[R-P] [Mark Weber] El sionismo de Hitler
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Abr 13 12:07:01 MDT 2009
[Abonando cuanto llevamos dicho en esta lista sobre la íntima relación
entre el antisemitismo y el origen y existencia del sionismo, una muy
interesante nota histórica.]
Un texto del historiador Mark Weber
El sionismo de Hitler
David Comedi [autor de la introducción entre corchetes angulares]
Rebelión
<Cuando los antisemitas, o más propiamente, los enemigos de los judíos,
notaron, después de lanzar contra ellos a lo largo de la historia
diversas persecuciones, incluso las más sangrientas, que no habría forma
de deshacerse de sus odiados, intentaron entonces una novedosa
estrategia: el sionismo.
El nacionalismo había surgido en Europa como una forma de emancipación
colectiva de los pueblos y ofreció un “interesante” método de
segregación. Los judíos serían identificados como un pueblo distinto,
“el pueblo judío”, y como tal quedaría discriminado. No formaría parte
de las naciones que estaban naciendo.
Muchos judíos protestaron y denunciaron este plan. Querían integrarse a
las naciones nacientes, se identificaban con las ideas libertadoras que
soplaban en el viento de la época. Pero sus voces fueron siendo tragadas
gradualmente porque la destructiva alianza del antisemitismo con el
sionismo ya había sido sellada. Era el arma última que sería usada
contra ellos; la más mortífera, porque funcionaría como una bomba de
tiempo progresiva que iría atacándolos desde dentro.
Se cuenta que el sionismo político nació en el siglo XIX de una
reflexión de Teodoro Hertzl (1860-1904) acerca del “caso Dreyfus”, un
militar francés judío que fue injustamente inculpado de traición,
aparentemente por motivaciones antisemitas. Hertzl razonó que los
antisemitas tenían de alguna forma razón, y que los judíos eran un
pueblo distinto que no pertenecía a la nación en la cual vivían. Aun si
ya vivían en el seno de la misma desde muchas generaciones atrás, algún
fenómeno especial marcaba al judío como diferente. No era la religión
(Hertzl mismo no era para nada religioso), tampoco la cultura, pues
muchos judíos perseguidos compartían y se identificaban con la misma
cultura de las naciones donde vivían. En realidad, al proponer el
sionismo político, Hertzl estaba aceptando la tesis de sus supuestos
enemigos, los antisemitas. Estaba aceptando un prejuicio discriminatorio
como una realidad. Adoptaba, por así decirlo, el viejo dicho de “si no
puedes con tus enemigos, únete a ellos”.
Por eso mismo, no es una sorpresa constatar que el mismísimo Hitler, que
desconfiaba profundamente de los judíos y fundó el nazismo, una
ideología de supremacía racial segregacionista de fuerte sesgo
antisemita, y que llevó a una de las peores masacres de judíos de la
historia, haya apoyado decisivamente al sionismo y a la construcción del
Estado de Israel en sus comienzos como gobernante de Alemania. Sí:
Hitler, considerado tal vez el peor enemigo de los judíos por la mayoría
de los historiadores, incluso negoció directamente con los sionistas,
intercambió cartas y colaboró activamente con ellos, como lo demuestra
el artículo del historiado Mark Weber, trascripto abajo. Y no hace falta
recordar la mayor contribución de Hitler al sionismo a través de las
masacres que él mismo y su régimen asestaron a los judíos de Europa. Se
sabe que la decisión de la Organización de las Naciones de apoyar
decisivamente la partición de Palestina en 1947 y la creación de un
Estado judío estuvo directamente influenciada por los horrores del
Holocausto nazi. Con esto, Hitler se convirtió en el mayor colaborador
del sionismo de la historia, pues dejó enmudecidos a los mayores
detractores del sionismo que había en la época, que no eran pocos,
incluso dentro del judaísmo. El Holocausto nazi contribuyó a la
conversión masiva al sionismo, tanto de judíos como de personas de otras
ascendencias.
El sionismo, en mi opinión, es decididamente una forma de antisemitismo.
La peor, porque destruye al judío desde adentro. Lo corrompe, lo aleja
de su esencia humana, porque, como ideología, es un conjunto de falacias
diseñadas para confundir y reemplazar al ser, a la condición del hombre
natural, por una condición ficticia: la de miembro de una secta, la
secta sionista. El sionista es aquel que sucumbe a la teoría antisemita,
que no está basada en nada más que la ignorancia, y que se asume como un
perseguido que justifica, como lo hacía Herzl, esa persecución porque se
cree diferente.
Es por eso que hoy la lucha desde dentro del judaísmo para desenmascarar
y desarticular al sionismo y a su criatura, el Estado de Israel, es una
lucha esencial por la libertad del ser.
Los dejo con el artículo del historiador Mark Weber.>
El Sionismo y el Tercer Reich
Mark Weber(*)
Traducido del original publicado en Inglés en The Journal of Historical
Review, Julio-Agosto de 1993 (Vol. 13, No. 4), pp. 29–37
A principios de 1935, un navío de pasajeros con rumbo al puerto de
Haifa, en Palestina, dejaba el puerto alemán de Bremerhaven. En su popa
llevaba escrito su nombre en letras hebreas, “Tel Aviv”, mientras una
bandera con la esvástica nazi flameaba en el mástil. Y aunque la nave
era propiedad de los sionistas, su capitán era un miembro del Partido
Nacional Socialista Alemán. Muchos años después, un viajero a bordo la
nave, revocó esta simbólica combinación como un “absurdo metafísico”.
(1) Absurdo o no, ésta es sólo una ilustración de un capítulo poco
conocido de la historia: La colaboración en un amplio rango entre el
sionismo y el Tercer Reich de Hitler.
Propósitos Comunes
Durante años, pueblos de diferentes países se han enfrentado con la
“cuestión judía”: es decir, ¿Cuál es el papel apropiado de los judíos en
la sociedad no-judía? Durante los años treinta, los sionistas judíos y
los alemanes nacional-socialistas compartieron una visión similar de
cómo tratar con este confuso problema. Ellos estaban de acuerdo que los
judíos y los alemanes eran de nacionalidades claramente diferentes y que
los judíos no pertenecían a Alemania. Los judíos que viven por
consiguiente en el Reich no debían ser considerados como “alemanes de fe
judía”, sino como miembros de una comunidad nacional separada. El
sionismo (nacionalismo judío) también implicaba una obligación de los
judíos sionistas de reasentarse en Palestina, “la patria judía”.
Difícilmente podrían considerarse como sinceros sionistas y
simultáneamente exigir iguales derechos en Alemania o en cualquier otro
país “extranjero.”
Theodor Herzl (1860-1904), el fundador del sionismo moderno, sostuvo que
el antisemitismo no es una aberración, sino una natural y completamente
entendible respuesta del no-judío a la conducta y actitud extranjera
judía. La única solución, él defendía, es que los judíos debían
reconocer la realidad y vivir en un estado separado de su propiedad. “La
Cuestión Judía existe en dondequiera que los judíos vivan en números
notables”, escribió él en su trabajo más influyente, “El Estado Judío”.
