[R-P] Ser palestino
Patricia
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Abr 27 09:08:26 MDT 2009
Ser palestino
Mientras otros viajan alrededor del mundo y afirman que es cierto que “el mundo es un pañuelo”, tú te ríes porque ni siquiera puedes recorrer unos pocos kilómetros en tu propia tierra para visitar a tu familia, a tus seres queridos. Tu mundo se vuelve cada vez más pequeño y más claustrofóbico, ocupado sólo por sofocantes bloqueos, revisiones, cortes y toques de queda.
Por Mike Odetalla
Ser palestino en el mundo de hoy constituye una experiencia única. Te preparan para ser “diferente” al resto, y de hecho comienzas a sentir que lo eres desde el momento en que empiezas a comprender lo que significa tu derecho de nacimiento. Por el simple hecho de haber nacido y vivido en esa pequeña porción de tierra situada entre el río Jordán y el Mar Mediterráneo, tu vida te conduce por un camino que los demás no alcanzan a comprender.
Tu simple llegada al mundo es contemplada con sospecha y preocupación. No eres sólo un bebé más: eres un número en las estadísticas, que debe ser sumado y examinado por aquellos que se preocupan, no por tu bienestar o por tu futuro, sino porque otro palestino sea agregado a la “ecuación demográfica”. Aquellos que examinan las estadísticas con preocupación serían más felices si no hubieras nacido, hubieran preferido que no vinieras a ocupar lugar en “su mundo”. Tu llegada alimenta la inquietud de dejar de ser mayoría. Una mayoría basada en la “exclusividad” de una raza y una religión “elegidas”, aun cuando puedes rastrear a tus antepasados en ese trozo de tierra a lo largo de miles de años, a los ojos de los demógrafos no eres bienvenido allí.
Desde el día en que comprendiste lo que te rodeaba, comenzaste a entender la condena que implica ser palestino. Mientras otros niños del mundo juegan y aprenden en un clima relativamente seguro y apacible, tú no puedes. Tu vida está sometida a las normas de los eternos ocupantes: los colonizadores y sus soldados. Mientras que otros niños conservan la inocencia que siempre acompaña a la infancia, la tuya ha sido destrozada y traumatizada debido a la visión y a los sonidos de la eterna guerra que te rodea. Aquello que en otras partes del mundo horrorizaría a un adulto, es parte de tu vida diaria y se ha convertido en “rutina”. Te vuelves tan duro como tus alrededores. Los juegos de la infancia han perdido su inocencia y ya no tienen interés ni sentido para ti. Tus únicos juegos son los que reflejan la desesperación de tu realidad palestina. Mientras otros hacen planes y piensan en el futuro, tú sólo te preocupas por sobrevivir al presente.
Tu padre, quien alguna vez fue el sostén de tu vida, el hombre que te hizo sentir seguro y a salvo, ya no encuentra trabajo para mantener a la familia. Está ahora despojado de sus ropas y de su honor, ahí mismo, a la vista de todos: descubres que él ya no puede garantizar tu bienestar. Te duele verlo de esa forma. En tu enojo infantil, deseas verlo atacar y desafiar, deseas que recobre el lugar que le corresponde. Pero lo cierto es que no puede, y te das cuenta que de esto no se debe al temor por su propia seguridad, sino por la tuya y la de tus hermanos. Comienzas entonces a entender la enorme carga que él lleva sobre sus hombros, en silencio, sufriendo en soledad.
Tu madre, símbolo de todo lo bueno y puro de este mundo, debe pedir y suplicar sólo para trasladarse de un lugar a otro. Observas con horror y con rabia como los soldados israelíes le gritan groserías y le hacen comentarios despectivos. Sin embargo, ella se mantiene firme y, con la paciencia que sólo una madre palestina puede tener, sigue adelante. Ella ha debido colocarse al frente de la familia, para tratar de sostenerla. Debe soportar las peores humillaciones durante las revisiones, para evitarle a tu padre peores tratos. Te mantiene alejado del peligro, siguiendo sus instintos maternos, protegiéndote del daño. Te preguntas que piensa durante esas noches en vela, pero nunca lo sabrás, porque ella lleva su carga en absoluto silencio.
