[R-P] [Jorge Rachid] Los muertos invisibles

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Abr 13 11:26:43 MDT 2009


LOS MUERTOS INVISIBLES.
Un artículo de Jorge Rachid


Las crónicas diarias de los medios de difusión nos entregan dramáticas 
escenas de tiroteos, asaltos, accidentes de tránsito y últimamente, 
epidemia de dengue, en una sucesión sin fin de calamidades que nos 
llevan a un estado colectivo de angustia y crispación, buscando 
culpables por doquier, de manera de aliviar culpas y dolores propios. En 
general el Gobierno, por acción u omisión, es el principal destinatario 
de acusaciones, especialmente durante esta etapa electoral.

Invitados a leer los principales medios del mundo, uno encuentra que 
casi todos remiten los hechos violentos a las secciones policiales, los 
accidentes de tránsito a las páginas de sociedad y los episodios médicos 
a la sección correspondiente. Pero en nuestro país el repiqueteo 
constante instala una sensación de pánico colectivo, aunque los índices 
delictuales sean iguales o inferiores a otros países. Sin embargo muchos 
otros hechos son silenciados, ocultados y sesgados de la información 
cotidiana, en especial los referidos a sectores que no interesan en la 
pugna política ni forman parte del tironeo de intereses siempre 
presentes en el formato de la información.

Si contásemos diariamente los muertos por accidentes de trabajo, que 
suman casi tres por día, sumados a la cantidad de accidentes no fatales 
pero invalidantes que se producen a cada instante en los mismos lugares 
de trabajo, estaríamos frente a un Cromañón cada sesenta días. Sin 
embargo esta estadística no publicada, no tiene ni siquiera seguimiento 
desde la página oficial de quien supuestamente es la autoridad de 
aplicación, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Esto así, por 
cuanto desde el año 2006 no se publican los informes que son parte de la 
responsabilidad de la institución, además de velar por la salud de los 
trabajadores, de ese ente de ley producto de la Ley 24557.

Es la misma ley que fue declarada inconstitucional por más de 200 fallos 
en el país y la Corte Suprema de Justicia de la Nación le declaró 
inconstitucional los artículos 39 y 46, que cercenaban a los 
trabajadores la posibilidad de acudir a la Justicia y establecía el pago 
en “cómodas” cuotas a las aseguradoras llamadas ART. Esa Ley en la 
práctica inviable, rige aún hoy para los trabajadores, mientras 
observamos impotentes como siguen sufriendo consecuencias severas en su 
salud ante la falta de inversión y responsabilidad de las A.R.T. , de 
los empleadores en Salud y Seguridad en el trabajo y ante el dolo en el 
tratamiento de la ecuación capital–trabajo, con absoluto desprecio del 
ser humano en la  cadena de producción.

Uno se pregunta como médico y analista de la Seguridad Social, si en 
otros países del mundo al cual hacemos referencias y “queremos” 
parecernos, en la realidad macroeconómica y financiera, se manejan con 
tanta impunidad y complacencia con los homicidios dolosos producidos a 
diario en el trabajo y si estos se producen con la asiduidad como lo 
hacen en nuestro país. No existen los accidentes ni las enfermedades del 
trabajo incausadas. Ellos son producto de la falta de inversión 
empresarial en prevención y educación de los trabajadores. El contrato 
de trabajo en la Argentina conlleva el viejo slogan en negativo, (“el 
trabajo no es salud”), ya que las condiciones laborales en cualquier 
actividad  está dotada de peligros con riesgos inminentes para la salud 
de los trabajadores, tanto por condiciones laborales como ambientales 
mucho mas tóxicas que las permitidas por ley.

En España, por ejemplo, cualquier accidente fatal de trabajo es seguido 
por prisión preventiva para los responsables de la empresa, al igual que 
cualquier homicidio doloso en nuestro país. Después se analizarán 
atenuantes si los hay, pero en todos los casos dentro de una causa 
judicial en sede penal. Los muertos del trabajo no tienen amparo, los 
inválidos sólo la ayuda de la Seguridad Social, los familiares la 
pensión y la cuota parte del muerto en cuotas con monto fijo, diferente 
y menor a otros argentinos muertos en otras circunstancias. Tan es así 
que en los accidentes ocurridos en medios públicos de transporte, la 
vida del chofer, piloto, azafata o personal de la empresa, vale menos 
que la de los pasajeros que lleva, por el sólo hecho de estar trabajando.