“Donde no exista, es fundada por la llegada de judíos... creo que
entiendo el antisemitismo, el cual es un fenómeno muy complejo.
Considero este desarrollo como un judío, sin odio o miedo”. La Cuestión
Judía, sostuvo él, no es social o religiosa. “Es una cuestión nacional.
Para resolverla debemos, sobre todo, hacerla un problema político
internacional... “Independientemente de su ciudadanía, insistió Herzl,
los judíos no constituyen meramente una comunidad religiosa, sino una
nacionalidad, un pueblo, un Volk (2). El sionismo, escribió Herzl,
ofreció al mundo una bienvenida “solución final a la Cuestión Judía” (3).
Seis meses después de que Hitler llegara al poder, la Federación
sionista de Alemania (por lejos el grupo sionista más grande de aquel
país) emitió un detallado memorándum al nuevo gobierno que revisaba las
relaciones judío-alemanas y formalmente ofrecía el apoyo sionista para
“resolver” la molesta “cuestión Judía”. El primer paso sugerido, debía
ser un franco reconocimiento de las fundamentales diferencias de
nacionalidad (4)”.
“El sionismo no tiene ilusiones sobre la dificultad de la condición
judía, la cual consiste, sobre todo, en un modelo ocupacional anormal y
en la falla de una actitud intelectual y moral no arraigada en una
propia tradición. El sionismo ha reconocido hace décadas que como
resultado de las tendencias a la asimilación, síntomas de deterioro
debían comenzar a aparecer....
El sionismo cree que el renacimiento de la vida nacional de un pueblo,
el cual está ocurriendo ahora en Alemania a través del énfasis de su
carácter cristiano y nacional, también debe suceder en el grupo nacional
judío. Para las personas judías, también, el origen nacional, la
religión, el destino común y un sentido de ser únicos, deben ser de
decisiva importancia en la configuración de su existencia. Esto
significa que el individualismo egoísta de la era liberal debe superarse
y debe reemplazarse con un sentido de comunidad y de responsabilidad
colectiva....
Creemos que precisamente es la nueva Alemania [Nacional Socialista] que
puede, a través de una determinación audaz en el manejo de la cuestión
judía, dar un paso decisivo hacia la superación del problema, el cual,
en verdad, tendrá que ser tratado por la mayoría de los pueblos europeos...
Nuestro reconocimiento de la nacionalidad judía mantiene una relación
clara y sincera con el pueblo alemán y sus realidades nacional y racial.
Precisamente porque no deseamos falsificar estos principios, porque
nosotros también estamos contra el matrimonio mixto y estamos a favor de
mantener la pureza del grupo judío y rechazamos cualquier trasgresión en
el dominio cultural, nosotros – habiendo sido educados en el idioma y la
cultura alemanes – podemos mostrar un interés en los trabajos y valores
de la cultura alemana con admiración y simpatía interna...
Por sus prácticos objetivos, el sionismo espera ser capaz de ganar la
colaboración incluso de un gobierno fundamentalmente hostil a los
judíos, porque al tratar con la cuestión judía no están envueltos los
sentimentalismos sino un problema real cuya solución interesa a todas
las personas y, en el actual momento, sobre todo a los alemanes...
La propaganda del Boicot- tal como se está llevando a cabo, actualmente,
de muchas maneras contra Alemania – es en esencia no-sionista, porque el
sionismo no quiere dar batalla sino convencer y construir...
No somos ciegos al hecho de que la Cuestión Judía existe y continuará
existiendo. De la situación anormal de los judíos, resultan desventajas
severas para ellos, pero también condiciones escasamente tolerables para
otras personas.”
El diario de la Federación, el Jüdische Rundschau (“Jewish Review”),
proclamó el mismo mensaje: “El sionismo reconoce la existencia de un
problema judío y desea una solución constructiva y de largo alcance.
Para este propósito, el sionismo desea obtener la ayuda de todos los
pueblos, sea ésta en pro o anti-judía, porque en su opinión, estamos
tratando aquí, más con un problema concreto que uno sentimental, la
solución en la cual todos los pueblos están interesados” (5). Un joven
Rabino de Berlín, Joachim Prinz, que más tarde se estableció en los
Estados Unidos y se puso a la cabeza del Congreso Judío Norteamericano,
escribió en su libro de 1934, Wir Juden (”Nosotros los judíos”), que la
revolución Nacional Socialista en Alemania significó “Judaísmo para los
judíos.” Él explicó: “Ningún subterfugio puede salvarnos ahora. En lugar
de asimilación deseamos un nuevo concepto: el reconocimiento de la
nación judía y de la raza judía. (6)
Colaboración activa
Sobre esta base de ideologías similares sobre etnicidad y nacionalismo,
los nacional socialistas y sionistas trabajaron juntos para lo que cada
grupo creía correspondía a su propio interés nacional. Como resultado,
el gobierno de Hitler apoyó vigorosamente al sionismo y la emigración
judía a Palestina desde 1933 hasta 1940-41, cuando el inicio de la
Segunda Guerra Mundial impidió una colaboración más extensa.
Así como el Tercer Reich se volvió más fuerte, muchos judíos alemanes,
probablemente una mayoría, continuaron considerándose, a menudo con un
considerable orgullo, primero como alemanes. Pocos eran los entusiastas
de alzar sus raíces para comenzar una nueva vida en la lejana Palestina.
No obstante, más y más judíos alemanes se convirtieron al sionismo
durante este período. Hasta finales de 1938, el movimiento sionista
floreció en Alemania bajo Hitler. La circulación del quincenal Jüdische
Rundschau de la Federación Sionista creció enormemente. Se publicaron
numerosos libros sionistas. “El trabajo sionista funcionaba perfecto” en
Alemania durante esos años, hace notar la Enciclopedia Judaica. Una
convención sionista llevada a cabo en Berlín en 1936 refleja “en su
composición, la vigorosa vida partidaria de los sionistas alemanes.”(7)
Las SS fueron particularmente entusiastas en su apoyo al sionismo. Un
informe interno de junio de 1936 de las SS insta al apoyo activo y de
amplio rango al sionismo tanto por el gobierno y el Partido como la
mejor manera de alentar la emigración de los judíos de Alemania a
Palestina. Esto requeriría aumentar la auto estima judía. Escuelas
judías, ligas de deportes judías, organizaciones culturales judías –
resumiendo, todo aquello que alentara esta nueva conciencia y
conocimiento de sí mismo – debe ser promovida, recomienda el informe
(8). El funcionario de la SS, Leopold von Mildenstein y el funcionario
de la Federación Sionista, Kurt Tuchler, recorrieron juntos Palestina
durante seis meses para evaluar allí el desarrollo sionista. Basado en
sus observaciones de primera mano, von Mildenstein escribió una serie de
doce artículos ilustrados para el importante diario de Berlín, Der
Angriff que apareció a finales de 1934 bajo el encabezado “Un Viaje Nazi
a Palestina”. La serie expresaba gran admiración por el espíritu pionero
y los logros de los colonos judíos.
