[R-P] Las reuniones de Valenzuela.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Dic 18 22:15:13 MST 2009


PANORAMA POLITICO
Las reuniones de Valenzuela

  	

 Por Luis Bruschtein

“Fuimos a la reunión como partido de oposición con neta vocación de
poder”, fue la declaración del flamante jefe del principal partido de
la oposición, el senador Ernesto Sanz, al salir del encuentro con
Arturo Valenzuela, el subsecretario para Asuntos Latinoamericanos del
Departamento de Estado norteamericano. Pero en el grupo que lo
acompañó estaba el vicepresidente Julio Cobos, que dijo todo lo
contrario: “Vine aquí en mi carácter de vicepresidente”.

Si Valenzuela fuera ingenuo podría haber pensado que se trataba de un
grupo de esquizofrénicos salidos del Borda. Pero lo que menos hubo en
esa reunión fue ingenuidad y cada quien se sabía protagonista del
disparate institucional argentino, donde el mismo grupo que se asume
como “de oposición, con vocación de poder” lleva al vicepresidente del
oficialismo. El radicalismo, cuya carta más fuerte a lo largo de su
historia ha sido la institucionalidad, se convierte así en el
protagonista del equívoco institucional más grande.

La vicepresidencia le da a Cobos un escenario que lo pone a mucha
distancia de sus competidores en la carrera para el 2011. Sin embargo,
es nada más una estratagema, una picardía, que a medida que se
prolonga puede comenzar a producir un efecto contrario y cuando eso
suceda el proceso puede ser irreversible. No es un buen lugar para
Cobos ni para ningún político aunque por ahora no tenga costos por la
condescendencia de la mayoría de los grandes medios y los periodistas
políticos, más enfrascados en una pelea sin cuartel con el
oficialismo.

Resulta que para el Departamento de Estado, los tres candidatos de la
oposición con más posibilidades en las presidenciales del 2011 son
Francisco de Narváez, Mauricio Macri y Julio Cobos. Si la
administración norteamericana pensara que hubiera otros, entonces,
éstos fueron sus preferidos ya que fue con quienes pidió reunirse
Valenzuela. De los tres, De Narváez es el único que se presenta como
peronista, lo que los mismos peronistas no terminan de digerir. Y
tampoco es tan seguro que pueda ser candidato a la presidencia por su
nacionalidad colombiana. De alguna manera, los consultores argentinos
de la embajada y los mismos analistas del Departamento de Estado
parecieran descontar que el próximo presidente o no es peronista o
sale del oficialismo.

Desde el punto de vista de Valenzuela sería lógica su intención de
conocer a los posibles futuros inquilinos de la Rosada, pero para
cualquier argentino resulta evidente la cortedad de un análisis que en
este momento ya limita la carrera en la oposición a esos tres
candidatos, cuando hay otros nombres, incluso dentro del peronismo, de
centroderecha y centroizquierda, que pueden ostentar los mismos
diplomas para esa competencia.

La agenda de Valenzuela tuvo intención política. Las tres reuniones
con políticos no fueron al azar ni solamente porque son los que tienen
más posibilidades, porque la realidad demuestra que no es así. De la
misma manera funciona con los encuentros que mantuvo con los
directivos de empresas norteamericanas radicadas en Argentina ya que
después convocó a una conferencia de prensa donde usó los argumentos
retrógrados de esos empresarios para hostigar al Gobierno. Fue un
evento planificado y controlado donde no había forma de repreguntar y
donde cada palabra estaba muy pensada.

Esta primera visita de Valenzuela a la Argentina plantea algunos
contrastes con su antecesor Thomas Shannon, un diplomático de carrera
que manejaba con mucho pragmatismo la relación con un gobierno
argentino que resulta difícil de etiquetar desde Washington ya que se
permite ciertas radicalidades diferentes a los gobiernos de Brasil y
Chile, pero no se enrola en la línea bolivariana de Venezuela o
Bolivia. Shannon evitó ideologizar su diplomacia y tendió a establecer
relaciones personales con los mandatarios, en especial con Cristina
Fernández.

