[R-P] [Mark Weber] El sionismo de Hitler

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Abr 13 12:07:01 MDT 2009


[Abonando cuanto llevamos dicho en esta lista sobre la íntima relación 
entre el antisemitismo y el origen y existencia del sionismo, una muy 
interesante nota histórica.]

Un texto del historiador Mark Weber
El sionismo de Hitler

David Comedi [autor de la introducción entre corchetes angulares]
Rebelión

<Cuando los antisemitas, o más propiamente, los enemigos de los judíos, 
notaron, después de lanzar contra ellos a lo largo de la historia 
diversas persecuciones, incluso las más sangrientas, que no habría forma 
de deshacerse de sus odiados, intentaron entonces una novedosa 
estrategia: el sionismo.

El nacionalismo había surgido en Europa como una forma de emancipación 
colectiva de los pueblos y ofreció un “interesante” método de 
segregación. Los judíos serían identificados como un pueblo distinto, 
“el pueblo judío”, y como tal quedaría discriminado. No formaría parte 
de las naciones que estaban naciendo.

Muchos judíos protestaron y denunciaron este plan. Querían integrarse a 
las naciones nacientes, se identificaban con las ideas libertadoras que 
soplaban en el viento de la época. Pero sus voces fueron siendo tragadas 
gradualmente porque la destructiva alianza del antisemitismo con el 
sionismo ya había sido sellada. Era el arma última que sería usada 
contra ellos; la más mortífera, porque funcionaría como una bomba de 
tiempo progresiva que iría atacándolos desde dentro.

Se cuenta que el sionismo político nació en el siglo XIX de una 
reflexión de Teodoro Hertzl (1860-1904) acerca del “caso Dreyfus”, un 
militar francés judío que fue injustamente inculpado de traición, 
aparentemente por motivaciones antisemitas. Hertzl razonó que los 
antisemitas tenían de alguna forma razón, y que los judíos eran un 
pueblo distinto que no pertenecía a la nación en la cual vivían. Aun si 
ya vivían en el seno de la misma desde muchas generaciones atrás, algún 
fenómeno especial marcaba al judío como diferente. No era la religión 
(Hertzl mismo no era para nada religioso), tampoco la cultura, pues 
muchos judíos perseguidos compartían y se identificaban con la misma 
cultura de las naciones donde vivían. En realidad, al proponer el 
sionismo político, Hertzl estaba aceptando la tesis de sus supuestos 
enemigos, los antisemitas. Estaba aceptando un prejuicio discriminatorio 
como una realidad. Adoptaba, por así decirlo, el viejo dicho de “si no 
puedes con tus enemigos, únete a ellos”.

Por eso mismo, no es una sorpresa constatar que el mismísimo Hitler, que 
desconfiaba profundamente de los judíos y fundó el nazismo, una 
ideología de supremacía racial segregacionista de fuerte sesgo 
antisemita, y que llevó a una de las peores masacres de judíos de la 
historia, haya apoyado decisivamente al sionismo y a la construcción del 
Estado de Israel en sus comienzos como gobernante de Alemania. Sí: 
Hitler, considerado tal vez el peor enemigo de los judíos por la mayoría 
de los historiadores, incluso negoció directamente con los sionistas, 
intercambió cartas y colaboró activamente con ellos, como lo demuestra 
el artículo del historiado Mark Weber, trascripto abajo. Y no hace falta 
recordar la mayor contribución de Hitler al sionismo a través de las 
masacres que él mismo y su régimen asestaron a los judíos de Europa. Se 
sabe que la decisión de la Organización de las Naciones de apoyar 
decisivamente la partición de Palestina en 1947 y la creación de un 
Estado judío estuvo directamente influenciada por los horrores del 
Holocausto nazi. Con esto, Hitler se convirtió en el mayor colaborador 
del sionismo de la historia, pues dejó enmudecidos a los mayores 
detractores del sionismo que había en la época, que no eran pocos, 
incluso dentro del judaísmo. El Holocausto nazi contribuyó a la 
conversión masiva al sionismo, tanto de judíos como de personas de otras 
ascendencias.

El sionismo, en mi opinión, es decididamente una forma de antisemitismo. 
La peor, porque destruye al judío desde adentro. Lo corrompe, lo aleja 
de su esencia humana, porque, como ideología, es un conjunto de falacias 
diseñadas para confundir y reemplazar al ser, a la condición del hombre 
natural, por una condición ficticia: la de miembro de una secta, la 
secta sionista. El sionista es aquel que sucumbe a la teoría antisemita, 
que no está basada en nada más que la ignorancia, y que se asume como un 
perseguido que justifica, como lo hacía Herzl, esa persecución porque se 
cree diferente.

Es por eso que hoy la lucha desde dentro del judaísmo para desenmascarar 
y desarticular al sionismo y a su criatura, el Estado de Israel, es una 
lucha esencial por la libertad del ser.

Los dejo con el artículo del historiador Mark Weber.>

El Sionismo y el Tercer Reich

Mark Weber(*)

Traducido del original publicado en Inglés en The Journal of Historical 
Review, Julio-Agosto de 1993 (Vol. 13, No. 4), pp. 29–37

A principios de 1935, un navío de pasajeros con rumbo al puerto de 
Haifa, en Palestina, dejaba el puerto alemán de Bremerhaven. En su popa 
llevaba escrito su nombre en letras hebreas, “Tel Aviv”, mientras una 
bandera con la esvástica nazi flameaba en el mástil. Y aunque la nave 
era propiedad de los sionistas, su capitán era un miembro del Partido 
Nacional Socialista Alemán. Muchos años después, un viajero a bordo la 
nave, revocó esta simbólica combinación como un “absurdo metafísico”. 
(1) Absurdo o no, ésta es sólo una ilustración de un capítulo poco 
conocido de la historia: La colaboración en un amplio rango entre el 
sionismo y el Tercer Reich de Hitler.

Propósitos Comunes

Durante años, pueblos de diferentes países se han enfrentado con la 
“cuestión judía”: es decir, ¿Cuál es el papel apropiado de los judíos en 
la sociedad no-judía? Durante los años treinta, los sionistas judíos y 
los alemanes nacional-socialistas compartieron una visión similar de 
cómo tratar con este confuso problema. Ellos estaban de acuerdo que los 
judíos y los alemanes eran de nacionalidades claramente diferentes y que 
los judíos no pertenecían a Alemania. Los judíos que viven por 
consiguiente en el Reich no debían ser considerados como “alemanes de fe 
judía”, sino como miembros de una comunidad nacional separada. El 
sionismo (nacionalismo judío) también implicaba una obligación de los 
judíos sionistas de reasentarse en Palestina, “la patria judía”.

Difícilmente podrían considerarse como sinceros sionistas y 
simultáneamente exigir iguales derechos en Alemania o en cualquier otro 
país “extranjero.”

Theodor Herzl (1860-1904), el fundador del sionismo moderno, sostuvo que 
el antisemitismo no es una aberración, sino una natural y completamente 
entendible respuesta del no-judío a la conducta y actitud extranjera 
judía. La única solución, él defendía, es que los judíos debían 
reconocer la realidad y vivir en un estado separado de su propiedad. “La 
Cuestión Judía existe en dondequiera que los judíos vivan en números 
notables”, escribió él en su trabajo más influyente, “El Estado Judío”.