“El auto-desarrollo sionista,” escribió von Mildenstein, “ha producido
un nuevo tipo de judío.” Él alabó al sionismo como un gran beneficio
para el pueblo judío y para el mundo entero. “Una patria judía en
Palestina”, escribió en su artículo final, “apunta a la forma de curar
una herida de largos siglos en el cuerpo del mundo: la cuestión judía”.
Der Angriff emitió una medalla especial, con una Esvástica en un lado y
una Estrella de David en el otro, para conmemorar la visita conjunta
SS-Sionista.
Unos meses después de que los artículos aparecieron, von Mildenstein fue
promovido para dirigir el Departamento de Asuntos Judíos del Servicio de
Seguridad de las SS con el objeto de apoyar la emigración sionista y
desarrollarla más eficazmente. (9)
El periódico oficial de la SS, Das Schwarze Korps, proclamó su apoyo al
sionismo en la editorial de la primera página en mayo 1935: “Puede no
ser lejano el tiempo en que Palestina podrá de nuevo recibir a sus hijos
que han estado alejados de ella por más de mil años. Nuestros mejores
deseos, junto con la buena voluntad oficial, van con ellos”. (10) Cuatro
meses después, un artículo similar aparecía en el periódico de la SS: (11)
“El reconocimiento del Judaísmo como una comunidad racial basada en la
sangre y no en la religión llevó al gobierno alemán a garantizar sin
reservas la separación racial de su comunidad. El gobierno en sí mismo
se encuentra en completo acuerdo con el gran movimiento espiritual
dentro del Judaísmo, el llamado sionismo, con su reconocimiento de la
solidaridad del Judaísmo alrededor del mundo y su rechazo a todas las
nociones de asimilación. Sobre esta base, Alemania emprende medidas que
jugarán ciertamente un papel significante en el futuro, en el manejo del
problema judío alrededor del mundo.”
La principal línea naviera alemana comenzó el servicio directo de navíos
de pasajeros desde Hamburgo a Haifa, Palestina, en octubre 1933,
entregaba comida “estrictamente judía” (Kosher) en sus naves, bajo la
vigilancia del rabinato de Hamburgo”. (12)
Con el apoyo oficial, los sionistas trabajaron sin descanso para
“reeducar” a los judíos de Alemania. Tal como el historiador
norteamericano, Francis Nicosia, lo puso en su estudio en 1985, ‘El
Tercer Reich y la Cuestión Palestina’: “Los sionistas fueron alentados a
llevar su mensaje a la comunidad judía, colectar dinero, mostrar
películas sobre Palestina y, en general, educar a los judíos alemanes
sobre Palestina. Hubo una considerable presión para enseñar a los judíos
en Alemania a dejar de identificarse como alemanes para despertar en
ellos una nueva identidad nacional judía.” (13)
En una entrevista después de la guerra, el ex dirigente máximo de la
Federación Sionista de Alemania, Dr. Hans Friedenthal, resumió la
situación: “La Gestapo hizo de todo en aquellos días para promover la
emigración, particularmente a Palestina. Recibimos a menudo su ayuda
cuando requeríamos algo de otras autoridades con respecto a la
preparación para la emigración.” (14)
En el Congreso de septiembre de 1935 del Partido Nacional Socialista, el
Reichstag adoptó las llamadas “leyes de Nuremberg” que prohibieron los
matrimonios y las relaciones sexuales entre judíos y alemanes y, en
efecto, proclamó a los judíos como una nacionalidad minoritaria
extranjera. Después de unos días el sionista Jüdische Rundschau, en su
editorial, dio la bienvenida a las nuevas medidas: (15) “Alemania...
está de acuerdo en las demandas del Congreso Sionista Mundial cuando ha
declarado a los judíos que viven ahora en Alemania como una minoría
nacional. Una vez que los judíos han sido caratulados como una minoría
nacional, es nuevamente posible establecer relaciones normales entre la
nación alemana y el Judaísmo. Las nuevas leyes dan a la minoría judía en
Alemania su propia vida cultural, su propia vida nacional. En el futuro
podrá formar sus propias escuelas, su propio teatro y sus propias
asociaciones deportivas. Resumiendo, podrá crear su propio futuro en
todos los aspectos de vida nacional...
Alemania le ha dado a la minoría judía la oportunidad de vivir por sí
misma y está ofreciendo la protección estatal para esta vida separada de
la minoría judía: El proceso de crecimiento de la judería hacia una
nación será por ello alentado y se hará una contribución al
establecimiento de relaciones más tolerables entre las dos naciones.
Georg Kareski, jefe máximo, tanto de la Organización “Revisionista” del
Estado sionista y de la Liga Cultural judía, y ex jefe máximo de la
Comunidad Judía de Berlín, declaró en una entrevista con el diario Der
Angriff de Berlín a finales de 1935: (16)
“Durante muchos años he considerado una completa separación de los
asuntos culturales de los dos pueblos [judíos y alemanes] como
pre-condición para vivir juntos sin conflictos... he apoyado tal
separación por mucho tiempo, con tal de que sea basada en el respeto de
las nacionalidades extranjeras. Las Leyes de Nuremberg... me parecen,
aparte de sus provisiones legales, conformar completamente este deseo
para una vida separada basada en el respeto mutuo... Esta interrupción
del proceso de disolución en muchas comunidades judías, que se había
promovido a través de los matrimonios mixtos, es por consiguiente, del
punto de vista judío, completamente bienvenida.”
Líderes sionistas en otros países, se hicieron eco de estas visiones.
Stephen S. Wise, Presidente del Congreso Judío Norteamericano y del
Congreso Judío Mundial, dijo en una reunión en Nueva York en junio de
1938: “Yo no soy un ciudadano norteamericano de la fe judía, soy un
judío... Hitler tenía razón en una cosa. Él llamó a las personas judías
una raza y nosotros somos una raza.” (17) El especialista en asuntos
judíos del Ministerio del Interior, Dr. Bernhard Lösener, expresó el
apoyo al sionismo en un artículo que apareció en noviembre de1935
emitido por el oficialista Reichsverwaltungsblatt: (18)
“Si los judíos ya tuvieran su propio estado en que la mayoría de ellos
pudiese asentarse, entonces la cuestión judía podría considerarse
completamente resuelta hoy en día, también para los judíos mismos. La
menor cantidad de oposición a las ideas que sustentan las Leyes de
Nuremberg ha sido dada a conocer por los sionistas, porque ellos
comprenden de una vez que estas leyes representan, también, la única
solución correcta para las personas judías. Porque cada nación debe
tener su propio Estado como expresión exterior de su particular
nacionalidad.
En cooperación con las autoridades alemanas, los grupos sionistas
organizaron una red de unos cuarenta campamentos y centros agrícolas a
lo largo de Alemania en donde los posibles colonos serían entrenados
para su nueva vida en Palestina. Aunque las Leyes de Nuremberg prohíbían
a los judíos desplegar la bandera alemana, se garantizó específicamente
a los judíos el derecho para desplegar el emblema judío azul y blanco.
