[R-P] [Alberto Szpunberg] ¿El año que viene en Jenín?
maría Sola
mariadelsola en gmail.com
Mar Feb 3 18:09:47 MST 2009
Querido Fernando
permitame decirle que si es un ateo militante ya está usted
perdido.El ateismo no demanda esfuerzo alguno y menos que menos
militancia.Si usted tiene que militar para ser ateo yo le diría que se
cuide.
cariños de su amiga
El 3/02/09, Fernando Lavayen <fernando.lavayen en gmail.com> escribió:
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
>
> Impresionante.
> A mi como ateo militante, solo se me ocurre pedir. Dios, por favor aleja tu
> dedo de mi. (ese Dios, el mismo de judíos, musulmanes y cristianos. Porque
> es el mismo. ¿No?
>
> El área parece arrasada por un terremoto, con las casas destruidas y sus
> > paredes dinamitadas por los tanques e incendiadas por los misiles,
> > lanzados desde los helicópteros Apache en Hawashin, el corazón del campo
> > de refugiados de Jenín. Bombardearon los colegios de Naciones Unidas, el
> > centro de salud y también el de purificación de agua.
>
> No son muchos -¿cincuenta, quinientos, mil palestinos?-, pero todos
> > saben que suman seis millones... Todos ellos han estado en Auschwitz y
> > saben muy bien qué es Jenín. Y a mi abuelo se le llenan los ojos de
> > lágrimas. Después de 5.762 años, él no hace planes de futuro -«El año
> > que viene en Jerusalén»- para discutir las diferencias entre un horno
> > crematorio y un misil ni si seis millones de judíos son más que
> > cincuenta, quinientos palestinos. Me acerco un poco más al espejo y me
> > reconozco: sus lágrimas son mías.
>
> Las Caterpiller son la principal arma del ejercito sionista.
> Son las que aparte de matar destruyen el trabajo de toda la vida y las
> ilusiones de los sobrevivientes.
>
> Son la demostración empírica, de facto, del carácter fascista del sionismo y
> del estado de Israel como realidad y proyecto.
>
> No pensaba meterme activamente, pero no pude, y esto no tiene nada que ver
> con los judíos en general, o si, pero esa es otra discusión y otro análisis,
> ahora lo que esta presente es el sufrimiento y la muerte.
>
> Fernando Lavayén
>
>
> ----- Original Message -----
> From: "Nestor Gorojovsky" <nmgoro en gmail.com>
> To: <fernando.lavayen en gmail.com>
> Cc: "Lucha de masas para recuperar la Argentina"
> <reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
> Sent: Monday, February 02, 2009 1:12 PM
> Subject: [R-P] [Alberto Szpunberg] ¿El año que viene en Jenín?
>
>
> > CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
> >
> >
> > Gentileza Lido Iacomini
> >
> > El año que viene en Jenín
> > por Alberto Szpunberg*
> >
> > 1.
> >
> > El olor dulzón de la muerte impregnaba el aire de polvo y dolor,
> > mientras un enjambre de moscas sofocaba el campo de refugiados de Jenín.
> > Con las manos, y sin lágrimas, dos hermanos buscaban el cuerpo de Hamad
> > Massaud Abu Ba, su padre, sepultado por los bulldozer del ejército
> > israelí a un metro bajo tierra.
> >
> > Yo mismo no sé por dónde empezar. El tecleo siempre es infinitamente más
> > lento que las ráfagas. Antes de pulsar una sola letra, alguien ya puso
> > en marcha su bulldozer y avanza, ojo por ojo, diente por diente, sin
> > distinguir ventanas, paredes, perros, niños, libros, novias, gasas,
> > platos de sopa aún tibios, ni siquiera ese viejito "¿mi abuelo José?
> > ¿Qué hace ahí en Jenín, en ese infierno, mi abuelo José?", ni siquiera
> > ese viejito que se lleva las manos a la cabeza para cubrirse del horror.
