco sobre
>> negro, independientes unas de otras, pero todas juntas a coro para que a
>> través de ellas, incluso a través del blanco que las separa, pueda
>> expresarse Dios, un Dios tan terrible y, a la vez, tan generoso. Así
>> está escrito, como los mismos judíos: dispersos, todos diferentes y
>> todos judíos. Si esta lengua -«pesado de lengua»- es la voz de Dios y
>> todo lo que dice es verdad, ¿cómo se escribe en hebreo la revelación de
>> un verdadero crimen sin tartamudear? Mi abuelo José me mira desde el
>> espejo, se vuelve hacia los fieles que lo rodean y estrecha sus manos.
>>> No son muchos -¿cincuenta, quinientos, mil palestinos?-, pero todos
>> saben que suman seis millones... Todos ellos han estado en Auschwitz y
>> saben muy bien qué es Jenín. Y a mi abuelo se le llenan los ojos de
>> lágrimas. Después de 5.762 años, él no hace planes de futuro -«El año
>> que viene en Jerusalem»- para discutir las diferencias entre un horno
>> crematorio y un misil ni si seis millones de judíos son más que
>> cincuenta, quinientos palestinos. Me acerco un poco más al espejo y me
>> reconozco: sus lágrimas son mías.
>
>> 3.
>>
>> Abuanas, un empleado del Ministerio de Salud de la Autoridad Palestina,
>> de 35 años, se ha quedado sin casa, sin ropa, sin futuro. Vio dos cosas
>> que aun le dan ganas de vomitar. Una, un grupo de soldados israelíes
>> disparando sobre la ingle de un joven palestino armado para después
>> pasarle, aún vivo, un tanque por encima....
>>
>> Ahora -¿aún estamos a tiempo?- me doy cuenta: pobre Moisés, ser portavoz
>> de un Dios tan terrible como para pedirle a Abraham que demuestre su fe
>> con una muerte, nada menos que la de su propio hijo (Génesis, 32), y tan
>> generoso como para prometerle a una horda de esclavos muertos de hambre
>> una tierra donde manan la leche y la miel (Éxodo, 3). Eso, toda esa
>> locura lo volvió a Moisés «pesado de lengua», tanto es así que llegó a
>> las puertas de la tierra prometida y no pudo alcanzarla. ¿No nos está
>> pasando lo mismo? Intento explicarle todo esto a quien me mira desde el
>> espejo, pero apenas tartamudeo, como si mi lengua, pesadísima, teclease.
>> Estoy a punto de decirlo, lo tengo en la punta de la lengua, pero
>> siempre, siempre la palabra es más lenta que una ejecución sumaria.
>>
>> 3.
>>
>> La otra fue ver cómo los bulldozer israelíes abrían una trinchera,
>> colocaban cuerpos en pleno centro del campo y los cubrían con tierra,
>> aunque hoy la lluvia haya transformado esta fosa común en un lodazal.
>>
>> Yo pertenezco al pueblo elegido por ese Dios tan terrible y tan
>> generoso. Soy ateo, profunda, tranquila, apaciblemente ateo, pero hay
>> veces en que querría que el dedo de Dios no me señalase. Finalmente,
>> elijo ser elegido. De lo contrario, nunca hubiera sido el nieto de mi
>> abuelo José. El Día del Perdón -del perdón, no del olvido–*, en la
>> sinagoga, él se cubría hasta la cabeza para que yo me refugiase bajo su
>> manto sagrado cubierto de letras doradas y flecos sedosos. Al amparo de
>> esa intimidad invulnerable -ni los alambres de púa de Auschwitz, ni la
>> picana eléctrica de la ESMA, ni los bulldozer de Jenín podían con ella-,
>> su dedo tembloroso seguía la lectura de las plegarias como quien sigue
>> el curso de un inquietante río para que yo no me perdiese en aguas tan
>> turbulentas, aunque siempre los destinos soñados eran los mismos: paz,
>> sobre todo paz, y de paso, ¿por qué no?, también salud, comida, buena
>> suerte. Y cuando era el momento de decir “porque tú nos elegiste entre
>> todos los pueblos”, mi abuelo José se reía, me daba un codazo y me decía
>> al oído: «para golpearnos.. .» Y su dedo se detenía junto al inquietante
>> río del versículo. Siempre hay que saber detenerse un instante antes de
>> que la sangre llegue al inquietante río. Era ese instante en que sus
>> ojos transparentes se humedecían, cerraba el libro y decía: «El año que
>> viene en Jerusalem».
>>
>> 4.
>>
>> Según Hend Alí Oes, una palestina de 50 años, un soldado tomó de los
>> pelos a Rateb, su nieto de dos años, le puso una pistola en la cabeza y
>> los intimó: “Salgan todos o le disparo”. Cuando salieron, un misil
>> incendió la casa y la familia se refugió, junto a otras 50 personas, en
>> la casa de una vecina.