Las ART según la Ley, son responsables junto a las empresas del 
cumplimiento de ley, y sin embargo en el caso de los exámenes en salud, 
desde el exámen médico preocupacional hasta los periódicos de 
seguimiento son incumplidos en el gran porcentual de los casos, y en 
otros el cumplimiento es simplemente para cumplir una formalidad. 
Conocemos profesionalmente casos en que el mismo contenido del exámen 
médico se practica para el empleado administrativo que para el 
trabajador hombreador de bolsas de 50 kilos; el mismo para un chofer que 
para un trabajador de lavaderos, sin permitirnos hablar de los peones 
rurales ni del trabajo infantil prohibido en toda la legislación 
nacional e internacional, pero presente en el trabajo diario de 
recolección y selección del tabaco en el norte argentino y del algodón 
en el Chaco y su zona. Todos los actores sociales miran para otro lado; 
el Fondo Nacional del Tabaco continúa liquidando con recursos de todos 
los argentinos mientras las tabacaleras explotan criaturas menores de 10 
años y otros chicos trabajan de sol a sol en la recolección algodonera y 
se solicitan reintegros sobre exportaciones de aceites realizados a 
expensas de trabajadores infantiles. Por supuesto todo en situación de 
no registrados, y, fuera de cualquier amparo legal o sindical para los 
niños y sus familias.

Volviendo al tema de los accidentes de trabajo, notamos que se ha 
instalado en la autoridad de aplicación el concepto que las hernias en 
general no provienen del trabajo realizado, sino que resultan defectos 
de los individuos y como tales se las califica como “enfermedades 
inculpables”. No son derivadas del trabajo que realizan, sino taras de 
formación en un todo de acuerdo con las aseguradoras, cuya principal 
finalidad es el lucro logrado al no pagar enfermedades del trabajo como 
tales. Se ha colocado a la Seguridad Social en el rol de atender todos 
los problemas de salud derivados del trabajo a través de las Obras 
Sociales, incluso por demandas judiciales que nunca afectan a las ART 
que rechazan alegremente las denuncias esperando el dictamen de las 
Comisiones Médicas, mientras el trabajador es atendido en su urgencia 
por su cuenta y riesgo. También forma parte de esta derivación de 
esfuerzos médicos el Hospital Público, siempre primera estación ante el 
infortunio, mientras las aseguradoras siguen cobrando su porcentaje de 
la masa salarial como antes las AFJP, cuyos principales accionistas 
siguen siendo los mismos, con su grado de desprecio por la calidad de 
vida de los trabajadores, cuyo único capital es la salud, que arriesgan 
diariamente por su sustento, cuando deberían estar cuidados y protegidos 
por las máximas medidas de Salud y Seguridad en el trabajo.

Son casi ochocientos mil los accidentes de trabajo ocurridos por año, 
tomando en cuenta sólo el ocurrido a personal registrado, y si esa cifra 
le sumamos un 39% de trabajadores “No registrados”, mas el trabajo 
infantil ya denunciado, es dable  sospechar una cifra mayor. De los 
ocurridos y denunciados, casi un 7% tienen lesiones gravísimas que 
llevan a la invalidez, o sea decenas de miles de trabajadores en edad 
económicamente activa que ingresan a la Seguridad Social como inválidos 
por accidentes de trabajo anualmente. Ni un solo responsable es juzgado 
por ello, ni una sola aseguradora fue juzgada por enviar a trabajos no 
aptos a individuos que padecían determinada conformación o patología no 
detectada en esos análisis burocráticos para cumplir con la ley. Así 
vemos jóvenes de 30 años con discopatías múltiples por levantar mas de 
50 kilos en carga y descarga durante 12 horas, medias reses durante 
jornadas enteras, rollos textiles de 80 kilos, presentando todos ellos 
columnas envejecidas, con envejecimiento precoz, que son rechazadas por 
las ART con la complicidad de la SRT, cuando todos sabemos que en el 
mundo, por legislación internacional, está prohibido levantar a mano por 
los seres humanos, mas de 23,500 kilos.