“Donde no exista, es fundada por la llegada de judíos... creo que 
entiendo el antisemitismo, el cual es un fenómeno muy complejo. 
Considero este desarrollo como un judío, sin odio o miedo”. La Cuestión 
Judía, sostuvo él, no es social o religiosa. “Es una cuestión nacional. 
Para resolverla debemos, sobre todo, hacerla un problema político 
internacional... “Independientemente de su ciudadanía, insistió Herzl, 
los judíos no constituyen meramente una comunidad religiosa, sino una 
nacionalidad, un pueblo, un Volk (2). El sionismo, escribió Herzl, 
ofreció al mundo una bienvenida “solución final a la Cuestión Judía” (3).

Seis meses después de que Hitler llegara al poder, la Federación 
sionista de Alemania (por lejos el grupo sionista más grande de aquel 
país) emitió un detallado memorándum al nuevo gobierno que revisaba las 
relaciones judío-alemanas y formalmente ofrecía el apoyo sionista para 
“resolver” la molesta “cuestión Judía”. El primer paso sugerido, debía 
ser un franco reconocimiento de las fundamentales diferencias de 
nacionalidad (4)”.

“El sionismo no tiene ilusiones sobre la dificultad de la condición 
judía, la cual consiste, sobre todo, en un modelo ocupacional anormal y 
en la falla de una actitud intelectual y moral no arraigada en una 
propia tradición. El sionismo ha reconocido hace décadas que como 
resultado de las tendencias a la asimilación, síntomas de deterioro 
debían comenzar a aparecer....

El sionismo cree que el renacimiento de la vida nacional de un pueblo, 
el cual está ocurriendo ahora en Alemania a través del énfasis de su 
carácter cristiano y nacional, también debe suceder en el grupo nacional 
judío. Para las personas judías, también, el origen nacional, la 
religión, el destino común y un sentido de ser únicos, deben ser de 
decisiva importancia en la configuración de su existencia. Esto 
significa que el individualismo egoísta de la era liberal debe superarse 
y debe reemplazarse con un sentido de comunidad y de responsabilidad 
colectiva....

Creemos que precisamente es la nueva Alemania [Nacional Socialista] que 
puede, a través de una determinación audaz en el manejo de la cuestión 
judía, dar un paso decisivo hacia la superación del problema, el cual, 
en verdad, tendrá que ser tratado por la mayoría de los pueblos europeos...

Nuestro reconocimiento de la nacionalidad judía mantiene una relación 
clara y sincera con el pueblo alemán y sus realidades nacional y racial. 
Precisamente porque no deseamos falsificar estos principios, porque 
nosotros también estamos contra el matrimonio mixto y estamos a favor de 
mantener la pureza del grupo judío y rechazamos cualquier trasgresión en 
el dominio cultural, nosotros – habiendo sido educados en el idioma y la 
cultura alemanes – podemos mostrar un interés en los trabajos y valores 
de la cultura alemana con admiración y simpatía interna...

Por sus prácticos objetivos, el sionismo espera ser capaz de ganar la 
colaboración incluso de un gobierno fundamentalmente hostil a los 
judíos, porque al tratar con la cuestión judía no están envueltos los 
sentimentalismos sino un problema real cuya solución interesa a todas 
las personas y, en el actual momento, sobre todo a los alemanes...

La propaganda del Boicot- tal como se está llevando a cabo, actualmente, 
de muchas maneras contra Alemania – es en esencia no-sionista, porque el 
sionismo no quiere dar batalla sino convencer y construir...

No somos ciegos al hecho de que la Cuestión Judía existe y continuará 
existiendo. De la situación anormal de los judíos, resultan desventajas 
severas para ellos, pero también condiciones escasamente tolerables para 
otras personas.”

El diario de la Federación, el Jüdische Rundschau (“Jewish Review”), 
proclamó el mismo mensaje: “El sionismo reconoce la existencia de un 
problema judío y desea una solución constructiva y de largo alcance. 
Para este propósito, el sionismo desea obtener la ayuda de todos los 
pueblos, sea ésta en pro o anti-judía, porque en su opinión, estamos 
tratando aquí, más con un problema concreto que uno sentimental, la 
solución en la cual todos los pueblos están interesados” (5). Un joven 
Rabino de Berlín, Joachim Prinz, que más tarde se estableció en los 
Estados Unidos y se puso a la cabeza del Congreso Judío Norteamericano, 
escribió en su libro de 1934, Wir Juden (”Nosotros los judíos”), que la 
revolución Nacional Socialista en Alemania significó “Judaísmo para los 
judíos.” Él explicó: “Ningún subterfugio puede salvarnos ahora. En lugar 
de asimilación deseamos un nuevo concepto: el reconocimiento de la 
nación judía y de la raza judía. (6)

Colaboración activa

Sobre esta base de ideologías similares sobre etnicidad y nacionalismo, 
los nacional socialistas y sionistas trabajaron juntos para lo que cada 
grupo creía correspondía a su propio interés nacional. Como resultado, 
el gobierno de Hitler apoyó vigorosamente al sionismo y la emigración 
judía a Palestina desde 1933 hasta 1940-41, cuando el inicio de la 
Segunda Guerra Mundial impidió una colaboración más extensa.

Así como el Tercer Reich se volvió más fuerte, muchos judíos alemanes, 
probablemente una mayoría, continuaron considerándose, a menudo con un 
considerable orgullo, primero como alemanes. Pocos eran los entusiastas 
de alzar sus raíces para comenzar una nueva vida en la lejana Palestina. 
No obstante, más y más judíos alemanes se convirtieron al sionismo 
durante este período. Hasta finales de 1938, el movimiento sionista 
floreció en Alemania bajo Hitler. La circulación del quincenal Jüdische 
Rundschau de la Federación Sionista creció enormemente. Se publicaron 
numerosos libros sionistas. “El trabajo sionista funcionaba perfecto” en 
Alemania durante esos años, hace notar la Enciclopedia Judaica. Una 
convención sionista llevada a cabo en Berlín en 1936 refleja “en su 
composición, la vigorosa vida partidaria de los sionistas alemanes.”(7)

Las SS fueron particularmente entusiastas en su apoyo al sionismo. Un 
informe interno de junio de 1936 de las SS insta al apoyo activo y de 
amplio rango al sionismo tanto por el gobierno y el Partido como la 
mejor manera de alentar la emigración de los judíos de Alemania a 
Palestina. Esto requeriría aumentar la auto estima judía. Escuelas 
judías, ligas de deportes judías, organizaciones culturales judías – 
resumiendo, todo aquello que alentara esta nueva conciencia y 
conocimiento de sí mismo – debe ser promovida, recomienda el informe 
(8). El funcionario de la SS, Leopold von Mildenstein y el funcionario 
de la Federación Sionista, Kurt Tuchler, recorrieron juntos Palestina 
durante seis meses para evaluar allí el desarrollo sionista. Basado en 
sus observaciones de primera mano, von Mildenstein escribió una serie de 
doce artículos ilustrados para el importante diario de Berlín, Der 
Angriff que apareció a finales de 1934 bajo el encabezado “Un Viaje Nazi 
a Palestina”. La serie expresaba gran admiración por el espíritu pionero 
y los logros de los colonos judíos.