La bandera que sería, algún día, adoptada por Israel flameó en los
campamentos y Centros sionistas en la Alemania de Hitler.(19)
El servicio de seguridad de Himmler cooperó con el Haganah, la
organización militar sionista clandestina en Palestina. La agencia de la
SS le pagó a Feivel Polkes, oficial de Haganah, por información sobre la
situación en Palestina y por la ayuda dirigiendo la emigración judía a
ese país. Entretanto, el Haganah se mantuvo bien informado sobre los
planes alemanes por un espía que logró incluso implantar en la oficina
principal de la SS en Berlín.(20) La colaboración de Haganah-SS incluyó
entregas secretas de armamento alemán a los colonos judíos para usarlas
en choques con los Árabes Palestinos. (21)
Como consecuencia del “Kristallnacht”, estallidos de violencia y
destrucción de noviembre 1938, la SS ayudó rápidamente a la organización
sionista a levantarse y continuar su trabajo en Alemania, aunque, ahora,
bajo una vigilancia más restringida. (22)
Reservas oficiales
El apoyo alemán al sionismo no fue ilimitado. El gobierno y funcionarios
del Partido estaban muy atentos a la continua campaña de las poderosas
comunidades judías en los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países
para movilizar a “sus” gobiernos y ciudadanos judíos contra Alemania.
Mientras que la Judería mundial permaneciera implacablemente hostil
hacia la Alemania Nacional Socialista, y mientras que la gran mayoría de
judíos alrededor del mundo mostrara pocos deseos para asentarse en la
“tierra prometida” sionista, un estado judío soberano en Palestina no
resolvería realmente la cuestión judía internacional. En cambio,
razonaron los funcionarios alemanes, fortalecería inmensamente esta
peligrosa campaña anti-alemana. Por consiguiente, el apoyo alemán hacia
el sionismo se limitó al apoyo a una patria judía en Palestina bajo
control británico, no un estado judío soberano (23). Un estado judío en
Palestina, informaba el Ministro de relaciones exteriores a los
diplomáticos en junio de 1937, no estaría en el interés de Alemania
porque no podría absorber a todos los judíos alrededor del mundo y sólo
serviría como una base de poder adicional para la Judería internacional,
de la misma manera como Moscú sirvió como base para el comunismo (24).
Reflejando algo de cambio en la política oficial, la prensa alemana
expresó una mayor simpatía en 1937 con la resistencia Árabe Palestina a
las ambiciones sionistas, en un momento en que las tensiones y los
choques entre judíos y árabes en Palestina aumentaban progresivamente (25).
En una circular del boletín de la Oficina de Extranjería del 22 de junio
de 1937, advirtió que a pesar del apoyo al reasentamiento de los judíos
en Palestina, “sería, no obstante, un error asumir que Alemania apoye la
formación de una estructura estatal en Palestina bajo alguna forma de
control judío. En vista de la agitación anti-alemana de la Judería
Internacional, Alemania no puede estar de acuerdo con que la formación
de un estado Palestino judío ayudaría al desarrollo pacífico de las
naciones del mundo (26)”. “La proclamación de un estado judío o una
Palestina administrada por los judíos”, advirtió un memorándum interno
de la sección de asuntos judíos de la SS, “crearía para Alemania un
nuevo enemigo, uno que tendría una profunda influencia en los
desarrollos del cercano Oriente”. Otra agencia de la SS predijo que un
estado judío “trabajaría para otorgar protección especial como minoría a
los judíos en cada país, dando por consiguiente protección legal a la
actividad de explotación de la Judería mundial”. (27) En enero de 1939,
el nuevo ministro del exterior de Hitler, Joachim von Ribbentrop,
igualmente advirtió en otro boletín que “Alemania debe considerar como
peligrosa la formación de un estado judío” porque “traería consigo un
crecimiento internacional de poder a la Judería mundial”. (28)
El propio Hitler analizó totalmente este problema en forma personal a
principios de 1938 y, a pesar de su duradero escepticismo por las
ambiciones sionistas y presentimientos que sus políticas podrían
contribuir a la formación de un estado judío, decidió apoyar aún más
vigorosamente la migración judía a Palestina. La perspectiva de librar a
Alemania de sus judíos, concluyó, pesaría más que los posibles peligros.(29)
Entretanto, el gobierno británico impuso incluso más drásticas
restricciones a la inmigración judía en Palestina en 1937, 1938 y 1939.
En respuesta, el servicio de seguridad de la SS concluyó una alianza
secreta con la agencia clandestina sionista, Mossad le-Aliya. Acordaron
pasar ilegalmente de contrabando a los judíos a Palestina. Como
resultado de esta intensiva colaboración, varios convoyes de naves
tuvieron éxito en alcanzar Palestina, burlando las lanchas británicas.
La migración judía, legal e ilegal, desde Alemania (incluso de Austria)
a Palestina aumentó dramáticamente en 1938 y 1939. En octubre de 1939
estaba fijada la salida de otros 10,000 judíos, pero la erupción de la
guerra en septiembre llevó a fin este esfuerzo. De todas maneras, las
autoridades alemanas continuaron promoviendo indirectamente la
emigración judía a Palestina durante 1940 y 1941. (30) Inclusive, hasta
marzo de 1942, por lo menos un “kibbutz” sionista, campo de
entrenamiento para emigrantes potenciales, continuó operando
oficialmente autorizado en la Alemania de Hitler. (31)
El Acuerdo de Traslado (“Transfer”)
La pieza central de la cooperación alemana-sionista durante la era de
Hitler fue el Acuerdo de Traslado, un pacto que permitió a decenas de
miles de judíos alemanes emigrar a Palestina con su riqueza. El Acuerdo,
también conocido como el Ha’avara (palabra hebrea para “traslado”), se
llevó a cabo en agosto de 1933, como consecuencia de las conversaciones
entre los funcionarios alemanes y Chaim Arlosoroff, Secretario Político
de la Agencia judía, el centro Palestino de la Organización Sionista
Mundial (32).
A través de este raro acuerdo, cada judío comprometido a viajar a
Palestina depositaba dinero en una cuenta especial en Alemania. El
dinero era usado para comprar herramientas agrícolas, materiales de
construcción, bombas de agua, fertilizantes, etc., de fabricación
alemana, los cuales eran exportados a Palestina y vendidos allí por la
compañía de propiedad judía Ha’avara en Tel-Aviv. El dinero de las
ventas se le entregaba al emigrante judío a su llegada a Palestina en la
misma cantidad correspondiente a su dinero depositado en Alemania. Los
bienes alemanes entraron a raudales en Palestina a través del Ha’avara
que fue complementado un corto tiempo después con un acuerdo de trueque
por el cual se intercambiaron naranjas de Palestina por madera alemana,
automóviles, maquinaria agrícola y otros bienes. El Acuerdo, entonces,
sirvió al objetivo sionista de traer colonos judíos y capital de
desarrollo a Palestina, mientras, simultáneamente, servía a la meta
alemana de librar el país de un grupo extranjero no deseado.
