[R-P] [Pascual Serrano] De Centroamérica a Colombia

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Dom Abr 12 09:54:22 MDT 2009


[Dos o tres cositas previas a este interesante aunque eurocéntrico resumen.

(a) lo que Pascual Serrano denomina el "izquierdismo" latinoamericano
no es tal, simplemente es voluntad nacional

(b) la genuflexión a la opción de militarizar la política en América
Central obtura el camino a un debate serio del problema

(c) apenitas si soplan unas brisas unificadoras y Centroamérica se
vuelca hacia el Sur ¿qué hacer con eso, qué hacer con una Cuba cada
vez más volcada al Sur? Primará la cobardía insondable del burgués
latinoamericano, o primará la necesidad de construir una Nación
irredenta?

(d) tampoco estamos demasiado seguros de que la analogía con Colombia
tenga excesivo asidero. Pero...]

Gentileza Bob Weiss

Público.es – España – 12.04.2009

De Centroamérica a Colombia
PASCUAL SERRANO

El pasado 15 de marzo, el Frente Farabundo Martí para la Liberación
Nacional (FMLN) logró por primera vez en la historia la presidencia de
El Salvador mediante su candidato, el periodista Mauricio Funes. Esta
antigua guerrilla, tras liderar durante 12 heroicos años la defensa de
lo oprimidos, sufrir masacres de pueblos enteros que simpatizaban con
su causa y padecer la cruel represión los escuadrones de la muerte,
veía que el sueño de tantos de sus mártires se hacía realidad.

El FMLN, como sucedió en toda Centroamérica, ha debido soportar
durante todos estos años la paranoia anticomunista, marcada a fuego en
la sociedad de la región por las infames campañas ideológicas de la
derecha que seguía rentabilizando el discurso de la guerra fría. A
pesar del tremendo apoyo social con que contaba, hasta ahora no pudo
alcanzar la presidencia por la sistemática amenaza estadounidense de
bloquear el envío de remesas de los dos millones de salvadoreños que
trabajan en el país del norte, una cifra igual a la mitad del censo de
votantes del país.

Se han necesitado 17 años desde la firma de los acuerdos de paz para
que una nueva generación de salvadoreños se recupere de los miles de
militantes y cuadros asesinados, se supere la manipulación
anticomunista y se pierda el miedo a las presiones estadounidenses.

Con esta victoria, Centroamérica definitivamente se sacude la
colonización de Estados Unidos, que materializó allí su última orgía
de sangre contra los movimientos populares de América Latina. En
Nicaragua, los sandinistas han vuelto al poder después de cometer el
pecado de gobernar durante los años más duros de la contrainsurgencia
de EEUU. En Guatemala, la paz con la guerrilla de izquierdas (URNG) se
firmó en 1996, tras nada menos que 36 años de guerra. La derecha se
mantendría en el poder hasta finales de 2006, cuando ganó las
elecciones el socialdemócrata Álvaro Colom.

Si bien, a diferencia de El Salvador, su partido no es el heredero de
la guerrilla, se trata del candidato que se enfrentaba en la segunda
vuelta a la opción más neoliberal y quien recogería las aspiraciones
de la izquierda que tomó las armas.

La influencia progresista es de tal envergadura en la región que hasta
el presidente liberal de Honduras, Manuel Zelaya, ha suscrito la
Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), promovida por
Venezuela y Cuba, y ha firmado con Hugo Chávez el acuerdo de
Petrocaribe, despertando con ello las iras de la derecha local.

Todos estos países han normalizado su vinculación con Cuba, con la que
no tenían relaciones diplomáticas desde hacía décadas. Es evidente que
la región que fuera propiedad de la United Fruit Company
estadounidense y campo de entrenamiento en la guerra fría de los
grupos contrarrevolucionarios financiados por la CIA ha despertado y
se despide de su servilismo del norte.

Existen otros elementos a tener presentes. Quienes afirmen que los
avances de la izquierda en esta región demuestran el error de haber
recurrido a la violencia durante la década de los ochenta como lucha
en la defensa de las propuestas políticas de izquierda, se equivocan.
En aquel entonces, la vía electoral se encontraba cerrada y la lucha
armada era la única opción para los movimientos populares que sólo
pedían tierra y libertad.

La victoria del FMLN en El Salvador, como la de los sandinistas en
Nicaragua, lo que muestra es que es la izquierda la que recoge el
sentir mayoritario de los centro-americanos, y que fueron la represión
y las masacres las que nunca permitieron su justa representación en
las instituciones. Ha debido de pasar más de una década de paz para
que la izquierda se recupere del genocidio que sufrió en la región. Se
trata del mismo fenómeno sucedido en el Cono Sur. Allí, la izquierda,
más moderada o más radical, ha llegado al poder en Chile, Argentina,
Uruguay y Paraguay cuando las nuevas generaciones han superado el
terror y las bajas que sufrieron en sus filas y cuadros por los
militares de las dictaduras.

Tampoco debemos olvidar otro detalle de gran importancia. En aquellos
años de plomo en Centroamérica, varios de sus gobiernos se presentaban
ante la comunidad internacional como regímenes democráticos mientras
los miembros de la guerrilla eran “subversivos comunistas”, léase
“terroristas” en la terminología actual. Los paralelismos con Colombia
son, por tanto, inevitables. Aquellos escuadrones de la muerte
salvadoreños son los paramilitares colombianos de hoy.

Tal y como mostraron las correspondientes Comisiones de la Verdad, la
financiación estadounidense a los criminales ejércitos salvadoreño y
guatemalteco y a la contra hondureña es el Plan Colombia de ahora. Y
los presidentes democristianos de El Salvador, liberales de Honduras y
republicanos en Guatemala –cómplices del genocidio de toda una
generación progresista en Centroamérica– son el Álvaro Uribe que
gobierna Colombia.

El Salvador de los años ochenta estaba partido en dos bandos, cada uno
de los cuales gestionaba y administraba sus propios territorios. Al
igual que sucedió con la guerrilla guatemalteca, el día en que se
sentaron a estudiar las causas del conflicto, la reforma agraria y la
reinserción de los levantados en armas en condiciones de seguridad,
empezó el final de la violencia política. Si la comunidad
internacional empieza a comprender eso, la paz y el derecho de la
izquierda a existir sin necesidad de matar ni morir puede ser una
realidad en Colombia.

Pascual Serrano es periodista. Autor de ‘Medios violentos. Palabras e
imágenes para el odio y la guerra’


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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría




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