[R-P] Tiempos de barbarie

Abulafia abulafia en arnet.com.ar
Dom Feb 1 08:12:21 MST 2009


Vivimos tiempos de barbarie. La barbarie del capitalismo y el liberalismo. 
Se ha invertido la situación hoy la "civilización occidental" se vuelto 
barbarie, Mientras que la "barbarie" parece hoy custodiar lo poco de humano 
que nos queda. ¿O siempre ha sido así?...
Va un reportaje a José Luis San Pedro, economiasta, pensador y escritor 
español.
civilizado y lúcido.

de:  ( http://tierradegenistas.blog.com.es )

Outa

-------------------------------------------


Entrevista al escritor y economista José Luis Sampedro "Ahora entramos en 
una época de barbarie"

Su éxito novelístico, sobre todo el de La sonrisa etrusca, explica sólo en 
parte que la faceta de economista de José Luis Sampedro (Barcelona, 1 de 
febrero de 1917) haya quedado ensombrecida. El principal motivo, opina el 
propio Sampedro, es que el sistema oculta las teorías que pregonan la 
decadencia del capitalismo. Y Sampedro lleva más de 60 años proclamándolo 
desde la incómoda óptica del marxismo, desoyendo los cantos de sirena del 
"fin de la historia" anunciado por Fukuyama o anteriores apóstoles del libre 
mercado.
Su esposa, Olga Lucas, y el rector de la Universidad Complutense, Carlos 
Berzosa, han reunido en Economía humanista. Algo más que cifras (Debate) una 
muestra representativa de sus textos económicos, escritos sobre todo en los 
años sesenta y setenta. Sampedro presentó ayer el libro en Sevilla tras 
desplazarse desde la Costa del Sol, donde reside en invierno. "Antes 
estábamos en Canarias, pero los aeropuertos están imposibles. Eso de 
quitarse el cinturón le parecía humillante", cuenta Olga. El autor de El 
amante lesbiano se muestra tan lúcido (cada día se las ve con el sudoku de 
Público) como locuaz, pero la edad obliga a una entrevista breve. Sampedro, 
en el apresurado cierre de la charla, remite a los periodistas a un ensayo 
cuyo título resumiría casi todo su discurso: La decadencia de Occidente. 
"¡Cómo acertó Spengler!", exclama.
Ahora que ha releído sus textos de hace tres y cuatro décadas, ¿mantiene sus 
mismas posiciones?
En general sí, lo que no quiere decir que acertase. Aunque creo que en 
general acerté y de todas maneras no rectifico, porque era sincero. Yo he 
figurado más como escritor porque he tenido suerte escribiendo. Pero sobre 
todo por una razón: los que pensaban como yo teníamos menos prensa.

¿Y qué pensaba usted?

Hay unos economistas que se dedican a hacer más ricos a los ricos, y otros, 
a hacer menos pobres a los pobres. Yo he defendido siempre la necesidad de 
controlar el mercado. Claro, así no he tenido una plataforma, sobre todo 
tras el 68, cuando se asustó la derecha y llegaron Thatcher, Reagan...
Hay un ejemplo de economista con plataforma, el premio Nobel Milton 
Friedman, y otro sin ella, John Kenneth Galbraith... Los dos murieron en 
2006. Yo era de Galbraith y el que tenía la prensa era Friedman, y también 
el que orientó a Pinochet.
Friedman, un auténtico gurú para los neocon. Para mí los neos, sean 
catecúmenos o liberales, no son nuevos. Cuando a una cosa hay que ponerle el 
prefijo neo es que no lo es. Cuando uno es nuevo no hay necesidad de decir: 
¡oiga, que yo soy nuevo! Simplemente la gente dirá: a usted no le había 
visto nunca.

¿Sigue definiéndose como socialista ahora que...?

Sí, sí.

¿Como socialista marxista?

Es que hay que entender lo que es el socialismo. El socialismo defendía la 
propiedad pública de los medios de producción, y de esto que no hablen los 
que se llaman socialistas ahora. De estos yo no soy. No, no...

¿Sigue siendo socialista clásico pese a lo que pasó en el bloque soviético?

Es que tampoco era eso. En el fondo era capitalismo de Estado. Si por 
socialismo se entiende la propiedad pública y la dirección pública, 
auténticamente pública, que es la verdadera democracia, entonces soy 
socialista. Claro que el socialismo de verdad, que yo sepa, no se ha 
aplicado nunca.

¿Y considera que tiene posibilidades de abrirse camino ahora?

Sí, creo que sí. Lo que pasa es que estamos primitivamente educados. Es muy 
rudimentaria la situación de la humanidad... Nos movemos por la racionalidad 
en cuanto a los modos de operar, pero en los fundamentos es todo visceral.

¿Por ejemplo?

Cuando se reelige a Bush, o cuando se vota a Berlusconi.

¿Y qué opina de Obama?

Pues yo estoy encantado, sí, pero tampoco me hago excesivas ilusiones. Para 
nada. Y fíjese usted, lo tratan como si hubiese descendido el Mesías.

¿Cree que ahora el boom demográfico, sumado a la degradación del medio 
ambiente y la progresiva escasez de recursos, puede llevar a la revolución?