Delegados al Congreso Sionista de Praga en 1933 debatieron vigorosamente
los méritos del Acuerdo. Algunos temieron que el pacto minara el boicot
económico judío internacional contra Alemania. Pero los funcionarios
sionistas tranquilizaron al Congreso. Sam Cohen, una figura importante
detrás del acuerdo de Ha’avara, enfatizó que el Acuerdo no era
económicamente ventajoso para Alemania. Arthur Ruppin, un especialista
en emigración de la Organización Sionista que había ayudado a negociar
el pacto, apuntó a que “el Acuerdo de Traslado de ninguna forma
interfería con el movimiento del boicot, ya que ningún dinero fresco
fluiría hacia Alemania como resultado del acuerdo... (33) El Congreso
Sionista que se llevó a cabo en Suiza en 1935, aprobó el pacto
abrumadoramente. En 1936, la Agencia judía (“gobierno sombra” sionista
en Palestina) tomó el control directo del Ha’avara, el cual funcionó en
efecto, hasta que la Segunda Guerra Mundial forzó su abandono.
Algunos funcionarios alemanes se opusieron al acuerdo. El Cónsul General
de Alemania en Jerusalén, Hans Döhle, por ejemplo, criticó en gran forma
y en varias ocasiones el Acuerdo durante 1937. Él señaló el costo que
significaría para el comercio exterior de Alemania si los productos
exportados a Palestina a través del acuerdo serían vendidos en otra
parte. El monopolio de Ha’avara en la venta de los bienes alemanes a
Palestina a través de una agencia judía encolerizó naturalmente a los
hombres de negocios tanto alemanes como árabes. El apoyo oficial alemán
al sionismo podría llevar a una pérdida de mercados alemanes a lo largo
del mundo árabe. El gobierno británico también notó el acuerdo. (34) Un
boletín interno de la Oficina Exterior alemana de junio de 1937 se
refirió a los “sacrificios del intercambio exterior” que resultaban de
la Ha’avara (35).
Un memorándum interno de diciembre 1937 emitido por el Ministerio del
Interior alemán revisó el impacto del Acuerdo de Traslado: “No hay
ninguna duda de que el arreglo de Ha’avara ha contribuido muy
significativamente al rápido desarrollo de Palestina desde 1933. El
Acuerdo no sólo proporcionó grandes sumas de dinero (¡desde Alemania!),
sino también el grupo más inteligente de inmigrantes, y finalmente llevó
allí las máquinas y los productos industriales esenciales para su
desarrollo.” La ventaja principal del pacto, informaba el memorándum,
era la emigración de grandes números de judíos a Palestina, el
territorio-objetivo más deseable de acuerdo a los intereses de Alemania
de aquel momento. Pero el documento también hacía notar las importantes
desventajas señaladas por el Cónsul Döhle y otros funcionarios. De
acuerdo a lo que indicaba, el Ministerio del Interior había llegado a la
conclusión de que las desventajas del acuerdo pesaban ahora más que las
ventajas y que, por consiguiente, debía darse por terminado.(36)
Sólo un hombre podría resolver la controversia. Hitler analizó la
política personalmente en julio y septiembre de 1937 y nuevamente en
enero de 1938 y cada vez decidió mantener el acuerdo de la Ha’avara. La
meta de sacar a los judíos de Alemania, concluyó él, justificaba las
desventajas.(37)
El Ministerio de Economía del Reich ayudó a organizar otra empresa para
el traslado, la Agencia de Comercio Internacional e Inversión, o INTRIA
(International Trade y Investment Agency), a través de la cual los
judíos en países extranjeros podrían ayudar a los judíos alemanes a
emigrar a Palestina. Se canalizaron eventualmente casi $900,000 a través
del Intria a los judíos alemanes en Palestina.(38) Otros países
europeos, deseosos de alentar la emigración judía, concluyeron acuerdos
con los sionistas siguiendo el modelo de Ha’avara. En 1937, Polonia
autorizó la fundación de la Empresa de Transferencia Halifin (palabra
hebrea para “intercambio”). A finales del verano de 1939,
Checoslovaquia, Rumania, Hungría e Italia habían firmado acuerdos
similares. La erupción de guerra en septiembre de 1939, sin embargo,
previno la aplicación en gran escala de estos acuerdos. (39)
Los logros de Ha’avara
Entre 1933 y 1941, unos 60,000 judíos alemanes emigraron a Palestina a
través de Ha’avara y otros acuerdos alemán-sionistas, o aproximadamente
el diez por ciento de la población judía de Alemania en 1933. (Estos
judíos alemanes constituyeron aproximadamente el 15 por ciento de la
población judía de Palestina en 1939.) Algunos emigrantes de Ha’avara
transfirieron su considerable riqueza personal de Alemania a Palestina.
Como el historiador judío Edwin Black lo ha notado: “Muchas de estas
personas, sobre todo a fines de los años 30, recibieron el permiso para
transferir verdaderas réplicas de sus casas y fábricas – de hecho,
aproximadas réplicas de su existencia misma”. (40) La cantidad total
transferida desde Alemania a Palestina a través del Ha’avara entre
agosto de 1933 y a fines de 1939 fue de 8.1 millones de libras o 139.57
millones de marcos alemanes (entonces equivalente a más de $40 millones
de dólares). Esta cantidad incluyó 33.9 millones de marcos alemanas
($13.8 millón de dólares) entregados por el Reichsbank en conexión con
el acuerdo. (41)
El historiador Black ha estimado que un adicional de $70 millones de
dólares pueden haber fluido a Palestina a través del corolario de
acuerdos comerciales alemanes y las transacciones bancarias
internacionales especiales. Los fondos alemanes tuvieron un gran impacto
en un territorio tan subdesarrollado como Palestina lo estaba en los
años treinta, señaló él.
Varias de las mayores empresas industriales fueron construidas con
capitales de Alemania, incluyendo la empresa de aguas Mekoroth y la
empresa textil Lodzia. “La afluencia de los bienes y capital de
Ha’avara, concluye Black, produjo una explosión económica en la
Palestina judía” y fue “un factor indispensable en la creación del
Estado de Israel”. (42) El acuerdo de Ha’avara contribuyó grandemente al
desarrollo judío en Palestina y así, indirectamente, a la fundación del
Estado israelita. Una circular del boletín de enero de 1939 del
Ministerio del Exterior alemán informó, con algún presentimiento que “el
traslado de la propiedad judía fuera de Alemania [a través del acuerdo
de Ha’avara] contribuyó en no poca magnitud a la construcción de un
Estado judío en Palestina”. (43) Ex funcionarios de la compañía Ha’avara
en Palestina confirmaron esta visión en un estudio detallado del Acuerdo
de Traslado publicado en 1972: “La actividad económica resultante de la
entrada de capitales alemanes y las transferencias de Ha’avara a los
sectores privados y públicos fueron importantísimas para el desarrollo
del país. Muchas industrias y empresas comerciales nuevas establecidas
en la Palestina judía y numerosas compañías que son enormemente
importantes incluso hoy en la economía del Estado de Israel deben su
existencia al Ha’avara”. (44)
El Dr. Ludwig Pinner, funcionario de la Compañía Ha’avara en Tel Aviv
durante los años treinta, comentó después que la excepcional competencia
de los inmigrantes de Ha’avara contribuyeron” “decididamente al
desarrollo económico, social, cultural y educativo de la comunidad judía
de Palestina.” (45)
El Acuerdo del Traslado es el ejemplo más elocuente de la cooperación
entre la Alemania de Hitler y el sionismo internacional. A través de
este pacto, el Tercer Reich de Hitler hizo más que cualquier otro
gobierno durante los años treinta para apoyar el desarrollo judío en
Palestina.