> > Quiero tomarlo por los hombros y apartarlo, quiero gritar, pero es
> > tarde. ¿Siempre es tarde? La muerte, que no tiene después, siempre es
> > antes. Y la sangre es el único río en que los seres humanos nos bañamos
> > dos, doscientas, infinitas veces. Me miro al espejo y no sostengo la
> > mirada del judío que me mira. Los ojos de mi abuelo José eran
> > transparentes como la primera estrella. Pero su manera de titilar ahora
> > es llanto.
> >
> > 2.
> >
> > .
> > El área parece arrasada por un terremoto, con las casas destruidas y sus
> > paredes dinamitadas por los tanques e incendiadas por los misiles,
> > lanzados desde los helicópteros Apache en Hawashin, el corazón del campo
> > de refugiados de Jenín. Bombardearon los colegios de Naciones Unidas, el
> > centro de salud y también el de purificación de agua
> > Mi abuelo José me contó que Moisés había sido tartamudo «pesado de
> > lengua» y no me sorprende. Yo mismo lo he leído en su libro «es el Libro
> > de los Libros», me explicó mi abuelo, y a ese Libro de los Libros lo leo
> > en hebreo, idioma que me enseñó mi abuelo José. «Es la lengua de Dios
> > -me dijo- y todo lo que dice es verdad». Fue una revelación. Era una
> > escritura realmente tartamuda: letras y letras desunidas, blanco sobre
> > negro, independientes unas de otras, pero todas juntas a coro para que a
> > través de ellas, incluso a través del blanco que las separa, pueda
> > expresarse Dios, un Dios tan terrible y, a la vez, tan generoso. Así
> > está escrito, como los mismos judíos: dispersos, todos diferentes y
> > todos judíos. Si esta lengua -«pesado de lengua»- es la voz de Dios y
> > todo lo que dice es verdad, ¿cómo se escribe en hebreo la revelación de
> > un verdadero crimen sin tartamudear? Mi abuelo José me mira desde el
> > espejo, se vuelve hacia los fieles que lo rodean y estrecha sus manos.
> >> No son muchos -¿cincuenta, quinientos, mil palestinos?-, pero todos
> > saben que suman seis millones... Todos ellos han estado en Auschwitz y
> > saben muy bien qué es Jenín. Y a mi abuelo se le llenan los ojos de
> > lágrimas. Después de 5.762 años, él no hace planes de futuro -«El año
> > que viene en Jerusalem»- para discutir las diferencias entre un horno
> > crematorio y un misil ni si seis millones de judíos son más que
> > cincuenta, quinientos palestinos. Me acerco un poco más al espejo y me
> > reconozco: sus lágrimas son mías.
>
> > 3.
> >
> > Abuanas, un empleado del Ministerio de Salud de la Autoridad Palestina,
> > de 35 años, se ha quedado sin casa, sin ropa, sin futuro. Vio dos cosas
> > que aun le dan ganas de vomitar. Una, un grupo de soldados israelíes
> > disparando sobre la ingle de un joven palestino armado para después
> > pasarle, aún vivo, un tanque por encima....
> >
> > Ahora -¿aún estamos a tiempo?- me doy cuenta: pobre Moisés, ser portavoz
> > de un Dios tan terrible como para pedirle a Abraham que demuestre su fe
> > con una muerte, nada menos que la de su propio hijo (Génesis, 32), y tan
> > generoso como para prometerle a una horda de esclavos muertos de hambre
> > una tierra donde manan la leche y la miel (Éxodo, 3). Eso, toda esa
> > locura lo volvió a Moisés «pesado de lengua», tanto es así que llegó a
> > las puertas de la tierra prometida y no pudo alcanzarla. ¿No nos está
> > pasando lo mismo? Intento explicarle todo esto a quien me mira desde el
> > espejo, pero apenas tartamudeo, como si mi lengua, pesadísima, teclease.
> > Estoy a punto de decirlo, lo tengo en la punta de la lengua, pero
> > siempre, siempre la palabra es más lenta que una ejecución sumaria.
> >
> > 3.
> >
> > La otra fue ver cómo los bulldozer israelíes abrían una trinchera,
> > colocaban cuerpos en pleno centro del campo y los cubrían con tierra,
> > aunque hoy la lluvia haya transformado esta fosa común en un lodazal.
