[R-P] [Gabriel Fernández] El borde entre el bien y el mal

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Abr 11 08:40:40 MDT 2009


     Este viernes Santo, La Señal Radio dedicó una parte del programa a
     reflexionar sobre el Bien y el Mal. Esta es la desgrabación de los
     apuntes de Gabriel Fernández

     "Si hay algo que siempre me costó develar es el borde entre el bien
     y el mal.

     Más allá de sus acciones, ¿uno se termina sintiendo malo por dentro?
     Este es uno de los grandes temas, y a veces se lo ha camuflado bajo
     otros títulos: tonto y vivo, justo e injusto.

     Asuntos muy interesantes, y quizás más trascendentes, por cierto,
     pero distintos.

     Cercanos, pero distintos. Vamos a pensar juntos.

     A mi entender, por ejemplo, Romina Tejerina obró mal; pero debo
     admitir que la defienden personas con buenas intenciones.
     Si las personas, especialmente cuando son pibes, escuchan a diario
     que sus pasiones y sus gustos y su entorno encarnan el mal, entonces
     deben tener en su interior sensaciones culposas que no siempre
     pueden explicar.

     Ojo al piojo: no hablo de Videla ni del Che, del descuartizador de
     Boston o de Favaloro, de Bush o del Mahatma Gandhi. hablo de las
     gentes que transitamos este planeta con claroscuros.


     Estaba en mi casa charlando amigablemente con el gran periodista
     tucumano Vicente Guzzi, su esposa Berta, arquitecta, y su hija
     Libera, entonces estudiante de periodismo. Que el Tío, que el Turco,
     que el Gordo, que Tito, que las empresas, que la censura, que el
     gremio, que los salarios.

     Y en una de esas irrumpió en mi comedor una gran libélula con su
     atroz porte e irritante sonido.

     Inmediatamente Vicente exclamó "qué hermoso animal, qué maravilla de
     la naturaleza".

     Muy fuera de mi, y haciendo caso omiso a la vocinglería, tomé una
     chancleta y con la velocidad y la contundencia de un siete que entra
     en diagonal, aplasté al monstruo de tal modo que la pared muestra,
     aún hoy, el eco de aquella desigual contienda.

     Mi amigo Vicente se levantó y se fue. No volvimos a reunirnos.
     ¿El es bueno? ¿Obré mal? ¿Cómo cuentan el resto de las actividades
     que ambos desarrollamos en el balance y la comparación?

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     El tema del bien y del mal es complicado.

     Cuando uno se cría como peronista y tripero es difícil no sentir,
     muy en el fondo, que tiene una semilla de maldad.

     Usted sabe cómo hablan los periodistas de Gimnasia. Y el lugar que
     el peronismo ocupa en la historia tradicional argentina.

     En cada zona hay identidades y pasiones parecidas, que diariamente
     reciben los mazazos de los medios y de los bienpensates.

     ¿Qué siente un pibito cuando escucha esas cosas?

     Uno ni se acuerda, pero debe pensar "a mi papá lo quiero porque es
     mi papá, a pesar de sus cosas". Algo así.

     Pasa que "sus cosas" son la esencia misma del viejo.

     Y los cuatreros de la emoción, hacen que el pibe se averguence de
     los suyos, sienta que están mal encaminados. Trate de tomar
     distancia.

     A la larga, la realidad pesa, el pibe toma el sendero.

     Pero adentro queda ese registro, en una zona ciega de la conciencia.

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     Ahora las personas de bien, las que no están con el delito, han
     resuelto levantar muros para que quede claro que los humildes son el
     delito.

     El pequeño mundo emocional de esos sectores medios, amparado en
     aquellos medios y en aquellas historias, cree que encarna el bien,
     frente al mal.

     Cristo se detuvo en San Isidro.

     Pero la razón, también.

     Yo no sé qué representa la Semana Santa para esa gente.

     Tampoco me imagino qué valores encarnan el estudio y la comprensión
     para ellos.

     Pretenden dejar todo bien claro: del muro para acá son honrados, del
     muro para allá, delincuentes.

     Es curioso: los sectores medios de la Zona Norte viven hoy mejor
     gracias a los cortes y las protestas de los ñatos que pretendían
     ubicar detrás del muro.

     Sin esos batifondos, seguiríamos en los 90. Con comercios quebrados,
     ventas escasas y profesionales sin trabajo y sin clientela.

     Frente al verso de la "eterna lucha del bien contra el mal" emerge
     aquél diablo protagonizado por Alfredo Alcón en la película de
     Leonardo Favio.

     El diablo le dice al pibe enamorado:

     -Si lo ves a Dios, decile que afloje. Que podemos charlar. Estoy
     cansado de hacer este papel.

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     ¿Estuvo bien o mal Maradona en usar la mano para ganarle a los
     ingleses?

     Si usted encuentra una valija con dinero ¿la devuelve?

     Los que escuchan este programa ¿dicen siempre la verdad? ¿Aún en
     circunstancias difíciles?

     Quien les habla, además de matar insectos, ha hecho sufrir a algunas
     personas por decir cosas que quizás, en una de esas, tal vez, eran
     verdaderas. Pero sobre todo, eran hirientes.

     ¿Estuve bien? ¿Tiene sentido eso?

     ¿El amor puede llegar a ser un buen argumento para que los egoístas
     hagamos simplemente lo que se nos canta, sin dar cuentas a nadie,
     sin tomar nota del sentir de los demás?

     No hemos levantado ningún muro. ¡Muy bien! Pero ¿fuimos a
     derribarlo?

     Cuando viene el centro, el arquero debe saber levantar su rodilla.

     El defensor, trabar el salto rival. El delantero, poner el codo para
     hacerse lugar.

     Si cada uno hace eso, será "bueno" en su puesto. Si no lo hace, será
     considerado "malo".

     ¿Vio? Todo parece, y por ahi es, tan relativo. Tal vez dependa del
     prisma, o del lugar desde donde se mire.

     La parte visible de la sociedad argentina se proclama tan honrada,
     que uno se pone nervioso.

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     Hay dos héroes de ficción emblemáticos, por razones diferentes.

     Por un lado está Batman, ya legendario, oscuro, excepcional.

     Alguien que, como ha señalado Alfredo Casero, "está absolutamente
     piantado: a la noche anda por ahí disfrazado de murciélago, y cree
     que de esa forma combate el delito. Está colifa".

     Por otro lado está el Chapulín Colorado, quien también se disfraza
     para luchar contra el mal.

     Hay una sutil diferencia: mientras Batman se toma el asunto con
     total seriedad, y realmente piensa que lo que hace es racionnal, el
     Chapulín se mata de risa, y nos hace reir a todos, porque se da
     cuenta que el eje mismo de la historia, es un disparate.

     Es probable, sin embargo, que si pudiéramos adentrarnos en los
     sentimientos más hondos de cada uno, Batman suponga que todo su ser
     es bueno y justo.

     Es probable, también, que el "bueno" del Chapulín se sienta algo
     fraudulento, un poco culpable, por no ser un héroe "en serio".

     Es decir, por no creer en un disparate.

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     Les habló Gabriel Fernández. Gracias por estar en La Señal"




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