Sionistas ofrecen una alianza militar a Hitler
A principios de Enero de 1941, una pequeña pero importante organización
sionista entregó una propuesta formal a los diplomáticos alemanes en
Beirut para una alianza político-militar con la Alemania en guerra. La
oferta fue hecha por organización radical secreta “Luchadores para la
Liberación de Israel”, más conocida como el clan Lehi o Stern. Su líder,
Avraham Stern, había roto recientemente con los radicales nacionalistas
“Organización Nacional Militar” (irgun Zvai Leumi, NMO por sus siglas en
inglés) por la actitud del grupo hacia Gran Bretaña, la cual había
prohibido eficazmente el asentamiento de judíos en Palestina. Stern
consideraba a Bretaña como el enemigo principal del sionismo.
Vale la pena citar en cierta medida esta notable propuesta sionista
“para la solución de la cuestión judía en Europa y la participación
activa del NMO [Lehi o Stern] en la guerra como aliado de Alemania”(46):
“En sus discursos y declaraciones, los principales estadistas de la
Alemania Nacional Socialista han enfatizado a menudo que un Nuevo Orden
en Europa requiere como requisito previo, una solución radical de la
cuestión judía mediante la evacuación. (”Europa libre de Judíos”)
La evacuación masiva de judíos de Europa es una condición previa para
resolver la cuestión judía. Sin embargo, la única manera que esto puede
ser totalmente logrado es a través del asentamiento de estas masas en la
patria del pueblo Judío, Palestina, y por el establecimiento de un
estado judío en sus límites históricos.
La meta de la actividad política y los años de lucha del Movimiento de
liberación de Palestina, la Organización Militar Nacional en Palestina
(Irgun Zvai Leumi), busca resolver el problema judío de esta manera y
así liberar completamente al pueblo judío para siempre.
El NMO, que está muy familiarizado con los buenos deseos del gobierno
del Reich alemán y sus oficiales hacia las actividades sionistas dentro
de Alemania y el programa de la emigración sionista, deja ver que:
1. Intereses comunes pueden existir entre un Nuevo Orden europeo basado
en el concepto alemán y las verdaderas aspiraciones nacionales del
pueblo judío tal como las encarna el NMO.
2. La cooperación es posible entre la Nueva Alemania y una renovada
Judería nacionalista [Hebrertum].
3. El establecimiento del Estado judío histórico sobre una base
nacionalista y totalitaria y unida por tratados con el Reich alemán,
estaría en el interés de mantener y fortalecer la futura posición
alemana de poder en el Medio Oriente.
En base a estas consideraciones y en la condición de que el gobierno del
Reich alemán reconoce las aspiraciones nacionales del Movimiento de
Liberación de Israel arriba expresado, el NMO en Palestina ofrece tomar
parte activa en la guerra como aliado de Alemania.
Esta oferta del NMO incluiría actividades militares, políticas y de
inteligencia dentro de Palestina y, después de ciertas medidas
organizacionales, también fuera de Palestina. Junto con esto, los judíos
de Europa serían militarmente entrenados y organizados en unidades
militares bajo la dirección y orden de NMO. Ellos tomarían parte en
operaciones de combate con el propósito de conquistar Palestina, si se
formarse un frente como el propuesto.
La participación indirecta del Movimiento de Liberación de Israel en el
Nuevo Orden de Europa, ya en la fase preparatoria, combinada con una
solución radical-positiva de la cuestión judía europea en base a las
aspiraciones nacionales del pueblo judío arriba expresadas, fortalecería
en gran forma la fundación moral del Nuevo Orden a los ojos de toda la
humanidad.
La cooperación del Movimiento de Liberación de Israel también sería
consistente con un discurso reciente del Canciller del Reich alemán en
que Hitler enfatizó que él utilizaría cualquier combinación y coalición
con el fin de aislar y derrotar a Inglaterra.”
No hay ningún registro de respuesta alemana alguna a esta propuesta. La
aceptación fue sin embargo muy improbable porque, por aquel tiempo, la
política alemana era decididamente en pro de los árabes.(47)
Notablemente, el grupo Stern buscó un pacto con el Tercer Reich en un
momento en que las historias de que Hitler estaba decidido a exterminar
a los judíos ya estaban en amplia circulación. Stern aparentemente o no
creyó las historias o ellos estaban deseosos de colaborar con el mortal
enemigo de su pueblo para ayudar a provocar la formación de un estado
judío. (48) Un miembro importante del Lehi en el momento en que el grupo
hizo esta oferta fue Yitzhak Shamir, quien más tarde sirvió como
Ministro de Asuntos exteriores y luego, durante muchos de los años
ochenta y hasta junio de 1992, como Primer Ministro del Estado de
Israel. Como Jefe de Operaciones de Lehi, después de la muerte de Stern
en 1942, Shamir organizó numerosos actos terroristas, incluyendo el
asesinato del Ministro de Asuntos del Medio Oriente, en Noviembre de
1944, el británico Lord Moyne y la matanza del mediador de Naciones
Unidas, el sueco Count Bernadotte.
Años después, cuando a Shamir se le preguntó por la oferta de 1941, él
confirmó que estaba en conocimiento de la propuesta de alianza de su
organización con Alemania en tiempos de guerra. (49)
Conclusión
A pesar de la básica hostilidad entre el régimen de Hitler y la Judería
internacional, durante varios años los intereses del sionismo judío y de
la Alemania Nacional Socialista coincidieron. Colaborando con los
sionistas para una solución mutuamente deseable y humana a un complejo
problema, el Tercer Reich estaba deseoso de hacer sacrificios en su
comercio exterior, dañar las relaciones con Bretaña y encolerizar a los
árabes. De hecho, durante los años treinta, ninguna nación hizo más para
apoyar sustantivamente los objetivos judío-sionistas que la Alemania de
Hitler.
Notas
1.W. Martini, “Hebräisch unterm Hakenkreuz,” Die Welt (Hamburg), Jan.
10, 1975. Cit. en: Klaus Polken, “The Secret Contacts: Zionism y Nazi
Germany, 1933-1941,” Journal of Palestine Studies, Spring-Summer 1976,
p. 65.
2.Cit. por: Ingrid Weckert, Feuerzeichen: Die “Reichskristallnacht”
(Tübingen: Grabert, 1981), p. 212. Ver también: Th. Herzl, The Jewish
State (New York: Herzl Press, 1970), pp. 33, 35, 36, y, Edwin Black, The
Transfer Agreement (New York: Macmillan, 1984), p. 73.
3.Th. Herzl, “Der Kongress,” Welt, June 4, 1897. Reimpreso en: Theodor
Herzls zionistische Schriften (Leon Kellner, ed.), Erster Teil, Berlen:
Jüdischer Verlag, 1920, p. 190 (and p. 139).