“El auto-desarrollo sionista,” escribió von Mildenstein, “ha producido 
un nuevo tipo de judío.” Él alabó al sionismo como un gran beneficio 
para el pueblo judío y para el mundo entero. “Una patria judía en 
Palestina”, escribió en su artículo final, “apunta a la forma de curar 
una herida de largos siglos en el cuerpo del mundo: la cuestión judía”. 
Der Angriff emitió una medalla especial, con una Esvástica en un lado y 
una Estrella de David en el otro, para conmemorar la visita conjunta 
SS-Sionista.

Unos meses después de que los artículos aparecieron, von Mildenstein fue 
promovido para dirigir el Departamento de Asuntos Judíos del Servicio de 
Seguridad de las SS con el objeto de apoyar la emigración sionista y 
desarrollarla más eficazmente. (9)

El periódico oficial de la SS, Das Schwarze Korps, proclamó su apoyo al 
sionismo en la editorial de la primera página en mayo 1935: “Puede no 
ser lejano el tiempo en que Palestina podrá de nuevo recibir a sus hijos 
que han estado alejados de ella por más de mil años. Nuestros mejores 
deseos, junto con la buena voluntad oficial, van con ellos”. (10) Cuatro 
meses después, un artículo similar aparecía en el periódico de la SS: (11)

“El reconocimiento del Judaísmo como una comunidad racial basada en la 
sangre y no en la religión llevó al gobierno alemán a garantizar sin 
reservas la separación racial de su comunidad. El gobierno en sí mismo 
se encuentra en completo acuerdo con el gran movimiento espiritual 
dentro del Judaísmo, el llamado sionismo, con su reconocimiento de la 
solidaridad del Judaísmo alrededor del mundo y su rechazo a todas las 
nociones de asimilación. Sobre esta base, Alemania emprende medidas que 
jugarán ciertamente un papel significante en el futuro, en el manejo del 
problema judío alrededor del mundo.”

La principal línea naviera alemana comenzó el servicio directo de navíos 
de pasajeros desde Hamburgo a Haifa, Palestina, en octubre 1933, 
entregaba comida “estrictamente judía” (Kosher) en sus naves, bajo la 
vigilancia del rabinato de Hamburgo”. (12)

Con el apoyo oficial, los sionistas trabajaron sin descanso para 
“reeducar” a los judíos de Alemania. Tal como el historiador 
norteamericano, Francis Nicosia, lo puso en su estudio en 1985, ‘El 
Tercer Reich y la Cuestión Palestina’: “Los sionistas fueron alentados a 
llevar su mensaje a la comunidad judía, colectar dinero, mostrar 
películas sobre Palestina y, en general, educar a los judíos alemanes 
sobre Palestina. Hubo una considerable presión para enseñar a los judíos 
en Alemania a dejar de identificarse como alemanes para despertar en 
ellos una nueva identidad nacional judía.” (13)

En una entrevista después de la guerra, el ex dirigente máximo de la 
Federación Sionista de Alemania, Dr. Hans Friedenthal, resumió la 
situación: “La Gestapo hizo de todo en aquellos días para promover la 
emigración, particularmente a Palestina. Recibimos a menudo su ayuda 
cuando requeríamos algo de otras autoridades con respecto a la 
preparación para la emigración.” (14)

En el Congreso de septiembre de 1935 del Partido Nacional Socialista, el 
Reichstag adoptó las llamadas “leyes de Nuremberg” que prohibieron los 
matrimonios y las relaciones sexuales entre judíos y alemanes y, en 
efecto, proclamó a los judíos como una nacionalidad minoritaria 
extranjera. Después de unos días el sionista Jüdische Rundschau, en su 
editorial, dio la bienvenida a las nuevas medidas: (15) “Alemania... 
está de acuerdo en las demandas del Congreso Sionista Mundial cuando ha 
declarado a los judíos que viven ahora en Alemania como una minoría 
nacional. Una vez que los judíos han sido caratulados como una minoría 
nacional, es nuevamente posible establecer relaciones normales entre la 
nación alemana y el Judaísmo. Las nuevas leyes dan a la minoría judía en 
Alemania su propia vida cultural, su propia vida nacional. En el futuro 
podrá formar sus propias escuelas, su propio teatro y sus propias 
asociaciones deportivas. Resumiendo, podrá crear su propio futuro en 
todos los aspectos de vida nacional...

Alemania le ha dado a la minoría judía la oportunidad de vivir por sí 
misma y está ofreciendo la protección estatal para esta vida separada de 
la minoría judía: El proceso de crecimiento de la judería hacia una 
nación será por ello alentado y se hará una contribución al 
establecimiento de relaciones más tolerables entre las dos naciones.

Georg Kareski, jefe máximo, tanto de la Organización “Revisionista” del 
Estado sionista y de la Liga Cultural judía, y ex jefe máximo de la 
Comunidad Judía de Berlín, declaró en una entrevista con el diario Der 
Angriff de Berlín a finales de 1935: (16)

“Durante muchos años he considerado una completa separación de los 
asuntos culturales de los dos pueblos [judíos y alemanes] como 
pre-condición para vivir juntos sin conflictos... he apoyado tal 
separación por mucho tiempo, con tal de que sea basada en el respeto de 
las nacionalidades extranjeras. Las Leyes de Nuremberg... me parecen, 
aparte de sus provisiones legales, conformar completamente este deseo 
para una vida separada basada en el respeto mutuo... Esta interrupción 
del proceso de disolución en muchas comunidades judías, que se había 
promovido a través de los matrimonios mixtos, es por consiguiente, del 
punto de vista judío, completamente bienvenida.”

Líderes sionistas en otros países, se hicieron eco de estas visiones. 
Stephen S. Wise, Presidente del Congreso Judío Norteamericano y del 
Congreso Judío Mundial, dijo en una reunión en Nueva York en junio de 
1938: “Yo no soy un ciudadano norteamericano de la fe judía, soy un 
judío... Hitler tenía razón en una cosa. Él llamó a las personas judías 
una raza y nosotros somos una raza.” (17) El especialista en asuntos 
judíos del Ministerio del Interior, Dr. Bernhard Lösener, expresó el 
apoyo al sionismo en un artículo que apareció en noviembre de1935 
emitido por el oficialista Reichsverwaltungsblatt: (18)

“Si los judíos ya tuvieran su propio estado en que la mayoría de ellos 
pudiese asentarse, entonces la cuestión judía podría considerarse 
completamente resuelta hoy en día, también para los judíos mismos. La 
menor cantidad de oposición a las ideas que sustentan las Leyes de 
Nuremberg ha sido dada a conocer por los sionistas, porque ellos 
comprenden de una vez que estas leyes representan, también, la única 
solución correcta para las personas judías. Porque cada nación debe 
tener su propio Estado como expresión exterior de su particular 
nacionalidad.

