[R-P] Debate en la "centro¿izquierda?".
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Dic 16 22:38:40 MST 2009
[Antes de empezar la nota recomiendo releer el artículo de Rubén
Dri que mandé oportunamente a la lista.No digo nada de las opiniones
de Victoria Donda porque sino un amigo me acusa de derechista...]
EL PAIS › ENCRUCIJADAS DEL CENTROIZQUIERDA
Qué hacer en el Congreso
La división de las fuerzas de centroizquierda en Diputados al momento
de elegir las autoridades de la Cámara generó una polémica que se
reflejó en estas páginas con las opiniones de Alcira Argumedo y Rubén
Dri. Dos diputados continúan el debate.
Por Victoria Donda *
Es posible vivir en un país más justo
Todos sabemos que nuestro país atraviesa una etapa crucial de su historia.
Por un lado, un gobierno nacional preso de las condiciones que la
estructura del Partido Justicialista le impone. Por el otro, diversas
expresiones de la derecha que buscan el modo de reconstruir consenso
social alrededor de los intereses de las minorías poderosas.
No obstante, estas viejas y tradicionales organizaciones políticas, no
parecen tener claro que en la conciencia de las mayorías de nuestro
pueblo aún está fresco el masivo repudio a sus recetas y prácticas.
Situación que estalló en las históricas jornadas de 2001 y que
acompañó el ascenso y descenso de un proyecto “nacional”, que si bien
dijo mucho, hizo bien poco para renovar la política, promover la
participación popular y construir un instrumento político
transformador.
Las organizaciones como a la que pertenezco, trabajan hace años contra
viento y marea por construir en la Argentina una fuerza popular capaz
de desarrollar poder desde abajo. Lo hacemos en dirección de recuperar
nuestra soberanía como Nación, revertir la injusta distribución del
ingreso y retomar el control de nuestros recursos estratégicos. No
podemos de ninguna manera inmovilizarnos o resignarnos.
En las últimas elecciones, más de un millón de argentinos y argentinas
dieron fe en las urnas de la falsedad del silogismo “K o la derecha”.
La actual composición del Congreso lo refleja con claridad: sin el
progresismo, sin las fuerzas del campo popular, no podrán aprobar
proyectos, ni el PJ ni el amplio espectro que podríamos situar a su
derecha, salvo claro está, que se pongan de acuerdo entre ellos.
Porque, a decir verdad, el kirchnerismo le hizo un favor en estos días
al macrismo para que no pierda el control de las comisiones
estratégicas en la legislatura porteña. Al mismo tiempo, la UCR acordó
con el PJ-kirchnerista una reforma política proscriptiva en la
provincia de Buenos Aires. También por estos días. Y por qué no decir,
por último, que existe una extraña similitud entre las declaraciones
del nefasto nuevo ministro de Educación de la ciudad, el señor Posse,
y el espíritu del Código Contravencional, persecutor de pobres y
rebeldes, del gobernador K, Daniel Scioli.
Nos invitan a sumarnos al coro de abyectos y observadores temerosos de
un país en donde los que sufren a esta clase dirigente son los más
humildes.
Gracias, pero eso no es lo nuestro.
* Diputada nacional. Movimiento Libres del Sur.
Por Ariel Basteiro *
La trampa del método
Generó sorpresa ver a la novel diputada Alcira Argumedo reconocerse
–sin ruborizarse– parte de esa “heterogénea y contradictoria
oposición”, ese conglomerado de liberales de derecha, peronistas
disidentes, pros, radicales de distinta cepa, procesistas, demócratas
progresistas, demócratas mendocinos, algunos socialistas, duhaldistas,
etc. A confesión de parte relevo de prueba, diría un abogado.
Lo anterior es más que contradictorio y ello se vincula directamente
con la cuestión del método, con esto de que el fin justifica los
medios. La conformación de esa alianza parlamentaria –porque eso es lo
que es– sólo tuvo por objeto hacerse de alguna presidencia de
comisión, creyendo que con eso podrán cambiar de un día para otro la
realidad de la Argentina. No saben que lo que están abriendo es la
posibilidad de que estos sectores manejen los destinos del Parlamento.
