[R-P] [A.Franzoia] Otra Zoncera:"en Argentina todos vivimos del campo".
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Abr 24 17:43:07 MDT 2009
Otra zoncera: “en Argentina todos vivimos del campo”
Por Alberto J. Franzoia
Zonceras, azonzadores y aponzados
Don Arturo Jauretche, viejo maestro del buen sentido, nos enseñó a
descubrir las zonceras que integran el universo simbólico construido
por los intelectuales de la oligarquía nativa y la burguesía
imperialista para adormecer nuestras conciencias y mantenernos
sometidos (1). Estas zonceras son productos que circulan por
distintos canales de comunicación (libros, periódicos, revistas,
instituciones educativas y ahora medios audiovisuales) en busca de
potenciales receptores para convertirlos en seres coyuntural o
estructuralmente azonzados. El primer caso es transitorio y
modificable, el segundo en cambio, cuando el consumo acrítico de
zonceras es compulsivo, termina por convertir al consumidor en un
zonzo sin remedio.
De la zoncera número uno o zoncera madre, civilización y barbarie,
han surgido una gama amplia de zonceras de diversa importancia pero
todas útiles para azonzar a diversos grupos sociales, sobre todo
pertenecientes a las capas medias, quienes se constituyen en la base
social desde la que se catapultan hacia una aparente eternidad los
minoritarios grupos del privilegio. Sabido es que el poder de los
azonzadores radica, precisamente, en la convicción con la que los
azonzados defiendan las zonceras consumidas. Entre las diversas
zonceras paridas por mamá civilización y barbarie mencionaré algunas
realmente significativas para concretar la tarea azonzadora, bien
como ayuda memoria para los que leyeron este estupendo aporte de Don
Arturo hace tiempo, bien como medio para estimular la curiosidad de
muchos jóvenes que quizás aún no se acercaron a estás páginas de la
sabiduría nacional.
Zonceras engendradas por la zoncera madre:
el mal que aqueja a la Argentina es la extensión,
lo que conviene a Buenos Aires es replegarse sobre sí misma,
el misterio de Guayaquil (encuentro entre San Martín y Bolívar),
la libre navegación de los ríos,
la victoria no da derechos,
política criolla o política científica,
este país de mierda,
la inferioridad del nativo,
las zonceras de autoridad (como el hombre que se adelantó a su tiempo),
las zonceras institucionales (como la línea Mayo-Caseros) o
las zonceras económicas (como la división internacional del trabajo).
Durante el año 2008 y aún durante este 2009 se instaló con fuerza
arrolladora una zoncera específica: “en Argentina todos vivimos del
campo”. Ella deriva a su vez de las zonceras generales sobre
economía, como es el caso de aquella que sostiene que para ser una
Argentina desarrollada es necesario recuperar nuestra condición
“natural” de productores agrarios en el esquema de la división
internacional del trabajo. Es esa la zoncera que resulta complementada
por: “en Argentina todos vivimos del campo”. Es decir, si nuestro
destino manifiesto es ser productores agrarios de aquí a la eternidad,
como sostienen las mentes más reaccionarias de nuestra Patria, resulta
indispensable para que esta zoncera seduzca a la mayor cantidad de
argentinos posible, anexarle la noción complementaria que nos informa:
todos vivimos del campo.
Pero ocurre que ni siquiera durante los años en los que Argentina era
la granja del imperio británico esto fue cierto, ya que en ella
demasiados argentinos padecían hambre y estaban marginados del modelo
agroexportador. Sin embargo, sobre fines del siglo XX, de la mano del
proceso de sojización y por los beneficios extraordinarios que la
continuidad de dicho proceso logró obtener con la devaluación del peso
después de la crisis del modelo neoliberal, más la consolidación del
mercado chino, el campo (que con el auge de la patria financiera
parecía perder el protagonismo de otros tiempos) volvió a instalarse
en muchas cabezas de las capas medias como la panacea para nuestros
infortunios económicos. Sobre todo después de la campaña lanzada por
lo medios oligopólicos de adoctrinamiento a partir del conflicto
surgido entre la oligarquía agraria y el gobierno de Cristina. En esas
condiciones escuchamos hasta el hartazgo que un
colectivo supuestamente homogéneo llamado campo era el responsable de
nuestra reactivación económica, a pesar de lo cual un gobierno
“autoritario y revanchista” lo atacaba injustificadamente.