4.Memo de June 21, 1933,en: L. Dawidowicz, A Holocaust Reader (New York:
Behrman, 1976), pp. 150-155, y (parcialmente) en: Francis R. Nicosia,
The Third Reich and the Palestine Question (Austen: Univ. of Texas,
1985), p. 42.; Sobre el sionismo en Alemania antes de que Hitler llegara
al poder, véase: Donald L. Niewyk, The Jews in Weimar Germany (Baton
Rouge: 1980), pp. 94-95, 126-131, 140-143.; F. Nicosia, Third Reich
(Austen: 1985), pp. 1-15.
5.Jüdische Rundschau (Berlin), June 13, 1933.Cit. por: Heinz Höhne, The
Order of the Death’s Head (New York: Ballantine, pb., 1971, 1984), pp.
376-377.
6.Heinz Höhne, The Order of the Death’s Head (Ballantine, 1971, 1984),
p. 376.
7.”Berlin,” Encyclopaedia Judaica (New York y Jerusalem: 1971), Vol. 5,
p. 648. Para una vision de cierto aspecto de esta “vida vigorosa”,
véase: J.-C. Horak, “Zionist Film Propaganda in Nazi Germany,”
Historical Journal of Film, Radio y Television, Vol. 4, No. 1, 1984, pp.
49-58.
8.Francis R. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question (1985),
pp. 54-55.; Karl A. Schleunes, The Twisted Road to Auschwitz (Urbana:
Univ. of Illinois, 1970, 1990), pp. 178-181.
9.Jacob Boas, “A Nazi Travels to Palestine,” History Today (London),
January 1980, pp. 33-38.
10. Impresión fascimilar de la primera plana del Schwarze Korps, May 15,
1935, en: Janusz Piekalkiewicz, Israels Langer Arm (Frankfurt: Goverts,
1975), pp. 66-67. Cit. también por: Heinz Höhne, The Order of the
Death’s Head (Ballantine, 1971, 1984), p. 377. Ver también: Erich Kern,
ed., Verheimlichte Dokumente (Munich: FZ-Verlag, 1988), p. 184.
11.Das Schwarze Korps, Sept. 26, 1935. Cit. por: F. Nicosia, The Third
Reich and the Palestine Question (1985), pp. 56-57.
12.Lenni Brenner, Zionism in the Age of the Dictators (1983), p. 83.
13.F. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question (1985), p. 60.
Ver también: F. Nicosia, “The Yishuv and the Holocaust,” The Journal of
Modern History (Chicago), Vol. 64, No. 3, Sept. 1992, pp. 533-540.
14.F. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question (1985), p. 57.
15.Jüdische Rundschau, Sept. 17, 1935. Cit. por: Yitzhak Arad, con Y.
Gutman y A. Margaliot, eds., Documents on the Holocaust (Jerusalem: Yad
Vashem, 1981), pp. 82-83.
16.Der Angriff, Dec. 23, 1935, en: E. Kern, ed., Verheimlichte Dokumente
(Munich: 1988), p. 148.; F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 56.; L.
Brenner, Zionism in the Age of the Dictators (1983), p. 138.; A.
Margaliot, “The Reaction...,” Yad Vashem Studies (Jerusalem), vol. 12,
1977, pp. 90-91.; sobre la notable carrera de Kareski, véase: H. Levine,
“A Jewish Collaborator in Nazi Germany,” Central European History
(Atlanta), Sept. 1975, pp. 251-281.
17.”Dr. Wise Urges Jews to Declare Selves as Such,” New York Herald
Tribune, June 13, 1938, p. 12.
18.F. Nicosia, The Third Reich (1985), p. 53.
19.Lucy Dawidowicz, The War Against the Jews, 1933-1945 (New York:
Bantam, pb., 1976), pp. 253-254.; Max Nussbaum, “Zionism Under Hitler,”
Congress Weekly (New York: American Jewish Congress), Sept. 11, 1942.;
F. Nicosia, The Third Reich (1985), pp. 58-60, 217.; Edwin Black, The
Transfer Agreement (1984), p. 175.
20.H. Höhne, The Order of the Death’s Head (Ballantine, pb., 1984), pp.
380-382.; K. Schleunes, Twisted Road (1970, 1990), p. 226.; hay un
informe interno de inteligencia de las SS sobre F. Polkes del 17 de
junio de 1937 en John Mendelsohn, ed., The Holocaust (New York: Garland,
1982), vol. 5, pp.62-64.
21.F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 63-64, 105, 219-220.
22.F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 160.
23. La distinción también está implícita en la “Declaración Balfour” de
noviembre de 1917, donde el gobierno británico expresaba suficiente
apoyo a “un hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina, pero
evitaba cuidadosamente toda mención de un estado judío. En relación a la
población árabe, mayoritaria, la declaración advertía además que “…debe
entenderse claramente que nada se hará que perjudique los derechos
civiles y religiosos de las comunidades no judías que hoy existen en
Palestina”. El texto completo de laDeclaración Balfour se reproduce en
forma facsimilar en: Robert John, Behind the Balfour Declaration (IHR,
1988), p. 32.
24.F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 121.
25.F. Nicosia, Third Reich (1985), p. 124.
26.David Yisraeli, The Palestine Problem in German Politics 1889-1945
(Bar-Ilan University, Israel, 1974), p. 300.; también en: Documents on
German Foreign Policy, Series D, Vol. 5. Doc. No. 564 or 567.
27.K. Schleunes, The Twisted Road (1970, 1990), p. 209.
28.Circular de January 25, 1939. Documento de Nüremberg 3358-PS.
International Military Tribunal, Trial of the Major War Criminals Before
the International Military Tribunal (Nuremberg: 1947-1949), vol. 32, pp.
242-243. Nazi Conspiracy and Aggression (Washington, DC: 1946-1948),
vol. 6, pp. 92-93.
29.F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 141-144.; sobre la vision crítica
que tenía Hitler del sionismo, véase Mein Kampf, especialmente. Vol. 1,
Chap. 11. Cit. por: Robert Wistrich, Hitler’s Apocalypse (London: 1985),
p. 155.; Ver también: F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 26-28.; Hitler
comentó a su edecán militar en 1939 (y nuevamente en 1941) que había
pedido en 1937 a los ingleses la transferencia de todos los judíos
alemanes a Palestina o Egipto. Los británicos rechazaron la propuesta,
indicó, porque provocaría más desórdenes. Véase: H. v. Kotze, ed.,
Heeresadjutant bei Hitler (Stuttgart: 1974), pp.65, 95.
30.F. Nicosia, Third Reich (1985), pp. 156, 160-164, 166-167.; H. Höhne,
The Order of the Death’s Head (Ballantine, pb., 1984), pp. 392- 394.;
Jon y David Kimche, The Secret Roads (London: Secker y Warburg, 1955),
pp. 39-43. Ver también: David Yisraeli, “The Third Reich and Palestine,”
Middle Eastern Studies, October 1971, p. 347.; Bernard Wasserstein,
Britain and the Jews of Europe, 1939-1945 (1979), pp. 43, 49, 52, 60.;
T. Kelly, “Man who fooled Nazis,” Washington Times, April 28, 1987, pp.
1B, 4B. Basado en entrevista con Willy Perl, autor de The Holocaust
Conspiracy.