Valenzuela es profesor titular de la materia Gobierno y director del
Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown,
es un intelectual de la derecha demócrata y ha sido funcionario del
gobierno de Bill Clinton. Por lo menos en esta primera visita demostró
que, al revés que Shannon, tiende a ideologizar las relaciones
diplomáticas desde la visión que él considera como republicana y
democrática. Es un admirador del sistema político de Chile (el país
donde nació) y hasta ha llegado a expresar sus simpatías por el
candidato extrapartidario Marco Enríquez-Ominami.

El sistema chileno es uno de los más cerrados si se lo compara con
otros latinoamericanos, incluyendo al argentino. Prácticamente no deja
espacio para las fuerzas menores y otorga casi todo el manejo del
poder a la primera minoría. El que gana, gana todo y el que pierde,
acompaña. Es un sistema que está pensado para evitar desbordes,
sorpresas o largas deliberaciones y negociaciones. Una democracia
prolija y ordenada desde donde se puede mirar a otras versiones más
abiertas y dinámicas, como populistas.

Otro de los invitados de Valenzuela fue un Mauricio Macri en el peor
momento de su gestión, golpeado por un escándalo de espionaje
realizado por sus funcionarios y por otro escándalo por la designación
en el Ministerio de Educación de alguien acusado de masserista. La
imagen de un Macri que nombra jefe de policía a su amigo Fino
Palacios, acusado de encubrimiento en el atentado a la AMIA y de
montar una oficina de espionaje político y comercial, no es la mejor
para mostrarse al mundo. Y menos si se le suma la designación de Abel
Posse en Educación, un ministro que reclama represión y responsabiliza
al rock “foráneo” por la criminalidad juvenil y la drogadicción.
Ninguna de las dos situaciones tiene atenuantes ni puede negarse, son
hechos reales y provocados por el mismo jefe de Gobierno.

Igual, Macri le dijo a Valenzuela que el “ciclo de los Kirchner en
Argentina está terminando y les pedí que nos tengan fe, que después
venimos nosotros”, amenazó. Lo más gracioso es que el reemplazante del
Fino Palacios, Eugenio Burzaco, fue discípulo de Valenzuela en la
Universidad de Georgetown. El macrismo se esforzó por difundir que, a
partir de esta relación con Burzaco, Valenzuela se había comprometido
a apoyar a la policía porteña con programas de capacitación
permanentes. El único problema es que los cursos que ofrece Estados
Unidos están relacionados con el combate a la droga y el terrorismo,
pero la nueva policía porteña no podrá intervenir en delitos
federales.

De la reunión con De Narváez, un ex empresario que vive de la renta
que producen fondos fiduciarios en algún paraíso fiscal, no
trascendieron detalles, aunque es probable que haya tenido un
contenido similar. El colombiano-argentino está haciendo circular
encuestas en los medios que lo sitúan con probabilidades para disputar
el año próximo la interna del PJ por la gobernación bonaerense. Así
empezó su campaña mediática para la elección del 28 de junio,
distribuyendo encuestas que finalmente se hicieron realidad. Pero
primero deberá decidir si compite en la presidencial.

Valenzuela es hijo de un obispo metodista chileno que a los 16 años
viajó a los Estados Unidos para estudiar y allí se quedó. Sus
cuestionamientos conocidos a la Argentina apuntaron siempre al default
y a los intereses de los tenedores de bonos que quedaron fuera de la
negociación. Por eso su reclamo sobre la “inseguridad jurídica” no es
nuevo. Antes lo hizo por los “holdouts” y ahora por los empresarios
norteamericanos con quienes se reunió. Su añoranza por el menemismo
tiene sentido porque en la época de las relaciones carnales, él era el
que estaba del otro lado (como subsecretario de Clinton). Obama
designó a Hillary Clinton en el Departamento de Estado y la ex primera
dama nombró a Valenzuela, un ex colaborador de su marido, al frente de
las relaciones con América latina. Y la agenda de la primera visita de
Valenzuela a la Argentina mostró a una diplomacia que, si insiste por
ese camino, podría llegar a resultar tanto o más perjudicial para
América latina que la de George Bush, porque expresa objetivos y
conceptos parecidos, pero con una actitud más militante.


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