Para nosotros, para quienes hemos hecho todos los esfuerzos posibles
para avanzar en la unidad de las fuerzas de izquierda representadas en
el Parlamento, para quienes quisimos conformar un bloque grande,
fuerte, autónomo y con capacidad para forzar el corrimiento a la
izquierda de la agenda y las políticas públicas impulsadas por el
Gobierno, la “metodología” que agrupa a esa oposición sólo contribuye
a fortalecer las posturas de aquellos que critican al oficialismo por
sus aciertos, los que con dilaciones y evasivas se resisten a atacar
algunos núcleos duros del poder, los que piensan un país con monopolio
comunicacional, sistema previsional privado, liberación de la
exportación de materias primas y represión para los que vayan quedando
fuera de dicho modelo.
Ahora bien, entendemos que no somos nosotros los dueños de la verdad
y, por tal motivo, no buscamos enfrentarnos con quienes actúan según
esta estrategia, sino con nuestros verdaderos enemigos. Es por ese
motivo que sorprende la nota de Argumedo, su tono, su inquina, su nula
vocación de construcción.
La incomprensible ingenuidad con que contribuye a construir un mundo
dividido entre kirchneristas y no-kirchneristas es tan difícil de
creer como de aceptar. Este surgimiento de un macartismo vernáculo es
un riesgo enorme y aparece –como todo macartismo– absolutamente
divorciado de la realidad: en un contexto latinoamericano de
reposicionamiento de los sectores populares frente a la reacción de la
derecha, es el momento para acumular y crecer, no para generar
divisiones ficticias que obstaculizan toda posibilidad de avances
relativos.
Cuesta no sentir bronca ante ciertos juicios de la novel diputada,
difícil no leerlos como un desprecio a los 30 años de lucha
ininterrumpida, de defensa de la clase trabajadora, el patrimonio
nacional y los recursos naturales, de compromiso inquebrantable, de
apuestas en tantos frentes de izquierda y de esfuerzos por construir
la unidad de los sectores populares que tenemos sobre nuestras
espaldas muchos de los legisladores que ella descalifica. Ella recién
se sube a la palestra política y ya forja acuerdos con la derecha,
cosa que jamás hicimos los socialistas bonaerenses. Por momentos,
asoma cierta falta de humildad en algunas actitudes, como si quien
recién desembarca en la arena política tras años de actividad
académica no tuviera nada que aprender y, encima, pudiera dar cátedra
de ética e ideología.
Tenemos un gobierno que –con contradicciones, vaivenes, debilidades–
ha permitido cierta recuperación en temas tan importantes como el rol
del Estado en la regulación de la economía, los derechos humanos y
hasta en la instalación en la agenda mediática de la cuestión de la
distribución de la riqueza. Paralelamente, enfrentamos un
reagrupamiento cada vez más marcado y agresivo de la derecha
vernácula, que ataca por todos los frentes, que hace constantes
esfuerzos por imponer su discurso. Lo hace con Abel Posse, también con
el código contravencional de Scioli.
Ante este escenario, las fuerzas progresistas y de izquierda tenemos
la responsabilidad histórica de no permitir el avance de la derecha,
así como también de profundizar las transformaciones iniciadas en los
últimos años. Pero si perdemos nuestro tiempo y energía en una disputa
entre nosotros, entonces perderemos todos, y cuando todos perdemos ya
sabemos quiénes ganan.
Alguna vez el Che, icono de la lucha armada, le regaló un libro a
Salvador Allende, icono de la lucha democrática, y en la dedicatoria
le escribió: “a Salvador Allende, quien por otros medios busca lo
mismo”. Quizás en estos tiempos, que demandan temple e inteligencia,
sería bueno volver a las fuentes.
* Diputado nacional. Bloque Encuentro Popular y Social.
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