> >
> > Yo pertenezco al pueblo elegido por ese Dios tan terrible y tan
> > generoso. Soy ateo, profunda, tranquila, apaciblemente ateo, pero hay
> > veces en que querría que el dedo de Dios no me señalase. Finalmente,
> > elijo ser elegido. De lo contrario, nunca hubiera sido el nieto de mi
> > abuelo José. El Día del Perdón -del perdón, no del olvido–*, en la
> > sinagoga, él se cubría hasta la cabeza para que yo me refugiase bajo su
> > manto sagrado cubierto de letras doradas y flecos sedosos. Al amparo de
> > esa intimidad invulnerable -ni los alambres de púa de Auschwitz, ni la
> > picana eléctrica de la ESMA, ni los bulldozer de Jenín podían con ella-,
> > su dedo tembloroso seguía la lectura de las plegarias como quien sigue
> > el curso de un inquietante río para que yo no me perdiese en aguas tan
> > turbulentas, aunque siempre los destinos soñados eran los mismos: paz,
> > sobre todo paz, y de paso, ¿por qué no?, también salud, comida, buena
> > suerte. Y cuando era el momento de decir "porque tú nos elegiste entre
> > todos los pueblos", mi abuelo José se reía, me daba un codazo y me decía
> > al oído: «para golpearnos.. .» Y su dedo se detenía junto al inquietante
> > río del versículo. Siempre hay que saber detenerse un instante antes de
> > que la sangre llegue al inquietante río. Era ese instante en que sus
> > ojos transparentes se humedecían, cerraba el libro y decía: «El año que
> > viene en Jerusalem».
> >
> > 4.
> >
> > Según Hend Alí Oes, una palestina de 50 años, un soldado tomó de los
> > pelos a Rateb, su nieto de dos años, le puso una pistola en la cabeza y
> > los intimó: "Salgan todos o le disparo". Cuando salieron, un misil
> > incendió la casa y la familia se refugió, junto a otras 50 personas, en
> > la casa de una vecina.
> >
> > Muchas veces me pregunto: ¿en qué se parece un judío a otro judío? Hoy
> > más que nunca lo tengo claro: en lo diferentes que son. Por eso, todas
> > las mañanas, cuando me miro al espejo, veo que no soy el mismo y
> > descubro al judío que soy. A veces me veo tan igual, que ni me reconozco
> > y hasta me olvido de quién soy. Pero siempre hay alguien diferente a mí
> > que se cruza por mi camino y me lo recuerda. Por lo general, soy yo
> > mismo; a veces incluso es otro judío. Ahora, por ejemplo, Sharón me
> > apunta con su dedo y no le tiembla el pulso.
> >
> > -¡Antisemita!- le grita mi abuelo José -¡Pogromchik!
> >
> > Oigo su grito y entonces sí me reconozco, tranquilo, al lado de mi
> > abuelo José, que suspira hondamente y, con los ojos húmedos, exclama:
> > «El año que viene en Jerusalem», y se da vuelta hacia los otros fieles,
> > y yo con él, y estrechamos la mano de todos, uno a uno: primero, por
> > supuesto, mi padre, Arieh Leib, en cuyo silencio más profundo resuenan
> > los nocturnos de Chopin; el señor Bercovich, plomero de manos duras y
> > corazón tierno; mi tío Enrique, con el mismo traje gris con que fue rico
> > y cayó en la pobreza; mi tío Manolo, comunista con un halo de noctámbulo
> > y mujeriego; el infaltable peluquero Piatock; Isaías, el zapatero
> > remendón que tenía una hija mogólica, y también el otro Isaías, ese que
> > se acerca y nos dice: «Voy a crear nuevos cielos, una nueva tierra»
> > (65:17)... Mi abuelo asiente satisfecho desde el espejo y sigue
> > estrechando las manos de tantos, tantos profetas: Jeremías, Ezequiel,
> > Oseas, Zacarías, el pastor Amós...
> >
> > 5.
> >
> > Una bomba está incrustada en la puerta de la casa de Maha Shalabi. «No
> > avance. Si abrimos la puerta, volamos todos, ¿Dónde voy a ir ahora?»,
> > pregunta esta estudiante de farmacia de 23 años.
