[R-P] [Michel Husson] Cada uno para su burguesía.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Abr 24 21:28:46 MDT 2009
Cada uno para su burguesía
Michel Husson
Estamos pues en el mejor de los mundos, y todos europeos: el BCE ha
reaccionado bien, el euro nos ha protegido, y Europa ha hablado con
una sola voz en el G-20. En realidad la crisis pone a la luz un
proceso de fraccionamiento que Jacques Sapir llama con razón la
“eurodivergencia”. Desde Maastricht, la distancia ya se había
profundizado entre países. Con, por un lado, “ganadores” (España,
Finlandia, Grecia, Irlanda, Luxemburgo, Reino Unido, Suecia) que
constituyen un tercio de la economía europea y cuya tasa de
crecimiento entre 1992 y 2006 se acercaba a la de los Estados Unidos;
y “perdedores” (Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia,
Italia, Países Bajos, Portugal) cuyo crecimiento ha sido netamente
inferior a la media europea.
La crisis agrava este fenómeno: todos los países europeos están
golpeados pero no de la misma forma. España, cuya economía había sido
arrastrada por la exuberancia inmobiliaria retrocede brutalmente y su
tasa de paro estalla. El Reino Unido paga hoy su dependencia de las
finanzas y su moneda se hunde. Alemania, que había dado una prioridad
absoluta a las exportaciones, sufre de lleno el retroceso del mercado
mundial. El modelo irlandés, fundado en la inversión internacional, se
ha hundido. Francia ocupa como de costumbre una posición media que se
explica por una menor exposición a los riesgos de los sistemas
financieros y del inmobiliario y, paradójicamente, por sus modestos
logros en la exportación.
El euro ha evitado efectivamente que una especulación sobre las
monedas venga a redoblar los efectos de la crisis. Es por esta razón
que una salida del euro es poco probable. Así, España se ha
beneficiado del euro permitiéndose un déficit comercial del 6% al 7%
del PIB (tanto como los Estados Unidos) que no habría podido
permitirse con la peseta, que habría sido atacada desde hace mucho.
Salir del euro para poder devaluar su moneda sería un remedio peor que
el mal. Por razones simétricas, se comprende que algunos de los nuevos
Estados miembros querrían acelerar su entrada en el euro.
Pero esta ventaja del euro se paga muy cara. El BCE no se interesa más
que por la inflación y tanto peor si la subida del euro pesa sobre las
exportaciones puesto que permite reducir el precio de las
importaciones. No hay pues nueva política de cambio a nivel europeo.
Pero los diferentes países son desigualmente sensibles a la tasa de
cambio del euro: Alemania lo es muy poco, mucho menos en cualquier
caso que Francia. Sería preciso que el dólar descendiera aún más abajo
para ver un día esbozarse una posición común.
Con la crisis, los principios fundadores de la Europa neoliberal han
estallado, comenzando por el pacto de estabilidad. La independencia
del BCE ha sido, de hecho, puesta en cuestión por la presión a bajar
(a trompicones) sus tasas de interés; la Comisión, y por supuesto el
Parlamento, han sido puestos fuera de juego y las reglas de la
competencia han sido olvidadas ante la urgencia de los diversos planes
de rescate.
La crisis ha mostrado también hasta qué punto las instituciones
europeas actuales eran inadecuadas. Pero, aún más, viene a subrayar el
fracaso de un modo de construcción que se ha basado siempre en el
rechazo a dotarse de herramientas como una adecuada política
cambiaria, un presupuesto ampliado, o también un verdadero gobierno
económico. No habrá tampoco financiación compartida de los déficits
públicos o programas de inversión puesto que el BCE fue
constitucionalmente privado de la posibilidad de emitir empréstitos o
de comprar bonos del tesoro, como ha comenzado a hacer la FED en los
Estados Unidos. Hungría, sin embargo miembro de la Unión, ha debido
recurrir al FMI que le ha impuesto condiciones dignas de su mejor
época: supresión de una paga para los jubilados y congelación de
salarios en la función pública.
Los dirigentes europeos intentan salvaguardar las apariencias pero sus
intereses divergen frente a la crisis. Los relanzamientos son
subdimensionados y no comportan ningún plan global de inversiones
públicas, ningún relanzamiento salarial o reducción concertada del
tiempo de trabajo. Los expertos preparan ya el golpe de después, dicho
de otra forma, el ajuste presupuestario sobre los gastos sociales. Lo
que está en juego en las próximas elecciones es pues considerable: se
trata ni más de menos de refundar un proyecto de Europa solidaria,
basado en el principio de armonización y no en el de competencia.
Frente a la debacle, está lanzada la carrera con las variantes
nacionalistas y autoritarias del neoliberalismo.
Regards, mayo 2009, http://hussonet.free.fr/eurogar.pdf
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