En cooperación con las autoridades alemanas, los grupos sionistas 
organizaron una red de unos cuarenta campamentos y centros agrícolas a 
lo largo de Alemania en donde los posibles colonos serían entrenados 
para su nueva vida en Palestina. Aunque las Leyes de Nuremberg prohíbían 
a los judíos desplegar la bandera alemana, se garantizó específicamente 
a los judíos el derecho para desplegar el emblema judío azul y blanco. 
La bandera que sería, algún día, adoptada por Israel flameó en los 
campamentos y Centros sionistas en la Alemania de Hitler.(19)

El servicio de seguridad de Himmler cooperó con el Haganah, la 
organización militar sionista clandestina en Palestina. La agencia de la 
SS le pagó a Feivel Polkes, oficial de Haganah, por información sobre la 
situación en Palestina y por la ayuda dirigiendo la emigración judía a 
ese país. Entretanto, el Haganah se mantuvo bien informado sobre los 
planes alemanes por un espía que logró incluso implantar en la oficina 
principal de la SS en Berlín.(20) La colaboración de Haganah-SS incluyó 
entregas secretas de armamento alemán a los colonos judíos para usarlas 
en choques con los Árabes Palestinos. (21)

Como consecuencia del “Kristallnacht”, estallidos de violencia y 
destrucción de noviembre 1938, la SS ayudó rápidamente a la organización 
sionista a levantarse y continuar su trabajo en Alemania, aunque, ahora, 
bajo una vigilancia más restringida. (22)

Reservas oficiales

El apoyo alemán al sionismo no fue ilimitado. El gobierno y funcionarios 
del Partido estaban muy atentos a la continua campaña de las poderosas 
comunidades judías en los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países 
para movilizar a “sus” gobiernos y ciudadanos judíos contra Alemania.

Mientras que la Judería mundial permaneciera implacablemente hostil 
hacia la Alemania Nacional Socialista, y mientras que la gran mayoría de 
judíos alrededor del mundo mostrara pocos deseos para asentarse en la 
“tierra prometida” sionista, un estado judío soberano en Palestina no 
resolvería realmente la cuestión judía internacional. En cambio, 
razonaron los funcionarios alemanes, fortalecería inmensamente esta 
peligrosa campaña anti-alemana. Por consiguiente, el apoyo alemán hacia 
el sionismo se limitó al apoyo a una patria judía en Palestina bajo 
control británico, no un estado judío soberano (23). Un estado judío en 
Palestina, informaba el Ministro de relaciones exteriores a los 
diplomáticos en junio de 1937, no estaría en el interés de Alemania 
porque no podría absorber a todos los judíos alrededor del mundo y sólo 
serviría como una base de poder adicional para la Judería internacional, 
de la misma manera como Moscú sirvió como base para el comunismo (24).

Reflejando algo de cambio en la política oficial, la prensa alemana 
expresó una mayor simpatía en 1937 con la resistencia Árabe Palestina a 
las ambiciones sionistas, en un momento en que las tensiones y los 
choques entre judíos y árabes en Palestina aumentaban progresivamente (25).

En una circular del boletín de la Oficina de Extranjería del 22 de junio 
de 1937, advirtió que a pesar del apoyo al reasentamiento de los judíos 
en Palestina, “sería, no obstante, un error asumir que Alemania apoye la 
formación de una estructura estatal en Palestina bajo alguna forma de 
control judío. En vista de la agitación anti-alemana de la Judería 
Internacional, Alemania no puede estar de acuerdo con que la formación 
de un estado Palestino judío ayudaría al desarrollo pacífico de las 
naciones del mundo (26)”. “La proclamación de un estado judío o una 
Palestina administrada por los judíos”, advirtió un memorándum interno 
de la sección de asuntos judíos de la SS, “crearía para Alemania un 
nuevo enemigo, uno que tendría una profunda influencia en los 
desarrollos del cercano Oriente”. Otra agencia de la SS predijo que un 
estado judío “trabajaría para otorgar protección especial como minoría a 
los judíos en cada país, dando por consiguiente protección legal a la 
actividad de explotación de la Judería mundial”. (27) En enero de 1939, 
el nuevo ministro del exterior de Hitler, Joachim von Ribbentrop, 
igualmente advirtió en otro boletín que “Alemania debe considerar como 
peligrosa la formación de un estado judío” porque “traería consigo un 
crecimiento internacional de poder a la Judería mundial”. (28)

El propio Hitler analizó totalmente este problema en forma personal a 
principios de 1938 y, a pesar de su duradero escepticismo por las 
ambiciones sionistas y presentimientos que sus políticas podrían 
contribuir a la formación de un estado judío, decidió apoyar aún más 
vigorosamente la migración judía a Palestina. La perspectiva de librar a 
Alemania de sus judíos, concluyó, pesaría más que los posibles peligros.(29)

Entretanto, el gobierno británico impuso incluso más drásticas 
restricciones a la inmigración judía en Palestina en 1937, 1938 y 1939.

En respuesta, el servicio de seguridad de la SS concluyó una alianza 
secreta con la agencia clandestina sionista, Mossad le-Aliya. Acordaron 
pasar ilegalmente de contrabando a los judíos a Palestina. Como 
resultado de esta intensiva colaboración, varios convoyes de naves 
tuvieron éxito en alcanzar Palestina, burlando las lanchas británicas. 
La migración judía, legal e ilegal, desde Alemania (incluso de Austria) 
a Palestina aumentó dramáticamente en 1938 y 1939. En octubre de 1939 
estaba fijada la salida de otros 10,000 judíos, pero la erupción de la 
guerra en septiembre llevó a fin este esfuerzo. De todas maneras, las 
autoridades alemanas continuaron promoviendo indirectamente la 
emigración judía a Palestina durante 1940 y 1941. (30) Inclusive, hasta 
marzo de 1942, por lo menos un “kibbutz” sionista, campo de 
entrenamiento para emigrantes potenciales, continuó operando 
oficialmente autorizado en la Alemania de Hitler. (31)

El Acuerdo de Traslado (“Transfer”)

La pieza central de la cooperación alemana-sionista durante la era de 
Hitler fue el Acuerdo de Traslado, un pacto que permitió a decenas de 
miles de judíos alemanes emigrar a Palestina con su riqueza. El Acuerdo, 
también conocido como el Ha’avara (palabra hebrea para “traslado”), se 
llevó a cabo en agosto de 1933, como consecuencia de las conversaciones 
entre los funcionarios alemanes y Chaim Arlosoroff, Secretario Político 
de la Agencia judía, el centro Palestino de la Organización Sionista 
Mundial (32).

A través de este raro acuerdo, cada judío comprometido a viajar a 
Palestina depositaba dinero en una cuenta especial en Alemania. El 
dinero era usado para comprar herramientas agrícolas, materiales de 
construcción, bombas de agua, fertilizantes, etc., de fabricación 
alemana, los cuales eran exportados a Palestina y vendidos allí por la 
compañía de propiedad judía Ha’avara en Tel-Aviv. El dinero de las 
ventas se le entregaba al emigrante judío a su llegada a Palestina en la 
misma cantidad correspondiente a su dinero depositado en Alemania. Los 
bienes alemanes entraron a raudales en Palestina a través del Ha’avara 
que fue complementado un corto tiempo después con un acuerdo de trueque 
por el cual se intercambiaron naranjas de Palestina por madera alemana, 
automóviles, maquinaria agrícola y otros bienes. El Acuerdo, entonces, 
sirvió al objetivo sionista de traer colonos judíos y capital de 
desarrollo a Palestina, mientras, simultáneamente, servía a la meta 
alemana de librar el país de un grupo extranjero no deseado.