Cuidar a nuestros trabajadores, es cuidar el trabajo argentino, es 
cuidar el crecimiento y recuperar la solidaridad como eje de 
construcción de un modelo social diferente al neoliberal que instaló la 
flexibilización laboral, las jubilaciones privadas extorsivas y falaces, 
y las ART como forma de privatizar el control de la higiene y seguridad 
del trabajo. Así, con masas desocupadas pugnando por entrar al mercado 
laboral, las condiciones de quienes conservaban el trabajo se 
deterioraban, las demandas salariales disminuían y quienes reclamaban 
quedaban fuera del mercado y de la vida. Esto no debe volver y debemos 
transitar un duro camino aún para desmontar lo estructural del 
neoliberalismo en el marco del trabajo, principal sector afectado junto 
a la deuda interna por la irrupción de una cultura contraria al modelo 
social solidario de la cultura del trabajo.

Si los trabajadores, los niños explotados, los jóvenes pobres sin 
proyecto de vida, siguen figurando fuera de agenda excepto para 
programas televisivos morbosos en mostrar la marginalidad, cuando sólo 
sirven para sesudos congresos de analistas sociales en donde las 
estadísticas reemplazan la corporización humana del drama cotidiano, la 
lucha cotidiana por la supervivencia se da en las peores condiciones, 
con muertos invisibles, con niños sin futuro, con inválidos ocultos , 
con toxicopatías diseminadas en adolescentes sin destino, todos ellos 
aún en vida sin respuestas de compromiso social solidario, no saldremos 
nunca de una sociedad enferma. No se movilizan las capas medias por esos 
hechos dramáticos, no forman parte de la crónica diaria, no se cortan 
rutas ni se llenan espacios vacíos de noticieros con los cadáveres de 
obreros ni de niños que no deberían morir, que forman parte de las 
estadísticas de enfermedades pero que se desarrollan sobre cuerpos 
deteriorados e inmunodeprimidos por condiciones  de vida.

El Estado Nacional ha mejorado en estos últimos años su presencia en las 
necesidades sociales básicas, pero hace falta avanzar en políticas 
sociales y sanitarias desde un marco estratégico de resolución del drama 
estructural ocasionado por treinta y tres años de ejercicio activo de 
políticas neoliberales. Es necesario plantearse un modelo de 
construcción social que además de ampliar como lo ha realizado el 
mercado del trabajo en 3,5 millones de trabajadores incorporados al 
mundo laboral desde el 2003, las condiciones de trabajo garanticen su 
salud y su continuidad, que contenga socialmente a los niños y 
adolescentes, a sus madres y su familia, con pautas de inversión social 
que determinen indicadores de vida en alza, con presencia diaria del 
Estado y contención permanente al desamparo social ocasionado por años 
de abandono, desidia e incomprensión.

Derrotar la concepción paternalista del Estado, la forma perversa de la 
beneficencia, la privatización de la responsabilidad en las ONG, son 
cuestiones duras a resolver con política, con visión a largo plazo, con 
políticas de Estado y con compromiso social pleno, humanizando la 
práctica y el discurso porque cada argentino, viva donde viva, sea del 
origen que sea, piense como piense, merece las mismas condiciones  de 
vida y de desarrollo que quienes tienen presencia mediática y 
protagonizan presión social sectorial permanente por sus propios 
intereses. Los trabajadores, los niños explotados, los adolescentes sin 
educación ni trabajo, los desamparados, siguen siendo el subsuelo de la 
Patria al decir de Scalabrini Ortiz, en los medios de comunicación y en 
el inconciente colectivo del país.

JORGE RACHID

CABA, 11 de abril de 2009




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