> >
> > -¿Amós?- me sorprendo -¿Usted por acá?
> >
> > -Sí- me contesta mi profeta preferido -Y ojo, que dos pecados ya
> > perdoné, pero nunca un tercero (Amós, 1)...
> >
> >Y yo me doy vuelta para preguntarle a mi abuelo José: «¿Ya he cometido
> > el tercer pecado?», pero mi abuelo José no está a mi lado sino enfrente,
> > y me mira desde el espejo y yo no puedo sostener su mirada. Soy otro. El
> > bulldozer pasa por encima de un niño de Jenín y nada lo detiene, ni
> > siquiera Amós, que se aleja de la sinagoga, siempre rumbo a Jerusalem,
> > pero definitivamente abrazado a un puñado de palestinos -entre ellos él,
> > yo, mi abuelo José...-, que son llevados al paredón cuyos ladrillos
> > saltan por los aires y bañan de sangre el espejo. Nunca volveré a ser el
> > que era. Un Dios terrible, hoy infinitamente más terrible que generoso,
> > me ha señalado con el dedo. Y como es sabido que un judío habla hasta
> > cuando sólo gesticula, lo miro de frente, -«panim el panim», leería mi
> > abuelo en hebreo, «cara a cara», como Moisés hablaba con Dios- y, aunque
> > tartamudee, no quiero callar: ¿El año que viene en Jerusalem?
> >
> > 6.
> >
> > -Sé que aquí hay un cadáver, además del de mi hermano Abderrahim, que
> > sacamos ayer-, declara Huda al Farraj, de 23 años, mostrando una zona
> > aplastada que hasta hace poco era su casa.
> >
> > Sí, hay amores eternos en mi vida -mis hijas, la perra Shila («que en
> > paz descanse»), el libro de oraciones de mi abuelo José («que en paz
> > descanse»), la mujer de la que me enamoraré mañana, ese verso de
> > Ungaretti («que en paz descanse»)-, y entre esos amores, Jerusalem (en
> > hebreo, «ciudad de la paz»). No puedo dejar de creer que todos mis
> > caminos -ESMA, exilios, El Masnou, regresos. clandestinidades,
> > Auschwitz, huidas, combates, Jenín, derechos humanos- algún día
> > culminarán en Jerusalem. En cualquier rincón del mundo, pero siempre en
> > Jerusalem. Y entonces habré llegado, como buen judío, acaso para partir
> > nuevamente. Un día le pregunté a mi abuelo José: «Si ahora estuvieras en
> > Jerusalem, ¿seguirías diciendo "el año que viene en Jerusalem"?». Mi
> > abuelo me miró sorprendido. Nunca se le había ocurrido, ni aun estando
> > en Jerusalem, dejar de decir «el año que viene en Jerusalem». Mucho
> > menos que a su nieto, este que soy yo frente al espejo, se le ocurriese
> > una pregunta semejante. Siempre, siempre ha sido y será «el año que
> > viene en Jerusalem». Sólo la muerte no sabe del año que viene en
> > Jerusalem. Si todos los judíos se parecen en que son diferentes, ¿cómo
> > un judío no va a soñar un mundo diferente, donde haya lugar para todos y
> > todos se parezcan en eso: en que son diferentes? Y no tartamudeo al
> > decirlo: «el año que viene en Jerusalem».
> >
> > 7.
> >
> > Cuando la joven empezó a cavar con una pala y la ayuda de cinco
> > familiares, un olor nauseabundo empezó a salir de los escombros, entre
> > la ropa y los cristales rotos.