Delegados al Congreso Sionista de Praga en 1933 debatieron vigorosamente 
los méritos del Acuerdo. Algunos temieron que el pacto minara el boicot 
económico judío internacional contra Alemania. Pero los funcionarios 
sionistas tranquilizaron al Congreso. Sam Cohen, una figura importante 
detrás del acuerdo de Ha’avara, enfatizó que el Acuerdo no era 
económicamente ventajoso para Alemania. Arthur Ruppin, un especialista 
en emigración de la Organización Sionista que había ayudado a negociar 
el pacto, apuntó a que “el Acuerdo de Traslado de ninguna forma 
interfería con el movimiento del boicot, ya que ningún dinero fresco 
fluiría hacia Alemania como resultado del acuerdo... (33) El Congreso 
Sionista que se llevó a cabo en Suiza en 1935, aprobó el pacto 
abrumadoramente. En 1936, la Agencia judía (“gobierno sombra” sionista 
en Palestina) tomó el control directo del Ha’avara, el cual funcionó en 
efecto, hasta que la Segunda Guerra Mundial forzó su abandono.

Algunos funcionarios alemanes se opusieron al acuerdo. El Cónsul General 
de Alemania en Jerusalén, Hans Döhle, por ejemplo, criticó en gran forma 
y en varias ocasiones el Acuerdo durante 1937. Él señaló el costo que 
significaría para el comercio exterior de Alemania si los productos 
exportados a Palestina a través del acuerdo serían vendidos en otra 
parte. El monopolio de Ha’avara en la venta de los bienes alemanes a 
Palestina a través de una agencia judía encolerizó naturalmente a los 
hombres de negocios tanto alemanes como árabes. El apoyo oficial alemán 
al sionismo podría llevar a una pérdida de mercados alemanes a lo largo 
del mundo árabe. El gobierno británico también notó el acuerdo. (34) Un 
boletín interno de la Oficina Exterior alemana de junio de 1937 se 
refirió a los “sacrificios del intercambio exterior” que resultaban de 
la Ha’avara (35).

Un memorándum interno de diciembre 1937 emitido por el Ministerio del 
Interior alemán revisó el impacto del Acuerdo de Traslado: “No hay 
ninguna duda de que el arreglo de Ha’avara ha contribuido muy 
significativamente al rápido desarrollo de Palestina desde 1933. El 
Acuerdo no sólo proporcionó grandes sumas de dinero (¡desde Alemania!), 
sino también el grupo más inteligente de inmigrantes, y finalmente llevó 
allí las máquinas y los productos industriales esenciales para su 
desarrollo.” La ventaja principal del pacto, informaba el memorándum, 
era la emigración de grandes números de judíos a Palestina, el 
territorio-objetivo más deseable de acuerdo a los intereses de Alemania 
de aquel momento. Pero el documento también hacía notar las importantes 
desventajas señaladas por el Cónsul Döhle y otros funcionarios. De 
acuerdo a lo que indicaba, el Ministerio del Interior había llegado a la 
conclusión de que las desventajas del acuerdo pesaban ahora más que las 
ventajas y que, por consiguiente, debía darse por terminado.(36)

Sólo un hombre podría resolver la controversia. Hitler analizó la 
política personalmente en julio y septiembre de 1937 y nuevamente en 
enero de 1938 y cada vez decidió mantener el acuerdo de la Ha’avara. La 
meta de sacar a los judíos de Alemania, concluyó él, justificaba las 
desventajas.(37)

El Ministerio de Economía del Reich ayudó a organizar otra empresa para 
el traslado, la Agencia de Comercio Internacional e Inversión, o INTRIA 
(International Trade y Investment Agency), a través de la cual los 
judíos en países extranjeros podrían ayudar a los judíos alemanes a 
emigrar a Palestina. Se canalizaron eventualmente casi $900,000 a través 
del Intria a los judíos alemanes en Palestina.(38) Otros países 
europeos, deseosos de alentar la emigración judía, concluyeron acuerdos 
con los sionistas siguiendo el modelo de Ha’avara. En 1937, Polonia 
autorizó la fundación de la Empresa de Transferencia Halifin (palabra 
hebrea para “intercambio”). A finales del verano de 1939, 
Checoslovaquia, Rumania, Hungría e Italia habían firmado acuerdos 
similares. La erupción de guerra en septiembre de 1939, sin embargo, 
previno la aplicación en gran escala de estos acuerdos. (39)

Los logros de Ha’avara

Entre 1933 y 1941, unos 60,000 judíos alemanes emigraron a Palestina a 
través de Ha’avara y otros acuerdos alemán-sionistas, o aproximadamente 
el diez por ciento de la población judía de Alemania en 1933. (Estos 
judíos alemanes constituyeron aproximadamente el 15 por ciento de la 
población judía de Palestina en 1939.) Algunos emigrantes de Ha’avara 
transfirieron su considerable riqueza personal de Alemania a Palestina. 
Como el historiador judío Edwin Black lo ha notado: “Muchas de estas 
personas, sobre todo a fines de los años 30, recibieron el permiso para 
transferir verdaderas réplicas de sus casas y fábricas – de hecho, 
aproximadas réplicas de su existencia misma”. (40) La cantidad total 
transferida desde Alemania a Palestina a través del Ha’avara entre 
agosto de 1933 y a fines de 1939 fue de 8.1 millones de libras o 139.57 
millones de marcos alemanes (entonces equivalente a más de $40 millones 
de dólares). Esta cantidad incluyó 33.9 millones de marcos alemanas 
($13.8 millón de dólares) entregados por el Reichsbank en conexión con 
el acuerdo. (41)

El historiador Black ha estimado que un adicional de $70 millones de 
dólares pueden haber fluido a Palestina a través del corolario de 
acuerdos comerciales alemanes y las transacciones bancarias 
internacionales especiales. Los fondos alemanes tuvieron un gran impacto 
en un territorio tan subdesarrollado como Palestina lo estaba en los 
años treinta, señaló él.

Varias de las mayores empresas industriales fueron construidas con 
capitales de Alemania, incluyendo la empresa de aguas Mekoroth y la 
empresa textil Lodzia. “La afluencia de los bienes y capital de 
Ha’avara, concluye Black, produjo una explosión económica en la 
Palestina judía” y fue “un factor indispensable en la creación del 
Estado de Israel”. (42) El acuerdo de Ha’avara contribuyó grandemente al 
desarrollo judío en Palestina y así, indirectamente, a la fundación del 
Estado israelita. Una circular del boletín de enero de 1939 del 
Ministerio del Exterior alemán informó, con algún presentimiento que “el 
traslado de la propiedad judía fuera de Alemania [a través del acuerdo 
de Ha’avara] contribuyó en no poca magnitud a la construcción de un 
Estado judío en Palestina”. (43) Ex funcionarios de la compañía Ha’avara 
en Palestina confirmaron esta visión en un estudio detallado del Acuerdo 
de Traslado publicado en 1972: “La actividad económica resultante de la 
entrada de capitales alemanes y las transferencias de Ha’avara a los 
sectores privados y públicos fueron importantísimas para el desarrollo 
del país. Muchas industrias y empresas comerciales nuevas establecidas 
en la Palestina judía y numerosas compañías que son enormemente 
importantes incluso hoy en la economía del Estado de Israel deben su 
existencia al Ha’avara”. (44)

El Dr. Ludwig Pinner, funcionario de la Compañía Ha’avara en Tel Aviv 
durante los años treinta, comentó después que la excepcional competencia 
de los inmigrantes de Ha’avara contribuyeron” “decididamente al 
desarrollo económico, social, cultural y educativo de la comunidad judía 
de Palestina.” (45)

El Acuerdo del Traslado es el ejemplo más elocuente de la cooperación 
entre la Alemania de Hitler y el sionismo internacional. A través de 
este pacto, el Tercer Reich de Hitler hizo más que cualquier otro 
gobierno durante los años treinta para apoyar el desarrollo judío en 
Palestina.