Vas a la escuela, cuando puedes, y obtienes buenas calificaciones, pero en el fondo sabes que no importa cuánto estudies, lo máximo que puedes esperar es un sueldo pobre en un trabajo de poca importancia. Ves a los hombres jóvenes reunidos cada día en las mismas calles, en un ritual de aburrimiento e inutilidad. Ellos han terminado la escuela, o la han abandonado debido a la frustración y la desesperanza. Su número parece aumentar cada día, así como sus perspectivas de un futuro optimista parecen disminuir. Empiezas a entender que esto es producto de décadas de ocupación, colonialismo y descarados policías que mantienen al pueblo abatido, desesperado, quebrado. Comienzas a sentirte solo, a entender que el resto del mundo no conoce tu situación, o simplemente no le interesa. Miras las imágenes de tus torturadores en la televisión, viviendo a unos pocos kilómetros de distancia, disfrutando de la vida que te niegan a ti. Tu vida, tu hogar, tu
tierra y tu historia siguen siendo destrozadas y expropiadas por otros, en una campaña sin fin para eliminar a los palestinos de la tierra cuyo suelo está mezclado con la sangre, el sudor y las lágrimas de sus antepasados, y ¡ningún esfuerzo podrá nunca borrar de la tierra las huellas de sus legítimos dueños!
Mientras que el mundo en general, incluyendo a aquellos que se consideran tus “hermanos” en el mundo árabe, que hacen otra declaración y predican acerca de la libertad y la justicia, a su vez operan en secreto con tus torturadores para encarcelarte y oprimirte de todas las formas posibles; dejando de lado los derechos civiles, las leyes y los actos de la decencia humana que propugnan, como si estas cosas pudieran aplicarse a todos, ¡menos a aquellos nacidos en Palestina!
La comida, una necesidad humana esencial para sobrevivir, es ahora un “lujo” de acuerdo con tus opresores, y si se te ocurre hacer demasiado alboroto acerca de tu situación, los “perros de la guerra” estás dispuestos a matar y a destruir a voluntad, sin importarles tu vida ni la de los que te rodean, sean jóvenes o ancianos; y así la brutal y completa destrucción es nuevamente la respuesta a tus ruegos de libertad, justicia y dignidad, por “ser palestino” ante sus ojos y ante los ojos de quienes les conceden apoyo incondicional, siendo para ellos “hijos de un Dios menor”, y negándote así tus derechos humanos básicos…
Observas con envidia y rabia cómo los demás disfrutan de las libertades que te son prohibidas. Mientras otros viajan alrededor del mundo y afirman que es cierto que “el mundo es un pañuelo”, tú te ríes porque ni siquiera puedes recorrer unos pocos kilómetros en tu propia tierra para visitar a tu familia, a tus seres queridos. Tu mundo se vuelve cada vez más pequeño y más claustrofóbico, ocupado sólo por sofocantes bloqueos, revisiones, cortes y toques de queda.
Y aunque puede que alguna vez te encuentres viviendo en otra parte del mundo, ya sea cerca o lejos de la tierra que es tu derecho de nacimiento, en lugares tranquilos y no tan tranquilos, sigues añorando tu tierra natal, y te das cuenta de que siempre faltará algo en tu vida, que no podrá estar nunca completa y de que, como palestinos, siempre seremos diferentes a los demás ya que mientras otros viven en su tierra natal, nuestra tierra natal siempre vivirá dentro nuestro…
“No eres muy distinto del canario que tienes en la jaula, es más, puede que él se encuentre mejor que tú. Lo llevas afuera y lo liberas; lo observas con envidia y admiración mientras se eleva alto en el cielo. Libre al fin, un ave libre en Palestina. Envidias a esa ave y deseas haber sido una…”
La fuente: The Palestine Telegraph. La traducción pertenece a Julieta Tonello para Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.
"Amasados en esa atmósfera, pintados por la luz del velador y envueltos en lo que creen que son y son, se entregan al amor; y el pueblo, ignorante, a su rutina."
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