Claro que el campo no es, como vimos en más de una oportunidad un
colectivo homogéneo, por los que los beneficios cosechados nunca
encontraron una justa distribución en el medio rural (que incluye
trabajadores rurales y propietarios de muy pocas hectáreas) y mucho
menos en el urbano, como hubiese sido lógico esperar de haber existido
algo parecido al IAPI de los tiempos de Perón, que derivaba parte de
la fabulosa renta diferencial obtenida por la oligarquía agraria de la
pampa húmeda hacia un proceso de industrialización nacional.
Precisamente cuando el gobierno de Cristina intentó poner coto a tanta
concentración de los beneficios extraordinarios recurriendo a la
Resolución 125, estalla la rebelión oligárquica (2008) que utiliza
como tropa de combate a una gran cantidad de consumidores de la
zoncera “en Argentina todos vivimos del campo”.
¿Por qué todos vivimos del campo es una zoncera?
En su estupendo Manual Jauretche define las zonceras en los siguientes términos:
“"Las zonceras que voy a tratar consisten en principios introducidos
en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia -y en
dosis para adultos con la apariencia de axiomas, para impedimos pensar
las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido... A
medida que usted vaya leyendo algunas, se irá sorprendiendo, como yo
oportunamente, de haberlas oído, y hasta repetido, innumerables veces,
sin reflexionar sobre ellas y, lo que es peor, pensando desde ellas."
"Basta detenerse un instante en su análisis para que la zoncera
resulte obvia, pero ocurre que lo obvio pasa con frecuencia
inadvertido, precisamente por serlo." "Su fuerza no está en la
argumentación. Simplemente excluyen la argumentación actuando
dogmáticamente mediante un axioma introducido en la inteligencia -que
sirve de premisa- y su eficacia no depende, por lo tanto de la
habilidad en la discusión como de que no haya discusión. Porque en
cuanto el zonzo
analiza la zoncera -como ya se ha dicho- deja de ser zonzo," (1)
Si confrontamos el axioma tan difundido por los medios oligopólicos
de adoctrinamiento, “en Argentina todos vivimos del campo”, con los
datos empíricos que surgen de un abordaje de la realidad económica
actual liberado de las anteojeras impuesta por los intelectuales de
las clases dominantes, podremos comprobar que el “axioma” no es otra
cosa que una zoncera. En el artículo publicado por Diego Rubinzal en
Página 12 el 19 de abril de 2009 (2), se presentan un conjunto de
datos demoledores para la zoncera que estamos examinando. Analicemos
entonces los datos sin anteojeras. Mientras que durante el auge del
modelo agroexportador el campo aportaba el 30% del PBI, hoy tan solo
aporta un 8% o un 5% según el criterio de medición se base en precios
corrientes o en precios constantes, y si somos generosos e incluimos
en el rubro campo todo el complejo agroindustrial (industria,
transporte, actividades de terciarización) su aporte
al PBI no llega a un 20%. En 1947 el campo empleaba el 24% de la
población, pero actualmente el empleo directo que genera no es mayor a
un 8%.
Como sostiene más adelante Rubinzal una vieja muletilla del sector
afirma que cada incremento en el volumen cosechado se traducirá en un
mayor bienestar para el conjunto de nuestro pueblo, sin embargo cada
vez que la cosecha crece, si se deja operar libremente a las famosas
fuerzas del mercado, los beneficios se concentran en los grupos del
privilegio. El dato más que significativo volcado por el articulista
es que si bien en los noventa, cuando el menemismo gobernaba el país
en nombre de la “economía social de mercado”, la producción de
cereales y oleaginosas se incrementó un 70%, los indicadores
económicos-sociales sin embargo resultaron declinantes. Es decir,
mientras en el campo se generaba riqueza al país no sólo no le iba
mejor. sino que la situación de franjas importantes de nuestra
población empeoraba. Un dato nada menor que deberían recordar no
pocos azonzados es que según ha demostrado el investigador Alberto
Munujín
(3), los nuevos pobres (categoría distinta a la de los pobres
estructurales) que surgieron durante los años de auge del
neoliberalismo provenían en buena medida de las capas medias,
incluidos sectores agrarios. Pero además, otro dato que no figura en
el artículo de Rubinzal y es imprescindible para comprender quiénes
son los grandes beneficiarios del colectivo “campo, nos informa que
según la investigación realizada por Eduardo Basualdo (4) en la pampa
húmeda el 86% de la producción agrícola está en manos de los mismos
propietarios de hace un siglo. Existen 35 familias (entre las cuales
se encuentran los Anchorena, Balcarse, Pueyrredón, Bullrich, Pereyra
Iraola y Avellaneda) que son propietarias de 1.564.091 hectáreas.