Sionistas ofrecen una alianza militar a Hitler

A principios de Enero de 1941, una pequeña pero importante organización 
sionista entregó una propuesta formal a los diplomáticos alemanes en 
Beirut para una alianza político-militar con la Alemania en guerra. La 
oferta fue hecha por organización radical secreta “Luchadores para la 
Liberación de Israel”, más conocida como el clan Lehi o Stern. Su líder, 
Avraham Stern, había roto recientemente con los radicales nacionalistas 
“Organización Nacional Militar” (irgun Zvai Leumi, NMO por sus siglas en 
inglés) por la actitud del grupo hacia Gran Bretaña, la cual había 
prohibido eficazmente el asentamiento de judíos en Palestina. Stern 
consideraba a Bretaña como el enemigo principal del sionismo.

Vale la pena citar en cierta medida esta notable propuesta sionista 
“para la solución de la cuestión judía en Europa y la participación 
activa del NMO [Lehi o Stern] en la guerra como aliado de Alemania”(46):

“En sus discursos y declaraciones, los principales estadistas de la 
Alemania Nacional Socialista han enfatizado a menudo que un Nuevo Orden 
en Europa requiere como requisito previo, una solución radical de la 
cuestión judía mediante la evacuación. (”Europa libre de Judíos”)

La evacuación masiva de judíos de Europa es una condición previa para 
resolver la cuestión judía. Sin embargo, la única manera que esto puede 
ser totalmente logrado es a través del asentamiento de estas masas en la 
patria del pueblo Judío, Palestina, y por el establecimiento de un 
estado judío en sus límites históricos.

La meta de la actividad política y los años de lucha del Movimiento de 
liberación de Palestina, la Organización Militar Nacional en Palestina 
(Irgun Zvai Leumi), busca resolver el problema judío de esta manera y 
así liberar completamente al pueblo judío para siempre.

El NMO, que está muy familiarizado con los buenos deseos del gobierno 
del Reich alemán y sus oficiales hacia las actividades sionistas dentro 
de Alemania y el programa de la emigración sionista, deja ver que:

1. Intereses comunes pueden existir entre un Nuevo Orden europeo basado 
en el concepto alemán y las verdaderas aspiraciones nacionales del 
pueblo judío tal como las encarna el NMO.

2. La cooperación es posible entre la Nueva Alemania y una renovada 
Judería nacionalista [Hebrertum].

3. El establecimiento del Estado judío histórico sobre una base 
nacionalista y totalitaria y unida por tratados con el Reich alemán, 
estaría en el interés de mantener y fortalecer la futura posición 
alemana de poder en el Medio Oriente.

En base a estas consideraciones y en la condición de que el gobierno del 
Reich alemán reconoce las aspiraciones nacionales del Movimiento de 
Liberación de Israel arriba expresado, el NMO en Palestina ofrece tomar 
parte activa en la guerra como aliado de Alemania.

Esta oferta del NMO incluiría actividades militares, políticas y de 
inteligencia dentro de Palestina y, después de ciertas medidas 
organizacionales, también fuera de Palestina. Junto con esto, los judíos 
de Europa serían militarmente entrenados y organizados en unidades 
militares bajo la dirección y orden de NMO. Ellos tomarían parte en 
operaciones de combate con el propósito de conquistar Palestina, si se 
formarse un frente como el propuesto.

La participación indirecta del Movimiento de Liberación de Israel en el 
Nuevo Orden de Europa, ya en la fase preparatoria, combinada con una 
solución radical-positiva de la cuestión judía europea en base a las 
aspiraciones nacionales del pueblo judío arriba expresadas, fortalecería 
en gran forma la fundación moral del Nuevo Orden a los ojos de toda la 
humanidad.

La cooperación del Movimiento de Liberación de Israel también sería 
consistente con un discurso reciente del Canciller del Reich alemán en 
que Hitler enfatizó que él utilizaría cualquier combinación y coalición 
con el fin de aislar y derrotar a Inglaterra.”

No hay ningún registro de respuesta alemana alguna a esta propuesta. La 
aceptación fue sin embargo muy improbable porque, por aquel tiempo, la 
política alemana era decididamente en pro de los árabes.(47) 
Notablemente, el grupo Stern buscó un pacto con el Tercer Reich en un 
momento en que las historias de que Hitler estaba decidido a exterminar 
a los judíos ya estaban en amplia circulación. Stern aparentemente o no 
creyó las historias o ellos estaban deseosos de colaborar con el mortal 
enemigo de su pueblo para ayudar a provocar la formación de un estado 
judío. (48) Un miembro importante del Lehi en el momento en que el grupo 
hizo esta oferta fue Yitzhak Shamir, quien más tarde sirvió como 
Ministro de Asuntos exteriores y luego, durante muchos de los años 
ochenta y hasta junio de 1992, como Primer Ministro del Estado de 
Israel. Como Jefe de Operaciones de Lehi, después de la muerte de Stern 
en 1942, Shamir organizó numerosos actos terroristas, incluyendo el 
asesinato del Ministro de Asuntos del Medio Oriente, en Noviembre de 
1944, el británico Lord Moyne y la matanza del mediador de Naciones 
Unidas, el sueco Count Bernadotte.

Años después, cuando a Shamir se le preguntó por la oferta de 1941, él 
confirmó que estaba en conocimiento de la propuesta de alianza de su 
organización con Alemania en tiempos de guerra. (49)

Conclusión

A pesar de la básica hostilidad entre el régimen de Hitler y la Judería 
internacional, durante varios años los intereses del sionismo judío y de 
la Alemania Nacional Socialista coincidieron. Colaborando con los 
sionistas para una solución mutuamente deseable y humana a un complejo 
problema, el Tercer Reich estaba deseoso de hacer sacrificios en su 
comercio exterior, dañar las relaciones con Bretaña y encolerizar a los 
árabes. De hecho, durante los años treinta, ninguna nación hizo más para 
apoyar sustantivamente los objetivos judío-sionistas que la Alemania de 
Hitler.

Notas

1.W. Martini, “Hebräisch unterm Hakenkreuz,” Die Welt (Hamburg), Jan. 
10, 1975. Cit. en: Klaus Polken, “The Secret Contacts: Zionism y Nazi 
Germany, 1933-1941,” Journal of Palestine Studies, Spring-Summer 1976, 
p. 65.

2.Cit. por: Ingrid Weckert, Feuerzeichen: Die “Reichskristallnacht” 
(Tübingen: Grabert, 1981), p. 212. Ver también: Th. Herzl, The Jewish 
State (New York: Herzl Press, 1970), pp. 33, 35, 36, y, Edwin Black, The 
Transfer Agreement (New York: Macmillan, 1984), p. 73.

