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maría Sola mariadelsola en gmail.com
Mar Abr 14 19:12:27 MDT 2009


El Pais-España
El conflicto de Oriente Próximo
Israel tensa la cuerda con Estados Unidos
El nuevo Gobierno israelí de extrema derecha despierta recelos en
Washington - El enviado especial de Obama para Oriente Próximo inicia
hoy una visita crucial
ANA CARBAJOSA - Jerusalén - 15/04/2009


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George Mitchell, el enviado estadounidense para Oriente Próximo,
aterrizará hoy en Israel. Su visita es crucial. Es la tercera del
emisario de Barack Obama a la zona, pero la primera desde que Benjamín
Netanyahu formara un Gobierno que se desentiende de los procesos de
paz iniciados por sus predecesores, que cuentan con el respaldo de la
comunidad internacional y que debían culminar en la creación de un
Estado palestino.


Viejas caras, viejos rencores
 Estados Unidos
A FONDO
Capital: Washington. Gobierno: República Federal. Población:
303,824,640 (est. 2008)  Israel
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Capital: Tel Aviv. Gobierno: República. Población: 7,112,359 (est.
2008)  Oriente Próximo
A FONDO
Nueva división


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Diplomáticos israelíes temen un choque de trenes entre los dos aliados

Netanyahu evita pronunciarse sobre la creación de un Estado palestino
Con poco menos de dos semanas de vida, el nuevo Gobierno de extrema
derecha israelí ha sido capaz de sembrar honda preocupación entre sus
principales aliados, incluido Estados Unidos. A Washington le preocupa
que el nuevo ministro de Exteriores israelí, el ultraderechista
Avigdor Lieberman, se apresurara durante su discurso de investidura a
enterrar el proceso de Annapolis, auspiciado por EE UU en 2007 con
vistas al nacimiento de un Estado palestino. "No tiene validez", dijo
el ministro de Exteriores.

Pero probablemente le preocupa todavía más a la Administración de
Obama que el primer ministro Netanyahu haya guardado silencio y se
resista a pronunciar las palabras mágicas que las cancillerías de
ambos lados del Atlántico aguardan como agua de mayo: dos Estados, uno
palestino y uno israelí.

Netanyahu habla en cambio de una "paz económica", cuyo contenido no ha
concretado, pero que consiste en impulsar el desarrollo económico de
los territorios palestinos y ganar así en estabilidad, sin imponer
mediante negociaciones calendarios con estrictas obligaciones para
ambas partes ni acuerdos que conduzcan necesariamente a la creación de
un Estado palestino.

La visión del presidente Obama es bien diferente, como explicó durante
su reciente visita a Turquía, cinco días después de que Lieberman
tomara posesión. "Dejen que sea claro: Estados Unidos apoya con fuerza
el objetivo de dos Estados, Israel y Palestina, viviendo uno junto a
otro con paz y seguridad". Y añadió: "Éste es el objetivo que las
partes acordaron en la Hoja de Ruta y en Annapolis y ése es el
objetivo que perseguiré activamente como presidente".

Estando así las cosas, fuentes diplomáticas israelíes temen un choque
de trenes entre los dos grandes aliados y reconocen que el discurso de
Lieberman "no fue muy prometedor". Dicen las mismas fuentes que en
cualquier caso habrá que esperar unas semanas para ver qué es lo que
realmente pretende el nuevo Gobierno israelí, "porque lo que está
claro es que a pesar de que los europeos presionan a Netanyahu para
que se pronuncie, de momento no se quiere pillar los dedos
comprometiéndose a una fórmula que prevea la creación de un Estado
palestino".

Fuentes diplomáticas europeas, habitualmente prudentes, expresan
también ahora sin tapujos su decepción ante los primeros pasos del
Gobierno israelí. No tiene la UE intención de concretar la
profundización de sus relaciones con Israel como estaba previsto para
esta primavera, porque "en este momento no hay apetito para nada".
"Primero vino la guerra en Gaza y luego el negacionismo del nuevo
ministro de Exteriores; lo primero que tienen que hacer es abrir la
franja de Gaza para que entren los víveres que hacen falta", se quejan
las fuentes consultadas.

En la misma línea, el ministro de Exteriores español, Miguel Ángel
Moratinos, que hoy inicia una visita a la zona de dos días durante la
que tiene previsto reunirse con miembros del Gobierno israelí, aseguró
ayer en Madrid, según recogía la prensa israelí, que "Europa no
aceptará una situación en la que el Gobierno de Netanyahu rehúya las
decisiones de sus predecesores en relación con el proceso de paz".

Y hasta el siempre dócil presidente palestino, Mahmud Abbas, dejó
claro el pasado fin de semana que no tiene intención de sentarse a
negociar con el Ejecutivo israelí si no se adhiere a los acuerdos
negociados con sus predecesores, incluido Annapolis, y si no cesa el
crecimiento de los asentamientos.

George Mitchell, antiguo negociador en el proceso de paz en Irlanda
del Norte, aterriza en Israel con el objetivo de "promover la fórmula
de dos Estados", según ha anunciado el Departamento de Estado de EE
UU. Pero en cualquier caso, advierte Roni Bart, experto israelí en
relaciones transatlánticas del Instituto de Estudios de Seguridad
Nacional de Tel Aviv, "probablemente Mitchell se limite en esta visita
a escuchar y a averiguar qué tiene Netanyahu en mente respecto a los
palestinos. La prueba definitiva será la visita de Netanyahu a la Casa
Blanca en mayo". Será entonces, coinciden los analistas, cuando
quedará negro sobre blanco hasta qué punto peligran las relaciones
entre los aliados.


Viejas caras, viejos rencores
El presidente Barack Obama es nuevo en la Casa Blanca, pero algunos de
sus asesores no lo son. Traen consigo una mochila cargada de
experiencia y conocimiento, pero también de viejos rencores y
desavenencias con la clase política israelí. Es el caso de George
Mitchell, hoy enviado especial de la Casa Blanca y que en 2001 hizo
público el informe que lleva su nombre y que concluyó: "El Gobierno
israelí debe congelar toda la actividad colonizadora, incluido el
crecimiento natural de los asentamientos existentes".

El informe cayó como una bomba entre la clase política israelí. Fue el
entonces presidente Bill Clinton el que encargó a Mitchell que
redactara el informe. Aaron David Miller, asesor de Clinton en aquella
época, documenta en su libro La tierra demasiado prometida algunas de
las perlas que escaparon de la boca de Clinton al referirse a Benjamín
Netanyahu. "¿Quién diablos se cree que es? ¿Quién es aquí la
superpotencia?". Hoy Clinton no está en el Gobierno, pero su esposa es
la jefa de la diplomacia estadounidense.




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