>>
>> Muchas veces me pregunto: ¿en qué se parece un judío a otro judío? Hoy
>> más que nunca lo tengo claro: en lo diferentes que son. Por eso, todas
>> las mañanas, cuando me miro al espejo, veo que no soy el mismo y
>> descubro al judío que soy. A veces me veo tan igual, que ni me reconozco
>> y hasta me olvido de quién soy. Pero siempre hay alguien diferente a mí
>> que se cruza por mi camino y me lo recuerda. Por lo general, soy yo
>> mismo; a veces incluso es otro judío. Ahora, por ejemplo, Sharón me
>> apunta con su dedo y no le tiembla el pulso.
>>
>> -¡Antisemita!- le grita mi abuelo José -¡Pogromchik!
>>
>> Oigo su grito y entonces sí me reconozco, tranquilo, al lado de mi
>> abuelo José, que suspira hondamente y, con los ojos húmedos, exclama:
>> «El año que viene en Jerusalem», y se da vuelta hacia los otros fieles,
>> y yo con él, y estrechamos la mano de todos, uno a uno: primero, por
>> supuesto, mi padre, Arieh Leib, en cuyo silencio más profundo resuenan
>> los nocturnos de Chopin; el señor Bercovich, plomero de manos duras y
>> corazón tierno; mi tío Enrique, con el mismo traje gris con que fue rico
>> y cayó en la pobreza; mi tío Manolo, comunista con un halo de noctámbulo
>> y mujeriego; el infaltable peluquero Piatock; Isaías, el zapatero
>> remendón que tenía una hija mogólica, y también el otro Isaías, ese que
>> se acerca y nos dice: «Voy a crear nuevos cielos, una nueva tierra»
>> (65:17)... Mi abuelo asiente satisfecho desde el espejo y sigue
>> estrechando las manos de tantos, tantos profetas: Jeremías, Ezequiel,
>> Oseas, Zacarías, el pastor Amós...
>>
>> 5.
>>
>> Una bomba está incrustada en la puerta de la casa de Maha Shalabi. «No
>> avance. Si abrimos la puerta, volamos todos, ¿Dónde voy a ir ahora?»,
>> pregunta esta estudiante de farmacia de 23 años.
>>
>> -¿Amós?- me sorprendo -¿Usted por acá?
>>
>> -Sí- me contesta mi profeta preferido -Y ojo, que dos pecados ya
>> perdoné, pero nunca un tercero (Amós, 1)...
>>
>>Y yo me doy vuelta para preguntarle a mi abuelo José: «¿Ya he cometido
>> el tercer pecado?», pero mi abuelo José no está a mi lado sino enfrente,
>> y me mira desde el espejo y yo no puedo sostener su mirada. Soy otro. El
>> bulldozer pasa por encima de un niño de Jenín y nada lo detiene, ni
>> siquiera Amós, que se aleja de la sinagoga, siempre rumbo a Jerusalem,
>> pero definitivamente abrazado a un puñado de palestinos -entre ellos él,
>> yo, mi abuelo José...-, que son llevados al paredón cuyos ladrillos
>> saltan por los aires y bañan de sangre el espejo. Nunca volveré a ser el
>> que era. Un Dios terrible, hoy infinitamente más terrible que generoso,
>> me ha señalado con el dedo. Y como es sabido que un judío habla hasta
>> cuando sólo gesticula, lo miro de frente, -«panim el panim», leería mi
>> abuelo en hebreo, «cara a cara», como Moisés hablaba con Dios- y, aunque
>> tartamudee, no quiero callar: ¿El año que viene en Jerusalem?
>>
>> 6.
>>
>> -Sé que aquí hay un cadáver, además del de mi hermano Abderrahim, que
>> sacamos ayer-, declara Huda al Farraj, de 23 años, mostrando una zona
>> aplastada que hasta hace poco era su casa.
>>
>> Sí, hay amores eternos en mi vida -mis hijas, la perra Shila («que en
>> paz descanse»), el libro de oraciones de mi abuelo José («que en paz
>> descanse»), la mujer de la que me enamoraré mañana, ese verso de
>> Ungaretti («que en paz descanse»)-, y entre esos amores, Jerusalem (en
>> hebreo, «ciudad de la paz»). No puedo dejar de creer que todos mis
>> caminos -ESMA, exilios, El Masnou, regresos. clandestinidades,
>> Auschwitz, huidas, combates, Jenín, derechos humanos- algún día
>> culminarán en Jerusalem. En cualquier rincón del mundo, pero siempre en
>> Jerusalem. Y entonces habré llegado, como buen judío, acaso para partir
>> nuevamente. Un día le pregunté a mi abuelo José: «Si ahora estuvieras en
>> Jerusalem, ¿seguirías diciendo “el año que viene en Jerusalem”?». Mi
>> abuelo me miró sorprendido. Nunca se le había ocurrido, ni aun estando
>> en Jerusalem, dejar de decir «el año que viene en Jerusalem». Mucho
>> menos que a su nieto, este que soy yo frente al espejo, se le ocurriese
>> una pregunta semejante. Siempre, siempre ha sido y será «el año que
>> viene en Jerusalem». Sólo la muerte no sabe del año que viene en
>> Jerusalem. Si todos los judíos se parecen en que son diferentes, ¿cómo
>> un judío no va a soñar un mundo diferente, donde haya lugar para todos y
>> todos se parezcan en eso: en que son diferentes? Y no tartamudeo al
>> decirlo: «el año que viene en Jerusalem».