3.Th. Herzl, “Der Kongress,” Welt, June 4, 1897. Reimpreso en: Theodor 
Herzls zionistische Schriften (Leon Kellner, ed.), Erster Teil, Berlen: 
Jüdischer Verlag, 1920, p. 190 (and p. 139).

4.Memo de June 21, 1933,en: L. Dawidowicz, A Holocaust Reader (New York: 
Behrman, 1976), pp. 150-155, y (parcialmente) en: Francis R. Nicosia, 
The Third Reich and the Palestine Question (Austen: Univ. of Texas, 
1985), p. 42.; Sobre el sionismo en Alemania antes de que Hitler llegara 
al poder, véase: Donald L. Niewyk, The Jews in Weimar Germany (Baton 
Rouge: 1980), pp. 94-95, 126-131, 140-143.; F. Nicosia, Third Reich 
(Austen: 1985), pp. 1-15.

5.Jüdische Rundschau (Berlin), June 13, 1933.Cit. por: Heinz Höhne, The 
Order of the Death’s Head (New York: Ballantine, pb., 1971, 1984), pp. 
376-377.

6.Heinz Höhne, The Order of the Death’s Head (Ballantine, 1971, 1984), 
p. 376.

7.”Berlin,” Encyclopaedia Judaica (New York y Jerusalem: 1971), Vol. 5, 
p. 648. Para una vision de cierto aspecto de esta “vida vigorosa”, 
véase: J.-C. Horak, “Zionist Film Propaganda in Nazi Germany,” 
Historical Journal of Film, Radio y Television, Vol. 4, No. 1, 1984, pp. 
49-58.

8.Francis R. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question (1985), 
pp. 54-55.; Karl A. Schleunes, The Twisted Road to Auschwitz (Urbana: 
Univ. of Illinois, 1970, 1990), pp. 178-181.

9.Jacob Boas, “A Nazi Travels to Palestine,” History Today (London), 
January 1980, pp. 33-38.

10. Impresión fascimilar de la primera plana del Schwarze Korps, May 15, 
1935, en: Janusz Piekalkiewicz, Israels Langer Arm (Frankfurt: Goverts, 
1975), pp. 66-67. Cit. también por: Heinz Höhne, The Order of the 
Death’s Head (Ballantine, 1971, 1984), p. 377. Ver también: Erich Kern, 
ed., Verheimlichte Dokumente (Munich: FZ-Verlag, 1988), p. 184.

11.Das Schwarze Korps, Sept. 26, 1935. Cit. por: F. Nicosia, The Third 
Reich and the Palestine Question (1985), pp. 56-57.

12.Lenni Brenner, Zionism in the Age of the Dictators (1983), p. 83.

13.F. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question (1985), p. 60.

Ver también: F. Nicosia, “The Yishuv and the Holocaust,” The Journal of 
Modern History (Chicago), Vol. 64, No. 3, Sept. 1992, pp. 533-540.

14.F. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question (1985), p. 57.

15.Jüdische Rundschau, Sept. 17, 1935. Cit. por: Yitzhak Arad, con Y. 
Gutman y A. Margaliot, eds., Documents on the Holocaust (Jerusalem: Yad 
Vashem, 1981), pp. 82-83.

16.Der Angriff, Dec. 23, 1935, en: E. Kern, ed., Verheimlichte Dokumente 
(Munich: 1988), p. 148.; F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 56.; L. 
Brenner, Zionism in the Age of the Dictators (1983), p. 138.; A. 
Margaliot, “The Reaction...,” Yad Vashem Studies (Jerusalem), vol. 12, 
1977, pp. 90-91.; sobre la notable carrera de Kareski, véase: H. Levine, 
“A Jewish Collaborator in Nazi Germany,” Central European History 
(Atlanta), Sept. 1975, pp. 251-281.

17.”Dr. Wise Urges Jews to Declare Selves as Such,” New York Herald 
Tribune, June 13, 1938, p. 12.

18.F. Nicosia, The Third Reich (1985), p. 53.

19.Lucy Dawidowicz, The War Against the Jews, 1933-1945 (New York: 
Bantam, pb., 1976), pp. 253-254.; Max Nussbaum, “Zionism Under Hitler,” 
Congress Weekly (New York: American Jewish Congress), Sept. 11, 1942.; 
F. Nicosia, The Third Reich (1985), pp. 58-60, 217.; Edwin Black, The 
Transfer Agreement (1984), p. 175.

20.H. Höhne, The Order of the Death’s Head (Ballantine, pb., 1984), pp. 
380-382.; K. Schleunes, Twisted Road (1970, 1990), p. 226.; hay un 
informe interno de inteligencia de las SS sobre F. Polkes del 17 de 
junio de 1937 en John Mendelsohn, ed., The Holocaust (New York: Garland, 
1982), vol. 5, pp.62-64.

21.F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 63-64, 105, 219-220.

22.F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 160.

23. La distinción también está implícita en la “Declaración Balfour” de 
noviembre de 1917, donde el gobierno británico expresaba suficiente 
apoyo a “un hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina, pero 
evitaba cuidadosamente toda mención de un estado judío. En relación a la 
población árabe, mayoritaria, la declaración advertía además que “…debe 
entenderse claramente que nada se hará que perjudique los derechos 
civiles y religiosos de las comunidades no judías que hoy existen en 
Palestina”. El texto completo de laDeclaración Balfour se reproduce en 
forma facsimilar en: Robert John, Behind the Balfour Declaration (IHR, 
1988), p. 32.

24.F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 121.

25.F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 124.

26.David Yisraeli, The Palestine Problem in German Politics 1889-1945 
(Bar-Ilan University, Israel, 1974), p. 300.; también en: Documents on 
German Foreign Policy, Series D, Vol. 5. Doc. No. 564 or 567.

27.K. Schleunes, The Twisted Road (1970, 1990), p. 209.

28.Circular de January 25, 1939. Documento de Nüremberg 3358-PS. 
International Military Tribunal, Trial of the Major War Criminals Before 
the International Military Tribunal (Nuremberg: 1947-1949), vol. 32, pp. 
242-243. Nazi Conspiracy and Aggression (Washington, DC: 1946-1948), 
vol. 6, pp. 92-93.

29.F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 141-144.; sobre la vision crítica 
que tenía Hitler del sionismo, véase Mein Kampf, especialmente. Vol. 1, 
Chap. 11. Cit. por: Robert Wistrich, Hitler’s Apocalypse (London: 1985), 
p. 155.; Ver también: F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 26-28.; Hitler 
comentó a su edecán militar en 1939 (y nuevamente en 1941) que había 
pedido en 1937 a los ingleses la transferencia de todos los judíos 
alemanes a Palestina o Egipto. Los británicos rechazaron la propuesta, 
indicó, porque provocaría más desórdenes. Véase: H. v. Kotze, ed., 
Heeresadjutant bei Hitler (Stuttgart: 1974), pp.65, 95.

30.F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 156, 160-164, 166-167.; H. Höhne, 
The Order of the Death’s Head (Ballantine, pb., 1984), pp. 392- 394.; 
Jon y David Kimche, The Secret Roads (London: Secker y Warburg, 1955), 
pp. 39-43. Ver también: David Yisraeli, “The Third Reich and Palestine,” 
Middle Eastern Studies, October 1971, p. 347.; Bernard Wasserstein, 
Britain and the Jews of Europe, 1939-1945 (1979), pp. 43, 49, 52, 60.; 
T. Kelly, “Man who fooled Nazis,” Washington Times, April 28, 1987, pp. 
1B, 4B. Basado en entrevista con Willy Perl, autor de The Holocaust 
Conspiracy.

