[R-P] Romerito entre Mirabeau y Kirchner...
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Dic 4 09:40:19 MST 2009
"En 1789, los diputados franceses reunidos en la Cancha de Pelota,
rodeados por los batallones del rey, juraron resistir y no separarse
hasta constituir la Asamblea Nacional, que daría a Francia su primera
Constitución. Algo de eso ocurrió ayer, cuando la oposición, rodeada
por una plaza adversa, alcanzó el quórum propio para reunirse en la
Cámara de Diputados. Es posible que este acto audaz consolide una
alianza, todavía frágil, cierre la brecha para el soborno y la fuga de
los diputados más débiles e inicie un ciclo en el que el Congreso
recupere el lugar asignado en la institucionalidad republicana."
Linda analogía.Comparar lo sucedido en la "Cancha de Pelota", con lo
de ayer, es para decirlo suavemente, una reverenda gansada.¿Éste es
uno de "nuestros" grandes historiadores académicos...?
Con razón no se considera a Ramos en la carrera de historia manejada
por los "flor de Romero" y cía, como a un historiador "serio".
Sería una vergüenza que los Halperín, Romero y otros estadígrafos y
juntadores de datos valoraran a quien fue el más grande historiador
político que tuvo nuestro país.
En síntesis: Luis Alberto Romero, andate a la mierda...
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Luis Alberto Romero
Para LA NACION
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Viernes 4 de diciembre de 2009 | Publicado en edición impresa
En 1789, los diputados franceses reunidos en la Cancha de Pelota,
rodeados por los batallones del rey, juraron resistir y no separarse
hasta constituir la Asamblea Nacional, que daría a Francia su primera
Constitución. Algo de eso ocurrió ayer, cuando la oposición, rodeada
por una plaza adversa, alcanzó el quórum propio para reunirse en la
Cámara de Diputados. Es posible que este acto audaz consolide una
alianza, todavía frágil, cierre la brecha para el soborno y la fuga de
los diputados más débiles e inicie un ciclo en el que el Congreso
recupere el lugar asignado en la institucionalidad republicana.
El oficialismo no regaló nada en este combate simbólico. Convocó a las
organizaciones sociales propias para llenar la plaza del Congreso ?no
hubo ayer los vallados que desde hace tres días bloquean la Plaza de
Mayo?, llenó con sus partidarios los lugares del recinto reservados a
la barra y convocó a sus más conspicuas figuras, como los dirigentes
sindicales, poco habituados a frecuentar ese escenario.
Hubo dos escenarios distintos. En el del recinto se celebraron la
república y la representación. El de la barra y la plaza recuerda, por
ejemplo, a aquel en el que el Parlamento italiano o el Reichstag
alemán votaron las atribuciones con las cuales Mussolini y Hitler
pudieron asaltar el Estado desde el gobierno.
La celebración republicana de ayer, que remite a la fundación de la
democracia institucional de 1983, estuvo largamente ausente de nuestra
democracia realmente existente. Desde 1989, con la justificación de la
crisis, o simplemente por el ejercicio de la mayoría, el Congreso ha
venido delegando sus atribuciones en el Poder Ejecutivo, al punto de
crear un régimen institucional cada vez más difícil de encuadrar en
nuestra preceptiva constitucional.
El año pasado, el conflicto del campo significó un freno y un giro. No
tanto por la cuestión más estrictamente corporativa sino por la
convicción generalizada de que los conflictos de intereses debían
dirimirse en el ámbito parlamentario, que es el lugar de la
representación, la discusión y la negociación.
El giro producido en los primeros meses de 2008 se consolidó con las
elecciones de junio pasado. Desde entonces está claro que un amplio
sector del país quiere una vuelta a la Constitución y al Parlamento.
No conviene magnificar lo que ayer sucedió. Este escenario es apenas
uno de los muchos en los que se dirimirán los combates políticos de
los próximos meses. El Gobierno ha exprimido hasta la última gota su
última mayoría en el Congreso, se ha blindado y probablemente se
proponga gobernar prescindiendo de lo que allí pueda discutirse y
decidirse. No le faltan resortes institucionales y le sobra voluntad
política para no darse por vencido.
A la oposición le queda por delante un camino largo y complicado, de
final incierto. Debe articularse y conservar su diversidad, pero
afirmarse en la unidad en los momentos críticos, como el de ayer. Debe
seguir desarrollando su combate por la opinión. Pero también debe
tener presencia en la calle, como a principios del año pasado. Esto es
lo más difícil.
La calle hoy no es el escenario pacífico de las manifestaciones. En
ella se escenifica cotidianamente el hondo drama social de la pobreza
y la desocupación. Sus protagonistas están hoy divididos, y están
organizados para defender sus espacios.
Por otra parte, el Gobierno parece querer defender su presencia en la
calle moviendo a sus contingentes, los que organizan Guillermo Moreno
o Luis D?Elía.
No está claro qué actitud tomarán los responsables del poder público
en el caso de que haya choques. De modo que para quienes apoyen al
Congreso competir por la calle tiene muchos riesgos. Pero a los
cuerpos representativos suelen no alcanzarles su fuerza moral ni sus
derechos legales. Al fin, los juramentados de la Cancha de Pelota, que
estaban en Versalles, encontraron en 1789 su fuerza en quienes en
París habían tomado la Bastilla.
El autor es historiador, escritor y profesor universitario
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