31.Y. Arad, et al., eds., Documents On the Holocaust (1981), p. 155. (El
kibutz de entrenamiento estaba en Neuendorf, y parece haber estado en
funciones hasta después de marzo de 1942.)
32. Sobre el acuerdo, en general, véase: Werner Feilchenfeld, et al.,
Haavara-Transfer nach Palaestina (Tübingen: Mohr/Siebeck, 1972).; David
Yisraeli, “The Third Reich and the Transfer Agreement,” Journal of
Contemporary History (London), No. 2, 1971, pp. 129-148.; “Haavara,”
Encyclopaedia Judaica (1971), vol. 7, pp. 1012-1013.; F. Nicosia, The
Third Reich and the Palestine Question (Austen: 1985), pp. 44-49.; Raul
Hilberg, The Destruction of the European Jews (New York: Holmes y Meier,
1985), pp. 140-141.; The Transfer Agreement, por Edwin Black, es
detallado y útil. Sin embargo, contiene muchas imprecisiones y
conclusiones salvajemente equivocadas. Véase por ejemplo la recensión de
Richard S.Levy en Commentary, Sept. 1984, pp. 68-71.
33. E. Black, The Transfer Agreement (1984), pp. 328, 337.
34. Sobre la oposición a la Haavará en los círculos oficiales de
Alemania, véase: W.Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer nach
Palaestina (1972), pp. 31-33.;D. Yisraeli, “The Third Reich,” Journal of
Contemporary History, 1971, pp.136-139.; F. Nicosia, The Third Reich and
the Palestine Question, pp.126-139.; I. Weckert, Feuerzeichen (1981),
pp. 226-227.; Rolf Vogel, Ein Stempel hat gefehlt (Munich: Droemer
Knaur, 1977), pp. 110 ff.
35.W. Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer (1972), p. 31. Texto
completo en: David Yisraeli, The Palestine Problem in German Politics
1889-1945 (Israel: 1974), pp. 298-300.
36. Memorial interno del Ministerio del Interior (firmado por el Sec. de
Estado W.Stuckart), Dec. 17, 1937, en: Helmut Eschwege, ed., Kennzeichen
J (Berlin: 1966), pp. 132-136.
37.W. Feilchenfeld, et al, Haavara-Transfer (1972), p. 32.
38.E. Black, Transfer Agreement, pp. 376-377.
39.E. Black, Transfer Agreement (1984), pp. 376, 378.; F. Nicosia, Third
Reich (1985), pp. 238-239 (n. 91).
40.E. Black, Transfer Agreement, p. 379.; F. Nicosia, Third Reich,
pp.212, 255 (n. 66).
41.W. Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer, p. 75.; “Haavara,”
Encyclopaedia Judaica, (1971), Vol. 7, p. 1013.
42.E. Black, Transfer Agreement, pp. 379, 373, 382.
43.Circular del 25 de enero de 1939. Nüremberg document 3358-PS.
International Military Tribunal, Trial of the Major War Criminals Before
the International Military Tribunal (Nuremberg: 1947-1949), Vol. 32, pp.
242-243.
44.Werner Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer nach Palaestina
(Tübingen: Mohr/Siebeck, 1972). Cit. por: Ingrid Weckert, Feuerzeichen
(Tübingen: Grabert, 1981), pp. 222-223.
45.W. Feilchenfeld, et al., Haavara-Transfer nach Palaestina (1972).
Cit. por: I. Weckert, Feuerzeichen (1981), p. 224.
46. Documento original en alemán Auswärtiges Amt Archiv, Bestand 47- 59,
E 224152 y E 234155-58. (Photocopia en poder del autor).; el texto
original completo en alemán se publicó en: David Yisraeli, The Palestine
Problem in German Politics 1889-1945 (Israel: 1974), pp. 315-317. Ver
también: Klaus Polkhen, “The Secret Contacts,” Journal of Palestine
Studies, Spring-Summer 1976, pp. 78-80.; (Al momento de recibir esta
oferta, el grupo Lehi de Stern se consideraba aún el verdadero Irgún /NMO.)
47. Los nacionalistas árabes se oponían a Inglaterra, que por entonces
dominaba Buena parte del mundo árabe, incluidos Egipto, Iraq y
Palestina. Como Inglaterra y Alemania estaban en guerra, Alemania
cultivaba el apoyo árabe. El dirigente de los árabes de Palestina, el
Gran Muftí de Jerusalén Haj Amin el-Husseini, trabajó en estrecha
relación con Alemania durante la guerra. Tras huir de Palestina habló
para el mundo árabe por la radio alemana, y ayudó a reclutar musulmanes
en Bosnia para las Waffen SS [papel similar cumplió bin Laden al
servicio de EEUU durante la década del 90, reclutando “ejércitos
musulmanes” para dinamitar la unidad yugoslava y competir con los
secesionistas croatas, que tendían a apoyarse en Alemania. NMG].
48.Israel Shahak, “Yitzhak Shamir, Then and Now,” Middle East Policy
(Washington, DC), Vol. 1, No. 1, (Whole No. 39), 1992, pp. 27-38.;
Yehoshafat Harkabi, Israel’s Fateful Hour (New York: Harper y Row,
1988), pp. 213-214. Cit. por: Andrew J. Hurley, Israel and the New World
Order (Santa Barbara, Calif.: 1991), pp. 93, 208-209.; Avishai Margalit,
“The Violent Life of Yitzhak Shamir,” New York Review of Books, May 14,
1992, pp. 18-24.; Lenni Brenner, Zionism in the Age of the Dictators
(1983), pp. 266-269.; L. Brenner, Jews in America Today (1986), pp.
175-177.; L. Brenner, “Yitzhak Shamir: On Hitler’s Side,” Arab
Perspectives (League of Arab States), March 1984, pp. 11-13.
49.Avishai Margalit, “The Violent Life of Yitzhak Shamir,” New York
Review of Books, May 14, 1992, pp. 18-24.; Lenni Brenner, Zionism in the
Age of the Dictators (1983), pp. 266-269.; L. Brenner, Jews in America
Today (1986), pp. 175-177.; L. Brenner, “Skeletons in Shamir’s
Cupboard,” Middle East International, Sept. 30, 1983, pp. 15-16.; Sol
Stern, L. Rapoport, “Israel’s Man of the Shadows,” Village Voice (New
York), July 3, 1984, pp. 13 ff.
Tomado de The Journal of Historical Review, July-August 1993 (Vol. 13,
No. 4), pags. 29–37.
(*) Mark Weber estudió historia en la Universidad de Illinois (Chicago,
EEUU), la Universidad de Munich, y las universidades del Estado de
Portland y de Indiana (M.A., 1977). En Marzo de 1988 testificó durante
cunco días en la Corte del Distrito de Toronto como un reconocido
testigo experto en la política sobre asuntos judíos de la Alemania en
tiempos de guerra y el tema del Holocausto.
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular