[R-P] [Alejandro Horowitz] El caso de la familia Pomar...
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Dic 25 17:18:27 MST 2009
[Gentileza Agencia Nacional y Popular de Noticias]
viernes, 25 diciembre 2009
La sociedad votó a Menem y De la Rúa, fabricando millones de excluidos
cuya venganza hoy le aterra
EL CASO DE LA FAMILIA POMAR Y LA LÓGICA DEL DELIRIO NACIONAL
Escrito por Alejandro Horowitz
El caso de la familia Pomar tiene una extraña virtud: permite observar
en movimiento la ideología de la sociedad argentina, las
presuposiciones que regulan su sistema de valores compartidos, y
contrastarlos con sus problemas reales.
Y desde allí organizar una especie de mapa sobre la lógica del delirio nacional.
La secuencia de los hechos facilita la comprensión del sentido: Luis
Pomar, Gabriela Viagrán y sus dos hijas de 3 y 6 años partieron el
sábado 14 de noviembre desde su casa –en la localidad bonaerense de
Mármol– hacia Pergamino.
Cerca de las 19 avisaron por mensaje de texto: -Estamos yendo.
Alrededor de las 20 Gabriela mantuvo una conversación telefónica con
una amiga, abogada, que los esperaba a cenar en Pergamino.
A su vez, el padre de Gabriela recibió un mensaje de texto en el que
le informaron que estarían en Pergamino a eso de las 22.
Por cierto no llegaron.
La ruta provincial 31 –acceso obligado para los que abandonan la 7– no
fue revisada por tierra a pesar de esto, según confirmaron los
pobladores de Gahan, pueblo en cuya entrada hallaron a los Pomar
muertos.
Todo lo que hacía falta hacer era subir a una bicicleta, recorrer sin
apuro desde el peaje de Villa Espil para terminar topándose con el
auto accidentado.
No se hizo, ni siquiera se pensó.
Para hacerlo era necesario considerar posible un accidente de tránsito.
Una sociedad aterrada por su propio discurso sobre la seguridad, que
vive crispada esperando robos, secuestros y asesinatos, no visualiza
la posibilidad del accidente.
Dicho de un tirón: el accidente se percibe como un asesinato hecho por
killers tan buenos, e investigado por policías tan corruptos, que no
se descubre: el accidente no existe en el mapa de los problemas
nacionales.
Y sin embargo ocurre, en la Argentina, en una cifra diez veces
superior a la de las víctimas de asesinato.
A lo largo del 2008 algo menos de 750 personas fueron asesinadas, por
muy diversos motivos.
En el mismo lapso casi 8.000 murieron en accidentes de tránsito.
Un año de víctimas fatales de accidentes equivale a diez años de
muertes por asesinato.
En los últimos diez años murieron unas 75.000 personas en accidentes,
con un añadido: por cada víctima fatal quince reciben daños
colaterales, daños que van de la pérdida de un dedo a quedar
tartamudo.
Vale decir que en la última década el número de víctimas en accidentes
de tránsito supera el millón de personas.
Aun así, casi no tiene visibilidad mediática, y por cierto no motivó
ninguna campaña seria sostenida en el tiempo por parte de las
autoridades policiales, ni integró la lista de demandas que la
sociedad continuamente formula a las autoridades, ni forma parte de la
biblia de los bibliófilos de la seguridad.
Un millón de víctimas carecen de visibilidad.
Sin embargo, todos conocemos a alguien que sufrió un accidente, y aun
así el tema no está incluido en la agenda pública.
Y este escándalo tampoco escandaliza.
Dicho con sencillez: no registramos lo que sucede, y por tanto no nos
defendemos de lo que hay que defenderse, y como lo que no sucede no
debe ser evitado, ni investigado, ni explicado, el caso Pomar se
vuelve un ejemplo de inoperancia policial.
Por cierto que también lo es, pero no es ésa de ningún modo la
principal arista del problema.
ESTRUCTURA DE PERCEPCIÓN.
Para la imaginación colectiva, en los tiempos primordiales –sostiene
Frazer– no existía la muerte natural, el accidente mortal, o una vida
que se extinguiera normalmente.
Todos los muertos eran la consecuencia de una actividad premeditada.
Alguien los había matado.
Por eso los enterraban, para evitar la venganza; para evitar que los
muertos – que los espíritus de los muertos – atacaran a los vivos.
El peso de los muertos siempre atormentó la conciencia de los vivos.
En su ensayo monumental La rama dorada, Frazer escribe: La magia
positiva o hechicería dice: -Haz esto para que acontezca esto otro.
La magia negativa o tabú dice: -No hagas esto para que no suceda esto
otro. Estas reglas inmutables no atienden cambios, lo similar siempre
reproduce lo similar.
La única amenaza que la sociedad argentina imagina es una suerte de
pordiosero armado hasta los dientes, harto de serlo, condenado a una
vida inenarrable, y que no bien pueda se ocupará de cortarle la
yugular a todos los propietarios; su despiadada venganza debe ser
evitada, dado que no bien se inicie no podrá ser detenida.
Esta amenaza permanente se resuelve bajando la edad de la
imputabilidad penal, construyendo cárceles y evitando el garantismo
jurídico; no se trata de reeducar, basta con impedir todo contacto
contaminante para ejecutar una política genocida.
Policía y seguridad se vuelven términos intercambiables, y la
experiencia sobre el accionar de la policía durante las últimas tres
décadas no sirve para sacar conclusiones; la sociedad para protegerse
no debe detenerse ante nada.
No se trata de averiguar qué pasa, con alucinar en el mismo sentido
que la TV, que retroalimenta el sistema alucinatorio, es suficiente.
La sociedad argentina fabricó, votando a Menem, tres veces, y a De la
Rúa, los millones de excluidos cuya venganza hoy la aterra.
Por eso, incapaz de registrar lo que sucede, acostumbrada a no
requerir explicaciones causales, adopta un repertorio de consignas
huecas a modo de sustitución analítica; es decir, no se está a tanta
distancia del terror primitivo y fundante del que habla Frazer.
De ahí que nos recuerde: -La vieja idea de ser el salvaje el más libre
de los humanos es contraria a la verdad. Es un esclavo, y no sólo de
un amo visible sino del pasado, de los espíritus de sus antecesores
muertos, que rondan sus pasos desde que nace hasta que muere y le
gobiernan con cetro de hierro.
En esa dirección marchamos.
AH/
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