>>
>> 7.
>>
>> Cuando la joven empezó a cavar con una pala y la ayuda de cinco
>> familiares, un olor nauseabundo empezó a salir de los escombros, entre
>> la ropa y los cristales rotos.
>>
>> Y mi abuelo José sigue estrechando la mano de todos. «El principio
>> teológico judío central, no formulado, no dogmático, sino que subyace y
>> cohesiona toda doctrina y profecía, es la creencia en la participación
>> humana en la obra de redención del mundo», le dice Martín Buber. Y mi
>> abuelo, aunque no sabe qué significa la palabra «teología» ni «doctrina»
>> ni «redención», me codea para que lo escuche atentamente y estreche su
>> mano. Y saludo a Baruj Spinoza, Henrich Heine, Franz Rosenzweig, Gershom
>> Scholem, Leo Löwenthal, Franz Kafka, Shalom Aleijem, Itzjak Babel,
>> Gustav Landauer, Carlos Marx, Albert Einstein, Sigmund Freud, Ernst
>> Bloch, Erich Fromm... «¿Maimónides por acá? ¿Pero usted no escribía en
>> árabe?», pregunta el tesorero de la sinagoga, un falso cabalista que
>> sólo contabiliza letras en hebreo. «¿Y yo no escribo en idish?»,
>> interviene Isaac Bathevis Singer. «¿Y yo no en italiano?» sonríe Primo
>> Levi, a un paso del suicidio. «¿Y yo no con novias y violinistas que
>> sobrevuelan los tejados del mundo?», protesta Marc Chagall.
>>
>> 8.
>>
>> Poco a poco van saliendo ancianos, con las manos en alto, madres con
>> bebés que ven la luz del día por primera vez en once días, y miran las
>> pilas de basura, esa geografía de demolición y ruinas, como sonámbulos.
>> Amal carga en sus brazos a su hijo de siete meses; el de cuatro años
>> ayuda en la mudanza forzada.
>>
>> Pero Walter Benjamin advierte a tiempo: «Articular históricamente el
>> pasado no significa articularlo como realmente ha sido. Significa
>> adueñarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un momento de
>> peligro». Mi abuelo palidece. ¿Un momento de peligro? ¿Otro pogrom?
>> ¿Auschwitz? ¿La ESMA? ¿Kosovo? ¿Bosnia? ¿Jenín?... .
>>
>> -¡Cuidado! ¡Abajo de la bota hay una muchacha! -advierte mi abuelo-
>> ¡Abajo del bulldozer hay un colegio!
>>
>> Y mi abuelo me abraza para protegerme de mí mismo. Un muchacho de la
>> Intifada, que soy yo, recoge una piedra y la arroja. El espejo
>> relampaguea y salta en pedazos, como letras sagradas, escritas a sangre
>> y fuego en el vértigo de la historia. Y tartamudeo, claro que
>> tartamudeo, pero hablo.
>>
>> 9.
>>
>> A las dos de la tarde, los soldados israelíes y sus tanques regresaron a
>> Jenín y volvieron a imponer el toque de queda.
>>
>> Mi abuelo se cubre de los tanques con el manto sagrado y yo busco la
>> tibieza que anida en su «kefiah». El muchachito que arrojó la piedra me
>> lleva por las calles de la capital del Estado Palestino y del Estado de
>> Israel y me dice: «El año que viene en Jerusalem». Mi abuelo José
>> asiente. Sus ojos brillan transparentes como la primera estrella. Me
>> reconozco en su esplendor, que cubre al mundo. Las alambradas de
>> Auschwitz han desaparecido. Los desaparecidos de la ESMA se acercan a la
>> luz y en ella se refugian. Los refugiados de Jenín recogen las piedras y
>> reconstruyen sus casas. Volvamos a la tierra prometida, volvamos al
>> mundo. «Anoche tuve un sueño y no sé qué significa», le dice el Faraón
>> de Egipto a José, sí, a mi abuelo José. Él sabe mucho de sueños y le
>> explica. Pero Sharón no entiende de sueños. Lanza sus bulldozers encima
>> de la horda de esclavos, pero el Mar Rojo sabe quién pasa y quiénes no
>> pasarán. Mi abuelo sigue con su dedo el inquietante río de la plegaria.
>> Al final del versículo hay una tierra donde mana la leche y la miel.
>> ¿Quién, por Dios, quién no lo entiende?
>>
>> * Poeta argentino de origen judío. Premio Antonio Machado, Casa de las
>> Américas y Alcalá de Henares. Su primer libro: “Poemas de la mano mayor”
>> (1961) y su último (por ahora): “Apuntes” – “Luces que a lo lejos” (2008)
>>
>> El presente texto lo escribió cuando se produjo la matanza de palestinos
>> en el campo de refugiados de Jenín.
>>
>> Miembro del Espacio Carta Abierta
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