31.Y. Arad, et al., eds., Documents On the Holocaust (1981), p. 155. (El 
kibutz de entrenamiento estaba en Neuendorf, y parece haber estado en 
funciones hasta después de marzo de 1942.)

32. Sobre el acuerdo, en general, véase: Werner Feilchenfeld, et al., 
Haavara-Transfer nach Palaestina (Tübingen: Mohr/Siebeck, 1972).; David 
Yisraeli, “The Third Reich and the Transfer Agreement,” Journal of 
Contemporary History (London), No. 2, 1971, pp. 129-148.; “Haavara,” 
Encyclopaedia Judaica (1971), vol. 7, pp. 1012-1013.; F. Nicosia, The 
Third Reich and the Palestine Question (Austen: 1985), pp. 44-49.; Raul 
Hilberg, The Destruction of the European Jews (New York: Holmes y Meier, 
1985), pp. 140-141.; The Transfer Agreement, por Edwin Black, es 
detallado y útil. Sin embargo, contiene muchas imprecisiones y 
conclusiones salvajemente equivocadas. Véase por ejemplo la recensión de 
Richard S.Levy en Commentary, Sept. 1984, pp. 68-71.

33. E. Black, The Transfer Agreement (1984), pp. 328, 337.

34. Sobre la oposición a la Haavará en los círculos oficiales de 
Alemania, véase: W.Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer nach 
Palaestina (1972), pp. 31-33.;D. Yisraeli, “The Third Reich,” Journal of 
Contemporary History, 1971, pp.136-139.; F. Nicosia, The Third Reich and 
the Palestine Question, pp.126-139.; I. Weckert, Feuerzeichen (1981), 
pp. 226-227.; Rolf Vogel, Ein Stempel hat gefehlt (Munich: Droemer 
Knaur, 1977), pp. 110 ff.

35.W. Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer (1972), p. 31. Texto 
completo en: David Yisraeli, The Palestine Problem in German Politics 
1889-1945 (Israel: 1974), pp. 298-300.

36. Memorial interno del Ministerio del Interior (firmado por el Sec. de 
Estado W.Stuckart), Dec. 17, 1937, en: Helmut Eschwege, ed., Kennzeichen 
J (Berlin: 1966), pp. 132-136.

37.W. Feilchenfeld, et al, Haavara-Transfer (1972), p. 32.

38.E. Black, Transfer Agreement, pp. 376-377.

39.E. Black, Transfer Agreement (1984), pp. 376, 378.; F. Nicosia, Third 
Reich (1985), pp. 238-239 (n. 91).

40.E. Black, Transfer Agreement, p. 379.; F. Nicosia, Third Reich, 
pp.212, 255 (n. 66).

41.W. Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer, p. 75.; “Haavara,” 
Encyclopaedia Judaica, (1971), Vol. 7, p. 1013.

42.E. Black, Transfer Agreement, pp. 379, 373, 382.

43.Circular del 25 de enero de 1939. Nüremberg document 3358-PS. 
International Military Tribunal, Trial of the Major War Criminals Before 
the International Military Tribunal (Nuremberg: 1947-1949), Vol. 32, pp. 
242-243.

44.Werner Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer nach Palaestina 
(Tübingen: Mohr/Siebeck, 1972). Cit. por: Ingrid Weckert, Feuerzeichen 
(Tübingen: Grabert, 1981), pp. 222-223.

45.W. Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer nach Palaestina (1972). 
Cit. por: I. Weckert, Feuerzeichen (1981), p. 224.

46. Documento original en alemán Auswärtiges Amt Archiv, Bestand 47- 59, 
E 224152 y E 234155-58. (Photocopia en poder del autor).; el texto 
original completo en alemán se publicó en: David Yisraeli, The Palestine 
Problem in German Politics 1889-1945 (Israel: 1974), pp. 315-317. Ver 
también: Klaus Polkhen, “The Secret Contacts,” Journal of Palestine 
Studies, Spring-Summer 1976, pp. 78-80.; (Al momento de recibir esta 
oferta, el grupo Lehi de Stern se consideraba aún el verdadero Irgún /NMO.)

47. Los nacionalistas árabes se oponían a Inglaterra, que por entonces 
dominaba Buena parte del mundo árabe, incluidos Egipto, Iraq y 
Palestina. Como Inglaterra y Alemania estaban en guerra, Alemania 
cultivaba el apoyo árabe. El dirigente de los árabes de Palestina, el 
Gran Muftí de Jerusalén Haj Amin el-Husseini, trabajó en estrecha 
relación con Alemania durante la guerra. Tras huir de Palestina habló 
para el mundo árabe por la radio alemana, y ayudó a reclutar musulmanes 
en Bosnia para las Waffen SS [papel similar cumplió bin Laden al 
servicio de EEUU durante la década del 90, reclutando “ejércitos 
musulmanes” para dinamitar la unidad yugoslava y competir con los 
secesionistas croatas, que tendían a apoyarse en Alemania. NMG].

48.Israel Shahak, “Yitzhak Shamir, Then and Now,” Middle East Policy 
(Washington, DC), Vol. 1, No. 1, (Whole No. 39), 1992, pp. 27-38.; 
Yehoshafat Harkabi, Israel’s Fateful Hour (New York: Harper y Row, 
1988), pp. 213-214. Cit. por: Andrew J. Hurley, Israel and the New World 
Order (Santa Barbara, Calif.: 1991), pp. 93, 208-209.; Avishai Margalit, 
“The Violent Life of Yitzhak Shamir,” New York Review of Books, May 14, 
1992, pp. 18-24.; Lenni Brenner, Zionism in the Age of the Dictators 
(1983), pp. 266-269.; L. Brenner, Jews in America Today (1986), pp. 
175-177.; L. Brenner, “Yitzhak Shamir: On Hitler’s Side,” Arab 
Perspectives (League of Arab States), March 1984, pp. 11-13.

49.Avishai Margalit, “The Violent Life of Yitzhak Shamir,” New York 
Review of Books, May 14, 1992, pp. 18-24.; Lenni Brenner, Zionism in the 
Age of the Dictators (1983), pp. 266-269.; L. Brenner, Jews in America 
Today (1986), pp. 175-177.; L. Brenner, “Skeletons in Shamir’s 
Cupboard,” Middle East International, Sept. 30, 1983, pp. 15-16.; Sol 
Stern, L. Rapoport, “Israel’s Man of the Shadows,” Village Voice (New 
York), July 3, 1984, pp. 13 ff.

Tomado de The Journal of Historical Review, July-August 1993 (Vol. 13, 
No. 4), pags. 29–37.

(*) Mark Weber estudió historia en la Universidad de Illinois (Chicago, 
EEUU), la Universidad de Munich, y las universidades del Estado de 
Portland y de Indiana (M.A., 1977). En Marzo de 1988 testificó durante 
cunco días en la Corte del Distrito de Toronto como un reconocido 
testigo experto en la política sobre asuntos judíos de la Alemania en 
tiempos de guerra y el tema del Holocausto.




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