Según la misma investigación en los noventa varias familias y cinco
grandes grupos económicos ampliaron sus propiedades rurales. Esos
cinco grupos son muy conocidos; Bunge y Born, Loma Negra (Amalita
Fortabat), Bemberg, Wertheim e Ingenio Ledesma (Blaquier). Ellos
concentran nada menos que 396.765 hectáreas en la provincia de Buenos
Aires, Estos datos vienen a refutar a su vez la zoncera muy reciente
que sostiene: la oligarquía agraria ya no existe.
Volviendo al artículo de Rubinzal comprobamos por otra parte que una
de las farsas más notables de los últimos tiempos tiene que ver con el
aporte del campo al proceso de recuperación económica en Argentina:
“La Cepal, en su trabajo “Crisis, recuperación y Nuevos Dilemas: la
economía argentina 2002-2007”, sostiene que la mayor contribución al
crecimiento del PIB en esos años fue la proveniente del sector
industrial (+22,6 por ciento), seguida por el comercio con el 17,1 y
el campo (3,5). Por eso, mientras el PIB global creció un 8,8 por
ciento, el PBI industrial lo hizo un 10 y el agropecuario menos del 6
por ciento” (5).
Conclusiones:
Si el campo no aporta más del 8% al PBI y no llega al 20% aún
incluyendo todo el complejo agroindustrial; si el empleo directo que
genera no es superior al 8(%; si cuando creció la producción de
cereales y oleaginosas en los noventa los indicadores
económico-sociales fueron declinantes; si según la Cepal en la
recuperación económica del período 2002.2007 el mayor aporte lo
hicieron la industria ( más del 22%) y el comercio (17, %), contra un
escaso 3, 5% del campo; entonces resulta difícil creer que todos
vivimos del campo. Pero mucho más difícil aún resultar sostener
semejante planteo si observamos que la oligarquía agraria sigue
existiendo y concentra buena parte de la propiedad de las tierras más
fértiles del mundo (propiedad que se amplió en los noventa como señala
Basualdo), con lo cual acapara para sí el grueso de los beneficios
extraordinarios producidos.
Los datos provenientes de los diversos estudios citados (Basualdo,
Cepal, Minujin y se podrían incorporar otros) demuestran la escasa
consistencia de falsos axiomas que circulan en medios que deberían ser
de información y formación, pero se han convertido en medios de
fanático adoctrinamiento. La oligarquía agraria es la más interesada
en hacernos creer que Argentina sólo pude ser una factoría que exporta
materias primas y alimentos, y que gracias a ella todos podremos
vivir dignamente si el estado no le pone trabas” a su “patriótica”
actividad. Si todo esto a su vez logra ser transmitirlo desde la
“inexistencia social” (ya que supuestamente la oligarquía no existe) y
la mayoría de nosotros cree esto, el circuito de los zonzos habrá
sido completado. En ese caso nuestra Patria retrocederá décadas y el
futuro será realmente negro. Por eso estimados compatriotas, es
imprescindible ser críticos y reflexionar sobre ciertas
ideas con las que pretenden someternos una vez más. ¡Reflexionemos!
“Porque en cuanto el zonzo analiza la zoncera -como ya se ha dicho-
deja de ser zonzo” (Arturo Jauretche)...
La Plata, 24 abril de 2009
(1)Jauretche Arturo, Manual de zonceras argentinas, Editorial Peña Lillo, 1968
(2) Rubinzal Diego, Los mitos del campo, Página 12, 19 de abril de 2009
(3) Minujin Alberto, En la rodada. Los nuevos pobres: efectos de la
crisis en la sociedad argentina, UNICEF/Losada, 1992
(4)http://blogs.clarin.com/ser-humano-conocimiento-y-valoracion-de/2008/7/13/racionalismo-razonamiento-e-instinto-conservacion-del-genero
(5) Zaiat Alfredo, Concentración, Página 12, 12 de julio de 2008,
(6) Rubinzal Diego, artículo citado
Lic. Alberto J. Franzoia
albertofranzoia en yahoo.com.ar
Director General del Cuaderno de la IN
http://www.elortiba.org/in.html
Director General del Cuaderno
de la Ciencia Social
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