> >
> > Y mi abuelo José sigue estrechando la mano de todos. «El principio
> > teológico judío central, no formulado, no dogmático, sino que subyace y
> > cohesiona toda doctrina y profecía, es la creencia en la participación
> > humana en la obra de redención del mundo», le dice Martín Buber. Y mi
> > abuelo, aunque no sabe qué significa la palabra «teología» ni «doctrina»
> > ni «redención», me codea para que lo escuche atentamente y estreche su
> > mano. Y saludo a Baruj Spinoza, Henrich Heine, Franz Rosenzweig, Gershom
> > Scholem, Leo Löwenthal, Franz Kafka, Shalom Aleijem, Itzjak Babel,
> > Gustav Landauer, Carlos Marx, Albert Einstein, Sigmund Freud, Ernst
> > Bloch, Erich Fromm... «¿Maimónides por acá? ¿Pero usted no escribía en
> > árabe?», pregunta el tesorero de la sinagoga, un falso cabalista que
> > sólo contabiliza letras en hebreo. «¿Y yo no escribo en idish?»,
> > interviene Isaac Bathevis Singer. «¿Y yo no en italiano?» sonríe Primo
> > Levi, a un paso del suicidio. «¿Y yo no con novias y violinistas que
> > sobrevuelan los tejados del mundo?», protesta Marc Chagall.
> >
> > 8.
> >
> > Poco a poco van saliendo ancianos, con las manos en alto, madres con
> > bebés que ven la luz del día por primera vez en once días, y miran las
> > pilas de basura, esa geografía de demolición y ruinas, como sonámbulos.
> > Amal carga en sus brazos a su hijo de siete meses; el de cuatro años
> > ayuda en la mudanza forzada.
> >
> > Pero Walter Benjamin advierte a tiempo: «Articular históricamente el
> > pasado no significa articularlo como realmente ha sido. Significa
> > adueñarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un momento de
> > peligro». Mi abuelo palidece. ¿Un momento de peligro? ¿Otro pogrom?
> > ¿Auschwitz? ¿La ESMA? ¿Kosovo? ¿Bosnia? ¿Jenín?... .
> >
> > -¡Cuidado! ¡Abajo de la bota hay una muchacha! -advierte mi abuelo-
> > ¡Abajo del bulldozer hay un colegio!
> >
> > Y mi abuelo me abraza para protegerme de mí mismo. Un muchacho de la
> > Intifada, que soy yo, recoge una piedra y la arroja. El espejo
> > relampaguea y salta en pedazos, como letras sagradas, escritas a sangre
> > y fuego en el vértigo de la historia. Y tartamudeo, claro que
> > tartamudeo, pero hablo.
> >
> > 9.
> >
> > A las dos de la tarde, los soldados israelíes y sus tanques regresaron a
> > Jenín y volvieron a imponer el toque de queda.
> >
> > Mi abuelo se cubre de los tanques con el manto sagrado y yo busco la
> > tibieza que anida en su «kefiah». El muchachito que arrojó la piedra me
> > lleva por las calles de la capital del Estado Palestino y del Estado de
> > Israel y me dice: «El año que viene en Jerusalem». Mi abuelo José
> > asiente. Sus ojos brillan transparentes como la primera estrella. Me
> > reconozco en su esplendor, que cubre al mundo. Las alambradas de
> > Auschwitz han desaparecido. Los desaparecidos de la ESMA se acercan a la
> > luz y en ella se refugian. Los refugiados de Jenín recogen las piedras y
> > reconstruyen sus casas. Volvamos a la tierra prometida, volvamos al
> > mundo. «Anoche tuve un sueño y no sé qué significa», le dice el Faraón
> > de Egipto a José, sí, a mi abuelo José. Él sabe mucho de sueños y le
> > explica. Pero Sharón no entiende de sueños. Lanza sus bulldozers encima
> > de la horda de esclavos, pero el Mar Rojo sabe quién pasa y quiénes no
> > pasarán. Mi abuelo sigue con su dedo el inquietante río de la plegaria.
> > Al final del versículo hay una tierra donde mana la leche y la miel.
> > ¿Quién, por Dios, quién no lo entiende?
> >
> > * Poeta argentino de origen judío. Premio Antonio Machado, Casa de las
> > Américas y Alcalá de Henares. Su primer libro: "Poemas de la mano mayor"
> > (1961) y su último (por ahora): "Apuntes" – "Luces que a lo lejos" (2008)
> >
> > El presente texto lo escribió cuando se produjo la matanza de palestinos
> > en el campo de refugiados de Jenín.
> >
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> > SI RECONQUISTA-POPULAR LE RESULTA ÚTIL, CONSIDERE LA POSIBILIDAD DE
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