El desarrollo sostenible del que hablan es insostenible. La población 
mundial se ha triplicado desde 1900 hasta hoy y, desde luego, la capacidad 
de regeneración del planeta no se ha triplicado. Eso no se puede mantener. 
Imposible.

O sea, que cree que habrá una revolución.

Claro. Una cosa que cito yo mucho de Marx es aquello de que el capitalismo 
convierte todo en mercancía, esa es la verdad del asunto. No sé cuánto 
tiempo durará el sistema, pero creo que está agotado.

¿En qué consiste la decadencia que usted le atribuye al sistema?

El primer artículo de este libro lo publiqué en 1947 en Inglaterra. Yo era 
un pipiolo que acababa de terminar la carrera, pero haciendo un estudio 
sobre las consecuencias de la crisis mundial en las áreas retrasadas en los 
años 30, vi que el Estado financiaba, ayudaba y subvencionaba a los obreros 
en paro. Les buscaba trabajo y escuelas para sus hijos. Había posibilidades 
de redistribución de la gente.
¡Pero la gente se resistía a moverse! En cambio, cuando empezó la Revolución 
Industrial los obreros iban de los campos a las fábricas de las ciudades. 
Tenían un espíritu de aventura que un siglo después sus nietos no tenían. Es 
lo que pasa con el capitalismo.

¿En qué sentido?

Ahora hay miedo. En el siglo XVI, Europa era un volcán de iniciativas. 
Misioneros, guerreros y labradores se embarcaban a lo desconocido. Y en el 
terreno intelectual empezaba el humanismo, la imprenta. Ahora, en el país 
más importante del mundo, el más fuerte y poderoso, Estados Unidos, la gente 
tiene miedo. Auténtico miedo.

¿Porque tienen propiedad?

Y también porque han perdido por completo el espíritu de aventura. Hemos 
cedido libertad a cambio de seguridad...

¡Pero es una seguridad ilusoria que, además, no satisface!

Continuamente buscamos mecanismos para vigilar, desnudando a la gente que va 
en el avión y cosas así. ¿Para qué? Ahora dicen que Obama... Ojalá haga 
algo, pero no sé yo...

¿Confía en las medidas para salir de la crisis?

En el mejor de los casos, volverán a dejar las cosas como estaban en lo 
monetario pero con una degradación de la economía real, del medio ambiente y 
de la producción.

¿El sistema en su conjunto quedará desacreditado?

Hay una cosa que me preocupa: hasta qué punto se están destruyendo valores 
básicos. No hablo ya de derechos humanos, sino de la justicia, la dignidad, 
la libertad, que son constitutivas de la civilización. La barbarie es atacar 
los valores de la civilización.

¿Vivimos ahora en una época de barbarie?

Para mí es una época paralela al derrumbamiento del Imperio romano. Se acabó 
el Imperio y empezó la barbarie. Lo de Gaza es barbarie, los campos de 
Hitler y Stalin fueron barbarie, el ataque a Irak es barbarie. Estamos 
destruyendo el sentido de la justicia. Creo que entramos en una etapa de 
barbarie que obliga a reconstruir el sistema.

Porque el capitalismo no es que sea malo, es que está agotado ya. En el 
siglo XV era impulsor, constructivo. Ahora está agotado. ¿Cuáles son los 
planes? Más de lo mismo. Decir que dentro de 15 años acabará la pobreza y 
repetirlo 15 años después.

¿Y qué esperanza ve?

Creo en la ciencia. Ahora el capitalismo se desmorona, porque la muerte es 
el precio de la vida. Las sociedades son seres vivos, se descomponen. Las 
diferentes subestructuras básicas no funcionan a la vez. Hay anacronismos, 
distonías. Salvo en la ciencia.

¿Qué anacronismos?

La Iglesia está plantada en el siglo XVI. La economía actual se basa en el 
axioma de que el mercado, con su famosa mano invisible, consigue que la suma 
de los egoísmos lleve al bien común. ¡Mentira! Pero todo se monta sobre esos 
supuestos básicos del siglo XVIII. La política, tras montar la 
representación parlamentaria a raíz de la Revolución
Francesa, está viciada. Mandan unas oligarquías que controlan la creación de 
opinión. Lo único que avanza es la ciencia, que sigue aportando 
conocimientos del espacio, materiales y recursos de comunicación, de 
informática, de genética, de nanotecnia. Cuando pienso en la diferencia 
entre el mundo en que yo nací y este, imagino lo que
vivirán los jóvenes y...

¿La barbarie que pronostica puede adoptar la forma de nuevos autoritarismos?

Sí, pero también puede ser una sociedad de insectos, con clases. Piense en 
la brecha digital que se está abriendo. Podría gobernar una élite que crease 
una situación de simulación de libertad, ofreciendo determinados atractivos. 
Pero la libertad es como una cometa. Vuela porque está atada y la cuerda es 
la responsabilidad.

Señor Sampedro, ¿qué diría a quien piense que es usted uno de esos 
intelectuales que, ya veteranos, terminan diciendo que todo va ahora peor 
que antes?

Yo no digo que lo pasado sea lo mejor. Digo que el capitalismo en su momento 
fue naciente, pero ahora es insostenible. La mejor definición de su 
decadencia la dio Bush. Dijo: "He suspendido las reglas del mercado para 
salvar al mercado". Es decir, el mercado es incompatible con sus propias 
reglas.


 




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular